ARREBATOS ALÍRICOS

Me fui sobreviviendo como pude

(José Luis Piquero)


martes, 3 de marzo de 2020

MARIBEL A. LLAMERO: El bus de la España vacía (o todo lo que no es silencio acaba por ser aullido)

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CAMPOS DE TIERRA
Esto es Castilla,
                           mi cuerpo tan seco,
esta carne prieta y dura como alpaca,
levantada por leves lomas, colinas
modestas, algún apacible remanso.
Esto es Castilla,
los ojos oscuros color de barro,
la piel y las trenzas recias, pardas.

Vengo de la tierra del pan y del vino,
donde otros antes que yo
escondieron la cebada
que no saciaría su hambre ni su sed.
Soy nieta de emigrantes, carbón humano,
las entrañas unidas con alambre,
mujeres y hombres ceñidos de esparto
y entregados al delito del trabajo
manual. Ellos me levantaron el alma
con golpes de azada que aún retumban
en el amor áspero y tierno que me puebla
los surcos de las severas costillas.
En frágiles pasos de albarcas me han traído
para que un día yo soltara
las hoces de la siega, la esteva del arado
y cantara estos poemas;
me han colmado la boca de trigales,
me han confiado toda la luz,
la digna primavera de la maleza.

Soy de un hogar que se seca y se adhiere
como costra en los codos de la tez morena.
Soy de un hogar compacto hasta la grieta,
donde el roble solo sangra si lo partes.

Ay del agua oculta -dentro siempre dentro-
en nuestro pecho, quién oirá este canto
de labranza que cargo en las espaldas,
quién este ruido de savia entre los huesos.

Esto es Castilla,
y todos los árboles
que me brotan en hilera
señalan que debajo
fluye un río.

LA NIETA DEL MOLINERO
muele la tierra muele muele
muele el trigo molinero
muele pan
son sus manos morenas
pan pan pan
muelen
pan trigo pan
guarda la maquila o el dinero
de los que vienen de Gema Jambrina y Moraleja
a Casaseca
muele pan pan pan
muele
el hijo del molinero corre y juega
y me sueña dormido
entre sacos calientes
muele
ochava media ochava y fanega
solo muele por el día
si lo hiciera por la noche
la Guardia Civil
pam

muele muele muele muele
pan pan pan y pan
el trigo en la panera
la cebada en el costal
la piedra para el cuerpo
muele
salvado salvadilla
harina harinilla
muele

sonríe la tolva está lista
la piquera con grano
ya muele muelen
sus manos
Castilla
la tierra muele
el molino que no conocí
la espalda
el alma
Castilla
muele
muele la tierra
muele
a mi abuelo


ENCICLOPEDIA
Mi aldea en cambio solo existió una vez
en la televisión pública el día
en que la vuelta ciclista
pasó por ella y dejó —cometa Halley—
una estela en nuestra imaginación
y tres botellines.


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TERRITORIO Y FRAGILIDAD

Conozco un no-lugar
suspendido entre dos lugares.
Un espacio sin identidad igual a otros
donde el tiempo                        acecha fuera

sin atreverse a entrar
donde nada sucede
salvo la nada                  de la espera.
Es la inexistencia
de las coordenadas espaciales            la dimensión alucinada.
«Buen viaje» repiten mecanos sin deseo
vacío el lenguaje
al sellar el rostro de busto remoto
que ya no te pertenece.
«Buen retorno a la vida».
Puerta 146 y es cada una
igual a todas umbrales idénticos
de otros mundos —dónde estoy
se miran unos a otrosa dónde pertenezco
dónde            mi lugar—.
En el nuevo laberinto rizoma
los carteles señalan
                                      gritan
                                                   acusan:
Pasajeros en tránsito
en trance

y unos seres como pequeñas cobayas sufrientes
se revuelven inquietos en sus asientos
cegados por luces de colores
aturdidos por puertas corredizas
escaleras mecánicas
señales refulgentes
avisos sonoros
desesperados
por la incomodidad de no estar
en ninguna parte
por el dolor de vivir en la grieta
que separa quienes hemos sido
de quienes vamos a ser
en unas horas. Por la angustia
de no pertenecer      aún
a nada.
Ya no estoy aquí,
pero todavía no he llegado.

Sostenerse en esa coma
en esa ausencia
en la pausa de la oración
en el suspiro
en el instante de tomar aire
para recomenzar.
Vivir en el margen ficticio
a tientas tambaleándose
sobre el puente inestable      y aséptico
en tránsito
en tránsito
en tránsito
en tránsito

donde cada uno aguarda
su propio trasplante.

BRINDIS
Era un poblado sumido en un valle
en una tibia noche de verbena.
Eran ya noventa y dos los años
de baile sin cesar:
su movimiento de caderas,
desafinado y festivo,
contenía la indómita alegría
de quien va a morir de edad. 

CASTILLA ROAD
Hay pájaros danzando con precisión
para nosotros.
He visto esta escena en las películas
pero eran distintas las coordenadas,
se gozaba en otras lenguas
en las áreas de servicio.
Vibra rotunda la claridad de este mar, 
son arena del océano las nubes, 
bailan las llamas.
Tierra amarilla y cielo azul
son tus líneas geometría, —cuadro de Klee, campos sembrados, 
origen de la abstracción—límites,
como los de este amor,
que no se cumplen.
Castilla, nada en ti se cierra, horizonte,
tú abres el mundo a la trashumancia, 
epicentro de los puntos cardinales, 
fuga de todas las rutas.

Solo en Castilla se rozan los cielos.

Autobús de Fermoselle.
Maribel Andrés Llamero.
XXXIV Premio de Poesía Hiperión

domingo, 23 de febrero de 2020

"Himno generacional"




HIMNO GENERACIONAL
Se nos rompían enseguida los chándals
y nuestros padres, que no reparaban
en gastos, compraban ordenadores
carísimos que quedaban obsoletos
en dos años. Poco sacrificio
en esos años de burbuja inmobiliaria.

Todas las fiestas eran de disfraces.

Cambiábamos de todo a la mínima.

