ARREBATOS ALÍRICOS

Me fui sobreviviendo como pude

(José Luis Piquero)


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domingo, 22 de diciembre de 2024

Algunos poemas de EROSIÓN de José García Alonso



APRETAMOS EL TIEMPO
Apretamos el tiempo en nuestras manos
para saber que su calor se extingue.

En las yemas de los dedos cicatrices
amparan ásperas el tacto del silencio,
la soledad del lauleral a la puerta de la casa.

Todo crepita.
La brasa que consume la tarde.
El hielo que lentamente conquista la noche.
Nosotros.


DEFINICIÓN DE JOVEN

Yo fui un día, durante muchos días, parque, alcohol, mu­danza.

En medio de las tormentas y el estruendo del verano fui un joven que paseaba orgulloso bajo la lluvia.

En mi memoria soy el héroe del pelo húmedo, la camisa mojada, un imbécil que intentaba detener los relojes corriendo.

Una vez paré el crono por debajo de los nueve minutos. Quien haya corrido un tres mil sabe que no es una mala marca para un joven de 16 años recién cumplidos. Entonces creía en mí y después empecé a fumar. Todo lo hacía sin esfuerzo. Por eso era joven.

Una tarde esquivé el caballo sin saberlo y por eso estoy aquí, por cosas que no sé cómo ocurrieron.

Olvido García Valdés me dio una postal de El jardín de las delicias. Escribí algo que luego ella leyó en voz alta. Supongo que eso también ocurrió por algo.

Ya te conocía. Huías de los paraguas buscando la intemperie, no tenías frío ni miedo a quemarte al sol, posabas tus ojos a lo lejos y yo me conformaba con mirarte.

Hubo una huelga general y nosotros hicimos el amor aquel día. Después acudimos a aquella manifestación. Aún conservo esas imágenes, fotografías de esa tarde, pero creo haber olvidado todas las consignas.

Fui joven es un sintagma sencillo, o acaso no. Alto y bajo, delgado y gordo. ¿Será esto antipoesía? Nicanor Parra se reiría de mí con razón.

Cuando se es joven no se pregunta. Las cosas ofrecen su puro nombre, se plantan ante uno íntegras: amar es amar, llover es llover, las piedras están allí para lanzarse, el hielo no existe, el sexo es un portal y tú estás allí para quedarte.


Ser joven. Huir de los paraguas. Creer que ver llover es como ver respirar. Y no es lo mismo. Llover son solo gotas de agua que caen sin más y nos mojan. Respirar, a veces, cansa.

Huir, creer, ver, llover, respirar. Tantas erres hacen ruido, y decir sin ruido, a esta edad, se ha convertido en imposible.

Y aquí estoy yo, con un paraguas en la mano, esperando la llegada de alguna nube que confirme la certeza que tengo y me permita decir en voz baja que llueve mientras tú respiras recostada en el rumor del agua, que nos mojamos al lado de la fuente apagada de la plaza.


UN ESPACIO VACÍO
Pasó con asombro la vida
y ya es domingo, su tarde
nocturna y agotada.
Un espacio vacío.


BAILAR EN LA OSCURIDAD
Trabajo con palabras que suenan
a lugares olvidados, a madre
muerta, a noche en vela, a peces,
ceniza, lágrimas de resina.

(Ya han vuelto las mañanas oscuras
A despeinar la misma soledad
inquieta y gris del último verano).

A veces
desaparecer es una consigna
que abrazo entre los dedos de la mano.


INCENDIO
Froto un fósforo contra el cielo
y provoco una lluvia de sal
y un incendio.

Abro las manos a la luz
y cualquier abrazo me resulta doloroso:
los que doy,
los que me dan,
los que sueño que doy,
los que siento que me dan.


LA INCERTIDUMBRE
Solo hay viaje de ida, sé dulce.
Antonio Orihuela


Una nota de John Cage sonará
dentro de 639 años
en una solitaria iglesia en Alemania.


La partitura en la que está escrita,
su silencio,
la estamos escuchando ahora.

