ARREBATOS ALÍRICOS
Me fui sobreviviendo como pude
(José Luis Piquero)
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viernes, 26 de julio de 2019
jueves, 16 de febrero de 2017
Y entonces fue el principio (un poema de Juan Ramón Santos)
Y ENTONCES FUE EL PRINCIPIO
un big bang celular
Sin precedentes
Que no alteró por ello lo más mínimo
La fatigada paz de los amantes,
Que ignorantes dormín allá afuera,
Inocentes, tomados de la mano,
Desnudos, vulnerables,
Ya inmortales
Aire de familia
Juan Ramón Santos
Ediciones de la Isla de Siltolá, 2016
domingo, 12 de febrero de 2017
jueves, 29 de septiembre de 2016
5 años de Arrebatos Alíricos (y lo que te rondaré, morena)
Hoy se cumple un lustro desde que publiqué la primera entrada en este blog, que ya era una declaración de intenciones o, más bien, de afinidades literarias. Sin embargo, resulta algo inexacto deducir que llevo 5 años manteniendo Arrebatos Alíricos porque, como su mismo nombre indica, han tenido una vida en su mayor parte disipada, inconstante y, me temo, discreta.
En los últimos dos años, en cambio, el innegable aumento en la cantidad de las entradas y, aunque esté mal que lo diga yo, la plausible mejora en la calidad de los textos, ha producido un evidente aumento de lectores, especialmente notable en los últimos doce meses: gracias a todos por la atención y la paciencia.
Por eso, celebro el falso aniversario trayendo algunas de las entradas que han merecido más atención de los internautas o de las que, por diferentes motivos, recuerdo con más orgullo o cariño.
Seguiremos, si les parece, leyéndonos por aquí.
Recopilación de reseñas en distintos medios y blogs sobre La huida hacia delante
Ir hacia lo desconocido es la única forma respetable de vivir (prólogo completo a ¿Por qué hay un plato que gira dentro del microondas?, de Manuel del Barrio Donaire, escrito junto a Víctor Martín Iglesias)
"Pido la paz y un par de cañas" (poema homenaje a Blas de Otero y J.M. Aznar publicado en la revista Estación Poesía de Antonio Rivero Taravillo)
Reseña sobre Este es el momento exacto en que el tiempo empieza a correr, de Ana Llurba
El arte de la indignación: 5 años del 15-M
Discípulas de Coatlicue de María López Ponz en La Tribu de Frida
Zizek y la nueva lucha de clases (los refugiados y el terror)
Reseña de Más allá, Tánger de San Álvaro Valverde
Aparición de La huida hacia delante en el artículo "Del ADN al DNI: Cinco pistas sobre la última poesía española", en el suplemento Babelia de El País.
Bailando de mierda hasta el cuello: Reseña de Suplicaréis clemencia de Víctor Martín Iglesias
Quizá nada nos une excepto el fútbol: reseña sobre En lo mudable de Antonio Agredano
Prólogo completo a Los hombres me han tratado bien, de Myriam Rubio
La huida hacia delante entre lo mejor de 2015
"Borrador de un poema" (larguísimo y soberbio poema del último libro de Juan Bonilla, Poemas pequeño-burgueses)
Reseña de La Fiera del no menos feroz Ben Clark
Reseña de Cicerone, de Juan Ramón Santos
El cuentista de César Martín Ortiz
La revista Oculta publica el primer capítulo de mi ensayo La Generación Simpson
La agonía de Francia (Manuel Chaves Nogales y yo)
Diario de un puretas recién casado entre las recomendaciones de Luis Bagué Quílez para la Feria del Libro de Madrid (en El País).
Conferencia sobre José María Fonollosa pronunciada en la Universidad de Vilanova en 2010 y posteriormente publicada como artículo en la revista Naufragios.
Lectura en el IES Carmen Laffón junto a Víctor Domínguez Calvo
Presentacion del libro de relatos Palabras menores, de Juan Ramón Santos
Bendita locura: Ediciones Liliputienses y La Puerta Tannhaüser de Plasencia
Santiago Castelo y la Soledad desierta
Seguiremos, si les parece, leyéndonos por aquí.