Muchos cambiamos incluso de equipo
de fútbol, de ciudad, de trabajo
o de bebida preferida. Seguimos
adelante sin mirarnos y acabamos
buscando la sombra en cubículos para fieras.

Acabamos pasándonos al diésel,
al pádel y a las drogas de diseño.

Encontramos vuelos baratos
y ofertas de telefonía móvil.
Abandonamos las llamadas para siempre
y compramos el último CD.

Nosotros inventamos las series de culto.

Nos fuimos a vivir al extrarradio
olvidando que hace falta un refugio
mejor para escapar de uno mismo.

Nos llevamos siglos de ventaja.

sábado, 22 de febrero de 2020

"Evocación e invocación"/"Vía personal" (poemas al padre de Jesús Cotta)

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EVOCACIÓN E INVOCACIÓN

Yo soy aún
el niño que escalaba por tus piernas
interminables,
el que llevaste a hombros por los ríos,
el que ya no tenía fiebre
cuando tu recia mano lo tocaba.

Todos mis versos los ha escrito
el trepador feliz desde la altura
de tu mano, tus hombros y tus piernas.
Ni el Faro ni la Torre ni la Cumbre
me elevaron jamás como tus palmas
para que viera el nido de zorzales
en pleno corazón del limonero
o arrancase el limón más grande y alto
o la pluma del ángel que sestea.

Toma las lunas de este limonero
a cuya sombra escribo y te recuerdo.
Lucieron en tu ojal cuando eras novio
y conquistaste el corazón de la muchacha
que me llevó en su vientre.

Cuídala desde las estrellas, padre.

VÍA PERSONAL
Porque el azar no explica a Rita Hayworth,
porque mira esa flor en la colina,
porque, si no, a quién daré las gracias,
porque también existes tú, mi vida,
porque no he muerto treinta y tres mil veces,
porque tengo una sed que es infinita,
porque apuntan a Él todos los árboles,
los zigurats, los ríos y las vidas.
Que sí, que existe Dios.
Me lo dijo mi padre en su agonía.

Menos la luna y yo
Jesús Cotta.

Ediciones de la Isla de Siltolá, 2013
                                

viernes, 21 de febrero de 2020

Despiece/lo mejor de LISTAS, GUAPAS, LIMPIAS (Anna Pacheco)

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Lo mejor para dejar a un novio es que ese día te despiertes guapa. Hoy es exactamente uno de esos días. He quedado con Hugo en el bar en el que alguna vez fantaseamos que eran otros los que rompían. No ha sido algo deliberado. Es domingo y está todo cerrado. Solo resulta que hoy esos otros somos nosotros. En términos cuantitativos, siempre llora menos el que deja. Así que es posible que esa sea yo. Todo lo que voy a decir suena convincente: Universidad. Otros amigos. Necesito mi espacio. Estoy empezando a descubrir quién soy. Estoy muy liada, hago una carrera muy difícil, todo el mundo lo dice. Ojalá nos hubiéramos conocido en cinco o diez años. Somos tan jóvenes. Tengo que buscarme un trabajo porque quiero tener más dinero. Quiero tener más dinero. Sé que eso no te incumbe, pero creo que debes saberlo. Además, siento que lo nuestro es algo circunscrito al instituto. (....)
«Circunscrito» me parece una palabra bastante precisa. Espero que la entienda. De repente, todo ha cambiado. Lo siento. Cuando se rompe hay que decir lo siento por haber conducido al otro a una inversión fallida. Buscamos amores rentables. Yo también lo haré. Diré lo siento y perdóname y si a los treinta aún nos queremos, nos casamos, ¿vale?" (...)
Los amores prescriben y después todo el mundo hace como si nada. Los amores caducan por el bien de una convivencia pacífica. Si no fuera así, el ambiente sería sofocante. (...)
Esta casa es la segunda residencia de mi abuela, opción de veraneo de las familias como la mía. Antes, las familias trabajaban todo el rato para ahorrar un poco, pagarse un piso en propiedad y, con suerte y si se les daba bien, aspirar a una segunda residencia. Todo el mundo quería su terreno con un huerto y, tal vez, incluso piscina, y luego, automáticamente, te convertías en clase media. Ahora todo es distinto. Tengo diecinueve años. A mi edad mi madre estaba casándose, yo solo reclamo dinero yestar sola en mi cuarto. (...)
Le decía a Hugo «rosa, rosae, rosam», y entonces él me colocaba mi mano encima de sus pantalones: «Mira cómo estoy ya». Y yo «Hay que estudiar». Y él «Solo una rápida. Una mamada rápida. No te cuesta nada. Soy tu novio». Por supuesto, nunca se aprendió las declinaciones del latín. Por supuesto, lo suspendió todo. Yo casi siempre accedía a la mamada para superar cuanto antes esa fase. Además, siempre he creído que practico mamadas con mucho talento, o es que todas nos sentimos muy talentosas haciéndoles mamadas a los chicos. En Internet leí que hay que llegar a la arcada o nada. También leí que hay que tragar el semen, nunca escupirlo, mientras miras de forma sexy a tu amante. Mis fuentes eran un artículo titulado «Cómo hacer que tu chico se corra en dos minutos o menos» y mi amiga Bárbara Saruso, de 3.º B. A veces nos acostábamos solo porque tenía calculado que así me dejaba más tiempo tranquila y podíamos recuperar el estudio antes. Él siempre acababa diciendo que había sido increíble, realmente se pensaba que los dos nos habíamos corrido a la vez, como en una película romántica. (...)
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Mamá, ¿por qué nos llevabais al Carrefour a comprar libros? —suelto yo de golpe—. ¿Tanto os costaba llevarnos a librerías? La gente normal compra libros en librerías, no en el Carrefour. A mi madre se le quita la sonrisa por el momento niño y frunce el ceño. Me mira. No logro recordar cuánto se alarga mi discurso sobre las librerías y la importancia de comprar en librerías porque ¿sabes, mamá? los libreros te recomiendan libros y quizás autores de los que nunca he oído a hablar a mi edad y debería haber oído hablar ya, de hecho debería haberlos superado, a mi edad, a mi edad, a mi edad, Salinger, Bolaño, Austen, Yeats, Kafka, Bukowski, Dostoievski, Woolf, Plath, los estoy conociendo ahora y por casualidad, mamá, sin ningún orden ni rigor, suerte que existe internet, qué tarde es para todo, mamá, las librerías, mamá, qué importantes son. He perdido toda mi vida leyendo literatura juvenil y ahora todo es un desastre. —Pero ¿qué estás diciendo? —Mi madre farfulla algo que no comprendo—. ¿La gente normal? Ahora seremos anormales, si te parece. —Solo digo que... —Te quejarás de libros. Tienes un montón. Nunca te hemos puesto pegas, te hemos dicho siempre que compres lo que quieras. ¿O no? Aquí hay de todo, ¿no hay de todo aquí? —Es igual. Luego se desvía un momento de la cola, se acerca a la sección de congelados y coge tres pizzas congeladas para la cena. Las coloca bruscamente dentro del carro. —¿Tus favoritas, o ya tampoco? (...)
"Me pongo camisetas más ajustadas los días de autoescuela. Me siento en una fila anterior a la de ellos y hago ver que no los miro. Noto cómo sus miradas me siguen desde el top hasta las sandalias de dedo. No sé si me gusta o solo es que me aburro. Ellos hablan y ríen detrás de mí de formas bruscas e incomprensibles, creo que dicen mi nombre pero tampoco podría asegurarlo. Se pegan codazos y emiten sonidos medio guturales tapándose la boca con el puño. Lolololo. Me acomodo el pelo y contesto obediente a todas las preguntas de Rufina. Realmente me tomo la autoescuela como si fuera el instituto. (...)