También escucho cómo tus manos pasan
en este instante a mi lado
y no alcanzo a tocarlas.

Seiscientos treinta y nueve años y este instante.

Todo forma parte del mismo viaje,
de este permanecer extraño,
de esa lejanía que nos tienta y escapa.

No busques el final de ese éxodo,
solo camina
y abraza a tu paso lo que puedas.

Llegar sería cometer un delito,
pagar una pena.

La incertidumbre es no saber jamás el lugar
que has elegido para morir.


ESTÁN AHÍ

Están ahí y cuentan en silencio.
Son parte de una elipsis no querida.
Digo memoria y aparecen.

Una leontina manchada de arcilla.
El pie descalzo y el zapato al lado.
Las gafas sin el brillo de unas lentes.
Esquirlas de cristal opacas, ciegas.
Un botón de tierra y oculto nácar.
Una hebilla sin lustre y sin cinto.
Una antigua cartera de piel vuelta
en la que asoman, como tripas rotas,
papeles húmedos, sepias, terrosos.

Un pincel fino desmaquilla objetos
y huesos quebrados y en desorden.
Una mano de látex acaricia
piadosa la cartera gastada.
Unas pinzas quirúrgicas revelan
la historia ochenta años después.


Hubo un sastre en este pueblo y lo mataron.
Era joven en la foto
y en sus brazos reía una niña
y entre uno y otro se acurrucaba una mujer.

Ya todos están muertos.

Llueve sobre esa tierra que fue baldía
y un tempero dulce se apodera de ella.

Llueve para lavar con dignidad
las herramientas que fueron usadas
en la búsqueda de la memoria.


Están ahí y cuentan en silencio,
narran su intimidad los ausentes
y nos sentimos aliviados.


EROSIÓN
JOSÉ GARCÍA ALONSO
Editora Regional de Extremadura, 2024, Mérida.

domingo, 5 de enero de 2020

Olga Ayuso escribe sobre exilios, diásporas y centrifugados.


Qué lugar podríamos ser. El tiempo es también un sitio: hubo años en que vivimos dos primaveras, se nos llenó la casa de los que no están; asumimos abandonos, encuentros, diagnósticos, naufragios, quizá vino un bebé, escribimos un libro, editamos otro. Víctor Peña Dacosta (una de las personas más inteligentes, ácidas, irónicas, brillantes y divertidas que conozco) hizo esas tres últimas cosas. Las dos últimas, enteras. En lo del hijo, ayudó un poco a la traductora María López Ponz, que se ocupó, realmente, de todo el trabajo. Él presenta Diáspora: Poetas extremeños en el ‘exilio’ (1955-1993), a las siete de esta tarde en el Ateneo de Cáceres.
Diáspora es una antología de poetas extremeños que ya no viven aquí. Él también se largó. «Tener raíces quizá sea la necesidad más importante y menos reconocida del alma humana», decía Simone Weil.

domingo, 21 de julio de 2019

Alejandro González Terriza versiona OBSOLESCENCIA PROGRAMADA

El gran Alejandro González Terriza, magnífico profesor, poeta, lector y escritor, ofrece esta particular versión de Obsolescencia programada en su siempre recomendable blog:
Mi patria: mis alumnos y las pecas de mi novia,
confiesa Víctor (un piropo no hace daño a nadie
y así se lo aplaudimos): lo demás es casquería,
zahúrdas donde Évole no encontrará Mariano
que sea escrupuloso y al que no aguarde su Bárcenas.
Pues tú que eres mi ejército y mis leyes y mi patria,
campo de fresa a veces y otras pájaro o alcándara,
eres para el registro mercantil solo palabras
y por treinta monedas Putin hackeará tu alma.
Cautivo y desarmado, sin ejército, se queda
al borde de los créditos, expuesto a las reseñas,
dormido ya don Víctor: blanca peña sobre Peña,
la página lo acuna. Si este no es su mejor libro
(y en verdad lo parece: tanta tierna chicha enseña),
es porque ultima otro —o, descansándose, lo sueña.

