ARREBATOS ALÍRICOS

Me fui sobreviviendo como pude

(José Luis Piquero)


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domingo, 27 de noviembre de 2016

Mi lucha (featuring Adolf Hitler & Fidel Castro)

Resultado de imagen de fidel castro

MI LUCHA

La Historia me absolverá. 
Fidel Castro

Mañana me despertaré y no estarás, y no me daré cuenta hasta después del segundo café, pero antes me habré hecho una paja en la cama y visto con desinterés las bombas telediarias mientras espero los resultados deportivos. Entonces, pero solo entonces, admitiré que no estás, que sigues sin estar y que, definitivamente, ya no vas a volver. Un día llegará la comida sin que lo piense y al otro solo vendrás a mi cabeza un instante, en la caótica sucesión de imágenes preorgásmicas entre actrices, novias de amigos y compañeras de clase, quizá con otros labios, otras tetas u otro pelo: ventajas del onirismo onanista. Y pasarán días y al final lo olvidaré, y entonces dejarán de existir las mamadas en los servicios públicos, discotecas, parques y bares, los cutres ramos de rosas de veinte euros, las cenas en sitios medianamente asequibles, las películas en la cama y en los cines, los polvos en cualquier sitio y los besos en cualquier parte. Y no pasará nada. Seguiremos lejos de la clasificación para la Champions y agotaremos la última oportunidad empatando en casa. Me apuntaré a un taller de relato y a la tercera sesión dejaré de asistir, engordaré, adelgazaré, dejaré de beber, encontraré un trabajo sencillo y por fin me haré un hombre lejos de ti y de tus neuras, un hombre que se conforma con irse muriendo despacito mientras su equipo llegue a la UEFA y él alcance el fin de mes.

La huida hacia delante.
Ediciones de la Isla de Siltolá, 2014

sábado, 21 de mayo de 2016

Encuentro (accidentado) con Braulio Ortiz Poole


Este año estuve firmando ejemplares de mis obras en la caseta de Ediciones de la Isla de Siltolá de la Feria del Libro de Sevilla. Por miedo a que se me hiciera muy largo el rato y para matar dos pájaros de un tiro, me permití escribir a Braulio Ortiz Poole, comentarle dónde iba a estar y decirle que iba a llevar un ejemplar de su libro Cuarentena, publicado por La Bella Varsovia (que se ha convertido en una lectura de cabecera desde que me lo recomendó Víctor Martín Iglesias), ya que me gustaría tenerlo firmado.

Y es que Braulio Ortiz nació, vive y trabaja en Sevilla, pero nunca habíamos coincidido ni interactuado más allá de los diferentes subrayados que yo realizaba en su libro. Obra que, con contención, humor e ironía retrata la elegante decadencia de la entrada en "Los cuarenta,/ una comarca ya más próxima a la muerte,/ prevención y liturgia (...) Una edad tan solemne/ que es siete años más vieja que un mesías:/ es la edad en que tu padre tenía ya seis hijos".

Pues bien, finalmente estuve firmando más libros de los esperados, entre ellos a un amable hombre de mediana edad que, después de comprar los dos ejemplares de mis libros se identificó con lo que me pareció un claro "Claudio"... y que no era otro que el bueno de Braulio, que había decidido pasarse, comprarlos y cambiarme su firma de clara caligrafía por un borrón con el que, una vez resuelto el malentendido, hubo de enmendar mi estupidez. Eso sí, creo que con ese breve encuentro se lleva una impresión bastante acertada de mí, que solo le queda completar con mis libros y, si sigue estando dispuesto, en futuros encuentros, a ser posible, sin bolis de por medio.

Esta anécdota no deja de ser una excusa para hacer algo que ya iba tocando: traer a este blog algún poema de Cuarentena. Más que la ocasión, un poco ridícula, el libro, muy bueno, lo merece:


HAS SOÑADO TANTAS VECES CON EL MUNDO

...Estuve
donde es difícil imaginar haber estado.
No se puede vivir sin emoción.
Justo Navarro.

No supiste volar, oficinista,
aunque crecieran dos alas en tu sueño
que eran flores amargas.

Querías cruzar el mundo con el hambre
de un amante que busca el infinito
en la piel de ese cuerpo que desea.
Pensabas: 
ahí aguarda la vida.

La fiebre y la emoción.
Y sin embargo
              el rumbo fue el opuesto:
nunca oíste las lluvias torrenciales,
no te diste a probar el fruto exótico,
por ti las cataratas 
                    no libraron su furia.

Te quedaste, enfermo de migraña a quien la luz golpe
en una habitación levantada en la sombra.

Pero un refugio a veces es una ortiga.

