ARREBATOS ALÍRICOS

Me fui sobreviviendo como pude

(José Luis Piquero)


jueves, 8 de enero de 2026

Lo mejor de SOBRE LA LIBERTAD (Timothy Snyder)



Levantó la vista nerviosamente para mirar un avión que pasaba por allí. «Ha pasado de todo», dijo suspirando, «y nada de lo ocurrido era necesario». Al igual que todas las casas del pueblo, la de María fue destruida durante la invasión rusa de Ucrania. Posad Pokrovske, en el extremo sur del país, se encontraba en los márgenes del avance ruso. El pueblo está rodeado de campos de girasoles en esta fértil región. El Ejército ucraniano hizo retroceder a las tropas rusas hasta que el pueblo quedó fuera del alcance de su artillería a finales de 2022, y gracias a ello ya era seguro regresar, o ir de visita, como estoy haciendo yo ahora, en septiembre de 2023. Sentado en el banco y escuchando a María, pienso en la libertad. El pueblo, podría decirse, ha sido liberado. Y su gente, ¿es libre? No cabe duda de que algo terrible ha desaparecido de la vida de María: la amenaza cotidiana de una muerte violenta, una ocupación a manos de torturadores y asesinos. Pero ¿es eso, eso siquiera, una liberación?1 María tiene ochenta y cinco años y vive sola. Ahora que tiene su linda casita, sin duda es más libre que cuando carecía de un techo bajo el que cobijarse. Eso ha sido gracias a que sus familiares y algunos voluntarios acudieron para echarle una mano. Y porque un gobierno ha actuado, un gobierno al que ella se siente vinculada a través de su voto. María no se queja de su propia suerte. Se echa a llorar cuando habla de los difíciles retos a los que se enfrenta el presidente de su país. (...)

La palabra ucraniana desocupación, que estamos empleando ella y yo al conversar, es más precisa que la convencional liberación. Nos invita a considerar qué podríamos necesitar, al margen de la eliminación de la opresión, para tener libertad. Al fin y al cabo, hace falta cierto esfuerzo para conseguir que una mujer mayor se encuentre en condiciones de recibir visitas y cumplir dignamente con las interacciones normales de una persona. Me resulta imposible imaginar a María siendo verdaderamente libre sin una casa de verdad, con un sillón, y sin tener el camino despejado y así poder llegar hasta la carretera con su andador. La libertad no es sólo la ausencia del mal sino la presencia del bien. (...)

Cuando llegué a Yahidne, los supervivientes ya no estaban en el sótano. ¿Eran libres? Una liberación sugiere una aflicción que se ha desvanecido. Pero los adultos necesitan ayuda, los niños un colegio nuevo. Es importantísimo que la ciudad ya no esté ocupada. Pero sería un error poner fin a la historia de Yahidne cuando los supervivientes salieron del subsuelo, igual que sería un error poner fin a la historia de Posad Pokrovske cuando cesaron los bombardeos. El caballero responsable de las llaves del colegio de Yahidne pidió ayuda para construir un parque infantil. Podría parecer un deseo extraño, en medio de una guerra de destrucción. Los rusos matan a los niños con misiles, y los raptan para asimilarlos. Pero la ausencia de tales crímenes no basta; la desocupación no basta. Los niños necesitan lugares donde jugar, correr y nadar, para practicar ser ellos mismos.2 Un niño no puede crear un parque ni una piscina. La alegría de la infancia es descubrir ese tipo de cosas en el mundo. Hace falta un trabajo colectivo para construir estructuras de libertad, tanto para los jóvenes como para los ancianos. (...)

Vine a Ucrania durante la guerra, mientras escribía este libro sobre la libertad. Aquí su argumento es palpable, dondequiera que uno vaya. Un mes después de que Rusia invadiera Ucrania, hablé con algunos parlamentarios ucranianos: «Elegimos la libertad cuando no salimos huyendo». «Estamos luchando por la libertad». «La opción es la libertad en sí». Y no sólo lo decían los políticos. Cuando hablaba, durante la guerra de Ucrania, con los soldados, con las viudas y los agricultores, con los activistas y los periodistas, escuchaba la palabra libertad una y otra vez. Era interesante cómo la utilizaban. Con gran parte de su país bajo una ocupación genocida, los ucranianos parecían tener buenas razones para hablar de la libertad como liberación de algo, como ausencia del mal. Nadie lo hacía. Cuando yo les preguntaba qué entendían por libertad, ninguna de las personas con las que hablaba especificaba la libertad del dominio ruso. Un ucraniano me dijo: «Cuando decimos libertad, no queremos decir “libertad respecto a algo”». Otro definía la victoria como victoria «para algo, no contra algo». Los ocupantes se habían interpuesto en el camino de una sensación de que el mundo se estaba abriendo, de que la siguiente generación iba a tener una vida mejor, de que las decisiones que se tomaban entonces serían importantes en los años venideros. (...)

