CÓMO VOLVER A DORMIRSE A LAS CUATRO DE LA MADRUGADA (Con Wislawa Szymborska y Nalini Malani)
Son las cuatro de la madrugada
te desvelas como de costumbre
y sin intentar siquiera volver a conciliar el sueño
te pones el abrigo y sales al jardín
es cierto
tienes demasiado miedo
para salir a la intemperie
a estas horas
además la casa donde vives
no tiene jardín
pero sabes
que hay muchas maneras
de salir a un jardín
así que dejas que el poema continúe
y sales al jardín de madrugada
con un hormigueo extraño en los brazos
con los sentidos confusos
y una luz acerada en las pupilas
también sabes que en este jardín
no hay árboles
y sin embargo delante de ti
se despliegan
más reales que tu propio cuerpo
las ramas de un árbol petrificado
en su armoniosa danza
hacia el cielo
a la altura de tus ojos
un mirlo se posa en una rama
tan cerca
que deseas ser piedra
vencida por la luz hiriente
que ahora mana de tus ojos
e inunda este jardín suspendido
entre la noche y el día
no tienes treina años
no canta el gallo
no sopla el viento de astros apagados
no obstante es cierto
que nadie está bien a las cuatro de la madrugada
Te preguntas quién eres
una mujer insomne confusa
en un lugar más real que estos ojos
que contemplan algo
que tal vez no exista
una mujer insomne
que se hunde en su deseo
de volverse piedra
y mira al pájaro
que pronto alzará el vuelo
y que la escruta
con ojos redondeados
la hechiza desde la rama
mientras te abandonas a este instante
un siseo vibra
entra en tu cuerpo
te acuestas en la hierba húmeda
y bajo la mirada impenetrable del mirlo
aguardas a que las serpientes
alcen sus cabezas
repten por tu cuerpo y lleguen en tus oídos
para lamerlos hasta que el poema
se llene de todo aquello que necesitas decir
y en tanto esperas
ya son las cinco
y no recuerdas que el pájaro
echó a volar escupiendo en tu boca
todo lo que está por llegar
ya son las cinco
y puedes seguir soñando
como una casandra enloquecida
en un cuarto vacío
CÓMO DISPARAR EN UN POEMA (con Valie Export)
Sueñas que
tu madre está sentada delante de
una pantalla inmensa y
Blanca en
una butaca negra e
incómoda y
lleva el mismo camisón de
nailon verde manzana que
el día del terremoto de 1977 cuando
quien escribe estas líneas que
quieren ser un poema apenas
tenía cuatro años
el camisón está
cortado delante de
su vagina
en la vagina de tu madre no
se ve ni el vello ni
los labios ni ningún atributo de
su feminidad sino
un espejo triangular que
refleja el rostro de
tu hermano mayor que
murió durante el terremoto
el arma son
estas líneas que
disparan al rostro del
hermano que nunca
tuviste
el poema
es su rostro
CÓMO ENTERRAR AL PADRE EN UN POEMA (con Silvia Goldman)
Eliges el lugar del bosque
lo haces antes de comenzar
A pensar el poema
imaginas el bosque
hasta que los árboles
con sus raíces y troncos y ramas
se vuelven reales
hasta que nada en él
es imaginado
Alargas el camino hacia el lugar
como si masticaras flores blancas
de acacia
memorias de lo real
que miras con ojos desorbitados
en tus pesadillas
sabes que el bosque existe
así que te detienes y lo contemplas
mientras subes la colina
con ese broche incandescente
que llamamos sol
en la base del cráneo
sientes la temperatura del cuerpo
en ascenso
tu estado de agregación
en peligro
respiras hondo
y echas a correr
hasta que tu mano toca
el primer árbol
crees que ha llegado el momento
de comenzar a pensar el poema
pero él se te muestra ya a medio hacer
(la tumba que has venido a cavar
busca alrededor su pedazo de tierra)
el poema
se ha estado pensando
desde el instante en que elegiste
el lugar del bosque
ahora se muestra impaciente
busca el camino hacia el sentido
cobra forma y su voz retumba clara
como un grito en una sala de disección
dice
un padre es un padre
y tú asientes
y dices
sí este poema es sobre un padre
sí ese poema es sobre una tumba
donde enterrar el cuerpo de un padre
y mientras pronuncias la frase
brota un padre en cada árbol que miras
y se abraza al tronco
y tú puedes alargar la mano
y tocarlo
(por poco que intervengas
la tumba se cavará en el lugar adecuado
y en el tono adecuado)
el padre se desvanece
como un muñeco de nieve
el poema tirita de frío
es un paciente sedado
en un quirófano
que repite en voz alta
un padre es un padre
un padre es un padre
y su voz mece a una hija
que escribe un poema que es una tumba en un bosque
sincronizas tu voz
con el poema y dices
un padre que abraza a un árbol es un padre
un padre que se derrite como la nieve mientras abraza
a un árbol es un padre
un padre que escarba la tierra como un ciervo es un padre
Y comprendes
que no es el padre ni la nieve ni el ciervo
quien acude al poema
que es el poema mismo
quien decide
Cuándo el padre desaparece
Cuándo la nieve se derrite
o si el ciervo asoma
que es el poema mismo el que hace
que las astas atraviesen los nombres
o que tan solo claven su punta en la vocal
de algún pronombre que agoniza
(no hay ni lugar ni tono adecuado
y la tumba se cava a sí misma en el único lugar posible)
como si quisieras demostrar que confías
en lo que el poema sugiere
te preparas por si el ciervo regresa
a patear las consonantes que cubren
la piedra y el musgo de la desmemoria
el poema encuentra su coherencia
y tú entras en este mismo verso
a hurtadillas
deslizas en la mano de esa hija
siempre extraviada en el bosque
el puñado de tierra que llevas contigo a todas partes
y escuchas cómo lo arroja
sobre el cuerpo del padre y murmura
este poema es una tumba
este poema es una tumba
este poema es una tumba

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