Mirar cicatrices, las de fuera y las de dentro, se parece a rebobinar un casete con un bolígrafo. A Paula todos la llamábamos Pauli de niña. Luego, cuando se hizo fan de Nirvana, se empeñó en que la llamásemos Polly, como su canción favorita. Y con ese mote se quedó. Éramos amigos y vecinos. Nos criamos juntos. No hay ningún buen recuerdo en mi niñez y mi adolescencia donde no esté ella. En preescolar me corté el flequillo con unas tijeras de punta redonda y me pinté las uñas con rotuladores de colores. El tutor me castigó cara a la pared en una esquina y el resto de la clase se empezó a reír de mí, coreándome: «¡Mariquita, mariquita!». Polly se cortó el flequillo, se pintó las uñas y la cara con los rotuladores y el tutor la sancionó a mi lado. Los demás niños cerraron la boca. En 3º de EGB, Polly le prendió fuego a una papelera en clase y nos desalojaron del aula. Cuando nos alinearon en el pasillo para encontrar al culpable, Polly gimoteó y dio un paso al frente. Al verla, también di un pasito valiente y nos castigaron a los dos a un mes sin recreo. En 5º de EGB, Polly y yo nos sentábamos juntos y nos pasábamos cartas perfumadas durante las clases. Con un pintalabios, las llenábamos de besos, cada carta con su boca correspondiente. Un día el profesor nos pilló una y quiso humillarnos leyendo en voz alta el contenido. La cara le cambió cuando abrió el sobre y vio una caricatura suya, ahorcado en un árbol, con la picha por fuera y un letrerito que decía: DON JOSÉ LUIS ES GILIPOLLAS. Nos castigaron y nos prohibieron sentarnos juntos el resto de la EGB. En 7º de EGB, mientras amontonábamos palés, maderas y ramas de la tala de los olivos, arbulagas... para la hoguera de Las Candelarias, me caí de boca en Cuesta Colorá cuando arrastraba un hatillo con un hierro y una cuerda. Me hice polvo la cara. Al día siguiente en el colegio Polly me preguntó si me lo había hecho papá e hizo planes para que nos escapásemos juntos de Villa de la Fuente, con 500 pesetas que le regalaron por su cumpleaños." (...)
Polly se compró la cinta original del Dookie de Green Day. A mí Green Day no me gustaba demasiado, pero los prefería a Nirvana, Pixies, R.E.M. o The Smashing Pumpkins, que era lo que ponía cuando nos encerrábamos en su habitación a beber lo que tuviese su padre por casa. Para convencerla le dije que Green Day tenía una canción que me parecía preciosa, «She». Era la primera de la cara B. La pusimos. Estábamos sentados en su cama. Cogí el libretillo de la cinta y nos preparamos para escuchar con atención mientras cantábamos la letra. She... she screams in silence... Luego la letra se complicaba y nos reímos. Entonces Polly me cogió de la camiseta por el pecho, tirando hacia ella, con los labios plantados frente a mi cara para besarme. Para mí ese instante fue como estar en el cielo. Pero empecé a temblar y cuando nuestros labios iban a unirse por primera vez, me aparté y le puse la mejilla. Ella se ruborizó y me sentí un idiota. No volveríamos a estar tan cerca como aquel día cuando sonaba «She» en su habitación, rodeados de sus pósteres de Kurt Cobain. (...)