Recopilación de reseñas en distintos medios y blogs sobre La huida hacia delante
Ir hacia lo desconocido es la única forma respetable de vivir (prólogo completo a ¿Por qué hay un plato que gira dentro del microondas?, de Manuel del Barrio Donaire, escrito junto a Víctor Martín Iglesias)
"Pido la paz y un par de cañas" (poema homenaje a Blas de Otero y J.M. Aznar publicado en la revista Estación Poesía de Antonio Rivero Taravillo)
Reseña sobre Este es el momento exacto en que el tiempo empieza a correr, de Ana Llurba
El arte de la indignación: 5 años del 15-M
Discípulas de Coatlicue de María López Ponz en La Tribu de Frida
Zizek y la nueva lucha de clases (los refugiados y el terror)
Reseña de Más allá, Tánger de San Álvaro Valverde
Bailando de mierda hasta el cuello: Reseña de Suplicaréis clemencia de Víctor Martín Iglesias
Quizá nada nos une excepto el fútbol: reseña sobre En lo mudable de Antonio Agredano
Prólogo completo a Los hombres me han tratado bien, de Myriam Rubio
La huida hacia delante entre lo mejor de 2015
"Borrador de un poema" (larguísimo y soberbio poema del último libro de Juan Bonilla, Poemas pequeño-burgueses)
Reseña de La Fiera del no menos feroz Ben Clark
Reseña de Cicerone, de Juan Ramón Santos
El cuentista de César Martín Ortiz
La revista Oculta publica el primer capítulo de mi ensayo La Generación Simpson
La agonía de Francia (Manuel Chaves Nogales y yo)
Diario de un puretas recién casado entre las recomendaciones de Luis Bagué Quílez para la Feria del Libro de Madrid (en El País).
Conferencia sobre José María Fonollosa pronunciada en la Universidad de Vilanova en 2010 y posteriormente publicada como artículo en la revista Naufragios.
Lectura en el IES Carmen Laffón junto a Víctor Domínguez Calvo
Presentacion del libro de relatos Palabras menores, de Juan Ramón Santos
Bendita locura: Ediciones Liliputienses y La Puerta Tannhaüser de Plasencia
Santiago Castelo y la Soledad desierta
sábado, 2 de julio de 2016
La espera (un poema de "Aire de familia", de Juan Ramón Santos)

Sin flamas ni sofocos
se marcha el mes de julio
y entretenemos mientras nuestros días
en menudas tareas estivales
que disfrazan el paso de las horas
y amainan la inquietud, que tanto apremia,
y pasamos las noches al sereno,
cada uno en su balcón,
agotando este tiempo que se acaba
para cederle el paso
a otro tiempo que aún es pura incógnita.
Suspendidos los dos sobre el vacío,
sentados frente a frente,
con enorme torpeza,
disimulamos:
tú, tumbada en tu hamaca,
escuchando esos discos
que jamás has tenido
tiempo antes de escuchar,
uno detrás de otro, sin descanso,
como si se acercase el fin del mundo,
silenciando debajo de los cascos
un razonable y nunca confesado
temor a dar a luz;
yo, acostado en mi hamaca
junto a un montón de libros,
no tanto para leerlos
como para apoyarme
si me asaltan las dudas, los temores,
o flaquean las ganas de ser padre,
pero ambos mantenemos
quietos las composturas
y sólo algunas veces,
como si el malestar
fuera tan solo físico
exclamamos,
«Qué incómoda es la hamaca»,
y nos enderezamos
sobre la lona ardiente
para otear por entre los barrotes
lo que está haciendo el otro,
y entonces las miradas
se cruzan como por casualidad
a ocho o nueve metros sobre el suelo
y sonreímos cómplices,
pues lo sabemos todo
y no decimos nada,
y así vamos dejando
que el tiempo se diluya
al inaudible ritmo
de acalladas canciones
mientras vemos pasar,
a toda prisa,
las páginas, las horas,
los discos y los días.
