ARREBATOS ALÍRICOS

Me fui sobreviviendo como pude

(José Luis Piquero)


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sábado, 26 de octubre de 2024

Algunos poemas de PROXONETO de VÍCTOR MARTÍN IGLESIAS


Is it human to adore life?
Adore, Savages


Me tientan o me impulsan solo acaso
las ganas de marchar sobre el abismo,
un ímpetu de hablar conmigo mismo,
anhelos de explicarme mi fracaso.

Por no saber llevar el propio paso
anduve y andaré siempre yo solo,
buscando sacrificios con que Apolo
bendiga con sus dones este caso.

Apollo citaredo malherido,
dañado en las muñecas y en el torso:
un profeta que sangra por el dorso

de unas manos que el tiempo ha carcomido,
un Apolo borracho en la moqueta
de un ladrón, un camello, un proxeneta.


TODO MODO
No seas como yo, evita todo
aquello que te inspire o te recuerde
a mí, a mi persona, viejo verde,
mi nombre, mi heterónimo, mi apodo.

Desecha mis consejos de beodo,
la Historia nunca fue para el que pierde;
vivir es una araña que me muerde
y el fin es siempre igual de cualquier modo.

Contemplas, examinas o meditas,
dispones el espíritu: no importa,
no importa si te callas o si gritas.

Es el sendero, aquello que transporta
(los cuerpos con sus gozos y sus cuitas),
la única certeza que me exhorta.

¿PARA QUÉ?
Creíste conferencia y es tabarra
la voz de tu discursos escolares,
el lento acumularse de lugares
comunes sobre Lope o sobre Larra.

Pasaste del pupitre a la pizarra,
a lomos de sintaxis y juglares;
leyendo aquellas fábulas vulgares,
cambiaste por hormiga a la cigarra.

Se piensa que tal vez no lo esperabas,
se observa cómo asciende en tu mejilla
el lento deslizarse de una duda.

Huyó lo que con ímpetu buscabas:
cualquiera que conozca la sencilla
respuesta a esa pregunta que te anuda.


Enciendo mi portátil y detecto
si está el cacharro hoy para poemas,
si haré con sus circuitos los lexemas
que expliquen lo que soy en mi dialecto.

Apenas siento el ruido y ya proyecto
los versos desechados, los problemas,
la esquiva inspiración que esconde gemas
si da por coincidir y me conecto.

Las teclas, o bien tiran de mis dedos,
o bien se apartan solas con desprecio:
a veces me parece un videojuego

el juego de intentar purgar mis miedos
y hallar quien los edite y ponga precio,
ayúdame, ¡oh!, Windows, te lo ruego.


Pasamos más de un tercio de la vida
dormidos, casi un lustro caminando;
cinco años discutiendo por el mando
y cuatro que se irán con la bebida.

De dos recordarás solo la herida
y tres los tirarás maleducando
(la clave ha sido siempre escoger bando)
tus ansias infundadas de subida.

Peores estos años que he vagado
perdido en los acentos, santo y seña,
consigna que da entrada a este recinto.

Océanos de tiempo malgastado
y ni un triste soneto nos enseña
a huir, Dédalo cruel, del Laberinto.


Promesa de una noche que no acaba,
mi cuerpo tiene hechuras de fracaso,
el firme desaliento de un ocaso,
ambiente de pirámide o mastaba.

Creí tener la esencia pero erraba,
soy líquido privado de su vaso.
A sílabas contadas rompo el paso,
así le robo al tiempo su rebaba.

No esperen por mi parte explicaciones:
si acaba esta aventura en los juzgados,
aplíquenme atenuante de arrebato.

Intenté conjurar contradicciones,
limar este librito por sus lados,
la vida se me fue, queda el relato.



Crecí, como sabéis, en democracia,
en tiempos de bonanza y Olimpiada,
en aras de una audiencia atrincherada
en redes que maquillan su desgracia.
 
Con próceres que viven de la audacia
de alzarse en asesores de la nada,
de hacer lo que les mande la bancada,
de enterrar su desfalco en burocracia.

Cuánto más vas a hablarle a una pantalla,
qué nueva esperarás que te levante,
qué imagen sacará de su letargo

al tipo que ahora lee y que luego calla,
la dócil ciudadana, la viandante,
armados con sus voces sin embargo.


Conviene no entregar a funcionarios
el alma cada cuatro largos años,
no cabe nuestra vida en los escaños
que ocupan leguleyos y sicarios.

Conviene que ni jueces ni notarios
nos vendan por justicia sus apaños;
conviene que asustado del rebaño
la víctima le exija al victimario.

Conviene que salgamos a la puerta
a escuchar nuestra voz entre las voces,
a fundir nuestro cuerpo con los otros.

Conviene que sigamos en alerta
y firmes, decididos y feroces
sumemos cada yo en un nosotros.


Hace falta esconder en la garganta
los restos fermentados de un gusano,
empeños concluyentes de tirano,
designios de cruzado en Guerra Santa.

Qué se pudre debajo de su manta,
qué ejemplo los conduce, qué malsano
rencor los esclaviza. Ciudadano:
qué prueba necesitas, rabia cuánta.

En traje de salón los potentados
construyen un relato a su medida,
despiezan tu futuro en los mercados.

Sugiero un nuevo punto de partida:
tomad sus parlamentos y senados,
no toda la esperanza está perdida.


Si venden libertad por qué se ocultan,
por qué secretos cónclaves, reuniones,
qué dádivas, qué óbolos, qué dones
los alzan, los sancionan, los facultan.

Qué medios los eximen, los indultan,
qué esconden sobre quién y en qué cajones.
Soldados de los sórdidos salones,
qué sacan a la luz y qué sepultan.

Si cedes tu razón por olimpiadas,
ninguno supondrá lo que barruntas,
humano reducido a papeleta.

Disuélvanlos, envíen las brigadas,
no admite este jurado más preguntas:
entréguense al mercado, el resto es ETA.