Directamente me corría así. No necesitaba desnudos, no necesitaba porno, necesitaba más bien poco. Me bastaba con un par de dedos que ni siquiera introducía. Entre orgasmo y orgasmo me asaltaban pensamientos fugaces sobre por qué hasta mi masturbación era patética y poco ambiciosa. Y sobre si estaría haciendo bien eso de masturbarme, la técnica propiamente dicha. Me preguntaba si eso de no introducir los dedos sería lo normal, por qué me bastaba con frotarme el clítoris. ¿Estaría enferma? ¿Funcionaría todo bien allí abajo? Luego continuaba hasta acabar con el cuello torcido, contraída, acalorada y sin la parte de arriba. Seguía así un rato más, frotando ya casi automáticamente, incluso pensando en temas prácticos, burocráticos, cinco, seis, siete orgasmos, hasta que las piernas se me agarrotaban y sentía algo parecido a las agujetas. Y luego aparecía esa especie de culpa, como si alguien me hubiera estado observando por una mirilla y yo tuviera que demostrarle que, en fin, era mucho más que ese último rato que acababa de verme así, de esa guisa. Espasmódica perdida. A veces me olía los dedos para acabar y luego me preguntaba qué pintaba Ane en todo ese asunto, si no sería ya lesbiana por eso. O, como mínimo, bisexual. (...)
Dijo mi madre que la vida era un calvario para algunos y que algunas familias parecía que tenían la negra. Mi madre y mi abuela me miraban, entonces, satisfechas al ver que todas las partes de mi cuerpo funcionaban correctamente y las de mi hermana también, y las de ellas también aunque eso era lo menos importante. Me miraban con ternura y alivio y maternalismo, del mismo modo en que se miran cuando ven a un niño minusválido babear en una silla de ruedas y se alegran de que ese niño no sea yo, ni mi hermana, ni ningún primo ni pariente lejano o cercano. Pregunté qué era eso de tener la negra, si tenía que ver algo con las personas negras, y que si tener la negra era una forma de llamar a la suerte, a lo que mi madre contestó: —La suerte, bueno. Es una forma de decirlo, porque la suerte no existe. Los pobres siempre son más desgraciados que los ricos, y también envejecen más rápido. Eso que no se te olvide. ¿Tú no te has fijado en que la gente de dinero tiene como otro brillo? Se gastan dinero en eso. Yo si pudiera me quitaba las bolsas de los ojos y me estiraba los párpados y todas estas arrugas. —Y hacía el gesto de estirarse la cara—. Anda que no cambia la cosa. —Pero la verdad es que nosotros no nos podemos quejar. Nos ha salido todo estupendamente. Que no se tuerza —agregó mi abuela. Entonces mi abuela se santiguó ese día sin ser ella muy creyente, algo que hacía todas las veces que se hablaba de cosas feas en su presencia. Lo hacía como un ritual profano. Cero sentimiento. Solo rutina y hasta desdén. —Pero si tú no crees en Dios, yaya —le dije, tirándole de la blusa. —Es por si él cree en mí. (...) 
Cuelgo a mi madre con esa sensación de que podría haberlo hecho mejor. Tres minutos de llamada. Nada te impedía ser mejor persona, sin embargo has decidido no serlo. Alguna vez me entran ganas de enviarle un mensaje: «Perdona por ser tan estúpida». Pero al final no lo hago. (...) 
 Mis padres querían enseñarnos Andalucía porque nunca habían estado con sus hijos y les parecía que debíamos conocer lo que ellos llamaban intensamente «su tierra». Aunque decían que era suya, —lo dijeron muchas veces durante aquel primer y único viaje al sur—, lo cierto es que en Cataluña apenas hablaban de sus respectivos pueblos natales, en Jaén; o de cómo era la abuela o ellos mismos antes de emigrar, ni siquiera se decía la palabra «emigrar», se hablaba de ir de un sitio a otro, o de que «antes» teníamos esto y «ahora» tenemos lo otro. Reconocía en las palabras y en los romances de mi abuela lo que yo creía que era Andalucía: cuchá, ea y eso es una chominá. O en mis padres, siempre en un terreno incierto, el de llamar chamarreta a la samarreta cuando hablaban catalán y luego vestirnos de flamencas para ir a la feria aunque ni siquiera sabíamos bailar sevillanas. Nunca lo suficientemente catalanes, nunca lo suficientemente andaluces. (...) La única relación sincera que unía a mi familia con Andalucía eran unas transacciones periódicas de aceite de oliven virgen extra y la Gran Enciclopedia de Andalucía que estaba en el mueble del televisor y que jamás vi a nadie leer. Andalucía era, en mi cabeza de nueve años, una especie de marco más bien teórico, abstracto, puede que hasta ficcionado. Ni siquiera tenía muy claro que Andalucía existiera de verdad. (...)
 Cuando eres niña, crees que los padres solo pueden hacer cosas ejemplares, y luego te enteras de que solo hacen lo que pueden.
Listas, guapas, limpias.
Anna Pacheco.
Caballo de Troya, 2019. 

martes, 18 de febrero de 2020

PARA LA LIBERTAD...