lunes, 2 de febrero de 2015
Presentación de Juan Ramón Santos de "La huida hacia delante"
Como había venido anunciando (lamento el spam), el pasado sábado 31 de enero tuvo lugar la presentación de La huida hacia delante en Plasencia y, sin duda, superó todas mis previsiones. En agradecimiento a todos los que vinieron y, muy especialmente, a familiares, amigos y al gran Víctor Martín, que consiguió hacer de la "Sesión Golfa" en La Puerta Tannhäuser algo más que un rato divertido, he decidido obsequiaros con el mejor regalo posible: acceso a la fabulosa presentación de Juan Ramón Santos (se puede leer completa aquí):
La huida hacia delante es mucho más que todo esto que he venido contando, es mucho más que juego, que grito, provocación o denuncia, más que nihilismo o descaro juvenil. Irónicamente, La huida hacia delante consigue ser eso y lo contrario, la continua puesta en cuestión de esa actitud, pues, como bien advierte el autor en su segundo poema,
mi apatía, lo admito, fue siempre una pose,
y a lo mejor por eso entre sus versos es posible encontrar, justo al pie del sadismo, la ternura, o una cierta piedad por uno mismo en el tono de los versos más masocas, o dos o tres principios irrenunciables, quizá de andar por casa, pero firmes, que sobreviven a la descreencia más feroz, todo un cúmulo de matices, de contradicciones, no sé si aparentes o reales, que hacen de La huida hacia delante un libro que no puede dejar indiferente, un libro que arde entre las manos, que nos interpela y que nos lleva, en definitiva, a plantearnos las preguntas de siempre: quienes somos, de dónde venimos, qué ha ido quedando de nosotros mientras tanto y, por último, a dónde vamos, si es que, después de todo, tenemos que ir a alguna parte.
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Presentación La Huida hacia delante
jueves, 29 de enero de 2015
Juan Ramón Santos escribe sobre "La huida hacia delante"
Juan Ramón Santos, que presentará el libro el sábado en la Sala Verdugo a las 19:30, ha publicado hoy en Plan Ve una reseña sobre La huida hacia delante que, como diría el poeta, me ha tocado la patata:
"...el libro era mucho más que juego, grito, provocación, denuncia (añado ahora por “España se diferencia de Estados Unidos”) y absoluto descaro juvenil, pues era, a la vez, eso y también lo contrario, la puesta en cuestión de esa actitud, y el resultado (...) es un poemario intenso y explosivo que habla de amor, de desamor, de ser, de escribir, de estar en el mundo y, sobre todo, de la pérdida del furor y la -permítanme el juego de palabras- inocente inocencia perdida de la primera juventud, de esa pérdida que acaba convirtiéndonos a todos (o a casi todos), tiempo y trabajo mediante, en vulgares ciudadanos de a pie.
No dejen de leer el libro, se lo aconsejo, y tampoco dejen -si se lo pueden permitir- de venir el sábado a cualquiera de sus presentaciones."
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Reseña de La Huida hacia delante
miércoles, 17 de diciembre de 2014
Mal agüero (poema invernal de Juan Ramón Santos)

MAL AGÜERO
Recuerdo aquellas tardes, en invierno,
cuando, al volver de clases de pintura,
cruzando esta plazuela me asaltaba
el siniestro alboroto de las grajas
que, ocultas allí arriba, entre tinieblas,
volando de pináculo en pináculo,
parecían reírse a carcajadas
de mi turbio futuro adolescente.
No sé bien si esas aves aún anidan
en el viejo tejado de la iglesia,
pues lo cierto es que evito atravesar
normalmente este espacio tan hermoso,
y no por miedo cinematográfico,
mas por puro temor a que los pájaros,
desde lo alto de su clarividencia,
se acuerden aún de míy aún continúen
muriéndose de risa, los cabrones,
al ver lo que aún me queda por delante.
Cicerone,
Juan Ramón Santos.