Era esencial eliminar la represión, conseguir lo que los filósofos llaman «libertad negativa».3 Pero la desocupación, la eliminación del daño, sólo era una condición necesaria para la libertad, no la libertad en sí. En un centro de rehabilitación, un soldado me dijo que la libertad tenía que ver con que todo el mundo tuviera la oportunidad de hacer realidad sus aspiraciones después de la guerra. Un veterano que estaba a la espera de una prótesis decía que la libertad sería una sonrisa en la cara de su hijo. Un joven soldado de permiso decía que la libertad tenía que ver con los hijos que él quería tener. Su comandante, Valeriy Zaluzhny, me dijo, en las dependencias ocultas de su Estado Mayor, que la libertad significaba una vida normal con perspectivas. La libertad era un futuro en el que algunas cosas seguirían igual y otras irían a mejor. Era la vida expandiéndose y creciendo. (...)

En este libro pretendo definir la libertad. La tarea empieza rescatando la palabra del exceso de uso y de su abuso. Me preocupa que, en mi propio país, Estados Unidos, hablemos de la libertad sin pararnos a pensar qué es. Los estadounidenses a menudo la entienden como la ausencia de algo: de la ocupación, de la opresión o incluso del Estado. Creemos que una persona es libre cuando el Estado se quita de en medio. Para nosotros la libertad negativa es de sentido común. Desde luego, resulta tentador pensar en la libertad como nosotros contra el mundo, que es lo que nos permite hacer el concepto de libertad negativa. Si el único problema son las barreras, nosotros debemos de estar haciéndolo todo bien. Eso nos hace sentir bien. Pensamos que seríamos libres de no ser por un mundo exterior que nos perjudica. Pero ¿la eliminación de algo en el mundo de verdad bastaría para liberarnos? ¿No es igual de importante, o acaso más importante, añadir cosas? (...)

Si queremos ser libres tendremos que afirmar, no sólo negar. A veces tendremos que destruir, pero lo más normal es que tengamos que crear. Y casi siempre necesitaremos adaptar el mundo y adaptarnos nosotros mismos, basándonos en lo que sabemos y lo que valoramos. Necesitamos unas estructuras, únicamente las más adecuadas, tanto morales como políticas. La virtud es una parte inseparable de la libertad. «Los muros de piedra no hacen una cárcel / ni los barrotes de hierro una jaula», así dijo el poeta.4 A veces sí las hacen, y a veces no. La opresión no es sólo la obstrucción sino la intención humana que hay detrás. En la ciudad ucraniana de Donetsk, una fábrica abandonada se convirtió en un laboratorio de arte; bajo la ocupación rusa, ese mismo edificio se convirtió en un centro de tortura.5 El sótano de un colegio puede ser un campo de concentración, como en Yahidne. En ese sentido, los primeros campos de concentración nazis estaban en los bares, los hoteles y los castillos. El primer campo permanente, Dachau, estaba en una fábrica abandonada. Auschwitz había sido una base militar polaca concebida para defender al pueblo de un ataque alemán.6 Kozelsk, un campo de prisioneros de guerra de la Unión Soviética donde custodiaban a los oficiales polacos antes de su ejecución, había sido un monasterio7 –el mismo donde Fiódor Dostoyevski, en Los hermanos Karamázov, sitúa el diálogo con la famosa pregunta: ¿Si Dios ha muerto, todo está permitido?8 No hay ninguna fuerza mayor que nos haga libres, ni tampoco la ausencia de tal fuerza mayor. La naturaleza nos da la posibilidad de ser libres, nada menos, nada más. Nos dicen que «nacemos libres»: mentira. Nacemos berreando, unidos a un cordón umbilical, embadurnados con la sangre de una mujer. Que lleguemos a ser libres depende de los actos de los demás, de las estructuras que posibilitan esos actos, de los valores que animan esas estructuras –y sólo entonces de una chispa de espontaneidad y de la valentía de nuestras propias decisiones. (...)