Recordemos que Alejandro González Terriza ya nos permitió disfrutar de una aguda lectura de La huida hacia delante, mi primer libro. Pueden leerla completa en este enlace.
Complejo de Peter Pan, autocompasión, ombliguismo... Todos estos peros cabe ponerle a un libro de este tipo, y sin embargo el de Víctor sale vencedor de ellos, de un modo que habría que intentar precisar. Por lo que toca a Nuncajamás, no es, desde luego, la infancia lo que se anhela en este libro, sino en todo caso la adolescencia o la primera juventud, con sus éxtasis etílicos, sexuales y futboleros. Tampoco cabe hablar de autocompasión en un libro en el que, con muy pocas excepciones, se narran los desgarros propios y ajenos como asuntos pintorescos, que aparecen desinfectados por una buena dosis de distancia y sarcasmo. Queda, pues, la cuestión de la contemplación de la propia vida, incluidos y enfocados en primer plano los momentos que cabría en principìo considerar de menor interés público. El camino que lleva a esta temática es en este caso lo crucial. El narcisista cuenta su vida porque la cree apasionante o ejemplar: Víctor pertenece, pienso, a una escuela bien distinta que se siente desengañada de la literatura (y en especial de la poesía) por lo que esta tiene de evasión más o menos cómoda y gratificante de la sordidez cotidiana. Afronta, pues, esa sordidez autobiográfica como un deber moral: hay que tomar el toro por los cuernos y, puestos a contar algo, contar sin tapujos la verdad, y en especial la parte de ella que uno estaría más tentado de poner en sordina.
El deber moral coincide así con la necesidad casi fisiológica de cometer una travesura que le sitúe a uno fuera de la condición adulta y responsable, como si estuviera apostatando o abjurando de ella el mismo día que se espera que selle por fin su contrato y siente cabeza. Todo esto, ya digo, tiene sentido porque después de todo nos lo dice alguien que sabe dibujarse con arte y salir, aunque despeinado, bien parecido. Pero también porque el repaso que hace pasa por casillas que, con más o menos gracia, cualquier lector también ha recorrido o distingue, inminentes, en su propio tablero. 
Gracias.

domingo, 28 de abril de 2019

NO SUPO VICTOR FRANKENSTEIN SER MADRE (Paco Najarro)

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Mis padres no tuvieron ningún hijo,
ningún niño rechoncho de ojos negros.
A mí me construyeron como casa
para vivir en ella una vez muertos.
(...)
Imagina un ejército de niños
gordos, el roce fuerte de entrepiernas;
un himno cuya letra solo puede pensarse,
una bandera de colores grises.
Un niño gordo lame el torso verde
del militar de plástico, el deseo.
(...)
Quieren que hable de mi país, y digo:
El país que dejé no ha perdido su forma,
encuentro manchas que se le parecen
y señalo ciudades.
El país del que soy, por el contrario,
achicó sus fronteras y sus fuerzas,
y canta mucho menos.
El país donde vivo tiembla a veces,
me recuerda al derrame cerebral
que desplomó a mi abuela.
Al país del que soy quiero volver,
peinarle el pelo mientras le murmuro
mamá, es cierto que vine.
El peine era de color azul, 
el tono importa porque se trata de un recuerdo. (...)
Ciertas palabras dejan en la piel
un olor asqueroso al escribirlas,
como las tripas del pescado azul
cuyo olor se rompe con el corte. 
(...)
Como cambia la víbora su piel
mi lengua se recubre de palabras.
Son nuevas y calientes: la traición.
Donde dije soñar me desperezo,
donde dije luchemos digo lucha.
(...)

No supo Victor Frankenstein ser madre.
Francisco José Najarro Lanchazo.
RIL Editores, 019

lunes, 25 de marzo de 2019

EL CUARTO DEL SIROCO (ÁLVARO VALVERDE)

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CINCO POEMAS DE AMOR
1
Para siempre
parece mucho tiempo,
pese a todo,
yo te dije una vez
que ése era el plazo
que me daba, sin fin,
para quererte.