De la luna libros, 2014
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Juan Ramón Santos,
Marino González Montero
sábado, 8 de noviembre de 2014
Cicerone, el primer poemario de Juan Ramón Santos
Conocí a Juan Ramón Santos hace ahora doce años, cuando él tenía 27 y yo 17 y éramos ambos aspirantes a escritores, aún inéditos, que asistían al taller literario impartido por Gonzalo Hidalgo Bayal en la Universidad Popular de Plasencia. Desde entonces han pasado una docena de años tras los que, mientras que yo sigo siendo un aspirante a escritor aún inédito, Juanra ha publicado cuatro libros de relatos, una novela y, ahora mismito, su primer poemario, Cicerone, editado por la Luna de poniente, la colección de poesía de de la luna libros. Es decir, ha demostrado ser un escritor de verdad, no tanto por cantidad (suficiente) como por calidad (más que sobresaliente).
Para esta incursión en un terreno
inexplorado (o, al menos, con constancia editada de la incursión ya que,
atención, spoiler, tiene otra joya de poemario pendiente de publicación) Santos ha optado por
usar las armas que le ayudaron a salir victorioso en anteriores batallas: léase
el humor, la ironía, la ternura, un elegante cinismo (próximo al decadentismo
menos veneciano) y, especialmente, la metaliteratura: y es que el estilo de
Juanra, cada vez más reconocible, siempre se ha distinguido por jugar con las
cartas de las influencias bocarriba, como hacen los mejores tahúres, magos y
escritores, que no necesitan de añagazas para conseguir que resulte efectivo el
truco.
En este caso, igual que
anteriormente escribió brillantes relatos que eran declarados homenajes a
Pessoa (sobre todo en el más que recomendable Palabras menores, reseñado por servidor aquí) y su ambiciosa novela (Biblia apócrifa de Aracia) debía bastante
a Gonzalo Hidalgo, Cicerone puede entenderse como una réplica a su maestro en
la poesía, San Álvaro Valverde, y, más concretamente, a su poemario Plasencias (reseñado por servidor aquí), que también da lustre al catálogo de la luna de poniente desde hace poco más de un año. Para dejarlo
claro, Juanra le otorga el epígrafe con el que abre su obra (“Habito una ciudad
de la memoria”, única cita del poemario exceptuando una pintada urbana y unas
palabras que, supuestamente, pronunciaran el abuelo, la abuela y un antiguo
profesor del autor, demostrando de esta forma que sabe valerse de influencias, sí, pero sin necesitar
más voces que su propia polifonía) y se impregna de cierto tono sentencioso,
melancólico, crítico y compasivo hacia esta ciudad nuestra.
Y digo "nuestra" porque,
efectivamente, Juan Ramón Santos y yo hemos nacido y vivido en la misma ciudad,
sí, pero, sobre todo, porque hemos habitado (y amado, odiado, sufrido y
añorado) los mismos lugares que él recrea en este deambular callejero y
reflexivo, sin prisa ni pausas o compasión. En resumen, vuelvo a sentirme como al leer (o releer) Plasencias, es decir (me plagio): " Servidor, que solo se siente patriota en algunas
manifestaciones y orgulloso de su tierra al leer algo de Gonzalo Hidalgo, Juan
Ramón Santos o Gabriel y Galán, admite que necesitaba un guía afectivo para su
propia ciudad, ahora reconocida, revalorizada y pronto, seguro, releída. Pero,
más allá de desapegos particulares que a nadie importan, lo vital es la forma
en que (...) hace suya la máxima de John Dewey, “lo local es lo único
universal”, logrando, como ya hicieran anteriormente otros con Murania o Aracia,
levantar un territorio para agrado, no sé si de Dios, pero sí seguro de los
hombres. O, al menos, en este caso, de aquellos que aprecian la buena poesía."
De esta manera, resulta imposible
no sentirse identificado con ese arrebatador inicio
La ciudad es mediana,
todos nos conocemos.
Mujeres que no acaban de ser
guapas
y hombres que hablan de fútbol y
del tiempo
abarrotan sus calles
no demasiado anchas
donde no siempre es fácil
extraviarse.
