ARREBATOS ALÍRICOS

Me fui sobreviviendo como pude

(José Luis Piquero)


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domingo, 9 de diciembre de 2018

ALAMEDA 39 (Revista de poesía): La huella beat (número 4º)


Alameda 39 es una revista de poesía dirigida por Gema Estudillo y Uberto Stabile que felizmente ya ha alcanzado su cuarto número (enhorabuena), dedicado en este caso a explorar la huella beat en la poesía actual a ambos lados del Atlántico.
Así, encontramos interesantes artículos de autores tan destacados como Alexis Díaz Pimienta, Juan Carlos Usó, Indran Aminthanayagam o Antonio Orihuela y traducciones de José Luis Piquero o del propio Uberto Stabile. 
Cierran el número poemas de Luci Romero, Ana Patricia Moya, Javier Dámaso o Víctor Peña Dacosta, este humilde servidor de ustedes, que se permite dejar una muestra junto con la recomendación de que lo antes posible se hagan con este y/o el resto de números de Alameda 39. 








viernes, 26 de enero de 2018

"Tratado de urbanidad" (poema en el homenaje a Ángel González de Maremágnum)



La Editorial Maremágnum realiza un merecidísimo homenaje por el décimo aniversario de Ángel González: en La voz a ti debida reúne poemas inéditos del inmortal poeta asturiano junto a artículos y homanajes de distintos nombres actuales. Un honor y un placer estar entre los elegidos. Desde aquí mi agradecimiento eterno a mi madre, por descubrirme a Ángel hace tantos años y a Editorial Maremágnum por incluir el poema que añado a continuación:




Tratado de urbanidad
Sin esperanza, con convencimiento.
Ángel González

Madres solteras, padres ausentes 
y niños con llave. Thoreau defiende
la vida campestre desde un PDF.

El amor es un estado de Facebook.

Raciones individuales de rabia
moderada, pack de tres compañeros 
de trabajo cuyo nombre ignoras
pero pagan la gasolina.

Meninas haciéndose un selfie
en los baños del instituto.

Pequeñas mentiras en el Big Data.

Comida familiar precocinada.
Tiene siete notificaciones nuevas.

El desafío soberanista,
la reforma constitucional.
La generación mejor engañada de la Historia
para creerse clase media.

La amistad es un algoritmo.
¿Para qué quiere alguien un árbol muerto?

Alzado de la rutina,
auriculares emitiendo el mensaje divino
con acento sudamericano.

Banco de recuerdos virtuales.
El deseo viaja por webcam.
A veces la conexión falla.

Banderas españolas de los chinos.

Postureo posmortem.
Burkas en Pornhub.
Diazepam y dime tonto.

Ariadna ha publicado un nuevo hilo en Twitter.

Altazor es una línea de bajo coste.

Celdillas encadenadas.

Invent. 
Covfefe.

domingo, 8 de octubre de 2017

"Lost in Google Translate" (poema inédito publicado en Las Razones de la Poesía)

Hoy en "Las Razones de la Poesía", espacio del periódico La Razón coordinado por Pedro Alberto Cruz Sánchez, compartimos espacio el gran Álex Chico y servidor. En mi caso, con este poema inédito dedicado a Ernesto Filardi y sus followers:

Lost in Google Translate[1]

Todos queremos que nos encuentren.
Bob Harris


Los alemanes tienen una palabra
para expresar la nostalgia que uno
siente hacia el lugar donde nunca
ha llegado a estar. Es fernweh,
como quiera que se pronuncie.

En inglés tienen varios tipos
de sonrisa: entre ellos, smirk, con pocos
dientes, o grin, con muchos (¿demasiados?).

En algunas lenguas bantúes, ilunga
es quien perdona una misma ofensa
dos veces y a la tercera se enfada.

En tagalo, gigil es el deseo irresistible
de abrazar a alguien que es muy rico
o muy guapo. O ambas, a ser posible.

Schadenfreude: dícese de alegrarse
en alemán de las (pequeñas) desgracias ajenas.

Aware es para los japoneses esa
melancolía que se siente
al vivir un momento de belleza
fugaz y trascendente.