Para la Libertad
Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad, siento más corazones
que arenas en mi pecho dan espuma a mis venas;
y entro en los hospitales, y entro en los algodones,
como en las azucenas.
Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada,
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.
Retoñaran aladas de savia sin otoño,
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida;
porque soy como el árbol talado que retoño:
aún tengo la vida.

Miguel Hernández.

jueves, 23 de enero de 2020

PRIMERO COMO TRAGEDIA, DESPUÉS COMO FARSA (ZIZEK)

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Marx comenzó el Dieciocho brumario de Luis Bonaparte con una corrección de la idea de Hegel de que la historia necesariamente se repite a sí misma: «Hegel observa en alguna parte que todos los grandes acontecimientos y personajes de la historia mundial se producen, por así decirlo, dos veces. Se le olvidó añadir: la primera vez como tragedia, la segunda como farsa».
[1] Este complemento a la noción de Hegel sobre la repetición histórica era una figura retórica que ya le había rondado a Marx años antes: la encontramos en su «Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel», donde diagnostica la decadencia del Antiguo Régimen alemán en las décadas de 1830 y 1840 como una absurda repetición de la trágica caída del Antiguo Régimen francés:
Es instructivo [para las naciones modernas] ver al Antiguo Régimen, que en sus países ha experimentado su tragedia, representando ahora su comedia como espectro alemán. Su historia fue trágica, mientras era el poder establecido del mundo y la libertad, en cambio, una ocurrencia personal; en una palabra, mientras creía, y tenía que creer, en sus propios privilegios. Mientras como orden del mundo establecido el Antiguo Régimen luchaba contra otro mundo que sólo empezaba, se basaba en un error de dimensiones históricas, no en un error personal. Su hundimiento fue, por ello, trágico.
En cambio, el actual régimen de Alemania —un anacronismo, una contradicción flagrante con axiomas universalmente aceptados, la nulidad del Antiguo Régimen expuesta en público— no hace más que imaginarse que cree en sí mismo y exige del mundo la misma fantasía. Si creyera en su propio ser, ¿es que iba a esconderlo bajo la apariencia de un ser ajeno, buscando refugio en la hipocresía y el sofisma? El moderno Antiguo Régimen ya no es más que el comediante de un orden universal cuyos verdaderos héroes han muerto. La historia es concienzuda y atraviesa muchas fases mientras conduce al cementerio a una vieja figura. La última fase de una formación a nivel de historia universal es su comedia. Los dioses de Grecia ya habían sido trágicamente heridos de muerte en el Prometeo encadenado de Esquilo; pero tuvieron que volver a morir cómicamente en los Diálogos de Luciano. ¿Por qué va la historia a ese paso?
Para que la humanidad pueda separarse, riendo, de su pasado. Nosotros vindicamos que los poderes políticos en Alemania son históricamente así de risibles.
Nótese la precisa caracterización del Antiguo Régimen alemán como el que «solamente imagina que cree en sí mismo»; incluso se puede especular sobre el significado del hecho de que, durante el mismo periodo, Kierkegaard formulara su idea de que nosotros, los humanos, nunca podemos estar seguros de que creemos: en última instancia, nosotros sólo «creemos que creemos». La fórmula de un régimen que «sólo imagina que cree en sí mismo» captura con precisión la cancelación del poder performativo («eficiencia simbólica») de la ideología dominante: deja de funcionar eficazmente como la estructura fundamental del vínculo social. Y podemos preguntar: ¿no estamos hoy en la misma situación? ¿No sucede también que los actuales predicadores y profesionales de la democracia liberal igualmente «sólo imaginan que creen en sí mismos», en sus pronunciamientos? De hecho, sería más apropiado describir el cinismo contemporáneo como la representación de una inversión exacta de la fórmula de Marx: hoy día, nosotros sólo imaginamos que no «creemos realmente» en nuestra ideología. A pesar de esta distancia imaginaria, continuamos practicándola. Nosotros creemos no menos, sino mucho más de lo que imaginamos que creemos. Por lo tanto, Benjamin fue muy clarividente en su observación de que «todo depende de cómo cree uno en su propia creencia».
 