La ciudad es tranquila,
de ordinario vivimos y morimos
sin hacer aspavientos,
porque el mundo sucede en otra
parte.
A partir de ahí, Santos va
dejando sentencias personales (“Por ellas galopé desaforado/ interminables
noches de diciembre/ con mi hermano y mi primo,/ arreándonos con rítmicas
palmadas/ tras escapar los tres de la justicia”) , localistas (“Nuestro río es
discreto/ apenas el afluente de un afluente,/ un río tan breve y poco
caudaloso/ que no salía en los libros escolares”) y universales (“en este
centenario laberinto/ nada hay más esquivo y engañoso/ que la clara noción de
cercanía (…) Son lances que, al final, hacen que pienses/ que el confuso lugar
en el que habitas/ contiene, aprisionado entre sus muros,/ cifrado en el
trazado de sus calles,/ el insondable mapa de la vida”).
Gracias a esta capacidad de observar y contar con un tono próximo a la confidencia hecha en voz baja, Santos avanza buscando lo
memorable que trascienda la anécdota (aunque ese recuerdo azaroso sea, tantas
veces, un buen punto de partida para la reflexión) y yendo de lo particular a
lo general, para acabar demostrando que este tratado de urbanismo placentino
es, a fin de cuentas, como lo fue Venecias o lo era Plasencias, mucho más que
todo eso (que, desde luego, no era poco): “La ciudad es extraña, y me refiero/
no a esta ciudad concreta/ ni a otra en otra parte,/ sino a la mera idea/ de
vivir entre muros y adoquines”.
Pero, sobre todo, Juanra deja poemas
inmensos, enormes, como “Mal agüero”, “Ciclo vital”, “La plaza de los naranjos”
o “Recreativos”, donde recuerda “la escasa atención/ que, ingratos, le
prestamos/ a muchos personajes secundarios/ que, en su papel allá en segundo
plano/ ayudaron de forma generosa,/ muchas veces, incluso sin saberlo/ a que
hayamos llegado/ a ser quien somos”.
Para no destriparles un libro
que, si no tienen, deberían comprar lo antes posible, solo voy a poner entero
uno. Y, créanme, la elección no ha sido nada fácil en absoluto:
MADUREZ
Con el paso del tiempo te das
cuenta
de que muchas de aquellas
que tanto alguna vez te
deslumbraron
no fueron nunca hermosas,
solo jóvenes,
y de que las mujeres, con los
años,
terminan pareciéndose a sus
madres,
lo mismo que los hombres
se convierten en copias de John
Wayne,
viejos sheriffs de western
decadente,
con pantalones de cintura alta
y un aire permanente de resaca
que arrastran su existencia por
el pueblo,
entre el polvo y matojos
vagabundos,
esperando a que llegue el
forajido
que acierte entre sus ojos el
ansiado
tiro de gracia.
Etiquetas:
Juan Ramón Santos,
reseña
viernes, 2 de diciembre de 2011
Presentación Palabras Menores (2-12-2011)
Buenas noches. El otro día, en la presentación del libro de Álex Chico, se congratulaba Álvaro Valverde de que este espacio haya sido recuperado para todos los ciudadanos de Plasencia, por (cito) “lo que tiene de emblemático para nuestra cultura y por la justa dimensión que supieron darle quienes lo concibieron para reunir a la inmensa minoría que suele asistir a este tipo de actos”. Poco más que añadir a este respecto: aprovecho, simplemente, para darles la bienvenida, fieles del Verdugo, inmensa minoría, a la presentación de Palabras Menores, editado por de la luna libros y para asegurarles que, una vez pasado el trámite de la presentación, no se van a arrepentir.
Una persona de mi generación, por deformación profesional, por simple deformación o, sencillamente, por poco profesional, en cuanto recibe un encargo, lo primero que hace es ponerse a buscar en Internet qué han dicho del tema otros autores para arar sobre surcos ya trazados. Al fin y al cabo es bastante lógico pues, como todos sabemos, repetir errores es la base de nuestra civilización.
