ARREBATOS ALÍRICOS

Me fui sobreviviendo como pude

(José Luis Piquero)


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domingo, 16 de marzo de 2025

Algunos poemas de EL HOMBRE DEL PADRE (FLORENCIA DEL CAMPO)


Si no existieras, padre,
¿acaso temería a los hombres?
Quizá haría el amor de otra manera
¿con más ropa?
¿con menos luz?
¿sería más puta?
Padre, con tu cuerpo he matado 
en los sueños que no se confiesan.
Pero si no existieras, claro,
tendría un marido
hablaría de plata
sabría que se desayuna
dónde se guardan los cuchillos,
claro,
conocería la norma:
de qué se charla en las cenas
cómo se cocina el pescado
O sabría destornillar un mueble.
Padre, cualquier cosa, 
solo si no existieras.
Yo sabría
tener hijos.
Comprar una casa que acoge
no una funda 
La razón de la caída.
Tendría trabajo
¿no sería poeta?
Tendría cocina
y familia.
Si tú no, eso quiero decir,
entonces
Yo una mujer, eso que querrían.
¿Qué hacen las mujeres
normales? Ya
no
me
lo preguntaría.
Padre.
Si no existieras,
¿acaso me desearías?



El deseo de matarte
me recuerda a aquel hombre rubio
Que nunca me habló
excepto para decirme: deseo
atarte.
Padre, que eres mudo.


Matar al padre
Atar al hombre.
Hacer un nudo en el pelo rubio.
Hacer un uno
y el otro.

Amo al hombre que no es padre
porque no es mi padre.

Si el hombre que es padre fuera
mi padre
por fin desearía este Edipo.

El hombre que es padre se levanta a las siete de la mañana
para buscar a sus hijos.
Mi padre se levantó a las siete de la mañana
cuando dejó a tres niñas solas con una madre.




Solo me quiero masturbar pensando en el hombre rubio,
me da igual quién sea.

El hombre rubio se acuesta con otra que no es
                                                  la otra, sino otra de la otra.
El sexo nos duplica la extranjería 
hasta acabarnos.

Mi padre acaricia escalones con sus pantuflas
yo tropiezo siempre con el mismo hombre.

Todo parecido con la realidad
es pura semejanza.

El yo poético.


Voy a follar con un hombre hasta volverlo 
padre.

Voy a gatear en la cama.

EL HOMBRE DEL PADRE
FLORENCIA DEL CAMPO.
(ISLA ELEFANTE, 2024)

sábado, 22 de febrero de 2020

"Evocación e invocación"/"Vía personal" (poemas al padre de Jesús Cotta)

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EVOCACIÓN E INVOCACIÓN

Yo soy aún
el niño que escalaba por tus piernas
interminables,
el que llevaste a hombros por los ríos,
el que ya no tenía fiebre
cuando tu recia mano lo tocaba.

Todos mis versos los ha escrito
el trepador feliz desde la altura
de tu mano, tus hombros y tus piernas.
Ni el Faro ni la Torre ni la Cumbre
me elevaron jamás como tus palmas
para que viera el nido de zorzales
en pleno corazón del limonero
o arrancase el limón más grande y alto
o la pluma del ángel que sestea.

Toma las lunas de este limonero
a cuya sombra escribo y te recuerdo.
Lucieron en tu ojal cuando eras novio
y conquistaste el corazón de la muchacha
que me llevó en su vientre.

Cuídala desde las estrellas, padre.

VÍA PERSONAL
Porque el azar no explica a Rita Hayworth,
porque mira esa flor en la colina,
porque, si no, a quién daré las gracias,
porque también existes tú, mi vida,
porque no he muerto treinta y tres mil veces,
porque tengo una sed que es infinita,
porque apuntan a Él todos los árboles,
los zigurats, los ríos y las vidas.
Que sí, que existe Dios.
Me lo dijo mi padre en su agonía.

Menos la luna y yo
Jesús Cotta.

Ediciones de la Isla de Siltolá, 2013
                                

domingo, 19 de enero de 2020

"El soñador" (un poema al padre de Vicente Gallego)

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EL SOÑADOR
Vicente Gallego
Una noche dijiste, padre,
poniéndome en la frente
un fresco paño:
no temas a los sueños.
Yo volvía del mundo
más real que conozco,
donde afila
la vida sus ultrajes. .
¿Dónde estabas
cuando fui perseguido,
cuando casi,
cuando ya me tenían?
Un alma tan menuda
y ya en asedio.