Doce años antes del 11S, el 9 de noviembre de 1989, caía el Muro de Berlín. Este acontecimiento pareció anunciar el comienzo de los «felices años noventa», el comienzo de la utopía de Francis Fukuyama sobre «el fin de la historia», de la creencia de que la democracia liberal, en principio, había ganado, de que el advenimiento de una comunidad global liberal estaba a la vuelta de la esquina y de que los obstáculos para este final tipo Hollywood eran meramente empíricos y contingentes (bolsas locales de resistencia cuyos dirigentes todavía no habían entendido que su tiempo se había acabado). Por el contrario, el 11 de septiembre simbolizó el fin del periodo clintoniano, y anunció una era en la que por todas partes aparecían nuevos muros: no sólo entre Israel y la Ribera Occidental, alrededor de la Unión Europea, o a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos, sino también dentro de los propios Estados-nación. (...)
En la China contemporánea, los nuevos ricos han levantado comunidades aisladas inspiradas en «típicas» ciudades occidentales idealizadas. Por ejemplo, cerca de Shanghái se encuentra una réplica «real» de una pequeña ciudad inglesa que incluye una calle principal con pubs, una iglesia anglicana, un supermercado de Sainsbury, etc.; toda la zona está aislada de sus alrededores por una cúpula invisible, pero no por ello menos real. Ya no existe una jerarquía de grupos sociales dentro de la misma nación; los residentes de esta ciudad viven en un universo para el cual, dentro de su imaginario ideológico, el mundo de «clase inferior» que lo rodea simplemente no existe. ¿No son estos «ciudadanos globales» que viven en áreas aisladas el auténtico polo opuesto de aquellos que viven en ciudades de miseria y otros «puntos negros» de la esfera pública? Realmente son las dos caras de la misma moneda, los dos extremos de la nueva división de clases. La ciudad que mejor personifica esa división es São Paulo, en el Brasil de Lula, que presume de 250 helipuertos en su área central.
Para protegerse de los peligros de mezclarse con la gente común, los ricos de São Paulo prefieren utilizar helicópteros, de manera que, viendo el horizonte de la ciudad, uno realmente se siente como si estuviera en una megalópolis futurista de la clase que se imagina en películas como Blade Runner o El quinto elemento; la gente común pululando abajo, por las peligrosas calles, mientras los ricos circulan por el aire en un nivel superior.
De este modo, parece que la utopía de Fukuyama sobre la década de los noventa tenía que morir dos veces, ya que el colapso en el 11S de la utopía política democrático-liberal no afectó a la utopía económica del capitalismo global de mercado. Si el colapso financiero de 2008 tiene un significado histórico, es como señal del fin de la cara económica del sueño de Fukuyama. Esto nos devuelve a la paráfrasis de Marx sobre Hegel; podemos recordar que, en la década de los sesenta, Herbert Marcuse, en su introducción a una nueva edición del Dieciocho Brumario, añadió otra vuelta de tuerca: algunas veces, la repetición a modo de farsa puede ser más terrorífica que la tragedia original.
Este libro toma como punto de partida la crisis actual, y mediante el desentrañamiento de sus condiciones e implicaciones, se mueve gradualmente a «cuestiones relacionadas». El primer capítulo ofrece un diagnóstico de nuestra difícil situación, esbozando el núcleo utópico de la ideología capitalista que determinó tanto la propia crisis como nuestras percepciones y reacciones frente a ella. El segundo capítulo se esfuerza por localizar aspectos de nuestra situación que abran espacio para nuevas formas de praxis comunista. (...)
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En los viejos buenos tiempos del Socialismo Realmente Existente, entre los disidentes había un popular chiste que se utilizaba para ilustrar la futilidad de sus protestas. En el siglo XV, cuando Rusia estaba ocupada por los mongoles, un campesino y su mujer estaban andando por un polvoriento camino; un guerrero mongol a caballo se detiene a su lado y le dice al campesino que va a violar a su mujer; a continuación, añade: «Pero, como hay mucho polvo en el suelo, debes sujetar mis testículos mientras violo a tu mujer, de manera que no se ensucien». Una vez que el mongol ha realizado la acción y se aleja cabalgando, el campesino empieza a reírse y a dar saltos de alegría. Su sorprendida mujer le pregunta: «¿Cómo puedes estar dando saltos de alegría, cuando he sido brutalmente violada en tu presencia?».
El agricultor responde: «¡Pero le he fastidiado! ¡Tiene los cojones llenos de polvo!».
Esta triste broma revela la difícil situación de los disidentes: pensaban que estaban asestando serios golpes a la nomenklatura del partido, pero todo lo que hacían era ensuciar ligeramente los testículos de la nomenklatura, mientras la elite en el poder continuaba violando al pueblo…
¿No está la actual izquierda crítica en la misma posición? (entre los nombres contemporáneos para desprestigiar con más ligereza que nunca a aquellos en el poder, podríamos incluir la «deconstrucción» o la «protección de las libertades individuales»).
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En un famoso enfrentamiento en la Universidad de Salamanca en el año 1936, Miguel de Unamuno se descolgaba diciendo a los franquistas: «Venceréis, pero no convenceréis»; ¿es eso todo lo que la izquierda puede decir actualmente al capitalismo global triunfante? ¿Está la izquierda predestinada a continuar desempeñando el papel de aquellos que, por el contrario, convencen, pero, a pesar de todo, siguen perdiendo (y que son especialmente convincentes en explicar retroactivamente las razones de su propio fracaso)? Nuestra tarea es descubrir cómo dar un paso adelante. Nuestra Tesis 11 debe ser: en nuestras sociedades, los izquierdistas críticos hasta ahora sólo han conseguido ensuciar a los que están en el poder, cuando de lo que se trata es de castrarlos…
¿Pero cómo podemos hacerlo? Debemos aprender de los fracasos de la política izquierdista del siglo XX. La tarea no es dirigir la castración hacia una culminante confrontación directa, sino socavar a los que están en el poder con un paciente trabajo crítico-ideológico, de manera que, aunque sigan en el poder, uno de repente note que los poderes-que-sean están aquejados por voces anormalmente altas. Ya en la década de 1960, Lacan bautizó al irregular y efímero periódico de su escuela como Scilicet.
El mensaje no era el actual significado predominante de la palabra («es decir», «a saber», «lo que equivale a decir»), sino literalmente «lo que está permitido saber». (Saber ¿qué? Lo que la Escuela freudiana de París piensa sobre el inconsciente…).
Hoy día nuestro mensaje debe ser el mismo: está permitido saber y comprometerse por completo con el comunismo, actuar de nuevo en completa fidelidad con la Idea comunista. La permisividad liberal es del tipo videlicet, «lo que está permitido ver» pero la misma fascinación por la obscenidad que se nos permite observar nos impide saber qué es lo que vemos. La moraleja de la historia: el tiempo del chantaje moralista democrático-liberal se ha acabado. Nuestro lado ya no tiene que continuar disculpándose; mientras que el otro debería empezar a hacerlo pronto. (...)

domingo, 19 de enero de 2020

"El soñador" (un poema al padre de Vicente Gallego)

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EL SOÑADOR
Vicente Gallego
Una noche dijiste, padre,
poniéndome en la frente
un fresco paño:
no temas a los sueños.
Yo volvía del mundo
más real que conozco,
donde afila
la vida sus ultrajes. .
¿Dónde estabas
cuando fui perseguido,
cuando casi,
cuando ya me tenían?
Un alma tan menuda
y ya en asedio.