Por su parte, Koi No Yokan expresa
cuando conoces a alguien y sientes
que tarde o temprano os vais
a enamorar el uno del otro.

Cafuné, en portugués brasileño,
es el acto de pasar los dedos
a través del pelo de la persona
que amas. Por su parte,
los angloparlantes alucinan
cuando les explicas lo que es la “dentera”:

No tienen palabra para ese concepto.




[1] Poema escrito gracias a Ernesto Filardi y sus followers.

Sobre dicho poema escribe Pedro Alberto Cruz Sánchez en "Las Razones de la Poesía":
La poesía -que aparentemente todo lo abarca, que es capaz de nombrar hasta el más sutil e insondable de los sentimientos- no deja de ser lenguaje. Y el lenguaje -nos dice Víctor Peña Dacosta- es relativo, limitado, posee sus puntos ciegos. Dependiendo de la lengua elegida, hay matices conceptuales y emocionales que no existen. Porque no son los sentimientos los que construyen las palabras, sino las palabras las que construyen los sentimientos. Peña Dacosta traza así una cartografía de sentimientos únicos, de imposible traducción de un lenguaje a otro. Lo que considerábamos como "universal" -¿acaso no es capaz cada individuo de sentir lo mismo?- se revela ahora como local, contextualizado. La poesía es falible y, por tanto, esencialmente humana. Y, precisamente por esto, la era digital -y, dentro de ella, su principal buscador y traductor de palabras, Google- no solo no ha conseguido colmar estos "agujeros lingüísticos" y generar una superficie continúa, sino que los casos de incomunicación se han multiplicado. El estilo casi matalingüístico de Peña Dacosta explora estas "islas de sentido único" de una manera abracadabrante y reveladora.

lunes, 24 de abril de 2017

Ballerina Vargas Tinajero: el secreto peor guardado de la poesía española

La revista Estación Poesía incluye en su número 10 una reseña mía sobre Antolejía: poemas para limpiar el wáter, el soberbio poemario de Ballerina Vargas Tinajero publicado por Ediciones Liliputienses. 
(En este enlace pueden acceder a la revista completa, más que recomendable. La reseña ha sido magníficamente editada por Antonio Rivero Taravillo, aunque también la dejo completa a continuación).
BALLERINA VARGAS TINAJERO:
EL SECRETO PEOR GUARDADO DE LA POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA

El 11 de septiembre de 2015 terminó de imprimirse en los “minúsculos talleres de Ediciones Liliputienses” (sic) un libro, de curioso título y sobria portada aséptica, llamado Antolejía: poemas para limpiar el váter. Estaba firmado por una tal Ballerina Vargas Tinajero y, evidentemente, se trataba de un seudónimo. Concretamente, el elegido por una poeta culta y, hasta entonces, relativamente oculta (pronto supimos que llevaba desde 2009 compartiendo el blog Ínfula Barataria y, por tanto, los principios del “post-itismo” -de nuevo, sic- con otro autor agazapado, en su caso tras el alias de Marcos Matacana Martín). Desde entonces, la (supuesta) autora ha mantenido la voluntad de conservar el anonimato a pesar de que el libro iba haciéndose cada vez más conocido gracias, principalmente, al boca a boca físico o, sobre todo, digital, a la aparición de (elogiosas) reseñas o, incluso, según rumores bastante fidedignos, a haber estado a punto de hacerse con un importante premio nacional.
Contra todo pronóstico, parece haber conseguido preservar el misterio de su identidad y resulta imposible encontrar alguna foto o vídeo que pruebe su existencia. El caso es que, en realidad, poco sabemos o deberíamos saber más allá de los escasos datos que aporta la contraportada: la tal Ballerina afirma ser sevillana, licenciada en Periodismo, dice ejercer como profesora de Secundaria y proclama que, ante la imposiblidad de entender el mundo, escribe. Sin embargo, igual que en su momento se alzaron voces reclamando que Pere Gimferrer era la verdadera identidad tras el supuesto poeta maldito José María Fonollosa, no falta quien conjeture que Ballerina Vargas Tinajero en realidad es otra máscara del citado Marcos Matacana Martín o, al igual que Humbero Fabbro, otro heterónimo gamberro y genial de Antonio Rivero Tavarillo. Quién sabe. En cualquier caso, tal vez sea mejor dejar las elucubraciones a un lado y centrarnos en el libro y su recepción o, mejor, en su uso. Y es que Rafael Sánchez Ferlosio explicaba, en palabras de José Luis Pardo, que la lírica no tiene, en rigor, “receptores (pues no comunica contenido semántico alguno) sino únicamente usuarios, y que su uso consiste precisamente en subrogarse en el yo del poema (que, por tanto y desde el principio, no es el yo del poeta, sino una suerte de casilla vacía que debe acoger al usuario que quiera servirse del poema para expresar sus sentimientos)”. Pues bien, en esta identificación radica el éxito del libro, ya que, sepamos o no quién está detrás de los versos de Ballerina Vargas Tinajero, resulta sencillo usarlos, ocupar su casilla, sentirlos y, en definitiva, valernos de sus palabras para decirnos a nosotros mismos. De ahí que su identidad sea el secreto peor guardado de la poesía española pues, en parte, Ballerina Vargas no deja de ser un poco todos nosotros, al menos mientras mantengamos el humor como analgésico para combatir la azarosa circunstancia de ser, o no, infelices.