La Quinta del 98 éramos zagalillos del pueblo, nacidos en 1981, con dieciséis o diecisiete, dependiendo del mes en que cumpliésemos años. Nos compraban o prestaban trajes, imprimíamos camisetas conmemorativas, sacábamos fajos de tíquets de cubatas, todos los que tus padres pudieran pagarte, contratábamos a dos músicos, uno con guitarra y otro con acordeón y cantábamos por las calles y nos pasábamos las horas en los bares, en casas de otros quintos o en la discoteca de la Chari. Con dieciséis o diecisiete años tenías carta blanca de la sociedad para demostrar tu hombría bebiendo como un descosido. Unos se iban de putas al Paradise, otros se hinchaban a cubatas y porros, otros le daban a la farlopa, a los éxtasis, a los tripis... y algunos le pegaban a todo a la vez. Cinco días con sus noches. Así te hacías un hombre. Rober, Miguel y yo decidimos pillarle un gramo de farlopa al Golosinas en honor a San Isidro Labrador e hicimos un mocho. A regañadientes y casi obligado, le tocó a Miguel el Vuelcavasos ir a buscar la coca, porque era el más echao pa’lante de los tres. Qué gusto daba pillar farlopa a esa edad. Qué emociones tan tontas y qué bien te sentaban esas rayas. Cómo se te atravesaban en la garganta como si fuesen puñales. Cuando te envicias con la farlopa vas buscando esas sensaciones de las primeras veces, pero ya te puedes meter cuatro gramos durante un fin de semana empalmando las noches con los días, que no vas a percibir lo mismo. (...) Joder, qué buenísima estaba entonces la coca y qué bien te sentaba. Cómo no me iba a enamorar de ella. Cómo no se iba a convertir en el amor de mi vida. Cuando volvimos al Nacimiento nos sentíamos mil veces más seguros de nosotros mismos, con nuestra armadura de mentira. Por unos instantes nos creíamos menos pringaos. Desconocíamos lo mentirosa que era la farlopa y cómo te podía joder la puta existencia entera. (...)
Aunque Polly se hacía la dura delante de otras personas, era tan insegura y frágil como yo o cualquier otro adolescente. Polly estaba más integrada en el pueblo y me relataba cómo eran en realidad todas esas personas a las que deseaba parecerme. Me advertía de que cuando alguien se daba la vuelta todos empezaban a criticarle y sacarle defectos, creándoles complejos. No se libraba ni Dios. Todo era falso, nadie estaba tranquilo y ni sabían quién iba de buenas o quién de malas. Me contaba como ella y sus amigas aprendieron a vomitar después de comer porque una de ellas les había dicho que así podían adelgazar. Años haciéndolo y no sabían ni que eso se llamaba bulimia y era una enfermedad. Las chicas sufrían presión social con el físico. Polly decía que lo peor de todas esas hipocresías e inseguridades era que aparte de volverte una acomplejada y no fiarte de nadie, te cambiaba el carácter, te modificaba el comportamiento y hasta la postura. Si a alguna le decían que tenía pocas tetas, se quedaba erguida, así con la chepa, para que no se notase. Si a otra le decían que igual sus orejas eran grandes, ya se dejaba siempre el pelo suelto. Si cerraban las piernas y se les quedaban un poco separadas es porque habían follado y cuanto más separadas las tuviesen, era porque más lo habían hecho. Como nadie les explicaba las verdades pensaban que la gente creía que eran unas putas. Cuando se encontraban con alguien, sus amigas y ella se colocaban en mil posturas diferentes, cruzaban una pierna, se ponían de puntillas, lo que fuese con tal de que no se les viera el hueco ahí. También me refería que las compresas eran muy malas, un algodón delante y otro detrás y se manchaban. Todas las chicas iban con camisetas o chaquetas atadas en la cintura. Les agobiaba que se les acercara alguien. Se ponían la ropa de sus hermanos porque era más ancha. Igual Polly se hizo grunge por eso. Si se juntaban con tíos les decían que eran marimachos o lesbianas, como si acaso eso fuera algo malo. No era fácil ser chica a finales de los noventa en Villa de la Fuente. (...)
A los traumas de niño y los de adolescente luego he añadido los de mayor. Mi cabeza es una coctelera con complejos y nitroglicerina. (...) Odio cuando se va apagando el fuego, porque las llamas se transforman en vergüenza y culpa. La vergüenza me pinta la cara como a un payaso y la culpa es un palo con la punta afilada que se hunde en mi pecho, provocándome escalofríos en las entrañas. (...)