Así pues, en cuanto Juan Ramón Santos, en una muestra más de su inmensa ingenuidad, me dijo que le gustaría que le hiciera la presentación para su nueva obra, yo busqué qué habían dicho otros autores acerca de él para no meter demasiado la pata. Esto, que puede parecer fácil, no lo es tanto o, al menos, no lo es si eres tonto; desde luego, no lo fue para mí: no quería ser demasiado evidente citando a Gonzalo o Álvaro, no podía tampoco ceñirme a críticas literarias u otras presentaciones porque eso sería tirar piedras sobre mi propio tejado, de por sí maltrecho.
De forma que la tarea se complicaba… Pero creí haber alcanzado el eureka, esa interjección que inventaron los griegos, cuando encontré que un tal Simón Escudero había explicado en el nº 53 de la Gaceta Literaria Extremeña que Juan Ramón Santos bautizó su primera obra Cortometrajes por causas etimológicas, por la relación que el autor ha mantenido siempre con el cine y, sobre todo, por la vocación de tanteo, ya que, y cito textualmente, “igual que los futuros directores de cine ensayan para abordar algún día un largometraje, el autor ensaya en este caso temas y técnicas narrativas que le puedan servir para tareas de mayor envergadura”.
Ahí lo tenía. Primero, podía basarme en un autor totalmente desconocido y, a partir de ahí, trazar un paralelismo sencillo pero, quizá, resultón. Les cuento a ver qué les parece:
Por ejemplo, que Cortometrajes, como su mismo nombre indica, era el prometedor ensayo en distancias cortas con el que se iniciaba la carrera de Juanra. Al correspondiente corto no podía faltar el correspondiente premio ni que, poco a poco, fuera creciendo su consideración como obra de culto.
El círculo de Viena, siguiendo esta analogía, sería su interesante ópera prima, una obra ligeramente mayor formada por partes proporcionalmente mayores. Prosiguiendo esta línea ascendente, Cuaderno escolar vendría a ser la película de consagración y, aquí estarán todos de acuerdo conmigo, Biblia apócrifa de Aracia sería, innegablemente, la magna y vasta superproducción.
Ahora, como algunos saben y otros sospechan, estamos aquí para presentar un nuevo libro de cuentos, así que parece que la analogía se me va al traste… Pero, en cambio, les recuerdo que los últimos grandes triunfos unánimes de crítica y público, tanto de guión, como actorales, de prestigio o, incluso de dirección, los encontramos en la televisión (The Wire, Los Soprano, Mad Men, Breaking Bad…).
Así pues, el libro que yo estoy intentando presentar y ante cuya presentación ustedes intentan no perderse, sería la culminación de una obra estructurada de forma fragmentada pero unida, en la que cada engranaje complementa al anterior y, sobre todo, fruto de mucho trabajo, con una calidad innegable que se puede paladear tanto en pequeñas dosis como del tirón.
Así que ahí lo tienen: hemos empezado por una caótica y apresurada búsqueda (lo que antes se llamaba dar palos de ciego y ahora se llama “navegar”), hemos intentando reconducirla con una cita que introdujera un paralelismo y ahora parecemos cerrar el bucle con un fruto del azar que viene a confirmarnos que la vida es compleja y las presentaciones de libros suelen ser un rollo.
El problema llega si les desvelo que el tal Simón Escudero, sobre cuya cita se sostenía el anterior castillo de naipes, no es sino un heterónimo de Juan Ramón Santos que viene a demostrar que la obra de Juan Ramón Santos es mucho más profunda, metaliteraria e irónica que cualquier serie de la HBO, que Pessoa tiene que salir por alguna parte y que lo anterior puede confirmarnos, quizá, que la vida es compleja y, seguramente, que las presentaciones de libros suelen ser un rollo, pero estamos lejos de cerrar el bucle.
Así que volvemos a empezar.