El poemario se abre con dos citas, número fetiche que advierte que se trata de una obra de contrastes que sabe moverse entre los filos: divertidísima sin caer en la frivolidad, decadente sin patetismo (involuntario), grave sin tomarse demasiado en serio, muy buena sin necesidad de darse aires de grandeza o, en resumen, posmoderna sin espacio para mamarrachadas. O, en palabras de Hilario Barrero: “algunos de los poemas (…) son como fragmentos de una película porno dirigida por una monja de clausura en estado místico”.
Las dos referencias curvas iniciales que comentaba son: “Que no intenten descubrir quién fui/ por cuánto hice y cuanto dije” (C.P. Cavafis) y “No sé lo que digo, aunque siento lo que quiero decir; porque jamás blasoné del amor con la lengua que no tuviera muy lastimado lo interior del ánimo” (Francisco de Quevedo). Dan pie a un primer poema excepcional, inusualmente largo y, curiosamente, de los pocos que no recurren a ninguna referencia externa, “Lo mío no es normal”:
No me gusta hablar de mi vida
Ni de mí
No cometan el error
De confundirme con lo que escribo.

Tras esta beckettiana declaración de intenciones, llegan los 4 bloques temáticos en los que se divide el libro. El primero, “Tremendismos nocturnos” incluye los poemas más salvajes, con un punto decadentemente macarra y desesperadamente festivo, que hace apología y burla de la autodestrucción. De nuevo, usa el contraste entre dos citas, Novalis (“pero mi corazón, en secreto,/ permanece fiel a la noche”) y Cindy Lauper (“Girls just wanna have fun”). Es decir, nos indica que su mirada va a oscilar entre el sarcasmo posmoderno y la reverencia culturalista y nos advierte de que, aunque desesperado y cruel, el humor va a estar presente a lo largo de todo el poemario haciéndolo más variado, entretenido y, curiosamente, consiguiendo que el tono agrio que va y viene sea aun más efectivo. (Este recurso será una constante a lo largo de todo el libro. Por ejemplo, en el poema “Rojo y Gris” comparten cursiva Jaime Gil de Biedma y la segunda parte de Kill Bill de Quentin Tarantino; en “A negro” lo hacen Garcilaso de la Vega y Tony Soprano; en “Neverland”, Ferlinghetti y Peter Pan, más tarde Gloria Fuertes y Álex y Christia, etc).
En esta primera parte, noctívaga y tremendista y, en realidad, no tanto, hay guiños a Bukowski, Fonollosa, Walter H. White de Breaking Bad y el crapulismo melancólico y arrebatado de los que apuran el trago amargo sabiéndose perdidos de antemano. Luego el nihilismo destructivo se irá dispersando o tiñendo de inexpresable ternura, ácida nostalgia o lacónica clarividencia (muy a su pesar), pero mantendrá siempre una cínica mirada (desesperanzada, desganada incluso, pero) llena de humor negro, verdadero elemento vertebrador del poemario.
El segundo epígrafe del libro se llama “Pipas, muelles, Peta Zetas” y se abre con tres citas, respectivamente de Felipe Benítez Reyes (“Como si el pasado fuera un alegre lugar de tránsito”), Raymond Carver y Súper Ratón (“¡No olviden supervitaminarse y mineralizarse!”). Evidentemente, el leit-motiv de este apartado va a ser el recuerdo nostálgico de la infancia (“las vías del tren marcaban/ Los límites de nuestro territorio”) y la melancolía alegremente disimulada del adulto que hoy añora los años que entonces odió y la “pequeña galaxia caótica” que conllevaban. Inicia este apartado “Retrospectiva” con estos versos:
Mi infancia son desvelos de mis padres
Olor a muerte en un libro
Miedo al camino eterno
Porque un capullo me insultaba cada día
                                               De vuelta sola
Al colegio

