ARREBATOS ALÍRICOS

Me fui sobreviviendo como pude

(José Luis Piquero)


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miércoles, 24 de julio de 2019

José Luis Morante hace una magnífica reseña de OBSOLESCENCIA PROGRAMADA

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Es imposible y, probablemente, absurdo intentar condensar en pocas líneas la trayectoria de José Luis Morante como autor, antólogo o crítico. Sirva pues esta entrada para enlazar a su soberbia reseña, ejecutada con la lucidez y profunidad habituales. Una de esas miradas que hacen crecer un libro:
 El abismo es también ideología, las erosiones y derrumbes de un tiempo sin certezas que ha deshabitado los espacios más firmes de los dogmas. En “Menchevique” un repaso atinado a la conciencia de clase y a las contradicciones de una sociedad global que hace del consumo y el pragmatismo pequeño burgués sus muros de carga. La ironía se convierte en sarcasmo y acidez intelectual  cuando el poeta recupera aquel hermoso episodio de las “Brigadas internacionales” luchando por la libertad frente al fascismo para constatar que los descendientes de aquellos idealistas por la libertad son ahora turistas gregarios que invaden cada uno de los espacios litorales con sus excesos.
   Con sentido crítico y un pesimismo desolador, aunque se disfrace de humorada, el poeta extremeño corrobora el ocaso de las ideologías y la oquedad de cualquier revolución marxista. Los viejos camaradas superaron la interinidad para convertirse en colegas que sorben los tragos de la conciencia con cerveza fría y algún aperitivo pasado de fecha. Esa misma desolación futurista impregna los poemas de “Españolía”, pese al recuerdo futbolero del mago de Hortaleza y a los peinados gominosos de Margaret Thatcher, luminarias reflexivas del apartado. Desde Valle-Inclán hasta la fecha han caído muchos trienios pero parece que la imagen colectiva que prodiga Victor Peña Dacosta comparte trazos y colorines con el esperpento. Uno sale de cada poema con el ánimo encogido del “No es eso, no es eso”.
    Obsolescencia programada es un libro intenso, de los que cuestionan el conformismo y dejan migas de pan para el retorno a sus páginas. Víctor Peña Dacosta, con dicción coloquial y directa, casi en el borde del prosaísmo, escribe versos que zarandean. ya se ha dicho que no son pocas las composiciones que encogen el ánimo y ponen en el pecho un golpe de tristura, otras incorporan un vocabulario epocal con voces nuevas y anglicismos o reactualizan aciertos expresivos de magisterios de magisterios y estéticas plurales (Dámaso Alonso, César Vallejo, la beat generation o la poesía social de Blas de Otero…) que soportan bien el tiempo en caída libre. Todos los poemas dan validez a una sensibilidad implicada en las coordenadas del presente. Alcanzan a trasmitir  una visión natural y precisa de quien se esfuerza en entender el entorno y en entenderse a sí mismo, esas peculiares aspiraciones del optimista.

lunes, 20 de febrero de 2017

Palabra heredada en el tiempo

 

Palabra heredada en el tiempo: tendencias y estéticas en la poesía española contemporánea (1980-2015) es un ensayo coordinado por Remedios Sánchez que recoge estudios de Luis Antonio de Villena, Raquel Lanseros, Manuel Rico, Jorge Riechmann, Luis Bagué Quílez y un largo etcétera.
En "Profundidad de campo (sobre Luis García Montero)", el artículo de José Luis Morante, aparecen estas líneas:

viernes, 15 de julio de 2016

José Luis Morante reseña "Diario de un puretas recién casado"

José Luis Morante, gran poeta, magnífico crítico y antológico antólogo, ha reseñado, en su más que recomendable blog Puentes de papel, mi último libro, Diario de un puretas recién casado. Pueden leer su crítica completa en este enlace y, en general, no olviden visitar su blog que siempre merece la pena.
A los clásicos les sientan bien las zapatillas deportivas, así que Víctor Peña Dacosta (Plasencia, 1985) no duda en buscar el número adecuado para calzar su poemario con un préstamo de Juan Ramón Jiménez, con calzador festivo (...). Desde su primer poema, Diario de un puretas recién casado cruza el espacio de lo narrativo para construir una historia sentimental cuyas características más relevantes son la ironía, el sentido crítico, el humor y los abundantes referentes literarios, elementos singularizadores que ya se entrelazaron en salidas anteriores como La huida hacia delante  (La Isla de Siltolá, Sevilla, 2014).
(...)El yo comprometido con la ideología del superviviente debe aceptar el sereno sedentarismo del funcionariado y el amoroso repliegue del  guerrero que retorna después de la batalla  a la rutina doméstica. Se reformula sin aspavientos aquella vieja cuestión del compromiso; el protagonista verbal enarbola la pancarta reivindicativa para cambiar la vida y transformar el mundo, con un poco de Marx y otro poco de Groucho; las palabras invitan al activismo, se apropian de las consignas que suenan  en las plazas del ahora con la música de fondo de los cuarenta principales y gritan “Si se puede…” como si el incómodo alojamiento en el conformismo necesitase una semblanza de dignidad humana que nunca postergara el activismo. (...)
Víctor Peña Dacosta habla con timbre coloquial y convierte en un uso extraño el discurso de la solemnidad. No busca dejar en primer plano identidades vestidas con la ropa de marca de la épica sino con la talla de grandes almacenes del hombre común. En ese estar caben sentimientos y reflexiones  aliñados con el toque digestivo de la ironía para que las verdades cotidianas sean más soportables. El buen amor –la buena compañía- ayuda a dar sentido a la grisura y plantea retos renovados que obligan a cada identidad a limar torpezas y a reaccionar contra lo reiterado. Esa contundente declaración de afecto se hace palabra en el poema “Variación sobre un viejo tema de Eric Clapton”; versos limpios que abren paso a una convivencia articulada en el tiempo poético, un árbol de raíces comunes nutrido por la savia del “nosotros”, dispuesto a soportar el paso de la temporalidad.
(...) Nada queda en blanco y negro en el itinerario de un amor en los tiempos del móvil; sale a la luz una caligrafía autobiográfica que desperdiga sus toxinas y su escepticismo con la sinceridad de un  perdedor consciente, con el abrazo firme y la luz irisada de una sonrisa a punto.