He sido callado desde niño y nunca le he contado a nadie lo que hago o dejo de hacer. Ni siquiera a mis amigos o a mis parejas, hombres o mujeres. Me cuesta abrirme a los demás, mostrar mis sentimientos, jamás he sido capaz de decir un simple te quiero. Es mi mecanismo de autodefensa. Tus errores, tus debilidades o tu pasado son herramientas para que otras personas te hagan daño. Pero a la larga, esto ha sido como poner microexplosivos en mi organismo que estallaron todos a la misma vez. Cuando era adolescente mis amigos tenían tantos problemas como yo, no hablábamos de nosotros, no nos preguntábamos unos a otros ¿cómo estás? Estar puteados y callarnos el sufrimiento era el pegamento que nos unía. Sé que a veces sospechaban cosas, o había situaciones que no era capaz de explicar u oían rumores. Pero si mirabas para otro lado, las preocupaciones parecían desaparecer. Ni tan siquiera a Polly, a quien se suponía que se lo contaba todo, podía decirle la mayoría de mis secretos porque temía que se fuese de la lengua. Era un anarquista menor de edad, atrapado en mis contradicciones, maltratado por papá, que follaba con fascistas a cambio de droga. Como para haber ido a ver a don Alfonso, el médico de cabecera, a punto de cumplir diecisiete años para explicarle por qué estaba deprimido. Mamá se había quedado en casa con Ángela, que todavía no tenía edad de pindonguear. Ni en un día de feria papá era capaz de salir con mamá a la calle y tomarse algo juntos, no fuera a ser que alguien la mirara. Estar en la cárcel es horrible, pero ahí no tienes elección. Es lo que hay. Pero ser mujer y acabar atada a un tarado celoso y posesivo como lo era papá se debe parecer a estar en prisión. (...)
Todas las cosas son para toda la vida. Todos los golpes, los malos momentos y los buenos, dejan marcas y heridas, algunas de las cuales nunca cicatrizan. Pero esas, al contrario que los tatuajes, no se ven. Puedes esconderlas y que nadie las descubra, mientras te gangrenan por dentro. (...)
Solo quiero estar bien. Pero como no sé lo que es estar bien y jamás he estado bien, cuesta mucho, porque lo desconozco, es una isla utópica. El estado de WhatsApp de Rachid es: «Lo importante no es cuántas veces te caes, sino cuántas te levantas». Y en este taxi, el día que cumplo treinta y siete años, he conseguido ponerme en pie. Para poder erguirme y sacar fuerzas para dar un paso hacia delante he tenido que romper con todo, escapar de mi entorno, dejar atrás a las personas a las que quiero. Quizás irme lejos es la única forma de curarme, por más que me duela o añore a Sarah. Uno nunca deja de querer, sino de estar. (...)
Mis padres tuvieron que huir de Europa como refugiados, y yo crecí con las historias de una heroica nación que contribuyó a la derrota de los ejércitos de Hitler y a la llegada de una época de democracia liberal jamás vista en Occidente. (...) Pero aunque mi familia celebrara y honrara aquel legado americano, mis padres también sabían que el heroísmo y la idea de libertad no siempre han significado lo mismo en Estados Unidos.
Antes de la Segunda Guerra Mundial, el aviador Charles Lindbergh representaba a la perfección el heroísmo americano por su intrepidez (...). Aprovechó su fama y condición de héroe para conseguir un papel destacado en el movimiento America First, opuesto a la participación de Estados Unidos en la guerra contra la Alemania nazi. (...)
En 2016, Donald Trump resucitó aquel "America First" como eslogan y, ya desde su primera semana en el cargo, su Gobierno hizo todo lo posible para prohibir la entrada en el país de inmigrantes (incluso de refugiados), en espacial de los países árabes. (...) Pero ¿a qué momento pasado se refiere exactamente la campaña de Trump? ¿Al siglo XIX, cuando en Estados Unidos se esclavizaba a la población de raza negra? (...) Una entrevista a Steve Bannon (...) nos da una pista. En ella, (...) comenta que "esta nueva época será tan emocionante como los años treinta". En pocas palabras: quiere volver a la época en que Estados Unidos simpatizaba más con el fascismo. (...)
Lo que me interea analizar en este libro es la política fascista. Concretamente, las tácticas fascistas como mecanismo para obtener el poder. (...)
El fascismo en política utiliza muchas estrategias: el pasado mítico, la propaganda, el antiintelecutalismo, la irrealidad, la jerarquía, el victimismo, el orden público, la ansiedad sexual, el llamamiento al espíritu de la nación, el desmantelamiento del estado de bienestar y la unidad. (...)
Los peligros del fascismo en política radican en la manera especial que tiene de deshumanizar a ciertos segmentos de la población. (...)