Cuando alzaron
esta carne ensartada:
¿por qué no me asistió
tu brazo fuerte,
por qué no te acercaste
a susurrarme
que era todo un engaño
hasta aquel escondido matadero?

Y aunque hubieras logrado
llegar aguas abajo hasta el profundo
lugar de mi extravío
por ahorrarme el mal sueño,
por tenerme avisado,
¿cómo hubiera podido yo creerte
que no había razón para temer;
que aquel cuerpo de duelo
no dolía;
que aquel pánico mudo

no era el mío?
Quién sabrá convencer al soñador
de que está descansando,
si de pronto
hace pie en carne viva
sobre una tierra dura
como todas,
si allí se ve despierto y abrumado
como nunca lo estuvo.
En mitad de la noche
me ha llamado mi hijo:
volvía de lo hondo;
traía del viaje
en las pupilas
un pavor verdadero;
lloraba amargamente
una certeza.
Y me vi repitiendo


gustando con mi lengua su congoja-
las palabras más falsas:
no temas a los sueños.

Cualquier niño comprende
muy pronto que esta vida
es un doble trabajo,
y siempre cierto:
galeras con el sol,
más remo en el nublado.
En esta casa, ahora,
duermen tres,
y siempre duermen solos.
El que me llama padre,
la que me dice amigo,
¿dónde van cada noche
que no sé defenderlos?
Las tres banderas negras

y oscuro el mar vinoso,
ya se acercan los buques
que habrán de separarnos.
Qué solo el soñador:
el que despierta
y vuelve a despertar
nunca sabe en qué orilla
de este sueño tan vivo

Si temieras morir.
Vicente Gallego.
Incluido en sus colecciones de poesía completas 
y en la antología de Tu sangre en mis venas (Renacimiento).

domingo, 18 de marzo de 2018

"En el nombre del padre" (Víctor Jiménez)


EN EL NOMBRE DEL PADRE

Diecinueve de marzo y desaliento.
Has vuelto solo al fin al piso en sombra,
el que, en verdad, no fue jamás el tuyo
(era tu hogar la casa junto al puente
del cálido arrabal donde naciste,
la que sus puertas abre, todavía,
de par en par al sol de tus recuerdos).
Has entrado lo mismo que un extraño,
lentamente, observando los objetos
que en soledad te miran a los ojos.
El piso está vacío. Sin latidos
que den calor a las habitaciones,
las dueñas de las llaves son las cosas:
los antiguos violines restaurados,
los pinceles y el viejo caballete,
los óleos y acuarelas y las armas
que decoran las pálidas paredes,
el busto de san Juan en simple barro,
la colección de sellos… y el reloj
que marca, ya parado, en la mesilla,
la pena en punto en que acabó su vida.
Y por él les preguntas en voz baja
esperando que te hablen, en silencio,
de todo cuanto saben, si lo han visto
de noche, en alma o sueño, en sus asuntos,
si tienen para darte algún recado…
Y esperas, impaciente, las respuestas
y una señal o un gesto que te diga
que está contigo ahora, aquí presente.
Porque no puede nadie ser buen hijo
si no siente el aliento de su padre.

Publicado en el libro La mesa italiana (Renacimiento. 2015).
Posteriormente recogido en Tu sangre en mis venas (poemas al padre), 
editado por Renacimiento en 2017.

"A CADA VUELTA..." (Susana Benet)

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A CADA VUELTA...

A cada vuelta
del tiovivo, mi padre
diciendo adiós.

Publicado en Lluvia menuda (2008).
Posteriormente recogido en Tu sangre en mis venas (poemas al padre)
editado por Renacimiento en 2017.

"Carta de mi padre a mi abuelo" (Gloria Fuertes)

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CARTA DE MI PADRE A MI ABUELO

Aquí me tienes Pedro,
en este extraño mundo,
en donde ni siquiera
los ricos son felices.

Ya se han inventado las locomotoras,
las vitaminas y la leche en polvo.
Cambiamos de gobierno y nada se mejora.

En el solar de enfrente,
han hecho un conventillo
donde las monjas oran por nosotros,
-en el jardín tienen manzanas que no pueden comer-.

