ARREBATOS ALÍRICOS

Me fui sobreviviendo como pude

(José Luis Piquero)


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domingo, 26 de febrero de 2023

Daniel J. Rodríguez hace un No-Perfil de Víctor Peña en ZENDA


Ves a un hombre en desengaño, una garganta en guerra contra todo. Tal vez contra sí misma. Observas un ser ideal tan solo a su manera, bronco con quienes no han visto ‘la luz’ de una verdad política, social, ética. A la vez y sobre todo, miras un perfil patético que se arrastra —sabandija etérea con escamas de consigna— por el suelo hasta el tacón de tus zapatos. Lo aplastas. Lo aplastas con una calma rabiosa, como estampando contra el pavimento tus fantasmas. Y susurras: «Es verdad, es verdad, es verdad». 
Te quedas ahí. De pie. Consciente de un juego que no es fácil entender. ¿Quién escribe estos versos? ¿Qué tiene del poeta? ¿Se odia tanto? ¿Nos odia tanto? ¿Será el único sincero? ¿Es esto poesía social? ¿Tal vez una ironía? ¿Una burla? Cartón piedra, carne de gabinete psicológico, yonqui social, farsante convencido… o el hilo con el que se cosió el traje nuevo del emperador. 
Sea como sea, su escritura —a veces sucia, otras de línea clara, siempre con un reborde de humor raro, como morder un pomelo esperando el ácido del limón— genera un reflejo de miseria: la de uno mismo encontrándose con sus contradicciones. Porque en versos como «Tú has seguido los desahucios en tu ciudad / retuiteando a los que pedían ayuda», o como «Leve impulso homicida diario / al ver el avance informativo / que precede a los Simpson» no hay solo provocación, la víscera por la víscera. Existe un pensamiento, una propuesta, un minucioso proceso de pulido, un saber qué se quiere decir, hacia dónde enfoca el texto. Luz de cruce, si lo quieren, apuntando directamente a los ojos. 
Víctor Peña Dacosta ha publicado dos libros más uno: La huida hacia delante (La isla de Siltolá, 2014), Diario de un puretas recién casado (Ediciones Liliputienses, 2016) y Obsolescencia programada (Ril Editores, 2019). Todos ellos atravesados por este monstruo que lo habita; un ‘engendro’ que desde el humor, el análisis sociopolítico y la honestidad del kamikaze ha construido una obra sólida, coherente, rotunda, verdadera. Y con capas y capas de reflexión: un espacio literario donde lo primero es destruirse a uno mismo, aunque de ello no surja —el ave fénix es mitología— ninguna versión mejor:


domingo, 21 de julio de 2019

Alejandro González Terriza versiona OBSOLESCENCIA PROGRAMADA

El gran Alejandro González Terriza, magnífico profesor, poeta, lector y escritor, ofrece esta particular versión de Obsolescencia programada en su siempre recomendable blog:
Mi patria: mis alumnos y las pecas de mi novia,
confiesa Víctor (un piropo no hace daño a nadie
y así se lo aplaudimos): lo demás es casquería,
zahúrdas donde Évole no encontrará Mariano
que sea escrupuloso y al que no aguarde su Bárcenas.
Pues tú que eres mi ejército y mis leyes y mi patria,
campo de fresa a veces y otras pájaro o alcándara,
eres para el registro mercantil solo palabras
y por treinta monedas Putin hackeará tu alma.
Cautivo y desarmado, sin ejército, se queda
al borde de los créditos, expuesto a las reseñas,
dormido ya don Víctor: blanca peña sobre Peña,
la página lo acuna. Si este no es su mejor libro
(y en verdad lo parece: tanta tierna chicha enseña),
es porque ultima otro —o, descansándose, lo sueña.