Un apuntáselo a mi madre
                        Detrás de otro
Silencio en casa
Mientras llaman a la puerta
Las deudas sin saldar
Pan con aceite y azúcar
Pantalones cortinas
                        Mantel y colcha a juego
El abecedario completo
Sobre el fondo azul
De unas ojeras

El poema “Contigo” contiene una cita de J.L. Piquero que parece sintetizar esta evocación general de la infancia (“si algún día/ me olvidase de todo, de eso no”) y, en particular, del primer amor infantil y puro, perfecto. Y, probablemente, exagerada e injustamente idealizado:
Te quería con ese amor nuevo
Sin sombra sin resabios
Sin olor a cuerno quemado
Ese que es luz
                        Una vez
Que no se piensa ni se habla
Que se limita a ser
Sin preguntarse
Sin recordar lo que ha dolido
                                               Antes
Sin anticipar el daño que vendrá más tarde

“Descampado” condensa el epígrafe, de hecho, el título de esta parte parece casi un remedo de su caótica enumeración melancólica (Manchas de tierra en los vaqueros/ Matorral en los tobillos (…)/Cabezas patas/Rabos amputados/ Pilas pipas chicles quicos).
Sin embargo, pronto se produce un desplazamiento del yo poético, que pasa a contemplar ese mundo desde el presente expurgado de inocencia en poemas como “Bus stop” o, sobre todo, “Pipas”: Veinte años después/ Sigo comiendo pipas en aquel banco/ Mirando El grito de Munch/ Sepultada por las cáscaras/ Sola/ Perpleja/ Con los ojos saldas/ como entonces/ Sin enterarme de nada.
Así, analizando la infancia desde la, por así decirlo, desencantada madurez, llega la unión entre dos mundos ajenos, con varios poemas seguidos tremendamente tiernos y nada empalagosos: por ejemplo, el recuerdo de la abuela fallecida en “La loca del café”:
Se parecía tanto
                        Pero tanto a ti
                        Como la vida a una resaca
Que por un momento
He creído en los milagros

 O la recuperación fugaz del paraíso perdido de la infancia en algún actual compañero de juegos, como refleja “La certeza”: Pareces hecho de todo/Lo que una vez/ a long time ago/ in a galaxy far far away/ hubo en mí de bueno.
El tercer “libro” contenido en esta colección de “para limpiar el wáter”, llamado “Las cosas del querer”, aúna poemas de amor y, sobre todo desamor, además de una “Breve historia sentimental en cinco haikus (o algo así)”. Parte de una concepción afectiva tan romántica como cínica y en sus versos se percibe el influjo de Bécquer, Salinas o Fonollosa junto a los (que aparecerán) citados Quevedo, Luis Alberto de Cuenca, Gimferrer y Borges. Sin embargo, como ya habíamos indicado, el elemento vertebrador será el humor, que no solo evita caer en la ñoñería sino, además, para provocar algunos de los momentos más memorables del conjunto, como en “Efecto Grey”, en “Rescate” o en “Impotencia”:
No sé si el balance de tu voz
Entre el rollo lastimero o castigator
Te funcionará con otras
En otros antros en otros puertos
Que quieran salvarte o cambiarte
(…)
Porque en noches como esta
Me la sudan
Y no sabes de qué modo
Neruda el destino la metafísica
(…)
Dime que sabes lo que quieres
Que hace tiempo que no lo haces
O que hace mucho que esperas esto
Me lo creeré un rato
Lo justo entre el primer roce
De las lenguas los dientes torpes
Y el último jadeo