PROXONETO.
Víctor Martín Iglesias.
Ediciones Liliputienses, 2024

martes, 28 de mayo de 2019

REST IN PLASTIC (AZAHARA PALOMEQUE)

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Como ya he contado en alguna ocasión, DIÁSPORA: Antología de poetas extremeños en el "exilio" surge tras un primer intento (abortado) de Víctor Martín Iglesias para la Universidad de Vilanova (Filadelfia). Por eso, resultó un cierre magnífico que, a punto de terminar de recopilar la poesía de grandes autores para la edición liliputiense, Paco Najarro, uno de los poetas seleccionados y, sin embargo, amigo, me pusiera sobre la pista de Azahara Palomeque, soberbia poeta extremeña expatriada hace tiempo en la cuna de Rocky Balboa.
Desde entonces he ido haciéndome con sus libros y leyéndolos con tremendo interés y disfrute, gozando como una perra con su potente lírica desarraigada. 
Antes de dejarles con una breve selección personal de sus poemas, me van a permitir que aproveche el preciso y precioso prólogo de Alberto López Martín a su último libro, REST IN PLASTIC, para definir con más acierto su obra:
(...) Rest in Plastic es en parte escenificación de los postulados del filósofo Byung Chul Han, de quien la poeta es cuidadosa lectora, y cuya visión del estado actual de las cosas sin duda se deja sentir en el poemario. Así, los cuerpos de los sujetos del rendimiento se extenúan y consumen, indistintos y aislados bajo la mirada de la voz, azuzando nostalgias palpables en la dolorosa viveza de versos como “Aún no hemos pagado el reino de estos muertos”. Sirven a la autora para configurar una subjetividad doliente que, sin embargo, se conjura contra ese cansancio sin habla precisamente por la vía de testimoniar su deriva y la de su tiempo.
Acaso uno de sus recursos más llamativos sea el empleo de una semántica del excedente y su procesamiento: canalizadores de todo tipo de residuos se suceden en el texto, como drenajes, alcantarillado o vertederos. Aplicándose indistintamente a lo orgánico (humano y másque-humano) e inorgánico, dichos canalizadores perfilan a través del libro una analogía entre los flujos migratorios y la gestión de desechos que cobra enorme relevancia a tenor del viraje xenófobo en la escena política reciente.
Más allá de la metáfora está la continuidad e incuestionable causalidad de los fenómenos, el calentamiento global como agente de primera magnitud en el inminente desplazamiento de millones y la ruina de ecosistemas enteros. (...)
Finalmente, conviene no ignorar que el plástico acarrea semas de inautenticidad y artificialidad, y que estos resuenan en pasajes donde la autora reflexiona sobre las relaciones y vínculos humanos en la coyuntura actual. Rest in Plastic contiene una crítica a la vacuidad y desconexión afectivas asociadas al país de acogida, otro tema recurrente en la poesía de la autora, manifiesto en composiciones como “Road trip” y su sentencia “Las autopistas son el decoro de los vientres anónimos”. Por su parte, el nerudiano “Residencia en el cieno” parece rememorar la adaptación a una nueva vida y la paulatina (y casi simultánea) interiorización del desencanto con esta, en versos que rezan “manoplas en descomposición / me descubren América”.
Cuando, buscando consuelo, la voz vuelve la mirada al olivo cordobés y al añorado sur, estos recuerdos se presentan cargados de una nostalgia seguramente deformadora; de hecho, la voz parece deshacerlos al tratar de asirlos: “me dejo contemplar las fotos, soñarme / en la calentura de
los patios / más vieja, / más creo en la ceniza.”. En definitiva, el pasado en Rest in Plastic es elusivo y ofrece escaso conforte, pero no por ello resulta menos necesario, aunque solo sea porque facilita una trayectoria cronológica que contraponer al estatismo expansivo de la muerte. (...)
Quizá el principal rayo de esperanza en este lúcido viaje al fin de la noche sea el hecho de que, plástico aparte, la rueda no se detiene; la carroña abonará puntual el campo para la nueva simiente, del mismo modo que el ripio servirá para afianzar otras estructuras con sus saludables impurezas. Como la poeta bien sabe, no hay mucho más consuelo que contar para vivirlo.
Alberto López Martín

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ESQUIRLAS
I
Hay una encía de mapa que aún no alcanza
la noche ni los soplidos.
Somos años en la búsqueda,
con el vello crepuscular aún naciente
pedimos
la parte tierna
que dolemos, la boca
enrejada depende
de la voluntad de otro.

ROAD TRIP
Qué fácil es mentir por las autopistas, restañar
las cicatrices,
mordernos los cuerpos cuando deseamos una última
copa: el más tenue
cristal de las articulaciones.
Todo lo que engañamos,
la cubierta poderosa del vidrio, la raíz
no nacida.
Las autopistas son el decoro de los vientres anónimos.

TIEMPO SIN SILENCIO
Cierra los ojos,
ve al puente
de los Atlánticos huérfanos, camina, erguida,
las amapolas de su vientre.
El calor entra por las protuberancias, se hace hez
cada cuánto minuto,
transformado,
cada instante de arruga cabal.
Olvida
que el ripio trajo consigo la mano
y la mano un espíritu.
Baila con él
esta noche de faroles,
esta cabalgata de huesos.

LA ARCADA
No hay otra forma de amar
ni los tapices han aprendido a arrodillarse mejor
que en esta náusea,
adicta presencia en los tejidos al polvo.
Me llamas y me tacho.
Me llamas y vuelvo a ser
el otro lado invisible
de lo carente.

RESIDENCIA EN EL CIENO
Ya casi
no se siente. Llueve a pedazos, se recoge
en el reloj templado de la madrugada, tres minutos
apenas es lo que tarda la criatura herida
en subir la escalera, menos
si va rodando. Casi
no pertenece si aprendo a dominar la presencia, ser fría
tras la máquina, hacer los gestos oportunos y asentir
bajo los techos. Ya casi
no desgasta, existe en la sima pero, desde la tos, parece un
pájaro
desnudo, exilio que se habitúa,
manoplas en descomposición
me descubren América.

LA RED
Nos asalta la red.
Hay escaleras de incendios en cada angostura de mis
poros, madres
en la madera, madres
como lombrices tejiéndonos crisálidas. Todo
lo que toco ha sido ya ajado y sabiamente protegido.
Tus ojos terreros. La máquina gástrica
de nuestros pensamientos, el viaje lento a la cocina.
Caminamos
y sabemos que podríamos morir, que el cuerpo
es una báscula de escombros
y las corrientes siempre van hacia atrás, adonde el rojo
las mande. Pero estas pancartas
con las que cubrir ataúdes nos surten de lluvia.
Nadie cree
hoy en los dioses, pero los dioses
colectan masa de nuestros tobillos, continúan su juego
en los raíles oxidados del tiempo.

SUICIDIO IMPERFECTO
Es plástico
nuestro último órgano, lápiz
con que se dibuja
una ventana: salto mortal
de los amantes.

Todo cuanto se quiere
o se destruye ha de pasar
por cuévanos de aceite finito, materia
cancerígena de la luz:

ella, cualquiera,

poderosas hebras construyendo
el calor vertedero, puente
del sudor vencido
al sudor en tuberías sin nombre,
segundo piso
en el múltiple epitafio nuclear,
nuestro cuerpo de eco.

miércoles, 13 de marzo de 2019

DIÁSPORA: Antología de poetas extremeños en el "exilio"


Gracias a la generosidad de la revista Oculta, en este enlace se puede leer completo el prólogo de Diáspora: poetas extremeños en el "exilio", una antología de autores nacidos en Extremadura pero que actualmente residen y publican lejos del que un día fue su hogar.