Y digo "volvemos a empezar" porque es hora ya de que nos centremos en el libro que nos ha reunido aquí: Palabras menores. Pero también digo que volvemos a empezar porque el subtítulo explicativo de este libro es, de nuevo, Cortometrajes y la esencia del mismo es, desde una aparente humildad, buscar el instante que supera el momento, alcanzar la relevancia sin osar pretender la trascendencia y, sobre todo, conseguir la grandeza desde piezas breves, mínimas, condensadas, casi pecios a los que, perdón por el chiste fácil, resulta difícil poner precio.
Por lo tanto, démonos todos la enhorabuena porque Juanra haya querido seguir deleitándonos, fuera de la marquesina de los Óscar y la alfombra roja de los estrenos aparatosos, con unos cortometrajes que tienen más cine que varias filmografías ampulosas e infinitamente más literatura no ya que la exigua biblioteca del coleccionista puntilloso de uno de los relatos, sino que varios de los pasillos de la biblioteca que nunca dejó de recorrer el protagonista apocado de otro de los cuentos. Admitamos la evidencia que da la paciente pareja a otro personaje de que, cariño, en las cámaras no importa el tamaño del objetivo ni, por supuesto, cariño, en los microrrelatos el número de palabras es lo único que cuenta. Y, en conclusión, felicitémonos porque haya mantenido este carácter lúdico y admitamos la evidencia de que, gracias a Pessoa o tal vez a Álvaro de Campos, o quizá a Ricardo Reis, o posiblemente a Alberto Caeiro, pero también a Sandokán, a El prisionero de Aracia, a Mafalda (autora de la foto del autor), o a un Gonzalo Hidalgo siglado y entre paréntesis, pero siempre presente, Juanra, definitivamente, siga hecho un chaval.
En fin, no hay cosa peor que una serie que se empeñe en alargarse estirando el bucle, si acaso, una presentación de libro que incurra en el mismo error. Y dije que no iba a citar a Gonzalo Hidalgo, pero aprovechando su ausencia y pese a aquello de la odiosibilidad de las comparaciones, he de recordar sus palabras en la presentación de la Biblia apócrifa de Aracia. Entonces, dijo el hoy siglado y entreparentésico GHB:
En fin, no hay cosa peor que una serie que se empeñe en alargarse estirando el bucle, si acaso, una presentación de libro que incurra en el mismo error. Y dije que no iba a citar a Gonzalo Hidalgo, pero aprovechando su ausencia y pese a aquello de la odiosibilidad de las comparaciones, he de recordar sus palabras en la presentación de la Biblia apócrifa de Aracia. Entonces, dijo el hoy siglado y entreparentésico GHB:
esta ‘Biblia’ es una y diversa. Es una en su totalidad y es diversa en sus unidades, a saber: en el procedimiento narrativo, en la dimensión temporal, en los caminos de la trama, en la riqueza y variedad estilística, en la multiplicación de narradores y, en fin, en el cumplimiento de las profecías (…) desde la clarividencia inicial del narrador omnisciente (…) hasta el confuso rapto del narrador inconsciente final,
Y el rescate de estas líneas se debe, paradójicamente, a un secuestro. En este caso, el que sucede en el relato número 35, que tienen en la página número 62, que se llama Cuestionario y que, en realidad, encierra bastantes respuestas sobre Palabras Menores. Me van a permitir que lo lea:
Cuando le preguntaron qué libro se llevaría a un isla desierta pensó que a los periodistas se les había agotado del todo la imaginación, y si, a pesar de ser un ateo redomado, respondió con sonrisa sarcástica, «La Biblia, que es muy gorda», fue nada más que por salir del paso, pero cuando, después de amordazarlo, maniatarlo, meterlo a empujones en la furgoneta, subirlo pateando al helicóptero y arrojarlo libre sobre la blanca arena de la playa, vio caer a su lado, como un fardo, el volumen grueso, negro, de sutiles páginas amarillentas, se dio cuenta de que había expresado, sin saberlo, su última voluntad y clamó al cielo, por el que se alejaban para siempre sus captores, irreversiblemente arrepentido de la mala costumbre de hablar por hablar.