En “Primero, el sufrimiento”, prólogo a la edición completa de su poesía, Michel Houellebecq afirmaba: “Los seres se diversifican y se hacen más complejos, sin perder nada de su naturaleza primera. A partir de un determinado nivel de conciencia, se produce el grito. La poesía deriva de él. (…) El primer paso de la trayectoria poética consiste en remontarse al origen. A saber: al sufrimiento”. Llegamos pues a la última parte del libro, “La resaca”, es decir, al sufrimiento. Este epígrafe incluye, quizás, los versos más agrios y desencantados. con un despertar simbólico que, como no podía ser de otra manera, debía resultar también decepcionante y duro. De ahí la inclusión de una nueva referencia cinematográfica, concretamente el Marsellus Wallace de Pulp Fiction y su “Estoy a mil jodidas millas de estar bien”. De esta parte debemos rescatar el poema generacional de obsolescencia programada “La bola y el cristal” (y su grito de guerra perdida: Viva el mal/ Viva el Prozac) o la reescritura del cuento clásico “Cenicienta”: La boca me sabe a ceniza/ La chimenea lleva todo el día apagada. Pero, sobre todo, “Ispahán” que, bajo una referencia a Juan Eduardo Cirlot (“Estoy cansado de estar muerto y ser”) desgrana estos versos:
El niño de los vecinos
                        como siempre
Dando por culo a la hora de la siesta
Y no sé si adoptarlo para llenar el vacío
Que juega a la pelota y golpea mis entrañas
O darle un beso en la frente y abandonarlo
Tumbado y tranquilo
En un campo de amapolas
Desangrado.
(….)
Fakir borracha posmoderna tumbada
Sobre una cama de recuerdos como clavos.

Escribió José Luis Morante en su reseña de la Antología: “Cuando Charles Baudelaire escribe Le spleen de Paris la deriva existencial en la urbe moderna encuentra los contornos que limitan su semántica. La bilis negra y la melancolía dictan su codificación poética. De ellas manan otros idearios que narran el hastío del hombre deshabitado; y en esa forma de entender la erosión del tiempo sobre la conciencia tiene nuevo cobijo la poesía de Ballerina Vargas Tinajero. En su retrato gris del desasosiego solo ha cambiado el latido cronológico y los referentes escenográficos que enmarcan el rostro cansado y ojeroso del perdedor”.
Sin embargo, como hemos dicho, la amargura y el cinismo van adquiriendo diferentes tonalidades más o menos trágicas pero siempre barnizadas por un humor constante más allá de la muerte. Y, si el libro se abría con un gran poema (“Lo mío no es normal”), el cierre queda para una guinda aún mejor: “Instrucciones para mi funeral”, con cita (y deje) a Karmelo C. Iribarren.
Ya concluyo: recientemente ha tenido lugar un intenso y, a ratos, interesante debate en redes sobre la poesía contemporánea española que, además de filias, fobias y enredos ha dejado ver que los juicios estéticos demasiado a menudo se desvían de faro de la calidad a la vieja dicotomía entre apocalípticos e integrados. No es intención de este reseñista agitar más las ascuas de un debate más público que oculto y, en lo referente a este libro, diré que, a la vez, es fácil de leer como interesante de haber leído. Hemos hecho bastantes referencias al continuo contraste entre la poesía clásica y cotidiana, sagrada y posmoderna, clásica y pop. Cabe pues acordarse de la reflexión de José Luis Pardo en Introducción al malestar en la cultura de masas explicando que es imposible el tránsito entre baja y alta cultura “elevando gradualmente el nivel de complejidad o de dificultad sino que, a pesar de que ambas no pueden definirse más que la una contra la otra, su naturaleza es totalmente discontinua; de tal modo que lo que resulta imposible de mantener es que la facilidad de la cultura popular sea el resultado de rechazar la complejidad de la alta cultura (concebida esta dificultad como una complicación progresiva de aquella facilidad); más bien habría que decir que la inclinación popular a la gratuidad argumental es un modo de apreciación de esa dificultad objetiva –la diferencia de clase-, y que el testimonio de tal apreciación de la dificultad es justamente el que la baja cultura sólo pueda contemplar la superación de esa barrera como un evento prodigioso del tipo de los que tienen lugar en el cuento de La cenicienta o en el Romance de Gerineldo, pues el salto de una naturaleza a otra, precisamente porque es imposible darlo progresivamente, sólo puede ser un milagro”.
Probablemente eso sea lo mejor que se pueda decir de este libro: extraño cóctel imposible, pero tan bien servido que acaba dejando un regusto extraño pero agradable. Como a lejía, pero de la buena. Casi un milagro.