La política fascista es capaz de deshumanizar a las minorías incluso aunque el Estado no sea abiertamente fascista. (...)
El síntoma más revelador de la política fascista es la división. Lo que busca es separar a la población en "nosotros" y "ellos". (...)
Los políticos fascistas justifican sus ideas creando la ilusión de tener una historia común con forma de pasado mítico que reafirma su visión del presente. Alteran la percepcion común de la realidad que tiene la gente tergiversando los ideales con grandes dosis de propaganda y antiintelectualismo, y atacando a las universidades y a los sistemas educativos que cuestionan sus ideas. Con el tiempo y el uso de estas técnicas, el fascismo crea un estado de irrealidad en el que las teorías conspiratorias y las noticias falsas acaban reemplazando al debate bien argumentado. (...)
Primero, la ideología fascista intenta que las diferencias entre grupos se perciban como algo natural para que (...) parezca que la existencia de una jerarquía de valor humano tiene un respaldo científico, natural. (...) Y cuando una minoría progresa en algún sentido, se despierta un sentimiento de victimismo en la población dominante. (...)
1-EL PASADO MÍTICO
(...) El fascismo evoca un pasado mítico y puro trágicamente destruido. (...)
La estructura específica del pasado mítico fascista refuerza su ideología autoritaria y jerárquica. Que las antiguas sociedades casi nunca fueran tan patriarcales -ni tan esplendorosas- como las retrata la ideología fascista es irrelevante. (...)
Benito Mussolini declaró:
Hemos creado un mito. Y ese mito es una fe, una pasión. No hace falta que sea una realidad. (...)
Andrew Auernheimer, conocido como Weev, es un destacado neonazi (...). En mayo de 2017 publicó un artículo en el que afirmaba (...):
Si en Europa existe la idea absurda de que la mujer es un ente independiente es por culpa de los agentes subersivos organizados del judaísmo.(...)
La política fascista idealiza el pasado, pero el pasado que se idealiza jamás es el real. (...) Al borrar el autentico pasado, se legitima la idea de que existio una nación anterior étnicamente pura y virtuosa. (....)
Los historiadores que promueven un relato falso para el provecho político aludiendo a los preciados ideales de la verdad y de la objetividad, según Du Bois, son culpables de convertir la Historia en propaganda. (...)
2-LA PROPAGANDA
Es difícil que prospere un programa político que diga abiertamente que perjudicará a un amplio grupo de personas. El papel de la propaganda política es ocultar aquellos objetivos claramente conflictivos de los políticos o de los movimientos políticos haciéndolos pasar por unos ideales que tienen gran aceptación. (...)
La instrumentalización del concepto de "libertad" para defender en realidad la práctica de la esclavitud durante la época de la Confederación, la llamada a la defensa de los "derechos de los estados" que se hacían desde el sur y la presentación que Hitler hacía del mandato dictatorial como "democracia" son ejemplos de cómo el fascismo utiliza el lenguaje de los grandes ideales para destruirlos. (...)
En el libro VIII de La República de Platón, Sócrates dice que las personas no sienten una inclinación natural por el autogobierno, sino que buscan a un dirigente fuerte al que seguir. Y que, como la democracia permite la libertad de expresión, también da pie a que un demagogo se aproveche de esta necesidad de contar con un líder potente. El demagogo, valiéndose de esa libertad, se alimentará de los miedos y resentimiento de la gente. Y cuando este dirigente fuerte llegue al poder, pondrá fin a la democracia y la reemplazará por la tiranía. En pocas palabras, el libro VIII de La República argumenta que la democracia es un sistema que se boicotea a sí mismo porque los ideales que defiende lo llevan a su propia destrucción.
Los fascistas conocen bien esta estrategia que consigue que las libertades de la democracia se vuelvan en su contra. Joseph Goebbels, ministro de Propaganda nazi, afirmó en una ocasión: "Una de las mayores bromas de la democracia siempre será que les dio a sus acérrimos enemigos los medios necesarios para destruirla". Y lo que pasa hoy no es distinto de lo que pasaba ayer. (...)