Mientras en Madrid quede un organillo....
Tus volúmenes de ética los vendí en la postguerra
y tan sólo conswervo tu reloj de papel.

Los chicos han crecido y quieren ser actores.
Maria se ha casado y Gloria escribe versos.

Yo tengo una bronquitis que me acerca a tu lado,
hasta pronte te digo, adiós abuelo Pedro.

GLORIA FUERTES
publicado por primera vez en Todo asusta (1958).
Recogido posteriormente en la antología Tu sangre en mis venas (Poemas al padre), editada por Renacimiento en 2017

martes, 24 de octubre de 2017

"POEM" (de Homero Pumarol)

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Papá dijo
si vas a leer
tus poemas en público
y encima te van a pagar
cómprate una camisa blanca
mangas largas
y cuando termines
cobra y desaparece
procura emborracharte
lejos de quién escuche
tus versos
no vayan a creer que la poesía
tiene algo que ver contigo.

Colecturía de aduanas.
Homero Pumarol.
Ediciones Liliputienses, 2016

domingo, 19 de marzo de 2017

TU SANGRE EN MIS VENAS




Como ya comenté en esta entrada, he tenido la buena suerte biográfica y mala suerte literaria de que me tocara un buen padre: cariñoso, comprensivo y, como decía Machado, "en el buen sentido de la palabra, bueno". O, lo que es lo mismo, un mal leit-motiv literario.
Sin embargo, es un tema que me interesa y que he comenzado a tratar en este blog, agrupando diversos poemas o fragmentos de obras bajo la etiqueta de "La muerte del padre", que espero que vaya aumentando y completándose en los próximos tiempos.

Por eso me interesó enseguida la antología Tu sangre en mis venas, editada hace poco por Enrique García-Márquez para Renacimiento y tenía pensado escribirme una reseña al respecto, hasta que vi la que había colgado José Luis García Martín en su blog y consideré que, después de ella, poco podía o, más bien, debía añadir yo.

La antología no comete el mayúsculo de dejar fuera el mejor poema al respecto (como sí hiciera la de Balón envenenado, publicada por Visor, al omitir "Fuera de juego" de Alberto Tesán). Es decir, sí incluye esta maravilla de Juan Bonilla, que solo pueden leer completa en Poemas pequeño-burgueses, la citada antología o en esta entrada de mi blog.

Además, muchas otras joyas paternofiliales de Miguel de Unamuno, Antonio Machado, JRJ, Jaime Sabines, L.A. de Cuenca...

Que la vida iba en serio…

Fue lo único
que me enseñó
mi padre

-una tarde
de invierno,
allí, de pie,
junto a su féretro-;

no hubo tiempo

para más.
(Karmelo C. Iribarren)


Personalmente, voy a rescatar este poema de Jesús Cotta:

VÍA PERSONAL
Porque el azar no explica a Rita Hayworth,
porque mira esa flor en la colina,
porque, si no, a quién daré las gracias,
porque también existes tú, mi vida,
porque no he muerto treinta y tres mil veces,
porque tengo una sed que es infinita,
porque apuntan a Él todos los árboles,
los zigurats, los ríos y las vidas.
Que sí, que existe Dios.
Me lo dijo mi padre en su agonía.

Menos la luna y yo
Jesús Cotta.
Ediciones de la Isla de Siltolá, 2013


Mi Padre, el rey (Gsús Bonilla)


1.
mi Padre, el rey, el más elegante de todos,
presumía de monarca; tenía un universo por corbata

21.
los sueños inverosímiles
tienen forma de muchacho progresando
y alas magenta de mariposa fiel

22.
nadie lo sabe,
pero dejó los bártulos a la vista
porque no tenía nada que esonder

23.
nos dimos cuenta tarde
de que el tren pasa

y su sombra va más rápido

y a la sombra
siempre le acompaña la sospecha

55.
el calor de papá quema,
las caricias de mamá abrasan.

arder a contra luz.

yo quisiera saber si te excitaba ese vaivén de segundos
cuando mi paciencia se desnudaba
ante aquel olor a cera y fósforo
cuando su cuerpo presente ya
era historia mía

un poco antes de ser cenizas

61.
me
incitaste
a subir

a arrojarme
me invitaste

me 
lancé                         con miedo
me 
lancé

ya
no
estabas

me
c
a
í

me
auxiliaste

me 
asististe

no te fíes ni de tu padre
concluiste

ni             de mi instinto
pensé


mi Padre, el rey
Gsús Bonilla
Ediciones La Baragaña, 2012

lunes, 20 de febrero de 2017

HABITAR UN PAÍS ES LLENAR DE TIERRA UNA PISCINA

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Habitar un país es llenar de tierra una piscina recoge la poesía completa del gigantesco poeta Jorge Posada (México, 1980). en una fantástica edición liliputiense.