Cuando alzaron
esta carne ensartada:
¿por qué no me asistió
tu brazo fuerte,
por qué no te acercaste
a susurrarme
que era todo un engaño
hasta aquel escondido matadero?

Y aunque hubieras logrado
llegar aguas abajo hasta el profundo
lugar de mi extravío
por ahorrarme el mal sueño,
por tenerme avisado,
¿cómo hubiera podido yo creerte
que no había razón para temer;
que aquel cuerpo de duelo
no dolía;
que aquel pánico mudo

no era el mío?
Quién sabrá convencer al soñador
de que está descansando,
si de pronto
hace pie en carne viva
sobre una tierra dura
como todas,
si allí se ve despierto y abrumado
como nunca lo estuvo.
En mitad de la noche
me ha llamado mi hijo:
volvía de lo hondo;
traía del viaje
en las pupilas
un pavor verdadero;
lloraba amargamente
una certeza.
Y me vi repitiendo


gustando con mi lengua su congoja-
las palabras más falsas:
no temas a los sueños.

Cualquier niño comprende
muy pronto que esta vida
es un doble trabajo,
y siempre cierto:
galeras con el sol,
más remo en el nublado.
En esta casa, ahora,
duermen tres,
y siempre duermen solos.
El que me llama padre,
la que me dice amigo,
¿dónde van cada noche
que no sé defenderlos?
Las tres banderas negras

y oscuro el mar vinoso,
ya se acercan los buques
que habrán de separarnos.
Qué solo el soñador:
el que despierta
y vuelve a despertar
nunca sabe en qué orilla
de este sueño tan vivo

Si temieras morir.
Vicente Gallego.
Incluido en sus colecciones de poesía completas 
y en la antología de Tu sangre en mis venas (Renacimiento).

domingo, 5 de enero de 2020

Olga Ayuso escribe sobre exilios, diásporas y centrifugados.


Qué lugar podríamos ser. El tiempo es también un sitio: hubo años en que vivimos dos primaveras, se nos llenó la casa de los que no están; asumimos abandonos, encuentros, diagnósticos, naufragios, quizá vino un bebé, escribimos un libro, editamos otro. Víctor Peña Dacosta (una de las personas más inteligentes, ácidas, irónicas, brillantes y divertidas que conozco) hizo esas tres últimas cosas. Las dos últimas, enteras. En lo del hijo, ayudó un poco a la traductora María López Ponz, que se ocupó, realmente, de todo el trabajo. Él presenta Diáspora: Poetas extremeños en el ‘exilio’ (1955-1993), a las siete de esta tarde en el Ateneo de Cáceres.
Diáspora es una antología de poetas extremeños que ya no viven aquí. Él también se largó. «Tener raíces quizá sea la necesidad más importante y menos reconocida del alma humana», decía Simone Weil.

sábado, 4 de enero de 2020

Re-Presentación de OBSOLESCENCIA PROGRAMADA (por ÁLVARO VALVERDE)


(...) Cuatro son las partes que constituyen Obsolescencia programada. En la primera, “La vida en las ventanas”, la tecnología y su mundo (Internet sobre todo), es tomada como metáfora perfecta para destapar el absurdo o la miseria de “la vida moderna”, la de la “posverdad”, la “del cansancio”, “la era del vacío”. Con acidez, sin duda, pero con la debida, sutil delicadeza que cabe a quien constata que al fin y al cabo la de las redes, la de los selfies y los likes, es nuestra realidad y, por tanto, el material con el que ha de trabajar un poeta realista como él.
Y, marca de la casa, los guiños literarios constantes: a Aníbal Núñez (transforma su genial y salmantino Alzado de la ruina en “Alzado de la rutina”), a César Vallejo, a Rajoy (aquí también, abro comillas, “Todo esto es falso salvo algunas cosas”, cierro comillas), a Pablo Fidalgo (“Mis padres: Romeo y Julieta”)… Y siempre la intertextualidad como obra de arte. Y los juegos de palabras, un gesto bayaliano donde los haya. (Ese “campus fugit”, por ejemplo, a que alude en un poema de regusto estudiantil.) Y no falta una mención a Eneas. Ni tampoco el amor y la amistad, aunque el primero sea “un estado de Facebook” y la segunda “un algoritmo”.
La parte que sigue lleva por título “Balconings” y no hace falta resaltar que la actualidad se impone de nuevo. Ese presente ya pasado a que se refirió Clark.
La alta y la baja cultura, en términos acaso ya prescritos, se dan la mano en poemas aún más ligeros, donde brilla la técnica del collage, inspirados en la vida cotidiana, fuente de inspiración principal de este artista antipoético (a lo Nicanor Parra). Y de nuevo los guiños, claro. A Claudio Rodríguez y su “Donde la ebriedad”, pongo por caso. Y los mencionados juegos de palabras (como el anterior, por cierto): “Las pastillitas y el té”.
La tercera, “Menchevique”, está protagonizada, digamos, por la política. No es único poeta de su generación preocupado por ella, como el resto de los españoles de mayor edad. Y quien dice “preocupado” podría decir “asustado”. Parafraseando a Lennon, escribe que “la vida es eso que pasa entre el primer y el último balconing”. Luego, las Brigadas Internacionales y Dámaso Alonso (del que actualiza “Insomnio”: “Madrid es una ciudad de más / de un millón de parados según la última encuesta de población activa)”) y “Podemos” (más que un título) y otra vez el sarcasmo: “¿Se puede hacer / dieta después de Auschwitz?”, versos que glosan la famosa frase de Adorno.
En la última parte, “Españolía” (“sentirse español cariñosamente”, según Luis Aragonés), tras homenajear al ya citado Bayal (en “El espíritu áspero”), dolerse de España y evocar (de nuevo) a Rajoy y al niño Torres (su fe atlética es de leyenda), un verso elocuente: “Mi patria son mis alumnos y las pecas de mi novia”.
Dos palabras más para destacar el sentido del ritmo de estos poemas y el uso, impuesto por la actualidad y las exigencias del directo, de numerosas palabras en inglés. Un rasgo, por lo demás, de lo más ultramarino y liliputiense.
Termino. En cierta ocasión, Peña Dacosa escribió: “Confieso que escribo en verso por pura pereza”. Bendita pereza. La que nos permite a sus lectores reflexionar o divertirnos mientras la realidad nos tumba con toda su violencia. No, nadie sale indemne de un libro de Víctor, nuestro lírico y particular Tarantino.