3-EL ANTIINTELECTUALISMO
La política fascista quiere debilitar el debate público atacando y desvirtuando la educación, los conocimientos especializados y el lenguaje. (...) Por este motivo, la educación puede suponer una grave amenaza para el fascismo o bien convertirse en uno de los pilares en que se apoye esa nación mítica. Así pues, no debe extrañarnos que las protestas y los choques culturales que tienen lugar en las facultades sean un verdadero campo de batalla político (...).
La política fascista quiere dañar la credibilidad de las instituciones que dan cobijo a voces discordantes hasta que pueda reemplazarlas por medios de comunicación o universidades afines. Una de las estrategias más comunes es acusarlas de hipocresía. (...)
El fascismo quiere deteriorar y corromper el lenguaje político y, de este modo, enmascarar la realidad.
El libro de Victor Klemperer LTI: La lengua del Tercer Reich habla de los mecanismos de la lengua nacionalsocialista (...): "La LTI es pobre de solemnidad". (...)
En una entrevita de febrero de 2018, Steve Bannon dijo "nos eligieron por nuestra campaña de ataque a la corrupción, por querer encerrar a Hillary Clinton, construir el muro... Por pura rabia. La rabia y el miedo hacen que la gente salga a votar".(...)
4-LA IRREALIDAD
(...) El fascismo reemplaza el debate razonado por el miedo y la rabia. (...) La política fascista reemplaza la realidad por las declaraciones de un individuo concreto o, quiza, de un partido político. (...) Una persona reemplaza al mundo y, así, la política fascista impide que podamos valorar los razonamientos siguiendo un patrón común. (...)
Las teorías conspirativas son un mecanismo básico para desprestigiar a los principales medios de comunicación, a quienes los fascistas acusan de tendenciosos porque se niegan a hablar de las falsas conspiraciones. (....)
La campaña estadounidense de 2016 quedó empañada por una serie de teorías conspiratorias entre cuyos objetivos estaban Hillary Clinton, (...) así como los musulmanes y los refugiados. Seguramente la teoría más extraña de todas sea el "Pizzagate". Sus defensores dicen que los correos electrónicos de John Podesta, (...) entonces jefe de campaña (...), escondían mensajes en clave sobre una red de pedofilia que (...) operaba desde una pizzeria de la ciudad de Washington. (...) Edgar Maddison Welch, ciudadano de Carolina del Norte, se presentó en la pizzeria pistola en mano para enfrentarse a sus dueños y liberar a las supuestas víctimas (...).
El filósofo Michael Lynch, de la Universidad de Conneticut, ha utilizado el "Pizzagate" como ejemplo para respaldar la tesis de que las teorías conspiratorias no tiene como objetivo causar el mismo efecto que la información estándar. Lynch afirma que si no cree de verdad que hay una pizzeria (...) controlada por una trama de pedófilos (...) entonces es totalmente lógico reaccionar como Edgar Maddison Welch. Y, aun así, los responsables de que circulara la conspiración del "Pizzagate" condenaron rotundamente las acciones de Welch. (...)
Lo que pretenden las teorías conspiratorias es cuestionar y calumniar a las personas que tienen en su punto de mira, aunque no necesariamente convenciendo a su público de que sean ciertas. El objetivo de la teoría conspiratoria del "Pizzagate", por ejemplo, era moverse en la órbita de la insinuación y la difamación.
Donald Trump recibió la atención de los medios generalistas por sus ataques a la prensa, a la que acusaba de censurar la teoría conspiratoria del birtherism, que defiende que el presidente Obama nació en realidad en Kenia y, por tanto, no podía ser presidente de Estados Unidos. (...)
Las teorías conspiratorias juegan con los elementos que más despiertan la paranoia en la sociedad; en el caso de Estados Unidos, el miedo a lo extranjero y al islam (...) y en el de Hungría y Polonia, el antisemitismo y el comunismo. (...)
FACHA: Cómo funciona el fascismo y cómo ha entrado en tu vida.