Aunque en la magnífica portada vaya impreso mi nombre, en realidad el esfuerzo por recoger esta lírica dispersa es un proyecto colectivo que debe mucho, primero, a Víctor Martín Iglesias y, después, sobre todo, a José María Cumbreño y Álvaro Valverde, sin cuya colaboración seguro se habría producido un descarrilamiento o un descalabro.

Por tanto, se trata de un homenaje, en particular, a estas figuras y, en general, a todos aquellos que contribuyeron a hacer del erial cultural que era Extremadura un páramo habitable donde pudieran germinar autores a quienes tanto debemos.

En total, Diáspora agrupa a 20 autores de diferentes estilos y generaciones (la media de edad es de 37 años) que, aparte de un origen común, no comparten mucho más que su actual condición de exiliados y su constante calidad poética. Son, en estricto orden cronológico, los siguientes:

1-FELIPE NÚÑEZ (Plasencia 1955)
2-ISLA CORREYERO (Miajadas, 1957):
3-JESÚS MARÍA GARCÍA CALDERÓN (Badajoz, 1959)
4-DIEGO DONCEL (Malpartida de Cáceres, 1964)
5-ADA SALAS (Cáceres, 1965)
6-ANTONIO MENDEZ RUBIO (Fuente del Arco, 1967)
7-JOSÉ ANTONIO LLERA (Badajoz, 1971)
8-ELENA GARCÍA DE PAREDES (Don Benito, 1976)
9-MARIO LOURTAU (Cáceres, 1976)
10-DAVID ELOY (Cáceres, 1976)
11-ÁLEX CHICO (Plasencia, 1980)
12-FERNANDO DE LAS HERAS (Badajoz, 1981)
13-FERNANDO P. FERNÁNDEZ (Cáceres, 1984)
14-VÍCTOR MARTÍN IGLESIAS (Plasencia, 1985)
15-FRANCISCO FUENTES (Plasencia, 1985)
16-IRENE ALBERT CEBRIÁ (Cáceres, 1986)
17-AZAHARA PALOMEQUE (El sur, 1987)
18-FRANCISCO NAJARRO (Zafra, 1987)
19-XAVIER ROSSELL (Badajoz, 1990)
20-FRANCISCO JOSÉ CHAMORRO (Fregenal de la Sierra, 1993).

Supongo que ya conocerán a muchos pero me atrevo a asegurar que se alegrarán de leer a todos y cada uno de ellos.
Además, el libro cuenta con un prólogo, cuya autoría me veo obligado a reconocer y, afortunadamente, un epílogo de Álvaro Valverde tan irreprochable que acaba dando sentido a todo, por difícil que pueda parecer.

En ella se quejaba de que tantos escritores extremeños, en su opinión, de talento, se vieran empujados a marcharse fuera de la región. Aunque, como demuestra esta respuesta de Álex Chico, todo es matizable, sí parecía repetirse un mismo patrón en la nómina de autores jóvenes que interesaban a Cumbreño en ese lejano 2012. Con una salvedad:
El único que, de momento, resiste aquí es Víctor Peña. Aunque, con lo de la reducción de profesores en la enseñanza pública, me consta que también está tratando de buscarse las habichuelas fuera.
Efectivamente, ya había trabajado lejos de Extremadura (fui profesor en un instituto de Casablanca) y pronto volvería a irme. En junio de 2014, poco después de que naciera mi primera sobrina y el Atleti ganara su última Liga y perdiera su primera Champions sobre la bocina, me marché a vivir a Sevilla.
Actualmente malvivo lo mejor que puedo en la frontera entre Almería y Murcia, desde donde he culminado este trabajo poniendo a prueba la paciencia sin límites de Cumbreño y del resto de participantes. Vaya desde aquí una disculpa, de nuevo, con retraso.

Parte del retraso se ha debido a que, una vez emprendida la diáspora, decidimos cambiar de rumbo o enfoque y ampliar el límite de edad para poder dar cabida a algunos poetas indispensables que, además de mejorar el nivel de una selección ya irreprochable, probaban la continua condición errante de los poetas extremeños que ahora merecen encontrar un hogar en vuestra biblioteca.
Víctor Peña Dacosta.
Águilas, marzo de 2019.

jueves, 9 de noviembre de 2017

"Uno" (poema de Úrsula Rodríguez)

Ya he mencionado alguna vez en este blog la antología Piedra de toque: 15 poetas emergentes de Extremadura, seleccionada y editada por Daniel Casado. En cualquier caso, recordemos, por ejemplo, esta entrada en el blog de Simón Viola y repitamos mi agradecimiento por elegir "Carta abierta de lo que quedaba del Víctor Peña de 19 años al actual Víctor Peña antes de desaparecer para siempre".
Junto con Víctor Martín, Álex Chico, Francisco Fuentes o Urbano Pérez, otra de las autoras seleccionas era Úrsula Rodríguez, quien, amablemente, nos ha cedido este poema y esta foto para aparecer en Arrebatos Alíricos. Muchas gracias también ella.



Uno

Mi voz no clama en el desierto.

El silencio reverbera,
repite ecos
que son vacíos
que están llenos
de mí.

Me espero al otro lado
de la ausencia.
Aguardo la luz
y la sombra
en el umbral del verbo.

Abro la boca que devora
la eternidad del segundo
en el que respiro
la luz
en la que me encuentro.

Soy un latido perdido del
universo.
Reflejo de ti.

Hablo del otro que somos
y soplo.
Me cre-e-a-s
Te creo.

jueves, 5 de octubre de 2017

"Para qué sirve Jorge Barco"

Resultado de imagen de POEMAS JORGE BARCO INGELMO

Uno de los libros de poesía que más he disfrutado últimamente es Ritmo latino, de Jorge Barco Ingelmo (recomendado, por cierto, por Víctor Martín Iglesias directamente y por Gonzalo Gragera en esta reseña en Oculta).
Hoy Jorge cumple 40 años, así que es una buena excusa para recordar este viejo poema suyo:

PARA QUÉ SIRVE JORGE BARCO

Jorge Barco inventó la penicilina.
Jorge Barco descubrió la Teoría de la Relatividad.
Llegó por primera vez a la luna en 1969.
Jorge Barco formuló que la fuerza de atracción entre dos
cuerpos es directamente proporcional al producto de
sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la
distancia que los separa, y los demás lo creyeron.
Jorge Barco escribió el Quijote y Arde el mar,
y Sepulcro en Tarquinia y Cuaderno de Nueva York.
Jorge Barco también escribió Platero y yo,
pero con pseudónimo.
La leche pasteurizada es de Jorge Barco.
La coca cola es de Jorge Barco.
Y la Poética de Aristóteles es una copia casi literal
de la que Jorge Barco escribió dos años antes.

Sin embargo Jorge Barco morirá.
No sabe cuándo.
Ya ves de qué sirve vivir en vida.