Álvaro Valverde
Plasencia, 27 y 28 de diciembre de 2019
NOTA: La fotografía es del librero Álvaro Muñoz Guillén.

martes, 31 de diciembre de 2019

ENTREVISTA A EFI CUBERO: Del exilio en fragmentos a la esencial condición del extraño.

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Efi Cubero ha celebrado hace poco su 70 cumpleaños, motivo de celebración para la comunidad literaria en general y, especialmente, para la inmensa minoría (que, en este caso, debería ser mayoritaria) que conoce y, por tanto, disfruta de su producción lírica.
Asimismo, como seguramente sabrán los lectores de este blog, recientemente se ha producido, por fin, la esperada publicación de DIÁSPORA: Antología de poetas extremeños en el "exilio" (Ediciones Liliputienses, 2019), de cuya edición y prólogo he tenido el privilegio y la responsabilidad de encargarme. 

Tras la lectura de ambos párrafos, a muchos podría o, mejor, debería extrañarles su falta de relación. Es decir, la no-presencia de Efi Cubero en una selección de poetas de procedencia extremeña y producción lírica foránea. Por tanto, esta esta notable ausencia supone una inmejorable excusa para recordar los requisitos indispensables de esta antología de origen extremeño y presente exiliado que pueden adquirir en este enlace:
1) La calidad poética de cada uno de los autores.
2) Que todos ellos hubieran nacido en Extremadura.
3) Que su producción poética haya comenzado en democracia o, al menos, tras el franquismo.
4) Que cada uno de ellos residiera fuera de Extremadura durante la elaboración de la antología.
Evidentemente, Efi Cubero resulta una referencia básica para los lectores de poesía en castellano, no solo de origen extremeño. Además, ha residido casi toda su vida lejos de su tierra y desde allí ha ido publicando, ajena a corrientes, modas o vicios, una obra intensa, trabajada, emotiva y pulida. Sin embargo, tras un largo periodo sin ella, Extremadura ha tenido el privilegio de disfrutar de su afán de regreso al origen.
Esto retorno, sin duda beneficioso para la comunidad literaria extremeña, supone también un impedimento para su inclusión en DIÁSPORA, al igual que sucede, por ejemplo, con otros ilustres retornados, como José Manuel Díez o David Leteo, o fichajes de foráneos vinculados a la comunidad, como también podría parecer el caso de (los importados) Antonio Rivero Machina, Carlos Medrano o Alejandro González Terriza.
Eso sí, como ya expliqué en el prólogo, DIÁSPORA es una antología móvil y estará siempre abierta en futuras reediciones a cuantas modificaciones sean necesarias para subsanar errores o  atender a los diferentes cambios que se produzcan en.

En el caso que nos ocupa, tras su regreso a Extremadura, no resulta pertinente incluir a Efi en la nómina de autores antologados. En cambio, sus versos, siempre precisos, y las reflexiones metalitarias, siempre profundas que suscitan, sí resultarán, estoy seguro, interesantes para los lectores que busquen una respuesta, aunque sea lírica, para interrogantes persistentes y lacerantes como la identidad, el exilio, la poesía, lo extraño de la propia condición y otros demonios.

Les dejamos pues con una breve entrevista a Efi Cubero, pedazo de grande de las letras castellanas, consistente, por el momento, en el formulario de DIÁSPORA, antología de la que quedó excluida por motivos exclusivamente geográficos pero nunca literarios.
(Si lo desea, más adelante añadiremos un bonus sobre otras cuestiones acerca de las cuales estamos convencidos de que nos responderá con un lirismo, profundidad u originalidad que debe ser tenido en cuenta ajeno a limitaciones cronológicas o fronterizas).