Recordemos que Alejandro González Terriza ya nos permitió disfrutar de una aguda lectura de La huida hacia delante, mi primer libro. Pueden leerla completa en este enlace.
Complejo de Peter Pan, autocompasión, ombliguismo... Todos estos peros cabe ponerle a un libro de este tipo, y sin embargo el de Víctor sale vencedor de ellos, de un modo que habría que intentar precisar. Por lo que toca a Nuncajamás, no es, desde luego, la infancia lo que se anhela en este libro, sino en todo caso la adolescencia o la primera juventud, con sus éxtasis etílicos, sexuales y futboleros. Tampoco cabe hablar de autocompasión en un libro en el que, con muy pocas excepciones, se narran los desgarros propios y ajenos como asuntos pintorescos, que aparecen desinfectados por una buena dosis de distancia y sarcasmo. Queda, pues, la cuestión de la contemplación de la propia vida, incluidos y enfocados en primer plano los momentos que cabría en principìo considerar de menor interés público. El camino que lleva a esta temática es en este caso lo crucial. El narcisista cuenta su vida porque la cree apasionante o ejemplar: Víctor pertenece, pienso, a una escuela bien distinta que se siente desengañada de la literatura (y en especial de la poesía) por lo que esta tiene de evasión más o menos cómoda y gratificante de la sordidez cotidiana. Afronta, pues, esa sordidez autobiográfica como un deber moral: hay que tomar el toro por los cuernos y, puestos a contar algo, contar sin tapujos la verdad, y en especial la parte de ella que uno estaría más tentado de poner en sordina.
El deber moral coincide así con la necesidad casi fisiológica de cometer una travesura que le sitúe a uno fuera de la condición adulta y responsable, como si estuviera apostatando o abjurando de ella el mismo día que se espera que selle por fin su contrato y siente cabeza. Todo esto, ya digo, tiene sentido porque después de todo nos lo dice alguien que sabe dibujarse con arte y salir, aunque despeinado, bien parecido. Pero también porque el repaso que hace pasa por casillas que, con más o menos gracia, cualquier lector también ha recorrido o distingue, inminentes, en su propio tablero. 
Gracias.

martes, 8 de marzo de 2016

Inaxio Goldaracena reseña "La huida hacia delante"

Llevaba tiempo siguiendo el blog de Inaxio Goldaracena (a quien, además, tuve el placer de conocer en Centrifugados: II Encuentro de Literatura Periférica). Por eso, ha sido una tremenda alegría encontrarme hoy esta reseña de mi primer libro, publicado hace casi año y medio por Ediciones de la Isla de Siltolá:
Sin concesiones, Víctor nos muestra su huida, un camino en el que le acompañan las escenas de amor, la proyección de recuerdos sobre el espejo del presente, una boda en ciernes, la indignación o las lecturas y personas que son un añadido cultural en su sangre.
Todo ello con una nitidez desmesurada, con audacia, con el tono de un amigo que se sincera con una cerveza en la mano: “palabras privadas” por escrito.
Un poemario de poeta honesto, al que seguir en su huida.

 

lunes, 30 de noviembre de 2015

Enrique Villagrasa elige los "poetas españoles del momento"


El prestigioso crítico Enrique Villagrasa escribe un artículo en la revista Librújula en el que toma el pulso a la poesía actual:
Creo que asistimos a un nuevo tiempo para la poesía: el mundo de la poesía se rejuvenece como un género global, que deja de ser exclusivo y excluyente, para llegar a un público masivo y hasta romper clichés. La polivalencia y frescura de los jóvenes poetas, el respeto por los grandes autores y sus obras sin miedo a actualizarlos y la atracción por las nuevas tecnologías lo hacen posible. Y para muestra estos diez poetas, que pienso son lo más señero y singular de la poesía actual. Me alegra y estoy orgulloso de ser contemporáneo de ellas y ellos. En esta crisis, la poesía abre sus versos y grita el dolor del momento. La diversidad abre mercado en la poesía.