Jorge Barco Ingelmo
El rastro de mis lágrimas

martes, 6 de junio de 2017

Oda al amor efímero (Víctor Martín Iglesias featuring Tulsa)


XV
ODA AL AMOR EFÍMERO

¿Lo que más me gusta de ti?
Tu cerebro
"Zombie Love". Irene Albert.

Mi amor
es lo peor que podría sucederte
"Bella Durmiente". Miriam Reyes


Sé que dudas y has pensado
si es esto lo correcto, si son horas,
qué haces aquí
o dónde están tus amigas.

Convendría, sin embargo, pienso ahora,
valorar nuestro carácter extranjero,
celebrar nuestra recíproca extrañeza
ajena a faltas, contras y defectos.

Que no hay reproches que hacerse
y nuestros expedientes están limpios.

Disfrutar de la torpeza entre dos cuerpos que se ignoran,
liberados del fardo de una historia
común, en la que no hay conquistas,
pero tampoco censura ni quejas.

Gozar de lo que ofrece la ignorancia.

No saber, por ejemplo,
si odias la música que escucho,
el tipo de gente que frecuento
o mi proceder en el cuarto de baño.

Que no debo recordar caras ni fechas,
ponerle buena cara a tu familia
ni fingir, para evitarlos, compromisos.

Nadie va a quererte más de lo que yo te quiero
hasta que abran el metro
y vuelvas a casa, algo borracha,
algo cansada y algo feliz,
sospechando, como yo sospecho ahora,
que tal vez esta noche,
en aquel portal, de cuatro a seis,
viviste una vida, y eso me basta,
por la que merece la pena morir.

Suplicaréis clemencia,
Víctor Martín Iglesias
Ediciones de la Isla de Siltolá, 2015

sábado, 20 de mayo de 2017

Simón Viola escribe sobre la antología "Piedra de toque"


El crítico Manuel Simón Viola dedica esta entrada de su blog a la antología Piedra de toque y selecciona el poema "Carta abierta de lo que quedaba del Víctor Peña de 19 años al actual Víctor Peña antes de desaparecer para siempre".
Preparada por Daniel Casado (poeta trujillano autor de poemarios como El viento y las brasas, El proyector de sombras, Oscuro pez del fondo, Secretos que contar y La segunda mirada), Piedra de toque, que ahora publica la Editora Regional de Extremadura, es una antología de jóvenes poetas (todos ellos nacidos después de 1980) presentados en el texto introductorio por el prologuista como la poesía emergente de la región en la actualidad, un momento marcado no tanto por un cambio novedoso de referentes como por una transformación, esta sí radical, en la difusión de los textos, pues al contenedor tradicional de la poesía (el libro, del que esta antología es una buena muestra) se suman otros formatos, como blogs, performances, jams, sesiones de micrófono abierto…, que están alterando por completo, y de modo especial en el caso del género lírico, la relación entre escritor y lector, hasta el punto de que la poesía de este nuevo siglo -considera el prologuista- “encara así un nuevo reto: seguir siendo auténtica, singular e inolvidable en la época de la reproducción instantánea, el consumo masivo y el olvido inmediato”.
   En la selección participan poetas como Álex Chico, Urbano Pérez Sánchez, Fernando de las Heras, Ángela Sayago Martínez, Úrsula Rodríguez, David Yáñez, Fernando Pérez Fernández, Julián Portillo, Francisco Fuentes, Víctor Martín Iglesias, Víctor Peña Dacosta, Ángela Cayero, Francisco Naranjo Lanchazo, Antonio Rivero Machina y Patricia Amigo. Reproducimos una composición de Víctor Peña Dacosta, autor de los poemarios La huida hacia adelante (La Isla de Siltolá, 2014) y Diario de un puretas recién casado (Liliputienses, 2016).

lunes, 19 de diciembre de 2016

Presentación de "SUPLICARÉIS CLEMENCIA" de Víctor Martín Iglesias


XI
El interés general, el bien común, la sociedad.
La mayoría absoluta, la simple y la cualificada.
Lo que la soberanía popular decida
me resulta por completo indiferente.
El precio por el que vendería
mi alma al diablo
baja
con cada línea que escribo.

Buenas noches a todos: bienvenidos a la jornada de irreflexión.

Aunque, si me permiten, he de comenzar confesándoles que, realmente, es una lástima que esta presentación tenga lugar hoy, 19 de diciembre de 2015, jornada de reflexión electoral. No solo porque ni Víctor ni muchísimo menos yo mismo hemos destacado jamás por nuestra capacidad de pensamiento, sino también porque, por ejemplo, el 21, muy probablemente según todas las encuestas, existirán más motivos para Suplicar clemencia.

Sí que se podría señalar que hace exactamente un año salieron publicados dos libros de autores pertenecientes a lo que se vino en llamar la Plaga lírica placentina: uno de Álex Chico y otro de otro autor no tan cono…cido de cuyo nombre no quiero (ni puedo) acordarme.

Sin embargo, resulta mucho mejor recordar que, día arriba, día abajo, se cumplen 5 años desde la presentación placentina de Cómo hemos llegado a esto, uno de los pocos libros que resisten la comparación con Suplicaréis clemencia y que, casualmente, resulta ser del mismo autor.

5 años. 5 largos años. A simple vista, alguien que no conozca al autor puede pensar que es demasiado tiempo para publicar una segunda parte de 84 páginas y tendrá la sospecha de que puede haber estado vagueando.
Sin embargo, aquellos que conocemos a Víctor podemos estar seguros de que sí: ha estado, como poco, entretenido.

Pero como no es cuestión de sacar trapos sucios, al menos por el momento… Y es que si la comparación la hiciera no un desconocido ni un amigo con información privilegiada, sino un lector objetivo (mi animal mitológico preferido) llegaría a la conclusión de que 5 años es el tiempo mínimo para conseguir un libro tan redondo como este.

No hay texto alternativo automático disponible.

Y es que de este libro, muy probablemente, se seguirá hablando, por ejemplo, día arriba o día abajo, el 19 o incluso el 20 de diciembre de 2030.

Centrándonos ya en lo que nos importa, lo que nos cuenta Víctor en este libro sería, si la palabra de un poeta valiera algo (spoiler: NO), lo que ha vivido desde la publicación del anterior. Es decir, su regreso de Estados Unidos (donde había publicado su primera criaturita), el conocimiento de la precariedad laboral española, su abandono de y regreso a la docencia, su establecimiento en Madrid, el intento (exitoso) de abrirse hueco en un par de revistas online, asistir a una o dos docenas de millares de conciertos.

Lógicamente, en el poemario encontramos bastante del Víctor Martín que nos presentara Ediciones Casavaria y nos refrescara Ediciones Liliputienses pero, además, Suplicaréis clemencia relata, sin piedad, con muchísimo más detalle y, sobre todo, muchísima más fuerza y acierto, el párrafo que les acabo de soltar hace un momento y muchas otras cosas que son difíciles de resumir o de explicar sin dejarse la garganta o las tripas en el intento.