 2
Hubo un tiempo,
recuerdo con nostalgia,
en que un viaje contigo
era una ruta
segura hasta el infierno.

 3
Nuestro amor,
bien lo sabes,
no es perfecto;
ni maldita
la falta que nos hace.

 4
Brilla más la mañana
porque tú,
asomada al balcón,
das luz al sol.

 5
Esta palmera, amor,
es más que un árbol:
es el testigo fiel
de lo que fuimos
y el testigo veraz
de lo que somos
y el testigo de aquello
que ya nunca seremos.

UN VIAJE
Otra oportunidad desperdiciada.
La de pisar la nieve
de noviembre en Belgrado
y así poder sentirse
ese europeo errante
que camina de espaldas
al horror de la historia.

 HOMENAJE
Lo que iba a ser una conversación
entre viejos amigos que leyeron tus versos
con la pasión debida
se ha convertido al fin en un evento
con discursos, placas y autoridades.
Extraños nada más, usurpadores.
Lo dejó dicho Holan: al poeta
no se le perdona ni la muerte.

BAÑO
Ayer, en el molino,
me bañé otra vez solo
en el estanque.

Como siempre, al entrar,
aquél me pareció mi primer baño.

Como siempre, al salir,
tuve la sensación
de que era el último.
El cuarto del siroco.
Álvaro Valverde.
Tusquets, 2018.

miércoles, 13 de marzo de 2019

DIÁSPORA: Antología de poetas extremeños en el "exilio"


Gracias a la generosidad de la revista Oculta, en este enlace se puede leer completo el prólogo de Diáspora: poetas extremeños en el "exilio", una antología de autores nacidos en Extremadura pero que actualmente residen y publican lejos del que un día fue su hogar.

Aunque en la magnífica portada vaya impreso mi nombre, en realidad el esfuerzo por recoger esta lírica dispersa es un proyecto colectivo que debe mucho, primero, a Víctor Martín Iglesias y, después, sobre todo, a José María Cumbreño y Álvaro Valverde, sin cuya colaboración seguro se habría producido un descarrilamiento o un descalabro.

Por tanto, se trata de un homenaje, en particular, a estas figuras y, en general, a todos aquellos que contribuyeron a hacer del erial cultural que era Extremadura un páramo habitable donde pudieran germinar autores a quienes tanto debemos.

En total, Diáspora agrupa a 20 autores de diferentes estilos y generaciones (la media de edad es de 37 años) que, aparte de un origen común, no comparten mucho más que su actual condición de exiliados y su constante calidad poética. Son, en estricto orden cronológico, los siguientes:

1-FELIPE NÚÑEZ (Plasencia 1955)
2-ISLA CORREYERO (Miajadas, 1957):
3-JESÚS MARÍA GARCÍA CALDERÓN (Badajoz, 1959)
4-DIEGO DONCEL (Malpartida de Cáceres, 1964)
5-ADA SALAS (Cáceres, 1965)
6-ANTONIO MENDEZ RUBIO (Fuente del Arco, 1967)
7-JOSÉ ANTONIO LLERA (Badajoz, 1971)
8-ELENA GARCÍA DE PAREDES (Don Benito, 1976)
9-MARIO LOURTAU (Cáceres, 1976)
10-DAVID ELOY (Cáceres, 1976)
11-ÁLEX CHICO (Plasencia, 1980)
12-FERNANDO DE LAS HERAS (Badajoz, 1981)
13-FERNANDO P. FERNÁNDEZ (Cáceres, 1984)
14-VÍCTOR MARTÍN IGLESIAS (Plasencia, 1985)
15-FRANCISCO FUENTES (Plasencia, 1985)
16-IRENE ALBERT CEBRIÁ (Cáceres, 1986)
17-AZAHARA PALOMEQUE (El sur, 1987)
18-FRANCISCO NAJARRO (Zafra, 1987)
19-XAVIER ROSSELL (Badajoz, 1990)
20-FRANCISCO JOSÉ CHAMORRO (Fregenal de la Sierra, 1993).