Víctor Peña Dacosta

miércoles, 26 de octubre de 2016

Nuevo número de "El ático de los gatos"


Encuentro en mi buzón el número 6 de EL ÁTICO DE LOS GATOS: revista literaria y cultural dirigida por la gran Rosario Troncoso y que cuenta con la aportación de grandes autores como Elías Moro, Marcos Matacana, Itziar Mínguez Arnáiz, Ismael Cabezas, Ballerina Vargas Tinajero, Jesús Montiel, Jesús Cárdenas, José Luis Morante... y un largo y admirable etcétera. Además, quizá para compensar, también han incluido un poema mío.
Un placer leerse en tan grata compañía.

viernes, 7 de octubre de 2016

"Como la Generación del 27, pero en subnormal": capítulo II de la GENERACIÓN SIMPSON

De nuevo, la Revista Oculta publica el segundo capítulo de mi ensayino La Generación Simpson. 
Pueden leerlo completo en este enlace.

"la Generación Simpson se caracteriza por haber crecido en un clima generalizado de ligero optimismo (o, si prefieren, de abúlica complacencia) en el que se daba por sentado que las grandes luchas sociales anteriores carecían ya de sentido: se habían legalizado el divorcio y el aborto y no se perseguía con excesivo ahínco el consumo de drogas, los sindicatos nos aseguraban que nuestros derechos laborales estaban bien y, como todo el mundo decía haber corrido delante de los grises, la mediocre cima de derechos sociales y laborales alcanzada parecía lo más alto que se podía llegar sin temor a romper la cuerda de lo atado y bien atado. Si nos pusiéramos metafísicos podríamos decir que la generación anterior a la nuestra aprendió que luchando nunca se consiguen nada más que derrotas y, por tanto, consciente o inconscientemente, nos educó en la aceptación disimulada de la derrota y la espera impaciente de una oportunidad. Pero, si les parece, vamos a intentar evitar ponernos metafísicos. Al menos, por el momento.
Además, daba la impresión de que los puestos de trabajo eran medianamente acordes a la titulación de los aspirantes y, el resto, «lúmpenes, gentuza de una clase social mucho más baja que la nuestra», que diría aquél, se repartían entre los que optaban por esa opción tan española de aguantar hasta reventar (sin quejarse fuera del perímetro del bar o el vandalismo) y los que nunca llegaron a tener voz. Por supuesto, esta sensación de saciamiento post-comida familiar era compartida con las generaciones anteriores, pero con la vital diferencia de haber sido demasiado jóvenes para vivir la explosión, eclosión e impacto de Nirvana y la explosión, eclosión y muerte de la nihilista ruta del bakalao, últimos vestigios de rebelión contracultural oportunamente fagocitada por el capitalismo. Poco a poco, los yonkis que quedaban fueron muriendo o desplazándose al extrarradio, el punk perdió fuerza y el rock transgresivo y sus distintas variantes pronto evolucionaron a una actitud menos social y más pretendidamente (ay) lírica. Por todo ello, nuestro destino estuvo pronto marcado: estudiar para conseguir labrarnos un futurillo aceptable, JAMÁS probar la heroína, no drogarnos, en general, muy a lo bestia y, sobre todo, tomarnos la vida, siempre que fuera posible, con mucha ironía y mayor distancia.
Así, nuestra generación vivió su preadolescencia, adolescencia, juventud y entrada en la precariedad laboral en torno al bucle infinito de los capítulos de Los Simpson, repetidos una y otra vez (sin que eso fuera, en absoluto, motivo para dejar de verlos) hasta dejarnos claras varias cosas: Lisa, el único personaje comprometido, era un absoluto coñazo, la mejor opción ante los problemas es beber y no hay nada suficientemente grave como para que no acabe arreglándose al cabo de un rato, como por arte de magia y sin necesidad de emplear excesivo esfuerzo."