Por tanto, si en Cómo hemos llegado a esto encontrábamos (ya se dijo, ya se escribió) una voz sorprendentemente madura para los 25 años que tenía nuestro protagonista en el momento de su publicación, ahora nos topamos con una voz aún más sabia, más grave, más experta, mejor. Incluso.


Hace un momento he usado un término acuñado por Álvaro Valverde, alguien que conoce bien la obra de Víctor, pues prologó la reedición de su anterior libro (y supongo que sería un buen candidato para prologar o epilogar la reedición, que llegará, de este). Eso me da pie, además de para hacerle la pelota, para fusilar parte de su reseña:

“Partidario de cantar, el ritmo, veloz, evoca una música concreta; canciones desgarradas que, paradójicamente, están llenas de pasión y de vida. Al fondo, el peso y el paso de los años, ese llegar a ser  lo que no o sí queríamos.”
Pero esta reseña muchos ya la habrán leído y, los que no, la tienen en el blog de Álvaro. Es muy completa, como siempre, tanto que,  como poco más se puede decir del libro, yo voy a centrarme en las citas iniciales, que creo que sintetizan las 2 fuerzas que vertebran el libro.

La primera, Ricardo Lezón, dice: “Sabía lo que no quería ser, pero nunca pensé que costara tanto”.

Anticipa, creo, una construcción del yo en la voluntad de no-ser, es decir, de renuncia a la sociedad, en parte por principios y en parte por la lógica que conlleva vivir, tener más o menos conciencia y no estar absolutamente ciego.

En cualquier caso, nos anuncia (atención, spoiler) que la crítica social será aguda, despiadada y constante.

Pensarán entonces que el libro está condenado a un constante tono agrio, destinado a repartir estopa contra el mundo que nos rodea y, de paso, a regodearse en el autofustigamiento masoquista. 

Y así sería y el libro sería muy bueno, muy duro y, sin duda, interesante pero, a la larga, repetitivo y quizás, al cabo, aburrido, de no ser porque la cita “Sabía lo que no quería ser, pero nunca pensé que costara tanto”… no acaba en manifiesto, puño en alto ni cóctel molótov, sino en una ironía que no esconde una claudicación tan inteligente y deshonrosa como acaban siendo todas. 

Y es que este es un poemario sobre la rebeldía condenada al fracaso o, lo que es lo mismo, sobre ese proceso tan terrible vivido desde dentro y tan patético visto desde fuera de dejar de ser joven sin madurar en el intento.

Pero, como todos ustedes saben o irán aprendiendo, los fracasos solo se pueden sobrellevar bajo tres premisas: con dinero, con alcohol o con humor. 

Por eso, la segunda cita es todavía más esclarecedora, ya que advierte de cuál será la otra fuerza que impedirá a Víctor caer en la indigencia, el terrorismo o el punk: es decir, la capacidad de reírse de todo y, especialmente, de sí mismo.

En la segunda cita, apoyándose en Samuel Beckett, nos recuerda que “Cuando uno está con la mierda hasta el cuello, ya solo le queda cantar” y nos advierte que, aunque desesperado y cruel el humor va a estar presente a lo largo de todo el poemario haciéndolo más variado, entretenido y, curiosamente, consiguiendo que el tono agrio que va y viene sea aun más efectivo. Si cabe.

Así, el primer poema es una andanada brutal contra un vosotros que en realidad somos todos, pero muy especialmente el yo que lo fustiga:

Debo confesar que me impresiona
vuestra capacidad para ir tirando,
capear el temporal y ser felices
con cuatro extremidades, cinco sentidos,
y aguantar ochenta y dos años de media.

Admito que quisiera tener vuestra solvencia
para coger el aire y expulsarlo
sin apenas daros cuenta,
y ese discurrir fluido y calmo
entre las cuatro estaciones de siempre.
(…)
Con toda la humildad que me permite
el asco que me dais, quiero saber, de una vez,
cómo lo hacéis vosotros para no moriros de pena.

Sin embargo, enseguida encontramos entonces un tono muy distinto, aparentemente amable, que parece aconsejar con, casi se diría cariño, un tan sencillo como imposible manual de antiayuda:

Busca el vacío legal en las leyes.
Son, nada más son, te lo aseguro,
el relato de sus taras y prejuicios,
(…)
Más allá de la música no hay nada,
es mejor que lo sepas cuanto antes.
Este mundo es triste y duele,
recomiendo subir bien el volumen.
(…)
En fin, que solo puedo darte, amigo mío,
la receta de un antídoto inservible
que en algunas ocasiones me sirvió:
ríe como un cerdo, ama como un loco.


Creo que en estos fragmentos se pueden observar bien las dos fuerzas de las que quehablaba, con un humor antisocial y amargo que resulta tan irónico y generacional como divertido y terrible.

Y considero que las dos citas que les comentaba resumen bien la esencia de lo que se van a encontrar en poemas que espero que lea como “Víctor Martín: Instrucciones de uso”, “El tapicero, señora” o en su identificación con la estética de los fracasos pop que despliega en el poema XXVI y que culmina irreprochablemente con los versos que siguen:
(...) 
El accésit en el concurso de la vida.
El que cancela una vez hecha la reserva. 
El saltador que duda encaramado al trampolín. 

Soy el programa que no responde, 
eternamente dividido 
entre seguir esperando 
o cerrarse definitivamente.

Además, en la parte final Víctor incluye unos bonustracks destinados, como mandan los cánones, a los fans. Pero, como se habrán dado cuenta, es difícil, si no imposible, no haberse convertido en fan a estas alturas.

Ya concluyo.



Para terminar, solo voy a pedirles dos cosas: la primera es que recuerden y lloren. 

Que recuerden el patetismo, las miserias diarias, las derrotas humillantes, los pactos cobardes con la rutina y el enemigo. 
Que recuerden su papel de partypoppers, que no olviden tampoco su papelón de cómplices con una sociedad injusta a la que posiblemente no podrían detener pero que, sin duda, les necesita para seguir aumentando la desigualdad, la mediocridad y la mentira.
Recuerden el alcohol, el fracaso y, valga la redundancia, la poesía.

Recuerden. No olviden.

La segunda cosa que les voy a pedir es que recuerden y sonrían. Que recuerden la ironía, el humor desesperado y divertidísimo, los chistes que no tienen ninguna gracia en el fondo pero sí muchísima en la superficie. 
Que recuerden a Samuel Beckett, Ricardo Lezón, Irene Albert, Anatoli Karpov y las odas alamor efímero.

Recuerden y sonrían, porque suplicarán clemencia.

jueves, 29 de septiembre de 2016

5 años de Arrebatos Alíricos (y lo que te rondaré, morena)

Hoy se cumple un lustro desde que publiqué la primera entrada en este blog, que ya era una declaración de intenciones o, más bien, de afinidades literarias. Sin embargo, resulta algo inexacto deducir que llevo 5 años manteniendo Arrebatos Alíricos porque, como su mismo nombre indica, han tenido una vida en su mayor parte disipada, inconstante y, me temo, discreta.