Antes de que te hiera la nostalgia 
de lo que no conoces
di que serás también de las antípodas.

Búscate tu propio firmamento.
Como un ciprés,
un hombre ha de aspirar a lo sublime.


Y TODO HA DE INUNDARSE

Cuando apagues la vela
y empiecen los cuarenta
pídete este deseo:
vivir contra la noche
en la intemperie, 
donde acaba el jardín de la prudencia,
en estado de gracia, con coraje,
en litigio continuo
o en un amor perpetuo con las cosas.
Quemándote, sí, no te acobardes:
la mesura es un cerco
y tú has sido hasta ahora un hombre a medias,
un corazón vendado y constreñido
como un idioma apenas susurrado.

Así, ardiendo en plenitud, infiel y sin aliento,
igual que a un sublevado los demonios le hablan,
hazte tú con la piedra que derribe a los dóciles,
conviértete en relámpago o espada
que imprima luz y acero a esta edad nueva.

Para el futuro,
suelta el lastre de antiguas ataduras
y eleva la mirada al horizonte:
es la edad de los hombres sin temor a exhibirse,
el tiempo en que los diques consumen su paciencia
                         y todo ha de inundarse.


CARPE DIEM 

A menudo ha irrumpido en tu memoria
ese campo al que escapabais los domingos,
ese campo
con un altivo eucalipto como guarda,
un caserón que jugaba con el eco
y unos perros que siempre tenían hambre.

Allí tu padre os mostraba con orgullo
la última variedad de algun naranjo
que habían incorporado aquellas tierras.
Recuerdas con qué emoción pelaba aquella fruta
y os daba a probar su carne dulce,
recuerdas
que aunque pusierais cuidado en el empeño
el zumo os cubría la mandíbula.

A menudo te viene aquella imagen
y te preguntas
si tu padre, que no pudo jubilarse,
que renunció a sus sueños por vosotros,
sabía que esa naranja, esa simple naranja,
era en su pequeñez la plenitud,
era toda la verdad que escondía el mundo.

Quizá
esa sea la lección que te trae el viento:
que en vez de fantasear con el futuro
hay que tomar la carne dulce, el jugo,
               del momento en que vives.

domingo, 15 de mayo de 2016

Adaptación al miedo (un poema de "La huida hacia delante")

Víctor Peña Dacosta

Acostumbrarse a las molestias diarias,
a que se mueran los abuelos.

Hacerse a la idea de que envejecen
los padres y maduran los amigos.

Andar un rato por las tardes.

Verse de pronto envuelto en un debate
sobre hasta cuándo es mejor dar el pecho.
Tener una teoría al respecto.

Apuntarse a cursos de idiomas
o al gimnasio y actualizar los blogs
al menos una vez a la semana.

Hacer la cama siempre al levantarse
y fregar antes de que se acumule:
hacerse fuerte en la rutina.

Ser un hombre a la hora de hacer colas:
no dejar que se cuelen las marujas
ni nos venza el desaliento.

Medir la vida en estados de Facebook
y la aceptación social en “me gustas”.

Abrir un plazo fijo a un interés
razonable y defender que conviene
una reforma fiscal moderada.

Seguir los partidos sin pegar voces.

Hacerse chequeos de vez en cuando,
que total no cuesta nada. Enterarse
de cuáles son los mejores productos
para mantener limpia la piscina.

Irse de vacaciones con los suegros,

Atender cuando oyes “señor”
por la calle. Aprender a hacerse el nudo
de la corbata y a arreglar los enchufes.

Entender por qué sube la hipoteca.

Asumir que es cada vez más difícil
cumplir el sueño de hacer un trío.

Gastar mucho menos dinero en libros,
reducir el tiempo de siesta.

Hablar en las reuniones de vecinos.

Aprovechar los descuentos del súper,
preferir los conciertos en teatros,
elegir cortinas de seda blancas
que combinen con la mesa camilla,
buscar porno duro gratis, cervezas
negras y ginebras de marca, vinos
con un ligero regusto a manzana
de nombre extranjero. Decir que es suave
pero con mucho cuerpo. Fijarse
en cómo va resbalando la lágrima.

Usar reloj.

Adaptarse, como todos, al miedo.
Amortiguarlo con pastillas.

Apagar el despertador antes de que suene.

Ponerse camisa para ir a trabajar.

(La huida hacia delante,
Ediciones de la Isla de Siltolá, diciembre de 2014)


El 5 de enero de 2016, supongo que marcado por mi libro, El Roto publicó esta viñeta en El País (es broma, por supuesto)



El poema también puede encontrarse en Nacer en otro tiempo, la antología de poesía joven editado por Renacimiento y coordinada por Miguel Floriano y Antonio Rivero Machina: