ARREBATOS ALÍRICOS

Me fui sobreviviendo como pude

(José Luis Piquero)


domingo, 25 de enero de 2026

"Este país está en guerra" (Lorna Dee Cervantes)

 


Poema para el joven blanco que me preguntó cómo yo, una persona inteligente y leída, podía creer en la guerra entre razas  

Lorna Dee Cervantes (California, 1954)

En mi país no hay diferencias.
Las políticas de opresión sembradas de alambre
han sido derribadas hace mucho. El único recuerdo
de batallas pasadas, sean ganadas o perdidas, es el leve
surcado de los fértiles campos.

En mi país
la gente escribe poemas de amor,
llenos de nada más que felices sílabas infantiles.
Todos leen cuentos rusos y lloran.
No hay fronteras.
No hay hambre, ni
graves hambrunas ni gula.

Yo no soy una revolucionaria.
Ni siquiera me gusta la poesía política.
¿Piensas que puedo creer en la guerra entre las razas?
Puedo negarla. Puedo olvidarla
cuando estoy segura
en mi propio continente de armonía
y amor, pero no vivo
ahí.

Creo en la revolución
porque en todas partes arden las cruces,
certeros pistoleros gamados esperan tras las esquinas,
francotiradores apuntan a las escuelas …
(Sé que no me crees.
Y que piensas que no es más
que exageración transitoria. Pero eso
es porque no te disparan a ti.)

Estoy marcada por el color de mi piel.
Las balas son discretas, diseñadas para matar lentamente.
Mis hijos son su objetivo.
Estos son los hechos.
Déjame mostrarte mis heridas: mi mente trabada, mis
disculpas constantes, y esta
agobiante preocupación
por sentir que no estoy a la altura.

Estas balas pueden más que la lógica.
El racismo no es una cuestión intelectual.
No puedo curar mis cicatrices con la razón.

Al otro lado de mi puerta
hay un enemigo real
que me odia.

Soy una poeta
que ansía bailar en los tejados,
susurrar delicados versos sobre la alegría
y la bendición de la comprensión humana.
Y lo intento. Vuelvo a mi país, a mi castillo de palabras, y
cierro la puerta, pero la máquina de escribir no apaga
los sonidos de la ira sorda y palpitante.
Mi cara sigue recibiendo golpes.
Cada día se me recuerda con insistencia
que este no es
mi país

y sí lo es.

No creo en la guerra entre razas

pero este país
está en guerra.

Traducción de María López Ponz (Alcora, 1983)

viernes, 23 de enero de 2026

Algunos poemas de CÓMO ENTERRAR AL PADRE EN UN POEMA (CORINA OPROAE)





CÓMO VOLVER A DORMIRSE A LAS CUATRO DE LA MADRUGADA (Con Wislawa Szymborska y Nalini Malani)



Son las cuatro de la madrugada


te desvelas como de costumbre

y sin intentar siquiera volver a conciliar el sueño

te pones el abrigo y sales al jardín


es cierto

tienes demasiado miedo

para salir a la intemperie

a estas horas


además la casa donde vives

no tiene jardín


pero sabes

que hay muchas maneras

de salir a un jardín

así que dejas que el poema continúe


y sales al jardín de madrugada

con un hormigueo extraño en los brazos

con los sentidos confusos

y una luz acerada en las pupilas


también sabes que en este jardín

no hay árboles

y sin embargo delante de ti

se despliegan

más reales que tu propio cuerpo

las ramas de un árbol petrificado

en su armoniosa danza

hacia el cielo


a la altura de tus ojos

un mirlo se posa en una rama


tan cerca

que deseas ser piedra

vencida por la luz hiriente

que ahora mana de tus ojos

e inunda este jardín suspendido

entre la noche y el día


no tienes treina años

no canta el gallo

no sopla el viento de astros apagados


no obstante es cierto

que nadie está bien a las cuatro de la madrugada


Te preguntas quién eres


una mujer insomne confusa

en un lugar más real que estos ojos

que contemplan algo

que tal vez no exista


una mujer insomne

que se hunde en su deseo

de volverse piedra

y mira al pájaro

que pronto alzará el vuelo

y que la escruta

con ojos redondeados

la hechiza desde la rama


mientras te abandonas a este instante

un siseo vibra

entra en tu cuerpo


te acuestas en la hierba húmeda

y bajo la mirada impenetrable del mirlo

aguardas a que las serpientes

alcen sus cabezas


repten por tu cuerpo y lleguen en tus oídos

para lamerlos hasta que el poema

se llene de todo aquello que necesitas decir


y en tanto esperas

ya son las cinco

y no recuerdas que el pájaro

echó a volar escupiendo en tu boca

todo lo que está por llegar


ya son las cinco

y puedes seguir soñando

como una casandra enloquecida

en un cuarto vacío



CÓMO DISPARAR EN UN POEMA (con Valie Export)


Sueñas que

tu madre está sentada delante de

una pantalla inmensa y

Blanca en 

una butaca negra e

incómoda y

lleva el mismo camisón de

nailon verde manzana que

el día del terremoto de 1977 cuando

quien escribe estas líneas que

quieren ser un poema apenas

tenía cuatro años


el camisón está

cortado delante de

su vagina

en la vagina de tu madre no

se ve ni el vello ni

los labios ni ningún atributo de

su feminidad sino

un espejo triangular que

refleja el rostro de

tu hermano mayor que

murió durante el terremoto


el arma son

estas líneas que

disparan al rostro del

hermano que nunca

tuviste 


el poema 

es su rostro


CÓMO ENTERRAR AL PADRE EN UN POEMA (con Silvia Goldman)


Eliges el lugar del bosque


lo haces antes de comenzar

A pensar el poema


imaginas el bosque

hasta que los árboles

con sus raíces y troncos y ramas

se vuelven reales

hasta que nada en él

es imaginado


Alargas el camino hacia el lugar

como si masticaras flores blancas

de acacia

memorias de lo real

que miras con ojos desorbitados

en tus pesadillas


sabes que el bosque existe

así que te detienes y lo contemplas

mientras subes la colina

con ese broche incandescente

que llamamos sol

en la base del cráneo


sientes la temperatura del cuerpo

en ascenso

tu estado de agregación

en peligro


respiras hondo

y echas a correr

hasta que tu mano toca

el primer árbol


crees que ha llegado el momento

de comenzar a pensar el poema

pero él se te muestra ya a medio hacer


(la tumba que has venido a cavar

busca alrededor su pedazo de tierra)


el poema

se ha estado pensando

desde el instante en que elegiste


el lugar del bosque

ahora se muestra impaciente

busca el camino hacia el sentido

cobra forma y su voz retumba clara

como un grito en una sala de disección


dice 

un padre es un padre


y tú asientes

y dices


sí este poema es sobre un padre


sí ese poema es sobre una tumba

donde enterrar el cuerpo de un padre


y mientras pronuncias la frase

brota un padre en cada árbol que miras

y se abraza al tronco

y tú puedes alargar la mano

y tocarlo


(por poco que intervengas

la tumba se cavará en el lugar adecuado

y en el tono adecuado)


el padre se desvanece

como un muñeco de nieve

el poema tirita de frío

es un paciente sedado

en un quirófano

que repite en voz alta


un padre es un padre


un padre es un padre


y su voz mece a una hija

que escribe un poema que es una tumba en un bosque


sincronizas tu voz

con el poema y dices


un padre que abraza a un árbol es un padre

un padre que se derrite como la nieve mientras abraza

a un árbol es un padre

un padre que escarba la tierra como un ciervo es un padre


Y comprendes

que no es el padre ni la nieve ni el ciervo

quien acude al poema

que es el poema mismo

quien decide


Cuándo el padre desaparece

Cuándo la nieve se derrite

o si el ciervo asoma


que es el poema mismo el que hace

que las astas atraviesen los nombres

o que tan solo claven su punta en la vocal

de algún pronombre que agoniza


(no hay ni lugar ni tono adecuado

y la tumba se cava a sí misma en el único lugar posible)


como si quisieras demostrar que confías

en lo que el poema sugiere

te preparas por si el ciervo regresa

a patear las consonantes que cubren

la piedra y el musgo de la desmemoria


el poema encuentra su coherencia

y tú entras en este mismo verso

a hurtadillas

deslizas en la mano de esa hija

siempre extraviada en el bosque

el puñado de tierra que llevas contigo a todas partes

y escuchas cómo lo arroja

sobre el cuerpo del padre y murmura


este poema es una tumba


este poema es una tumba

este poema es una tumba


Cómo enterrar al padre en un poema.
CORINA OPROAE
(Tusquets Editores, 2025)


jueves, 8 de enero de 2026

Lo mejor de SOBRE LA LIBERTAD (Timothy Snyder)



Levantó la vista nerviosamente para mirar un avión que pasaba por allí. «Ha pasado de todo», dijo suspirando, «y nada de lo ocurrido era necesario». Al igual que todas las casas del pueblo, la de María fue destruida durante la invasión rusa de Ucrania. Posad Pokrovske, en el extremo sur del país, se encontraba en los márgenes del avance ruso. El pueblo está rodeado de campos de girasoles en esta fértil región. El Ejército ucraniano hizo retroceder a las tropas rusas hasta que el pueblo quedó fuera del alcance de su artillería a finales de 2022, y gracias a ello ya era seguro regresar, o ir de visita, como estoy haciendo yo ahora, en septiembre de 2023. Sentado en el banco y escuchando a María, pienso en la libertad. El pueblo, podría decirse, ha sido liberado. Y su gente, ¿es libre? No cabe duda de que algo terrible ha desaparecido de la vida de María: la amenaza cotidiana de una muerte violenta, una ocupación a manos de torturadores y asesinos. Pero ¿es eso, eso siquiera, una liberación?1 María tiene ochenta y cinco años y vive sola. Ahora que tiene su linda casita, sin duda es más libre que cuando carecía de un techo bajo el que cobijarse. Eso ha sido gracias a que sus familiares y algunos voluntarios acudieron para echarle una mano. Y porque un gobierno ha actuado, un gobierno al que ella se siente vinculada a través de su voto. María no se queja de su propia suerte. Se echa a llorar cuando habla de los difíciles retos a los que se enfrenta el presidente de su país. (...)

La palabra ucraniana desocupación, que estamos empleando ella y yo al conversar, es más precisa que la convencional liberación. Nos invita a considerar qué podríamos necesitar, al margen de la eliminación de la opresión, para tener libertad. Al fin y al cabo, hace falta cierto esfuerzo para conseguir que una mujer mayor se encuentre en condiciones de recibir visitas y cumplir dignamente con las interacciones normales de una persona. Me resulta imposible imaginar a María siendo verdaderamente libre sin una casa de verdad, con un sillón, y sin tener el camino despejado y así poder llegar hasta la carretera con su andador. La libertad no es sólo la ausencia del mal sino la presencia del bien. (...)

Cuando llegué a Yahidne, los supervivientes ya no estaban en el sótano. ¿Eran libres? Una liberación sugiere una aflicción que se ha desvanecido. Pero los adultos necesitan ayuda, los niños un colegio nuevo. Es importantísimo que la ciudad ya no esté ocupada. Pero sería un error poner fin a la historia de Yahidne cuando los supervivientes salieron del subsuelo, igual que sería un error poner fin a la historia de Posad Pokrovske cuando cesaron los bombardeos. El caballero responsable de las llaves del colegio de Yahidne pidió ayuda para construir un parque infantil. Podría parecer un deseo extraño, en medio de una guerra de destrucción. Los rusos matan a los niños con misiles, y los raptan para asimilarlos. Pero la ausencia de tales crímenes no basta; la desocupación no basta. Los niños necesitan lugares donde jugar, correr y nadar, para practicar ser ellos mismos.2 Un niño no puede crear un parque ni una piscina. La alegría de la infancia es descubrir ese tipo de cosas en el mundo. Hace falta un trabajo colectivo para construir estructuras de libertad, tanto para los jóvenes como para los ancianos. (...)

Vine a Ucrania durante la guerra, mientras escribía este libro sobre la libertad. Aquí su argumento es palpable, dondequiera que uno vaya. Un mes después de que Rusia invadiera Ucrania, hablé con algunos parlamentarios ucranianos: «Elegimos la libertad cuando no salimos huyendo». «Estamos luchando por la libertad». «La opción es la libertad en sí». Y no sólo lo decían los políticos. Cuando hablaba, durante la guerra de Ucrania, con los soldados, con las viudas y los agricultores, con los activistas y los periodistas, escuchaba la palabra libertad una y otra vez. Era interesante cómo la utilizaban. Con gran parte de su país bajo una ocupación genocida, los ucranianos parecían tener buenas razones para hablar de la libertad como liberación de algo, como ausencia del mal. Nadie lo hacía. Cuando yo les preguntaba qué entendían por libertad, ninguna de las personas con las que hablaba especificaba la libertad del dominio ruso. Un ucraniano me dijo: «Cuando decimos libertad, no queremos decir “libertad respecto a algo”». Otro definía la victoria como victoria «para algo, no contra algo». Los ocupantes se habían interpuesto en el camino de una sensación de que el mundo se estaba abriendo, de que la siguiente generación iba a tener una vida mejor, de que las decisiones que se tomaban entonces serían importantes en los años venideros. (...)

Era esencial eliminar la represión, conseguir lo que los filósofos llaman «libertad negativa».3 Pero la desocupación, la eliminación del daño, sólo era una condición necesaria para la libertad, no la libertad en sí. En un centro de rehabilitación, un soldado me dijo que la libertad tenía que ver con que todo el mundo tuviera la oportunidad de hacer realidad sus aspiraciones después de la guerra. Un veterano que estaba a la espera de una prótesis decía que la libertad sería una sonrisa en la cara de su hijo. Un joven soldado de permiso decía que la libertad tenía que ver con los hijos que él quería tener. Su comandante, Valeriy Zaluzhny, me dijo, en las dependencias ocultas de su Estado Mayor, que la libertad significaba una vida normal con perspectivas. La libertad era un futuro en el que algunas cosas seguirían igual y otras irían a mejor. Era la vida expandiéndose y creciendo. (...)

En este libro pretendo definir la libertad. La tarea empieza rescatando la palabra del exceso de uso y de su abuso. Me preocupa que, en mi propio país, Estados Unidos, hablemos de la libertad sin pararnos a pensar qué es. Los estadounidenses a menudo la entienden como la ausencia de algo: de la ocupación, de la opresión o incluso del Estado. Creemos que una persona es libre cuando el Estado se quita de en medio. Para nosotros la libertad negativa es de sentido común. Desde luego, resulta tentador pensar en la libertad como nosotros contra el mundo, que es lo que nos permite hacer el concepto de libertad negativa. Si el único problema son las barreras, nosotros debemos de estar haciéndolo todo bien. Eso nos hace sentir bien. Pensamos que seríamos libres de no ser por un mundo exterior que nos perjudica. Pero ¿la eliminación de algo en el mundo de verdad bastaría para liberarnos? ¿No es igual de importante, o acaso más importante, añadir cosas? (...)

Si queremos ser libres tendremos que afirmar, no sólo negar. A veces tendremos que destruir, pero lo más normal es que tengamos que crear. Y casi siempre necesitaremos adaptar el mundo y adaptarnos nosotros mismos, basándonos en lo que sabemos y lo que valoramos. Necesitamos unas estructuras, únicamente las más adecuadas, tanto morales como políticas. La virtud es una parte inseparable de la libertad. «Los muros de piedra no hacen una cárcel / ni los barrotes de hierro una jaula», así dijo el poeta.4 A veces sí las hacen, y a veces no. La opresión no es sólo la obstrucción sino la intención humana que hay detrás. En la ciudad ucraniana de Donetsk, una fábrica abandonada se convirtió en un laboratorio de arte; bajo la ocupación rusa, ese mismo edificio se convirtió en un centro de tortura.5 El sótano de un colegio puede ser un campo de concentración, como en Yahidne. En ese sentido, los primeros campos de concentración nazis estaban en los bares, los hoteles y los castillos. El primer campo permanente, Dachau, estaba en una fábrica abandonada. Auschwitz había sido una base militar polaca concebida para defender al pueblo de un ataque alemán.6 Kozelsk, un campo de prisioneros de guerra de la Unión Soviética donde custodiaban a los oficiales polacos antes de su ejecución, había sido un monasterio7 –el mismo donde Fiódor Dostoyevski, en Los hermanos Karamázov, sitúa el diálogo con la famosa pregunta: ¿Si Dios ha muerto, todo está permitido?8 No hay ninguna fuerza mayor que nos haga libres, ni tampoco la ausencia de tal fuerza mayor. La naturaleza nos da la posibilidad de ser libres, nada menos, nada más. Nos dicen que «nacemos libres»: mentira. Nacemos berreando, unidos a un cordón umbilical, embadurnados con la sangre de una mujer. Que lleguemos a ser libres depende de los actos de los demás, de las estructuras que posibilitan esos actos, de los valores que animan esas estructuras –y sólo entonces de una chispa de espontaneidad y de la valentía de nuestras propias decisiones. (...)

Y tampoco es porque la libertad sea un vacío que deja un Dios muerto o un mundo vacuo. La libertad no es una ausencia sino una presencia, una vida en las que asumimos múltiples compromisos y hacemos realidad una serie de ellos en este mundo. Las virtudes son reales, tan reales como un cielo estrellado; cuando somos libres, las aprendemos, las exhibimos, les damos vida. A lo largo del tiempo, las virtudes que elegimos nos definen como personas de voluntad y de individualidad. Cuando presuponemos que la libertad es negativa, que es la ausencia de esto o aquello, presuponemos que eliminar una barrera es lo único que tenemos que hacer para ser libres. Para esa forma de pensar, la libertad es la condición por defecto del universo, que nos viene dada por alguna fuerza mayor cuando le dejamos el camino libre. Eso es ingenuo. (...)

los estadounidenses nos dicen que la libertad nos la dieron nuestros Padres Fundadores, nuestro carácter nacional o nuestra economía capitalista. Nada de eso es verdad. La libertad no puede darse. No es un legado. Decimos que Estados Unidos es un «país libre» pero ningún país es libre. Al advertir una diferencia entre la retórica de los opresores y la de los oprimidos, el poeta disidente eritreo Y. F. Mebrahtu afirma que «ellos hablan del país, nosotros hablamos de la gente».9 Sólo las personas pueden ser libres. Si creemos que algo nos hace libres, nunca nos enteraremos de lo que debemos hacer. Desde el momento que uno cree que la libertad es dada, esta desaparece. Los estadounidenses tendemos a pensar que la libertad consiste en quitar cosas de en medio, y que el capitalismo realiza esa tarea por nosotros. Es una trampa creer en esa o en cualquier otra fuente exterior de libertad. Si asociamos la libertad con unas fuerzas exteriores, y alguien nos dice que el mundo exterior plantea una amenaza, sacrificamos la libertad en aras de la seguridad. Eso tiene sentido para nosotros, porque en nuestros corazones ya no somos libres. Creemos que se puede intercambiar libertad por seguridad. Eso es un error mortal. La libertad y la seguridad trabajan juntas. (...)

¿Cómo incide la libertad en nuestras vidas? Los vínculos entre la libertad como principio y la libertad como práctica son las cinco formas de libertad. (...)

Las cinco formas son: la soberanía, o la facultad adquirida de tomar decisiones; la imprevisibilidad, el poder de adaptar las regularidades físicas a nuestros fines personales; la movilidad, la capacidad de desplazarse a través del espacio y el tiempo conforme a unos valores; la objetividad, la comprensión del mundo que nos permite cambiarlo; y la solidaridad, el reconocimiento de que la libertad es para todos. El alumbramiento de la libertad comienza tras el alumbramiento de una madre. Un bebé tiene la potencialidad de evaluar el mundo y cambiarlo, y desarrolla las capacidades requeridas con el apoyo y en compañía de otros. Eso es la soberanía. Al cumplir la mayoría de edad, un ser humano joven aprende a ver el mundo como es y a imaginarse como podría ser. Una persona soberana combina unas virtudes escogidas con el mundo exterior para hacer algo nuevo. Así pues, la imprevisibilidad es la segunda forma de libertad. Nuestros cuerpos precisan lugares donde ir. Cuando somos jóvenes no podemos crear por nosotros mismos las condiciones que nos permitan ser soberanos e imprevisibles. Pero una vez que se crean esas condiciones, nos rebelamos precisamente contra las instituciones que las han hecho posibles y seguimos nuestro propio camino. Y esa movilidad, la tercera forma de libertad, debe ser alentada. Somos libres de hacer únicamente las cosas que sabemos hacer, y libres de ir exclusivamente a los lugares donde podemos ir. Lo que no conocemos puede hacernos daño, y lo que sí sabemos nos empodera. La cuarta forma de libertad es la objetividad. Ningún individuo logra la libertad por sí solo. Desde el punto de vista práctico y ético, libertad para ti significa libertad para mí. Ese reconocimiento es la solidaridad, la última forma de libertad. (...)

La solución al problema de la libertad no es, como piensan algunas personas de derechas, ni burlarse del gobierno ni prescindir de él. La solución tampoco es, como piensan algunas personas de izquierdas, ni ignorar ni repudiar la retórica de la libertad. La libertad justifica el gobierno.11 Las formas de la libertad nos muestran cómo. (...)
SOBRE LA LIBERTAD.
Timothy Snyder.
Galaxia Gutenberg