Estos días recitará en Centrifugados cosas como esta:


los precios de la carne no aparecen en el poema

no hay rimas sobre el incremento del gas

la cocinera con sus manos frágiles
los que duermen en las banquetas
los repartidores de pizza
el gesto ante las vallas de publicidad
la tristeza al tocar los cheques
la subcontratación
la venta de los órganos del hombre por el hombre
no caben

aclaran los jurados de las becas
sentencian los creadores nacionales
confirman los artistas en la presentación de sus libros


el poema
no huele
no se pudre
Resultado de imagen de jorge posada poeta

si has visto una cajetilla de cigarros
sobre una sábana
conoces cómo ama la gente

si has visto a un peluquero
enjabonándose el rostro
conoces cómo vive la gente

si has visto oficinistas
maldiciendo porque la lluvia
cae a las 5 de la tarde
(hora en que se retiran)
conoces cómo recuerda la gente

si has visto a un niño jugando
con mapas y fichas de colores
conoces la nostalgia



la primera vez
aquella en que caías de la cama

porque no aguantabas la risa
porque mi boca estaba en tus muslos
porque estábamos solos en el departamento

y tú querías
y yo quería



a father is a father

remix de claudio bertoni

tengo ganas
de que regreses
a los 30

¿por qué
no supe de niño
cómo te quería?

¿por qué
no salimos
en vez
de mirar
las paredes?

¿por qué
no podemos dormir
los cuatro juntos
mami
hermana

y yo
como cuando
había películas?

¿por qué
no vamos
a beber
una cerveza
y solo
hablamos
cuando

una canción
nos guste?

Habitar un país es llenar de tierra una piscina
Jorge Posada
Ediciones Liliputienses, 2016

jueves, 12 de enero de 2017

Papa was a rolling stone


¿Qué se puede hacer con un niño, si no bebe?
Humphrey Bogart
Cuando finalmente renuncie
a todos mis principios y embarace
a la mujer que amo pese a todos
mis juramentos, mis votos al diablo
y la constancia en pasarme el móvil
por los genitales desde los veinte años,
prometo no ser un padre horrible:
levantarme alguna vez si El Engendro
llora, levantarle del suelo
tras una caída, levantarnos
los castigos tras una trastada,
dejar el filtro familiar desactivado
y pasarle la ITV cuando el organismo
pertinente lo tenga estipulado.

Incluso, si no queda más remedio,
prometo atender a su madre,
la mía o algún tutorial de YouTube
que explique sin pegar demasiadas broncas
cómo se supone que funciona el cachivache.

Juro leerle en la cama, incluso
sobrio y no siempre versos míos.
Prometo intentar escuchar al grupo
de mierda que le vuelva loco
durante su adolescencia. Callarme
algunas de mis opiniones al respecto.

Juro por la gloria de mi madre
y por la madre que lo habrá parido,
darle un beso cuando me traiga
un gin-tonic, aunque esté poco cargado,
encargarme de que vaya a ver a sus abuelos
más de lo preciso. Enseñarle quiénes
fueron ellos y sus bisabuelos
y Gabi, Godín, Torres y Kiko
y por qué debemos adorarles.

Cantará el himno como que hay un Dios.

Le inculcaré santificar las fiestas
y los corners al punto de penalti
o los despojos en los que va a verme
convertido más temprano que tarde.

Me esforzaré en instruirle a contemplar
los escotes  sin descaro y a mentir
a su madre tan bien como yo mismo.