Después, elige los que, en su opinión, son los 10 poetas del momento. Entre ellos, Gsús Bonilla, Manuel (Gran) Vilas, Ana Pérez Cañamares o Víctor Peña Dacosta, servidor de ustedes, de quien opina lo siguiente:
Víctor Peña Dacosta (Plasencia, 1985) es un poeta que posee una gran voz poética, que escribe con contundencia y de la actualidad más inmediata, creo que es un autor que se maneja en la misma frecuencia que sus colegas, que huyen siempre hacia delante o hacia donde pueden, porque lo importante es salir de aquí, esa es su meta. Su poesía se nutre de lo que lee, oye y ve, para mostrar el rostro sincero de la fascinante actualidad: retratando las cosas bellas y no tan hermosas, pero sí significativas de esta sociedad un tanto torpe y malograda. Poeta que mezcla la fantasía y el deseo, también la razón, de una manera natural. El enigma del ser humano siempre está entre sus versos. Creo que ha nacido un nuevo poeta, culto y popular, ávido de exprimir la vida.

Da gusto comenzar la semana en tan agradable compañía.

sábado, 20 de junio de 2015

Reseña de "La huida hacia delante" por José Luis Piquero en la Revista Clarín (y mucho más)


El pasado número de la Revista Clarín (116 ya y correspondiente a los meses marzo-abril) incluía un homenaje a Santa Teresa de Jesús a cargo de Rosa Navarro Durán, un artículo sobre la vida de Azorín escrito por Manuel Alberca, reciente ganador del premio Comillas con una ejemplar biografía de Valle-Inclán, trabajos sobre cine firmados por Christophe Rabiet y Felipe Benítez Reyes y un largo y jugoso etcétera más que recomendable. 
Además, en su sección crítica (llamada Paliques), incluía muchas reseñas interesantes, entre las que me van a permitir que destaque la lectura que José Luis Piquero hace de La huida hacia delante de servidor de ustedes:

UNA COMEDIA AMARGA
La huida hacia delante
Víctor Peña Dacosta
Isla de Siltolá (Sevilla). 84 páginas.

El primer libro de Víctor Peña Dacosta (Plasencia, 1985) es el ensayo de una despedida: la del joven que se va adentrando en la madurez. A los treinta años su autor se sitúa en ese punto intermedio en que se recuerdan los veinte pero ya se vislumbran los cuarenta, los de la famosa crisis de los cuarenta. Gil de Biedma lo expresó en un sucinto verso prodigioso en su simplicidad: “No volveré a ser joven”.
La huida hacia delante consiste en la crónica de esa transición y constituye, previsiblemente, un tácito autorretrato en el que los rasgos más llamativos son la desilusión, la desesperanza y el descreimiento; pero, y esto es importante, revestidos de un humor y una ironía que borran cualquier rastro de solemnidad y autocompasión. No hay patetismo en estos poemas, lo que no impide que, tras regalarnos durante su lectura algunas sonrisas, nos dejen finalmente un poso de amargura, un poco de frío en el corazón. Al personaje que oímos hablar aquí le gusta reírse de sí mismo, aunque sepa muy bien, como nosotros, que en el fondo todo esto es un asunto muy serio.
El recuerdo de las aventuras y los descubrimientos de la juventud ocupa casi toda la primera parte de La huída hacia adelante. El sexo, la promiscuidad, las locuras, pero también el desamor y las traiciones. No nos engañemos: es el treintañero quien escribe retrospectivamente. Y así, si bastantes de estos poemas resultan divertidos, ninguno es alegre, ninguno vitalista. En la sección titulada “Un añito en el infierno” el tono se vuelve imprecatorio y el nihilismo se intensifica. Es aquí donde la mirada social, que acompaña durante todo el libro al tono intimista, se vuelve más patente, revelándonos las causas de tanto desengaño, explicando quizá esa incapacidad para saber vivir en sociedad y con uno mismo: en un mundo roto toda vida nace rota.
¿Y cuál es la salida inevitable? Adaptarse al miedo, aceptar que no somos héroes y tragar la sopa boba del conformismo. El personaje que no deja de autoparodiarse se ensaña en esta última parte consigo mismo, se rinde y asume que se ha convertido, o esta a punto de convertirse, en todo lo que odiaba. Algo que no dejará de reprocharle el joven que un día fue, en uno de los poemas más redondos de La huida hacia adelante.
Por eso, pese a su heterodoxia gamberra, su cínica frivolidad y su irreverente sarcasmo, La huida hacia adelante es un libro triste, desolado. No sabemos hasta qué punto su autor es consciente de ello. Lo cierto es que se ha tomado muchas molestias para disimularlo. Su ligereza es una máscara del pudor.
Irreverencia, heterodoxia. Podemos extendernos sobre ese particular y señalar que Víctor Peña huye de cualquier grandilocuencia tanto en la forma (versos transparentes, coloquiales, con un tono conversacional y directo) como a la hora de buscar referentes: en el libro se cita a Eliot, a Cortázar, a Jaime Gil de Biedma, a Thomas Mann, a Gramsci... pero también a David Bowie o a John Lennon, y, atención, a Homer Simpson, a Fidel Castro o a Mariano Rajoy. ¿Y por qué no? En un poemario que habla de la vida, de lo que a todos nos ocurre, la alta cultura puede y debe estar muy cerca de lo más cotidiano, de lo que vivimos y sufrimos diariamente.
Si La huída hacia adelante fuera una película, sería una comedia con un trasfondo amargo, de un costumbrismo atroz, esperpéntico a veces, que nos arrancaría sonrisas crispadas. Una película, por cierto, con varios cameos cercanos (Álvaro Valverde, Luis Alberto de Cuenca..., que presentan algunos poemas). Y una película de la que podríamos decir: tiene gracia, pero maldita la gracia que tiene.
Entre bromas e ironías, con un tono casual de parodia y hasta a veces de chiste grueso, Víctor Peña Dacosta acierta a documentar el doloroso tránsito del desengaño adolescente al puro desengaño sin etiquetas. Y lo hace con verdad: sabe de lo que habla. Intuyo, aunque en poesía no es conveniente hacer predicciones, que la veta dramática que en este libro discurre subterránea acabará por imponerse en la dicción de un poeta que sólo acaba de empezar a decir lo mucho que tiene que decir.
José Luis Piquero 