Supongo que ya conocerán a muchos pero me atrevo a asegurar que se alegrarán de leer a todos y cada uno de ellos.
Además, el libro cuenta con un prólogo, cuya autoría me veo obligado a reconocer y, afortunadamente, un epílogo de Álvaro Valverde tan irreprochable que acaba dando sentido a todo, por difícil que pueda parecer.

En ella se quejaba de que tantos escritores extremeños, en su opinión, de talento, se vieran empujados a marcharse fuera de la región. Aunque, como demuestra esta respuesta de Álex Chico, todo es matizable, sí parecía repetirse un mismo patrón en la nómina de autores jóvenes que interesaban a Cumbreño en ese lejano 2012. Con una salvedad:
El único que, de momento, resiste aquí es Víctor Peña. Aunque, con lo de la reducción de profesores en la enseñanza pública, me consta que también está tratando de buscarse las habichuelas fuera.
Efectivamente, ya había trabajado lejos de Extremadura (fui profesor en un instituto de Casablanca) y pronto volvería a irme. En junio de 2014, poco después de que naciera mi primera sobrina y el Atleti ganara su última Liga y perdiera su primera Champions sobre la bocina, me marché a vivir a Sevilla.
Actualmente malvivo lo mejor que puedo en la frontera entre Almería y Murcia, desde donde he culminado este trabajo poniendo a prueba la paciencia sin límites de Cumbreño y del resto de participantes. Vaya desde aquí una disculpa, de nuevo, con retraso.

Parte del retraso se ha debido a que, una vez emprendida la diáspora, decidimos cambiar de rumbo o enfoque y ampliar el límite de edad para poder dar cabida a algunos poetas indispensables que, además de mejorar el nivel de una selección ya irreprochable, probaban la continua condición errante de los poetas extremeños que ahora merecen encontrar un hogar en vuestra biblioteca.
Víctor Peña Dacosta.
Águilas, marzo de 2019.

lunes, 12 de noviembre de 2018

La bala perdida: William Burroughs en Plasencia

 

La Moderna es una de las editoriales más interesantes de los últimos tiempos. 
El miércoles 14 de noviembre a las 20 de la tarde su editor David Matías y el ínclito Urbano Pérez presentarán en La Puerta de Tannhauser de Plasencia La bala perdida: William Burroughs en México.
No se lo pierdan.

miércoles, 28 de febrero de 2018

"Al menos estoy escribiendo": fragmentos de TRIESTE de Urbano Pérez

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Lloramos por el difunto. También lo hacemos por nuestra vida.
Al poco de haber muerto la abuela, me fui de alquiler con Emma.
Todo lo que había dado sentido a mi mundo se había ido desvaneciendo ante mis ojos, minando mi modesta confianza.

La negatividad se instaló en mi retina: un fallido investigador universitario, aspirante a escritor, como tantos doctorandos ilusos, que había regresado a casa de su madre para estar concentrado y escribir, y no había logrado ni lo uno ni lo otro.

Así me veía yo en el espejo de la estima.

Recuerdo bien una de las primeras mañanas. Desayunábamos. Ambos estábamos preocupados por la investigación que parecía incapaz de llevar a cabo, por el daño que comenzaba a hacerme.

Antes de irse a una de sus clases, tras haber agotado casi todos sus consejos, Emma me dijo: "Deja que se resuelva poco a poco todo, sin mediación tuya".

Mientras eso sucede, trabajo en el negocio de sus padres.

Creo que soy feliz. Trato de convencerme de ello.
(...)
Amamos y odiamos la Navidad.

Amamos y odiamos.

Tras la cena, la tristeza ya tradicional -como la costumbre de dar a los niños el aguinaldo, como un aguinaldo más- va surgiendo lentamente, del mismo modo en que se apaga el enfermo de cáncer una mañana cualquiera de escasa luz.

Le cuento a Moy mi versión de lo sucedido.

Al terminar, me pide que le diga qué puede hacer si lo que le acabo de contar es cierto.