Y tampoco es porque la libertad sea un vacío que deja un Dios muerto o un mundo vacuo. La libertad no es una ausencia sino una presencia, una vida en las que asumimos múltiples compromisos y hacemos realidad una serie de ellos en este mundo. Las virtudes son reales, tan reales como un cielo estrellado; cuando somos libres, las aprendemos, las exhibimos, les damos vida. A lo largo del tiempo, las virtudes que elegimos nos definen como personas de voluntad y de individualidad. Cuando presuponemos que la libertad es negativa, que es la ausencia de esto o aquello, presuponemos que eliminar una barrera es lo único que tenemos que hacer para ser libres. Para esa forma de pensar, la libertad es la condición por defecto del universo, que nos viene dada por alguna fuerza mayor cuando le dejamos el camino libre. Eso es ingenuo. (...)

los estadounidenses nos dicen que la libertad nos la dieron nuestros Padres Fundadores, nuestro carácter nacional o nuestra economía capitalista. Nada de eso es verdad. La libertad no puede darse. No es un legado. Decimos que Estados Unidos es un «país libre» pero ningún país es libre. Al advertir una diferencia entre la retórica de los opresores y la de los oprimidos, el poeta disidente eritreo Y. F. Mebrahtu afirma que «ellos hablan del país, nosotros hablamos de la gente».9 Sólo las personas pueden ser libres. Si creemos que algo nos hace libres, nunca nos enteraremos de lo que debemos hacer. Desde el momento que uno cree que la libertad es dada, esta desaparece. Los estadounidenses tendemos a pensar que la libertad consiste en quitar cosas de en medio, y que el capitalismo realiza esa tarea por nosotros. Es una trampa creer en esa o en cualquier otra fuente exterior de libertad. Si asociamos la libertad con unas fuerzas exteriores, y alguien nos dice que el mundo exterior plantea una amenaza, sacrificamos la libertad en aras de la seguridad. Eso tiene sentido para nosotros, porque en nuestros corazones ya no somos libres. Creemos que se puede intercambiar libertad por seguridad. Eso es un error mortal. La libertad y la seguridad trabajan juntas. (...)

¿Cómo incide la libertad en nuestras vidas? Los vínculos entre la libertad como principio y la libertad como práctica son las cinco formas de libertad. (...)

Las cinco formas son: la soberanía, o la facultad adquirida de tomar decisiones; la imprevisibilidad, el poder de adaptar las regularidades físicas a nuestros fines personales; la movilidad, la capacidad de desplazarse a través del espacio y el tiempo conforme a unos valores; la objetividad, la comprensión del mundo que nos permite cambiarlo; y la solidaridad, el reconocimiento de que la libertad es para todos. El alumbramiento de la libertad comienza tras el alumbramiento de una madre. Un bebé tiene la potencialidad de evaluar el mundo y cambiarlo, y desarrolla las capacidades requeridas con el apoyo y en compañía de otros. Eso es la soberanía. Al cumplir la mayoría de edad, un ser humano joven aprende a ver el mundo como es y a imaginarse como podría ser. Una persona soberana combina unas virtudes escogidas con el mundo exterior para hacer algo nuevo. Así pues, la imprevisibilidad es la segunda forma de libertad. Nuestros cuerpos precisan lugares donde ir. Cuando somos jóvenes no podemos crear por nosotros mismos las condiciones que nos permitan ser soberanos e imprevisibles. Pero una vez que se crean esas condiciones, nos rebelamos precisamente contra las instituciones que las han hecho posibles y seguimos nuestro propio camino. Y esa movilidad, la tercera forma de libertad, debe ser alentada. Somos libres de hacer únicamente las cosas que sabemos hacer, y libres de ir exclusivamente a los lugares donde podemos ir. Lo que no conocemos puede hacernos daño, y lo que sí sabemos nos empodera. La cuarta forma de libertad es la objetividad. Ningún individuo logra la libertad por sí solo. Desde el punto de vista práctico y ético, libertad para ti significa libertad para mí. Ese reconocimiento es la solidaridad, la última forma de libertad. (...)

La solución al problema de la libertad no es, como piensan algunas personas de derechas, ni burlarse del gobierno ni prescindir de él. La solución tampoco es, como piensan algunas personas de izquierdas, ni ignorar ni repudiar la retórica de la libertad. La libertad justifica el gobierno.11 Las formas de la libertad nos muestran cómo. (...)
SOBRE LA LIBERTAD.
Timothy Snyder.
Galaxia Gutenberg

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