viernes, 15 de mayo de 2015

La huida hacia delante en Desde la ciudad sin cines


Supongo que queda muy mal que yo ahora escriba aquí mismo, en esta entrada, que Desde la ciudad sin cines es uno de mis blogs literarios de referencia y, justo a continuación, incluya un enlace sobre la reseña que David Pérez Vega publicó hace poco sobre La huida hacia delante. Pero me gustaría pensar que no les parecerá tan falso a los (pocos) lectores frecuentes de mis arrebatos alíricos, que recordarán (espero) que un enlace al mismo lleva incluido en la pestaña de "Mi lista de blogs" desde hace muchísimo tiempo y que alguna vez he recomendado aquí sus rigurosas, puntillosas y siempre recomendables lecturas de distintos autores.

De hecho, aunque quizás no sea el momento ni el lugar, voy a aprovechar para recomendarles que, además de pararse a leer la que dedica a mi primer libro, incluida en este enlace, no dejen pasar su reseña sobre Sumisión o El mapa y el territorio, de nuestro querido/odiado Michel Houellebecq, Rojo y negro de Stendhal o Canadá de Richard Ford, por citar unos ejemplos que, espero, puedan interesarles.

Bien o mal, ahí queda.

lunes, 2 de febrero de 2015

Alejandro González Terriza ofrece una personal y aguda lectura de "La huida hacia delante"




Alejandro González Terriza también ha leído y, al parecer, disfrutado La huida hacia delante. En su blog ha escrito una reflexión al respecto que, sin duda, demuestra que ha sabido entender (y explicar) el libro:

la fuerza que innegablemente tiene el libro es que mientras lo leemos se nos invita a ser ese Víctor real o apócrifo que se estira las orejas y se cuenta los dientes. Si el personaje fuera aburrido, cansino, saldríamos del libro en la primera parada, preguntándonos qué se nos había perdido en una vida que, además de presentarse como fracasada, no es la nuestra. Pero el hecho es que mola ser Víctor: un joven pinturero que se siente tempranamente expulsado de la juventud —o goza acaso del placer de asomarse, aún joven, a lo que le espera y declarar lo mucho que le molesta (o sea, lo mucho que le agrada poder distinguir aún la condición adulta como algo ajeno, que cabe mantener a distancia, aunque esta, precaria, se reduzca por momentos).
Complejo de Peter Pan, autocompasión, ombliguismo... Todos estos peros cabe ponerle a un libro de este tipo, y sin embargo el de Víctor sale vencedor de ellos, de un modo que habría que intentar precisar. Por lo que toca a Nuncajamás, no es, desde luego, la infancia lo que se anhela en este libro, sino en todo caso la adolescencia o la primera juventud, con sus éxtasis etílicos, sexuales y futboleros. Tampoco cabe hablar de autocompasión en un libro en el que, con muy pocas excepciones, se narran los desgarros propios y ajenos como asuntos pintorescos, que aparecen desinfectados por una buena dosis de distancia y sarcasmo. Queda, pues, la cuestión de la contemplación de la propia vida, incluidos y enfocados en primer plano los momentos que cabría en principìo considerar de menor interés público. El camino que lleva a esta temática es en este caso lo crucial. El narcisista cuenta su vida porque la cree apasionante o ejemplar: Víctor pertenece, pienso, a una escuela bien distinta que se siente desengañada de la literatura (y en especial de la poesía) por lo que esta tiene de evasión más o menos cómoda y gratificante de la sordidez cotidiana. Afronta, pues, esa sordidez autobiográfica como un deber moral: hay que tomar el toro por los cuernos y, puestos a contar algo, contar sin tapujos la verdad, y en especial la parte de ella que uno estaría más tentado de poner en sordina.
El deber moral coincide así con la necesidad casi fisiológica de cometer una travesura que le sitúe a uno fuera de la condición adulta y responsable, como si estuviera apostatando o abjurando de ella el mismo día que se espera que selle por fin su contrato y siente cabeza. Todo esto, ya digo, tiene sentido porque después de todo nos lo dice alguien que sabe dibujarse con arte y salir, aunque despeinado, bien parecido. Pero también porque el repaso que hace pasa por casillas que, con más o menos gracia, cualquier lector también ha recorrido o distingue, inminentes, en su propio tablero. 

Álvaro Valverde reseña "La huida adelante"

Álvaro Valverde ha hecho, como en él es habitual, una reflexiva y completa lectura de mi libro, lo que le ha permitido escribir una reseña completísima que, desde aquí, le agradezco:
 (Pueden leerla completa en este enlace)

El libro se abre con tres citas: de Mann, Hidalgo Bayal (vecino de puerta del poeta desde que aquél nació) y Homer J. Simpson, lo que da pistas fiables de por dónde transitan estos versos. De su tono (muy apegado a lo musical), quiero decir: alta y baja cultura, pongamos. El resto de las que abren las distintas partes que componen el volumen siguen la misma pauta y, de "variadas fuentes", lo mismo están firmadas por Houellebecq, Gil de Biedma o Eliot, que por Sr. Chinarro, Tyson, Castro o Rajoy (y hasta por su abuela, Silveria Peña: "Todos los amores son interinos").
"Conjugación simple", un breve poema que actúa a manera de prólogo, es una suerte de poética (con un guiño a otro amigo y poeta, Víctor Martín).
En la primera serie, "Configuración personal", donde lo autobiográfico (nótese el juego de palabras) se convierte en rasgo fundamental, ya encontramos poemas que llevan en su título el término featuring, que Peña explica como "una especie de 'colaboraciones especiales' al rockero modo. Es decir, he tomado versos de poeta que respeto y admiro (como Álvaro Valverde, L. A. de Cuenca, Almudena Guzmán o María López Ponz) y he escrito un poema a partir del plagio de alguno de sus versos (convenientemente marcado en cursiva, claro). Estos poemas escritos, por así decirlo, 'en colaboración con' han recibido el título de 'featuring' seguido del nombre correspondiente, tal y como uno estaba acostumbrado a encontrar desde pequeño en aquellos objetos, hoy desaparecidos, llamados discos y que aún puede ver después del título de las canciones ese canal de porno light que es la MTV".
"Trabajos de amor dispersos" están sí, entre la poesía de amor, entendida a su modo (políticamente incorrecto, sin temor al sexo explícito), y la novela negra (de línea negra, digamos, a la manera del citado LAdC), y es donde mejor se aprecia, por su impronta narrativa, que no miente cuando dice: "Confieso que escribo en verso por pura pereza". Y el humor, marca de la casa, tal vez el signo distintivo más evidente de esta poesía que no teme el riesgo y la experimentación verbal. Humor y desparpajo trufados de ironía y de sarcasmo, una mezcla no apta para pacatos. Tampoco faltan unas gotas de cinismo, tan adecuadas a un tono donde la risa no puede, ni quiere, ocultar la tristeza, el hastío y la desesperación. En "Captatio benevolentia" leemos: "Debo admitirlo: / no escribo para sentirme mejor, / escribo para sentirte peor. / Que no es lo mismo."
"Los papeles del divorcio" abunda en lo personal (con sendos antirretratos) y en lo amoroso y constituye una de las secciones más logradas y unitarias del conjunto.
Viene después "Un añito en el infierno" (donde alude a su experiencia en Casablanca y donde, por ejemplo, encontramos uno de los poemas más contundentes, "Nihilismo") y, por fin, "Adaptación al miedo", que abrocha perfectamente este prometedor primer libro con ejercicios literarios de alto voltaje, como la "Carta abierta..." de un Víctor Peña de 19 años al actual (muy Gil de Biedma) o el poema final, con el mismo título que esa parte.
Más allá del sexo, la bebida y el rock’n’roll, de algunas irreverencias, provocaciones varias y mucho entretenimiento, La huida hacia delante (un título que me recuerda el aserto de Tomás Sánchez Santiago: "Todo escritor es un fugitivo") delata la presencia de un nuevo poeta y de una nueva poesía, débitos y homenajes mediante; algo que no se puede confundir con el mero pero peligroso juego de hacer versos.