En los últimos dos años, en cambio, el innegable aumento en la cantidad de las entradas y, aunque esté mal que lo diga yo, la plausible mejora en la calidad de los textos, ha producido un evidente aumento de lectores, especialmente notable en los últimos doce meses: gracias a todos por la atención y la paciencia.



Por eso, celebro el falso aniversario trayendo algunas de las entradas que han merecido más atención de los internautas o de las que, por diferentes motivos, recuerdo con más orgullo o cariño.

Seguiremos, si les parece, leyéndonos por aquí.



Recopilación de reseñas en distintos medios y blogs sobre La huida hacia delante

Ir hacia lo desconocido es la única forma respetable de vivir (prólogo completo a ¿Por qué hay un plato que gira dentro del microondas?, de Manuel del Barrio Donaire, escrito junto a Víctor Martín Iglesias)

"Pido la paz y un par de cañas" (poema homenaje a Blas de Otero y J.M. Aznar publicado en la revista Estación Poesía de Antonio Rivero Taravillo)


Reseña sobre Este es el momento exacto en que el tiempo empieza a correr, de Ana Llurba

El arte de la indignación: 5 años del 15-M

Discípulas de Coatlicue de María López Ponz en La Tribu de Frida

Zizek y la nueva lucha de clases (los refugiados y el terror)


Reseña de Más allá, Tánger de San Álvaro Valverde

Aparición de La huida hacia delante en el artículo "Del ADN al DNI: Cinco pistas sobre la última poesía española", en el suplemento Babelia de El País.

Bailando de mierda hasta el cuello: Reseña de Suplicaréis clemencia de Víctor Martín Iglesias


Quizá nada nos une excepto el fútbol: reseña sobre En lo mudable de Antonio Agredano

Prólogo completo a Los hombres me han tratado bien, de Myriam Rubio

La huida hacia delante entre lo mejor de 2015


"Borrador de un poema" (larguísimo y soberbio poema del último libro de Juan Bonilla, Poemas pequeño-burgueses)

Reseña de La Fiera del no menos feroz Ben Clark

Reseña de Cicerone, de Juan Ramón Santos

El cuentista de César Martín Ortiz


La revista Oculta publica el primer capítulo de mi ensayo La Generación Simpson

La agonía de Francia (Manuel Chaves Nogales y yo)

Diario de un puretas recién casado entre las recomendaciones de Luis Bagué Quílez para la Feria del Libro de Madrid (en El País).

Conferencia sobre José María Fonollosa pronunciada en la Universidad de Vilanova en 2010 y posteriormente publicada como artículo en la revista Naufragios.


Lectura en el IES Carmen Laffón junto a Víctor Domínguez Calvo

Presentacion del libro de relatos Palabras menores, de Juan Ramón Santos

Bendita locura: Ediciones Liliputienses y La Puerta Tannhaüser de Plasencia

Santiago Castelo y la Soledad desierta

sábado, 10 de septiembre de 2016

Héctor Castilla, Víctor Martín Iglesias, Víctor Peña y, sobre todo, J.M. Fonollosa

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José María Fonollosa fue un poeta maldito, rescatado por Pere Gimferrer y Albert Pla y hoy por todos conocido y reivindicado, del que poco se puede añadir más allá de recordar que, todo lo que se diga de él, conviene hacerlo "a ser posible, de rodillas", como diría Roberto Bolaño.
Recientemente, se ha publicado por primera vez su mítico Ciudad del hombre (Edhasa) de forma íntegra, y el poeta Héctor Castilla, en su recomendabílisimo blog, hizo una selección fantástica que, entre otras cosas, supongo que más útiles, me alegró el verano y me recordó una vieja conferencia que defendí en la Universidad de Vilanova A MEDIADOS DE 2010 (cuando aún era joven y atractiva) y posteriormente publiqué en la revista Naufragios gracias a la generosidad de Víctor Martín Iglesias y a la de Carmela Tomé Cornejo, correctora profesional de casi todo lo que he publicado hasta el momento y, espero, correctora de cuanto publique en el futuro. 

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Así que esta burda excusa puede valer para reivindicar a Héctor Castilla y su blog, a Víctor Martín Iglesias (y la revista Naufragios) y, sobre todo, al bueno de J.M. Fonollosa. Como decía, a ser posible, de rodillas. Dejo a continuación ese pequeño ensayo que, algún día, debería retomar. O no:

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La posibilidad de hallazgo y el riesgo de extravío 
en Ciudad del hombre: New York de José María Fonollosa

1-El hallazgo

No a la transmigración en otra especie.
No a la post vida, ni en cielo ni en infierno.
No a que me absorba cualquier divinidad.

No a un más allá, ni aun siendo el paraíso
reservado a islamitas, con beldades
que un libro garantiza siempre vírgenes.

Porque esos son los juegos para ingenuos
en que mi agnosticismo nunca apuesta.
Mi envite es al no ser. A lo seguro.

Rechazo otro existir, tras consumida
mi ración de este guiso indigerible.
Otra vez, no. Una vez ya es demasiado. (Fonollosa 2006: 19)

Estas 87 palabras repartidas en 12 versos son, en cierto modo, las últimas de José María Fonollosa, ya que, según dicen, fueron encontradas junto a un esbozo de testamento en su mesa de trabajo tras su muerte. Y resulta difícil evitar el tópico de considerar este hallazgo, además de como una curiosa nota al pie de sus últimas voluntades, como un epílogo oportuno para una obra ambiciosa, rencorosa e ignorada, escrita durante seis décadas a espaldas de todos y de cara a casi todo, pero siempre consciente de su unidad y, por tanto, sabedora de necesitar un final. Porque José María Fonollosa, que debutó literariamente en 1945 a los 22 años con La sombra de tu luz, permaneció después más de 35, desde 1955 hasta 1990, sin publicar nada, puliendo de manera casi obsesiva los 97 poemas que configurarían Ciudad del hombre: New York y que sólo se decidió a editar 13 meses antes de su muerte. Espero que sepan perdonarme el exceso de cifras, pero tratándose de José María Fonollosa la meticulosidad es importante. Por tanto, no es tampoco gratuita la elección del epígrafe Ciudad del hombre: New York para agrupar una serie de versos donde nos habla de “esa materia donde anida el dolor: el Universo” (Fonollosa 2001: 131) sin mencionar ni una sola vez el nombre de la ciudad (exceptuando el título del primer poema) y solo una vez el del continente al que pertenece. Y esto es lo que vamos a intentar justificar en aproximadamente 2600 palabras que, por supuesto incluyen cinco que son inexcusables: gracias anticipadas por su paciencia.