Entonces me he despertado.

Año 2000. Algunos amigos y yo probamos la cocaína.
La había traído Moy que, convertido aquella en una especie de gurú, hizo unos tiros semejantes para todos, transformó un billete en un rulo y sostuvo en sus manos la caja de un CD, mientras nosotros, uno a uno, culminábamos solemnemente el ritual de iniciación a las drogas duras.

Moy es tres o cuatro años mayor que yo.

¿Es posible evitar ciertos errores a ciertas edades? Y no me estoy refiriendo precisamente a-lo-de-la-cocaína.

Me conocen todos. No me conoce nadie.

Dramático. Soy así. E igual que en Azorín "(...) esta idea de que siempre es tarde, es la idea fundamental de mi vida".

Al menos estoy escribiendo.
Ese es más o menos el otro propósito vacacional: recuperarme de tanta exigencia; no ha sido hasta el momento demasiado productiva.

Mis recuerdos de las vacaciones "no aburridas", las de los veranos de mocedad, huyen en tropel del olvido, como una multitud febril.

Los días de diario pillábamos litronas y nos íbamos a la chopera que hay junto al parque.

Nos gustaba la oscuridad cuando cortaban el alumbrado principal.
La respirábamos.
(...)
Tengo la impresión -lo anoto casi al tiempo que adquiero conciencia de ello- de que el registro de los días neutraliza las tonalidades de la vida y no disocia lo que es presente verdadero de lo que solo lo parece. El diario tiende a la monocromía.

Dominio del gris en mi caso.
Trieste.
Urbano Pérez Sánchez.
Editora Regional de Extremadura.
Colección La Gaveta, 2017

lunes, 11 de diciembre de 2017

"Psicología moral: filosófica, no psicológica" (poemazo de F.J. CHAMORRO)

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Psicología moral: filosófica, no psicológica 

Pedro Sánchez nunca ha hablado conmigo,
ni Mariano,
ni Albert,
ni Pablo,
ni Alberto.

Soy el poeta del diálogo.
Me gustaría que hablasen conmigo.

Mi casa no es como la de Bertín.
No tengo futbolín, ni vitrocerámica.
Mi cocina va a gas, con una bombona de las naranjas.

Hacemos matanza, hay buena carne.
Por qué no vienen a hablar conmigo, qué les pasa, soy un
[ciudadano,
podríamos comer costillas y secreto.

Mis padres también quieren, son buena gente.
Tenemos una casa, la hemos pagado, eso es ejemplar, todos
[lo saben.
Por qué no van a todas las casas de España.
Todas esas casas que los ciudadanos han conseguido pagar
[son hermosas.
Venid, os esperamos.

Somos diálogo, hablamos, tenemos familia, casas pagadas,
somos la democracia.
Tampoco Pablo Motos me ha invitado a presentar un libro.
Yo también quiero hacer experimentos y enfrentarme a la
[muerte.
Has invitado a todos, por qué a mí no, Pablo,
no lo entiendo, me gusta El Hormiguero, lo veré incluso
[cuando esté muerto.

Tampoco el Gran Wyoming me ha invitado al Intermedio,
será que no estoy a la altura, será que mis libros podrían no gustar, es un programa al que van tipos inteligentes y con trayectoria,
pero me da pena, me gustaría asistir algún día, sí, me encantaría.

Será que detestan la poesía, a los poetas, será que no somos
[dignos de sus programas.
Si alguna vez pasáis por Fregenal de la Sierra, no dudéis en avisar,
nos tomaremos una gran cerveza,
mi número es 655830123, soy de Orange,
llamadme vosotros, ahora no tengo llamadas gratis,
lo gratuito escasea
también miro todos los días el correo
escribidme a franciscochamorrocamison@gmail.com
pero sin faltas de ortografía
eso no por favor
os lo pido desde el corazón.

Liberalismo político.
Francisco José Chamorro.
XX Premio de Poesía Joven Antonio Carvajal.
Ediciones Hiperión, 2017