jueves, 29 de enero de 2015

Juan Ramón Santos escribe sobre "La huida hacia delante"

Juan Ramón Santos, que presentará el libro el sábado en la Sala Verdugo a las 19:30, ha publicado hoy en Plan Ve una reseña sobre La huida hacia delante que, como diría el poeta, me ha tocado la patata:

"...el libro era mucho más que juego, grito, provocación, denuncia (añado ahora por “España se diferencia de Estados Unidos”) y absoluto descaro juvenil, pues era, a la vez, eso y también lo contrario, la puesta en cuestión de esa actitud, y el resultado (...) es un poemario intenso y explosivo que habla de amor, de desamor, de ser, de escribir, de estar en el mundo y, sobre todo, de la pérdida del furor y la -permítanme el juego de palabras- inocente inocencia perdida de la primera juventud, de esa pérdida que acaba convirtiéndonos a todos (o a casi todos), tiempo y trabajo mediante, en vulgares ciudadanos de a pie.
No dejen de leer el libro, se lo aconsejo, y tampoco dejen -si se lo pueden permitir- de venir el sábado a cualquiera de sus presentaciones."

lunes, 19 de enero de 2015

Ben Clark reseña "La huida hacia delante"

Ben Clark ha publicado una crítica sobre La huida hacia delante en su sección "Los lunes libro" del Nou Diari que pueden leer completa aquí:

"La poesía, como bien sabe Víctor Peña Dacosta (Plasencia, 1985), tiene sus cosas y hay que quererla por lo que es, como se puede querer a una amiga algo descocada que nos llama a altas horas de la madrugada para hablar mal de un amigo en común. La huida hacia delante habla de las leves satisfacciones que esconde la frustración diaria, de la existencia anodina dentro del marco atenuante del amor y del lento ascenso hacia el cadalso del funcionariado. La voz poética que recorre el libro es la del joven macho heterosexual y futbolero que abre su corazón al mundo después de haber dedicado media vida a leer poesía. Se trata, pues, de un hombre que sabe lo que se hace, dentro y fuera del campo. 
(...)
He disfrutado mucho de su libro, que es el primero pero en absoluto primerizo, y creo que Víctor Peña Dacosta posee una voz poética contundente y actual, en total sintonía con el sentir de una generación que huye hacia donde puede, confiando en que sea hacia delante."


Dior lo guarde.