2-“Nada bueno hay en ti: por eso te amo”

Este verso constituye íntegramente el primer poema del libro, titulado "Hello, New York" (Ibid.: 19) y sirve para introducir la relación ambivalente que se va a mantener con la ciudad a lo largo de los 96 poemas siguientes. New York supone para Fonollosa el símbolo de fin del viaje (“el camino está lleno de ciudades cuyo nombre he perdido”, [Ibid.: 41]) pero no del punto de encuentro: el poeta está solo y no ha venido para quedarse sino que ha venido para matar y dejarse morir según las reglas de nuestra sociedad: dinero, éxito, sexo, violencia, envidia y odio. New York es, por tanto, elegida como ciudad del hombre por contener todo el horror que puede albergar el mundo. Sanz de Villanueva calificó con gran acierto a Onetti como “urbanista de la ciudad del mal”. Fonollosa será un simple paseante de la ciudad del crimen que recorre el tablero de forma anárquica y desganada pero enfurecida, con un incesante y enfebrecido monólogo interior, sin aparente orden pero con indudable cohesión. Escribe Pere Gimferrer en el prólogo del libro que “los textos pueden leerse o bien como fragmentos de un diario íntimo o bien como breves monólogos autónomos de múltiples personajes distintos, cada uno con su propia opción moral” (ibíd.: 13). Con el debido respeto, no estoy de acuerdo: no existe la elección moral porque el poeta y sus heterónimos están sometidos a las reglas de la ciudad y todo el libro es un código basado en la trama criminal oculta en la metrópoli: el refugio de los don nadie, los fracasados y los canallas amparados en la masa, en el que cualquiera puede ser tanto un sicótico en potencia como la víctima azarosa de un psicópata impotente.
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3-La ciudad como soporte de la trama

Me siento a gusto aquí, en esta ciudad.
Estoy en plena selva. Un duro bosque
De cemento con cuevas de ladrillos
Donde seres mezquinos y cobardes
Se esconden con sus bienes más preciados. (ibíd.: 117)

La trama literaria surge, probablemente, cuando la apariencia no se corresponde con la realidad. Por consiguiente, donde más probabilidad hay del anonimato, tan necesario para el perpetuo crimen perfecto o, al menos, para la posible inmunidad transitoria. Y es que la ciudad está en el centro del conflicto existencial de nuestro tiempo, de la literatura contemporánea y, concretamente, de Ciudad del Hombre: New York de José María Fonollosa. 
Como asegura Francisco Joaquín Cortés García (2003: 161), “la ciudad moderna es un espacio nuevamente descubierto y conquistado por la trama literaria para la ideación poética. Hay una trama genuina en la ciudad moderna que no se puede dar en otros territorios”. O, dicho de otro modo, en la metrópoli moderna ya es posible el género policiaco que necesita de alguien que tenga a la masa como víctima y a la vez como refugio, y que debe ser individualizado y extirpado de ella.
Para ello, como bien precia Cortés García, es necesario encontrar la diferencia: un hombre distinto, el detective, que busca a su álter ego en la masa: héroe y asesino que, como bien sabemos, tienen en común la característica de estar condenados a la soledad excepto en el momento de enfrentarse el uno al otro.

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4-“No me reconocéis. Y sin embargo
soy uno de vosotros. Ese mismo”

Con toda ciudad existe esa relación de encantamiento y desencanto. De nuevo en palabras de Joaquín Cortés García:
El poeta contemporáneo es el arqueólogo urbano en busca de la diferencia, la ciudad le permite la búsqueda de sentidos espaciales. Es la paradoja de la ciudad contemporánea y la ideación literaria: el poeta busca espacios diferenciales y sutiles en espacios cada vez más homogéneos (porque la multitud se convierte en masa) y violentos. (ibíd.: 164).
Sin duda es ya un tópico literario el tema del regreso a la ciudad y el intento de ser o encontrarse a uno mismo, entre tanta gente, de camino al hogar. Por eso cada poema tiene el nombre de una calle: porque describe una peregrinación laberíntica que acaba por ser recurrente, pues, la ciudad, incluso la inmensa New York, es limitada. Por eso tenemos tantos poemas con el mismo nombre: el poeta vuelve a las mismas calles variando la intención, el significado, el sujeto lírico y su comportamiento. Porque ya no es el mismo poeta y porque ¿es posible acaso adentrarse dos veces en la misma calle? 
Y es que la multitud engulle, modifica y transforma todo. Sólo podremos reconocernos en la citada diferencia: lo diferente se presenta entonces al hombre moderno como un espacio de seducción o como una amenaza. Lo que nos conduce al siguiente punto:

5-La amenaza de deseo en el laberinto

La ciudad para el escritor es el escenario y entramado de su obra, y también el personaje que acompleja y complementa al protagonista: porque la ciudad es un laberinto y cada habitante una forma de extravío. New York, en cambio, es la ciudad del consumo, la ciudad donde se llega buscando el éxito y, por tanto, la ciudad con mayor número de fracasados conscientes de su mediocridad. Es entonces cuando dejamos de ser aquello que tenemos, para ser aquello que miramos a través de las vitrinas de los comercios: Cela dijo que su concepto de la masculinidad se resumía en que ni lloraba ni miraba escaparates. Fonollosa, en cambio, desarrolla su concepto de la posmodernidad al mirar los escaparates llorando:
No es fácil escapar de lo que es uno.A veces se consigue, por un tiempo,Con un libro. O el cine. O la bebida.Miro la cartelera de espectáculos (Fonollosa 2001: 46).
Pero, sobre todo, la reivindicación de la ciudad literaria es la reivindicación de la mujer, del encuentro y el desencuentro, de los apilamientos de objetos, cuerpos y edificios, del transeúnte y el desocupado, de la apropiación de la calle por el hombre que sale de la habitación de hotel, el hombre que sale a ganarse el pan, el hombre que sale a divertirse y el hombre que sale a buscar a su víctima o su amor, que tal vez sean la misma persona. Es decir, el hombre que alimenta la posibilidad de redención gracias a la casualidad:

6-La posibilidad del hallazgo
Cuando de algo me alejo más me acercoa ti, a quien aún no he hallado en mi camino (ibíd.: 119).
Ya para Baudelaire, la mujer, en el poema "A un paseante" es tratada como un ser único, singular, nacido de la masa en un “presente repentino”, y que luego desaparecerá, otra vez, en las multitudes. Resulta inevitable establecer el paralelismo con el siguiente poema de Fonollosa:

Pobre mucha hermosa que deprisa
Hacia mí vienes al cruzar la calle
Y pasas por mi lado, sin saber
Que yo soy la razón de tu existencia.

Ni siquiera me ves. Y te sonrío.

Admiro tu cabello, culo y piernas.
Estás buena. Te haría muy dichosa.
Pero tú te lo pierdes con tu prisa.
Pobre muchacha hermosa apresurada (ibíd.:94).