Este personaje reaparece en el relato número 48, que empieza en la página 83. En él, el protagonista, pese a su aspecto urbanitas, intelectual, ha conseguido, contra todo pronóstico, aclimatarse a la isla, centrándose en las labores domésticas, mientras la Biblia y, por tanto, su única posibilidad lectora, permanecía olvidada. Sin embargo, más adelante, contento por poder recuperar el hábito lector una vez se ha procurado la supervivencia, comienza a enfrentarse al libro. Lo hace primero, cierto es, desde la desconfianza pero pronto se reconcilia con la Biblia como monumento literario. Sin embargo, llega un momento en que ve que necesita ir más allá y así, decide probar a leer el libro en clave borgiana, armándose de paciencia y… (mejor cito)
así, al cabo de tres años, cuando a punto estaba de claudicar, descubrió entre las letras del libro de Judit un cuento de Perrault. (…) Había llegado al convencimiento de que el asunto requería tanta vista como olfato y empleando ambos sentidos, husmeando con renovada energía, logró descifrar varios cuentos más, que leyó con deleite, pero luego decidió dar un paso más adelante y (…) logró rescatar de entre las páginas de Esdras (…) «La biblioteca de Babel». El descubrimiento del relato de Borges marcó un punto de inflexión en su aventura, le animó y en pocos meses era capaz de leer casi de corrido (…). Leyó muchísimo, y cuando acabó con Borges dio el salto a la novela. Se atrevió primero con La metamorfosis, por lo breve, pero enseguida cogió soltura y con el paso de los meses fueron surgiendo del libro, entre otros, Moby Dick, El Quijote o Guerra y paz…
En definitiva, lo que viene a descubrir el aislado protagonista es que, en esencia, ahí tiene todo lo que le hace falta para leer y releer o, en palabras de GHB, ya al cuadrado, que
como el libro sagrado (donde los figurantes neotestamentarios conocen la historia y las profecías veterotestamentarias), o como ‘El Quijote’ (cuyos personajes de la segunda parte han leído la primera) o como ‘Cien años de soledad’ (en donde los pergaminos de Melquíades son a un tiempo profecía y relato),
pues también la Biblia de este cuento, como asimismo la Biblia Apócrifa de Aracia o como ahora, y esto es lo que nos importa, Palabras menores se contiene a sí misma. Y, además de, por desgracia para mí, la mejor y más condensada presentación posible en su contraportada, contiene también dichas en voz baja, como debe decirse todo lo importante, auténticos hallazgos narrativos, humor, precisión, sabiduría, Perrault, Borges, Pessoa y Ferlosio. Pero también lirismo, onanismo ecologista, personajes guadianescos que aparecen y desaparecen, como símbolo o como oxímoron y, en definitiva, un vasto camino de senderos que se bifurcan y se cruzan y se solapan, creando territorios en sí mismos y permitiéndonos leer todo lo legible, incluso aquellas novelas que aún no se han escrito.
Son un total de 50 senderos eternos, de todos los estilos y maneras, y uno, al abrir el libro no puede evitar sentir el recelo de que igual en esta serie encontrará capítulos (o versículos en esta biblia) de relleno. Sospecha que, consecuentemente, se va acrecentando a medida que vas leyendo el primero de los relatos, y te encanta, el segundo, y te sorprende, el tercero que te maravilla, y así sucesivamente… De forma que, por ejemplo, el libro casi puede ser leído como un thriller angustioso en el que no sabes en qué momento te sorprenderá el bajón de calidad o como una novela de misterio en la que tienes que encontrar el fallo. Lamento desvelarles el final tan pronto, si es que deciden leerlo con esa intención, pero mejor que no lo anden buscando: no hay fallo.
En fin. Me han faltado los arrestos para hacerlo al principio pero, ahora, citando de nuevo al autor de este magnífico libro, que en realidad se presenta solo y se puede disfrutar, o husmear en busca de guiños, referencias y homenajes, solo o en compañía pero que debe leerse en horizontal y en vertical, hacia adelante y hacia atrás y, como diría Bolaño, a ser posible de rodillas, me despido como el personaje del relato Mesa redonda, de la página 77:
“Esto es todo lo que tenía que decir”.
Ris. Ras.
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