domingo, 22 de mayo de 2016

Pido la paz y un par de cañas


Pido la paz y un par de cañas

Mi hijo murió con tan solo dos años
atropellado por José María Aznar
bajo los efectos del alcohol.

O por uno de sus votantes,
no estoy seguro. O tal vez por cualquiera 
de los tarados que rieron la gracia 
cuando salió en la tele farfullando 
borracho “¿quién te ha dicho que yo quiero
que tú conduzcas por mí?”.

La verdad es que ya no me acuerdo
y tampoco importa. El caso es que a mi hijo 
lo mataron en Bagdad con las bombas
de una guerra inexplicable
o después de que le quitaran
la ayuda a la dependencia
que necesitaba como el aire.

Y ahora no os hagáis los escandalizados
ni me llaméis demagogo
porque sois vosotros los que matasteis
a mi pobre hijo antes de que naciera
con vuestro silencio cómplice
y vuestros votos cargados de odio.

Así que vais a permitirme que al menos
no os lo perdone nunca. Igual que entiendo
que vosotros también me guardéis 
rencor eterno por la parte que me toca:
somos rivales ideológicos, bastante
peor que ser enemigos políticos
o amigos interesados.

Ojalá algún día alguien se rinda,
saque al fin bandera blanca
y el otro no aproveche la victoria
para ver saciada su venganza.

Ojalá algún día acabe esta guerra
absurda que ya dura demasiado
y podamos vivir tranquilos
sin temer que todo lo tuiteado
pueda ser usado en nuestra contra
cuando lleguen la revolución o su opuesto.

Voy a cumplir con la parte que me toca: 
pido la paz y un par de cañas.

domingo, 24 de enero de 2016

Nuevo número de la revista Psicopompo


Acaba de salir el nuevo número de la Revista Psicopompo, dirigida por el infatigable Chema Cumbreño y editada por Psicopompo Librería-Café. Y luce tan precioso como se puede observar en la imagen superior.

En esta edición cuenta con colaboraciones de poetas consagrados, desconocidos y noveles de diferentes edades y estilos pero todos aportando poemas inéditos y unidos por su calidad.

Entre ellos, debemos citar la colaboración del gran Alberto Tesán tras muchos (demasiados) años de silencio poético.

Este es el índice completo de la revista.

ÍNDICE

POESÍA Y OTROS PECADOS CASI CONFESABLES, 3
Begoña Abad (5), Joaquín Benito de Valle Bermejo (8), John Berryman (10), Luis Corrales (14), Ernesto Frattarola (16), Ignacio Gallardo (17), Ana Rocío Jouli (22), Luis Llorente (29), Ana Llurba (30), José López Castán (31), Patricia Luna (39), Pepo Márquez (42), Marcos Matacana Martín (46), José Molina Robles (50), Francisco José Najarro Lanchazo (52), Lola Nieto (54), Eduardo Padilla (62), Marcelo Pellegrini (66), Víctor Peña Dacosta (70), Luis Pereira (77), Miguel Sánchez Ibáñez (81), Juan Ramón Santos (86), Alberto Tesán (87), David Trashumante (88), Rosario Troncoso (89), Ballerina Vargas Tinajero (92), Marina Yuszczuk (95).

UN REPASO AL PRIMER AÑO 
Y MEDIO DE PSICOPOMPO, 113

TRES RESEÑAS, 145

Se puede solicitar en este enlace, aunque, actualmente y por poco tiempo, no funciona la tienda.

Por cierto, si pasan por Cáceres, no dejen de visitar Psicopompo Librería-Café.

Y, cuando lo hagan, pónganme a los pies de Lupe.