En palabras de Meter Elmore (PAZ SOLDÁN y Edmundo FAVERÓN PATRIAU (ed.) 2008: 259) “El motivo de búsqueda conjura tanto la posibilidad del hallazgo como el riesgo del extravío (…) impulsa una obra de índole fragmentaria y vocación proliferante”. Sin embargo, en Ciudad del hombre: New York el hallazgo conduce al extravío mental, el encuentro provoca el encontronazo y el amor la violencia y el abandono. No es posible ser felices en pareja:

Podemos elegir entre estar juntos
Y hacernos mutuamente desgraciados.

O separarnos ahora y ser también
Cada uno por su lado desgraciados (Fonollosa 2001:60).

Pero mucho menos sentido tiene prolongar el error de la existencia en otros:

Tener hijos es cosa de mediocres,
Ineptos sexualmente, analfabetos
Sexuales o de gente irresponsable.

O es un pobre y mezquino agarradero
Para dejar constancia de su paso
Por el tiempo en la vida. A través de otros.
La adopción de este medio deshonesto
Delata su estulticia y su ignorancia (ibíd.: 64).

El hombre que encuentra la diferencia en la masa no es capaz de integrarse en ella, está condenado a la soledad y asesina su reflejo antes de desintegrarse de nuevo. Es la teoría del cuchillo como nexo o el asesinato como forma de supervivencia:

Ella me dio el cuchillo y dijo: «Clávalo
en el segundo espacio intercostal». 
«¿Cuál es?», le pregunté. Se abrió la blusa
y señaló, risueña, un punto: «Aquí». 
(…)Sugerí: «¿Por qué no con barbitúricos?»
«Es lento», me objetó. «Ya lo he probado. 
Y el lavado de estómago es horrible.
Como un trauma mental, pero en lo físico» 
Sustituí su dedo por el mío
y apoyé allí el cuchillo suavemente. 
Y lo empujé de súbito. No fuera
que cambiara de idea si iba lento. (ibíd.: 61)

7- “Es a los que no matan a los que debieran entregar a los psiquiatras” 

Señaló Artaud “la vie c’est toujours la mort de quelqu’un”. Para el poeta francés, la crueldad suponía explorar hasta los últimos límites de la sensibilidad nerviosa, mientras que en Fonollosa, la metamorfosis constante de los personajes contribuye a moderar el efecto de la crueldad. El crimen, el asesinato por pura pereza, abulia, aburrimiento o un odio leve, absurdo, es constante en Ciudad del hombre. Escribe con gran acierto Pere Gimferrer: 
“Ciudad del hombre: New York tiene tres temas fundamentales: la vida urbana, la sexualidad y el crimen. (…) El delito pertenece a la zona de la relación entre el yo y el mundo visible; la agresión es aquí metáfora de la sed de conocimiento, y diríase que, ante la imposibilidad de romper el cerco o armazón del yo, de rebasar el coso o coto de la individuación, se recurre a la violencia (…) a modo de exorcismo o simulacro vano: ya que no nos es dado ser otro que quien somos ni conocer de verdad el ser ajeno, la vulneración hace las veces de espejismo de la fusión con otro ser, y con el ser universal; con el no-yo, si se quiere”. (ibíd.: 14-15)
Ahora sí, estoy completamente de acuerdo. Fonollosa resume de manera más directa:

Se mata por librarse de algún trauma.
Para así recobrar un equilibrio
Que estaba en gran peligro de perderse.
(…)
Quien mata, lo que mata es su complejo (ibíd.:100)

Además, el crimen es también la ensoñación del poeta fracasado y casi inédito, muerto de hambre y envidioso, que pasó 35 años escribiendo y rumiando su venganza, fantaseando con un éxito que nunca llegó y apenas se le insinuaría unos meses antes de su muerte.

Si en ti hay la aberración, rara e inútil,
De querer ser un hombre que trascienda,
No estudies ni te esfuerces. Simplemente 
Aprende a manejar una pistola (ibíd.:58)

Al final, el poeta ha de rendirse y llegar a la conclusión inapelable, ineludible, inevitable:

Si no puedes destruir a los demás
destrúyete a ti mismo. (ibíd.: 104)

Lo que nos conduce, también de manera irremediable, al último punto de nuestro artículo.

8-El riesgo de extravío: 

Y aquí, entre tanta gente, en la ciudad
Siente uno que no importa nada a nadie. (ibíd: 85)

La ciudad, más que un tema para la poesía, es, sobre todo, un problema. El poeta acaba definitivamente solo, abandonado hasta por sus víctimas:

Hay que huir de la gente. La familia 
Es la mano que aguanta la cabeza
Para que permanezca bajo el agua.

Y el amor es tan sólo una palabra
Que una mujer nos pone entre los brazos.
Al irse la mujer duele su nombre.

Estar aislado es grato para el alma.
Estar aislado es grato para el cuerpo.
Morir es sólo aislarse un poco más. (ibíd.: 110)

Sin embargo, este aislamiento es siempre dentro de la ciudad, un exilio interior pero que no permite la huida y por tanto, impide la felicidad. De esta manera debemos entender que es la propia ciudad y, por tanto, el no lugar, el laberinto, el habitáculo de la masa y el soporte de la trama el que dirige al poeta estas palabras cerca del final del libro:

Tú siempre has vuelto a mí. Volverás siempre.
Tus piernas te traerán siempre a mi lado,
Pues no hay más que mi nombre en tus sentidos. (ibíd: 111)

Obsérvese, por último, que en este cambio del sujeto lírico se mantiene el soporte de un endecasílabo blanco natural, con una aparente simplicidad en la línea fronteriza entre poesía y narración, pues de los mayores aciertos de Fonollosa, como espero que hayan podido notar en los fragmentos seleccionados pese a la torpeza del narrador es, como señaló Roberto Bolaño en 2666, escribir en todo momento: 
“Con palabras sencillas, como si estuvieras contando una historia en un bar y todos a tu alrededor fueran tus amigos y se murieran de ganas de escucharte” (Bolaño 2004: 359)

BIBLIOGRAFÍA

FONOLLOSA, José María (2001). Ciudad del hombre: New York. Barcelona: El Acantilado.

FONOLLOSA, José María.(2006) Ciudad del hombre: Barcelona. Barcelona: DVD Ediciones S.L.

PAZ SOLDÁN, Edmundo y FAVERÓN PATRIAU, Gustavo (ed.) (2008) Bolaño Salvaje. Barcelona: Editorial Candaya S.L.

CORTÉS GARCÍA Francisco Joaquín (2003) “La construcción del concepto de ciudad a partir de la ideación literaria”. Ciudades, arquitectura y espacio urbano Núm 3.

AUGÉ, Marc (1993) Los no lugares: espacios del anonimato: antropología sobre modernidad. Barcelona: Gedisa.

BOLAÑO, Roberto (2004). 2666. Barcelona: Anagrama