Diario de un puretas recién casado.
Ediciones Liliputienses, 2016.

miércoles, 5 de octubre de 2016

La vida del padre


Anteriormente, he traído a este blog algunos poemas brutales sobre la relación padre-hijo, como esta bestialidad de Juan Bonilla o este otro de Gsús Bonilla (for the record: NO son, que se sepa, hermanos). Además, acabo de hacerme con Mi padre, el rey, de este último y Carta al padre de Jesús Aguado, y, entre lo que he leído y lo que me han contado, tengo la certeza de que ambas lecturas serán provechosas. Incluso, al percatarme de lo fecunda que puede ser la reflexión ante el cadáver del progenitor, especialmente si se ha mantenido una relación difícil (como la que encabeza esta selección de citas de Plataforma, de Houellebecq) o si éste tenía un carácter duro, débil o contradictorio, llegué a plantearme usar como etiqueta "La muerte del padre" para juntar pequeñas y grandes obras maestras en torno a este leit-motiv tan impactante como productivo. El nombre, evidentemente, es un guiño al primer tomo de Mi lucha, de Karl Ove Knausgard, de donde rescato este fragmento:
Ahora veía su cuerpo sin vida. Y no había diferencia entre lo que una vez fuera mi padre y la mesa en la que ahora yacía o entre el suelo bajo la mesa o entre la toma eléctrica bajo la ventana o entre el cable que llegaba hasta la lámpara justo a su lado. El ser humano es meramente una forma entre muchas que el mundo produce una y otra vez no solo en lo vivo sino también en lo inerte, en arena, piedra y agua. Y la muerte, que siempre consideré como la mayor dimensión de la vida, oscura, absorbente no era más que un conducto del que brota una fuga, una rama que se parte por el viento, una chaqueta que resbala de una percha y cae al suelo.
Puede que todavía, si me lo permiten las clases, las carreteras infinitas y la vida alrededor, haga esa extraña (y morbosa) antología bloguera, porque es un tema que me interesa literariamente... a pesar de resultarme muy lejano personalmente. Y es que, desafortunadamente para mi carrera de escritor atormentado, mi padre ha sido siempre una persona espléndida, simpática, generosa y amable con la que jamás he tenido ningún problema digno de recordar (ni, que yo sepa, lo ha tenido nadie). O, para resumirlo parafraseando a Machado, ha sido, es y será (o mucho tendrán que torcerse las cosa para que no siga siendo) "en el buen sentido de la palabra, bueno".

Por tanto, me temo que ya ha cumplido con su mayor aportación a mi carrera "literaria" (si obviamos, por supuesto, haberme enseñado la habilidad y la costumbre de leer y haberme recomendado decenas de libros), que tiene pinta de quedarse en la magistral cita que pronunció sin darse cuenta (y de la que hoy, sin razón, reniega): "Siempre habrá un bar cerca", que pueden encontrar como epígrafe del poema "Primeras nupcias" de Diario de un puretas recién casado, accesible en este enlace).

Y es que escribir sobre la felicidad, especialmente si es la propia, admitámoslo, está mal considerado literariamente.
Yo, como soy una veleta sin principios, puede que, incluso llegue a borrar esta entrada tan sentida, cursi, ñoña, sincera. Pero hoy que mi padre cumple 74 añazos más vivo que nunca y sé, literaria, familiar y personalmente lo que supone eso, quería que estuviera aquí. Qué menos, copón.

viernes, 12 de agosto de 2016

La Transición 2.0 (poemazo de Gsús Bonilla)

El poemazo de Juan Bonilla del otro día (que deben leer o releer aquí) me ha recordado a esta otra maravilla de Gsús Bonilla incluida en Viga, su libro publicado por Ediciones Liliputienses.



La Transición 2.0

Otro desempleado célebre
que yo recuerde, ese fue mi padre

que de los cuarenta y siete años
que permaneció sobre la tierra
estuvo, al menos diez, sin trabajo remunerado.

Prestaciones, subsidios, ayudas familiares…
De aquello, en esos años, nos manteníamos.

De aquello, y de mi madre
Que fregaba escaleras, limpiaba bares y asistía en casas.

En el año setenta emigró, mi padre
desde un pequeño pueblo de Extremadura a la gran ciudad
en busca, como tantos otros, de mejores condiciones de vida.

Sufrió la crisis de los setenta, la de los ochenta
y hasta la de los noventa tuvo tiempo de conocer.

Fue, en mil novecientos noventa y uno
que se lo comió un cáncer

y el mismo día de mi veinte cumpleaños
lo enterramos.

Cómo no me voy a acordar de mi padre.
Qué personaje mi padre.