Hola, vengo del futuro. (...) Viajo desde la España de dentro de solo unos años. (...) Os cuento: tenemos un nuevo presidente del gobierno. Populista. Según unos. Neofascista, lo llaman otros. Un líder carismático, de maneras viriles y discuruso desacomplejado, que presume de ser “políticamente incorrecto” y “llamar a las cosas por su nombre”. (...) Nuestro nuevo presidente ha llegado al poder a lomos de un discurso abiertamente xenófobo y ultranacionalista. “España para los españoles”. “Los españoles primero”. “Hagamos otra vez grande España”. Propone inmigración cero, expulsiones masivas, menores incluidos. (...) Y es que aún traigo otra mala noticia desde el futuro, donde al menos vemos las cosas un poco más claras que vosotros: el nuevo fascismo no está solo en nuevos y no tan nuevos partidos. Su ascenso electora e institucional es posible porque se levanta sobre un fascismo estructural, que ya estaba ahí. Que nunca se había ido. Ese “fascismo eterno”, en palabras de Eco. Esa corriente subterránea que solo necesita el momento propicio, la crisis, el desencanto cíclico de las siempre desencantables clases medias (reales o aspiracionales, y que suelen formar la base social de todo fascismo).(...) Porque sus votantes no son necesariamente (...) fascistas militantes sino fascistas ocasionales, coyunturales, de los que quizás no estemos tan alejados. (...)Cuando el fascismo llega y extiende su oferta, encuentra menos resistencia, más fácil adhesión en una sociedad temerosa y necesitada de convicciones fuertes.Pero alto ahí, no he venido desde el futuro para extender el derrotismo. (...) Tampoco he venido para pediros que leáis este libro, sino para algo que requiere bastante más esfuerzo: construir resistencia antifascista. El sindicato representa todo lo contrario que el fascismo. Su esencia es siempre antifascista. Es la forma que los trabajadores tienen de combatir colectivamente todo aquello que el fascismo usa como abono de crecimiento rápido: el individualismo, la atomización, la fractura social, la desigualdad, el miedo, la falta de futuro. Frente al “sálvese quien pueda”, que es el lema de nuestra época, digamos mejor: o nos salvamos juntos, o no se salva nadie.Contra el fascismo que ya está aquí no podemos ser espectadores. (...) Tampoco confiar en el triunfo natural de la razón y la verdad, que no bastan frente a las emociones y las falsedades que emplean los ultras en su avance. Si algo nos enseña el pasado es que el triunfo del fascismo siempre se entiende años después: en el momento parece inadvertido, no lo vemos venir, no creemos que pueda pasarnos a nosotros. Siempre es demasiado tarde. Vienen tiempos que nos exigirán ser antifascistas. En todos los ámbitos, todos los días. Lo mismo organizándonos con nuestros compañeros de trabajo y vecinos que educando a nuestros hijos. Si el fascismo se beneficia del miedo, construyamos seguridad colectiva frente a la intemperie en que nos quieren dejar. Si el fascismo explota la debilidad comunitaria ofreciendo identidades fuertes y excluyentes, recuperemos comunidad, abierta, incluyente fraterna. Si el fascismo coge la bandera del malestar, de los perdedores de la globalización, no se la regalemos tan fácilmente. Al fascismo, sea nuevo o viejo, merezca o no tal nombre, no lo van frenar la democracia,ni la Constitución, ni la Unión Europea, ni Jason Stanley ni mil libros como este. Lo vamos a frenar nosotras, nosotros. Vamos.
Prólogo de Isaac Rosa a FACHA: Cómo funciona el fascismoy cómo ha entrado en tu vida de Jason Stanley.
Gloria Fuertes nació en Madrid a los dos días de edad, pues fue muy laborioso el parto de mi madre que si se descuida muere por vivirme. A los tres años ya sabía leer y a los seis ya sabía mis labores. Yo era buena y delgada, alta y algo enferma. A los nueve años me pilló un carro y a los catorce me pilló la guerra; A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía. Aprendí a regatear en las tiendas y a ir a los pueblos por zanahorias. Por entonces empecé con los amores, -no digo nombres-, gracias a eso, pude sobrellevar mi juventud de barrio. Quise ir a la guerra, para pararla, pero me detuvieron a mitad del camino. Luego me salió una oficina, donde trabajo como si fuera tonta, -pero Dios y el botones saben que no lo soy-. Escribo por las noches y voy al campo mucho. Todos los míos han muerto hace años y estoy más sola que yo misma. He publicado versos en todos los calendarios, escribo en un periódico de niños, y quiero comprarme a plazos una flor natural como las que le dan a Pemán algunas veces.
El libro de Gloria Fuertes: antología de poemas y vida.