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CUESTIONARIO DIÁSPORA: EFI CUBERO
-Fecha y lugar de nacimiento.
Nací en Granja de Torrehermosa (Badajoz) un pueblo situado en la Campiña Sur de Extremadura un 12 de diciembre de 1949. A los 11 años, de la mano de mis padres, me trasladé a Cataluña. Ellos ya fueron allí con casa y trabajo acordados, puesto que de lo contrario mis padres no se hubieran movido de su lugar de origen, así que lo vendieron todo y se marcharon.
En ocasiones volvíamos al pueblo de vacaciones cortas, nunca perdimos el amor por la tierra.
Mi formación fue en Barcelona ciudad, allí estudié Historia del Arte, Lengua y Literatura, me casé, tuve dos hijas y allí sigue viviendo prácticamente toda mi familia.  Aunque Alfonso, y yo viajamos bastante, de Barcelona no me he movido hasta el año 2016 en el que decidimos vivir en Extremadura. A él le gustaba mi tierra tanto como a mí y en este paisaje, y junto a este paisanaje, nos las prometíamos muy felices, pero duró muy poco la felicidad. Un cáncer me lo arrebató al año y medio de vivir en Granja de Torrehermosa. De pronto, el dolor más intenso y profundo, pero aquí me quedé, por voluntad propia pese a la presión ejercida por el cariño de mis hijas para que volviese y no hallarme tan sola. Y, aunque sigo viajando a la ciudad donde viví tantos años, y a la que quiero, sigo residiendo en mi pueblo al que amo. Me gusta vivir en Extremadura.
-Lugar y motivo (si lo hay) de residencia.Pues, sencillamente, después de vivir más de medio siglo en una ciudad tan populosa (muy cerca de la Sagrada Familia, en Barcelona), tener un círculo de amistades en las que incluyo al matrimonio Valverde (José María), al matrimonio Goytisolo junto a su hija Julia, a Carmen Riera, a Joan Brossa y personajes así, y recorrer varios países, nos apetecía mucho la luz de estas calles, pasear por la Campiña y los encinares, sentir una naturaleza casi intacta. En realidad no era un retorno, sino una elección, que es algo muy distinto. El amor a un lugar determinado, una vuelta que será siempre ida, y a veces también huida. Extremadura es mi centro, el eje radial del que pueden partir todas las direcciones, así lo sentí siempre. Esta tierra que fue el enclave de mis antepasados y sus huesos la abonan, es para mí algo gravitatorio y universal. Un enlace abierto a cualquier mestizaje puesto que no olvidemos que somos herederos de infinitas culturas y etnias que pasaron por aquí. Somos mestizos, afortunadamente.
No soy nostálgica, descreo de la memoria porque la memoria puede engañarnos, yo valoro otras cosas bajo una mirada universalista. A Extremadura la amo de manera incondicional, profundamente, porque representa el palimpsesto que me anuda a un silencio ancestral de preguntas que no obtienen respuesta. Son, como diría Gohete “Afinidades electivas”, nada más. Y nada menos. Volver es sentir que se empieza de nuevo, retomamos el deseo de conocer más a fondo nuestro propio interior. Darnos de bruces con nosotros mismos donde pasado presente y futuro suelen fundirse. Sin sensiblerías, y menos aún sin terruñerismos, he vuelto por convicción y reflexión. En cuanto a Barcelona, mis vínculos afectivos y culturales siguen igual. Allí viví más de cincuenta años, allí completé mi formación, estudié, trabajé, luché, me casé, tuve a mis dos hijas, allí tengo muchos amigos de excelencia y a lo que más amo: mi familia.
-¿Te consideras un autor extremeño?  ¿Por qué? ¿Por qué no?
En Literatura, como en Arte o Música, no entiendo ni de géneros ni de fronteras. Un autor, un creador, partirá siempre de un componente universal, nazca donde nazca y se halle donde se halle. La obra de cada autor puede y debe ser única, si proviene de la autenticidad. No se deben poner puertas al campo, vasto y complejo, de la creación, y menos etiquetas. Me rechina lo de autor extremeño como lo de autor murciano o andaluz o catalán…Eso es reduccionismo, no sé si intencionado o no.
Una obra es buena o no lo es, sea de un autor nacido en Rusia o en Granja de Torrehermosa, lo demás es absolutamente prescindible.
La creación parte de un desdoblamiento íntimo que no desea estar de parte de nadie, ni siquiera de uno mismo, desde ese oculto yo habla todo aquel que se rebela, y revela, manejando a distancia tramas y evocaciones. Seducción abisal cuyo sentido es claro al representar lo venidero desde la angustia latente que nos permite estar desnudos ante lo que escribimos formado de naturaleza, experiencia, pensamiento, hondura existencial, emoción y azar, que encarna tantas veces un sentir colectivo.
Un autor sabe perfectamente que nada viene de afuera, que todo se gesta dentro de cada enigma que viene a ser él mismo o ella misma, y la realidad- irrealidad de su propia vida, ya que no existe un ideal sin pugna con sus fracturas, ni resistencia que vencer.
Por lo tanto hay que buscar los contrastes, hallar la tensión que oscila entre la serenidad y el desasosiego nivelando ese plano de sombras de la palabra y el silencio. También lo que testimonia una ausencia. Frente a ese sol de espaldas al espejo. Ese secreto espejo que, invertido refleja tal vez nuestro yo más vulnerable.  O, también, transportando la piedra como Sísifo en el esfuerzo de las desolaciones para formar una vida en nuestro propio caminar y a través de nuestra propia escritura.

-¿El tema del exilio es importante en tu obra? ¿Qué poemas o versos crees que reflejan mejor la añoranza por un espacio –simbólico o real-perdido?
Ya desde mi primer libro, Fragmentos de Exilio, dejo claro por donde va mi obra. No es un exilio físico, tampoco es añoranza ni nostalgia como apuntaba anteriormente, se trata de la extrañeza. Siempre he vivido con la sensación de ser una extraña, o como diría Sartre, somos extranjeros en un mundo sin sentido. Platón nos mandó al ostracismo, fuera de las murallas, y Octavio Paz decía que los poetas nos hallamos en las catacumbas. Hölderlin dejó escrito que la poesía empieza siempre después, cuando se ha dicho adiós a algo que ya no puede volver a aparecer.  Pienso que los creadores somos los extraños, los inestables, los desconcertados seres que orillamos los filos del vacío, ese doble lugar, por otra parte tan centrado, donde se vive la realidad absoluta pero también la transcendencia y el misterio, la vida con la muerte, la memoria, el presente que de sobras sabemos que no existe puesto que de inmediato ya es futuro. Hay en nuestro mundo, sobre todo en la actualidad de tanta información y tantas redes,  una profunda desorientación, líneas que nos saturan, esa permanente oposición entre realidad e irrealidad. Dudamos. El proceso de un íntimo exilio está presente en nosotros casi desde el principio, y no se trata de alegoría y menos teología, permanece ahí, dentro, de manera muy honda, de no tenerlo tan arraigado sin duda no nos dedicaríamos a lo que nos dedicamos. Cada cual  halla, en la multiplicidad de sus espejos, su propio fundamento y desde la tan contemporánea incertidumbre, sus certezas. Escribir es algo único y extravital que cicatriza la herida de existir y abre campos al sueño, certifica lo que observamos, nos ayuda a comprender mejor en esta indagación de lo que somos, o creemos ser.
Yo, que escribo desde que me conozco,  publiqué tarde y resistiéndome a hacerlo porque la publicación en sí jamás estuvo en mi ideario de lo que en realidad significa para mí, -como a Kavafis o a Pessoa- la Poesía. Pero una vez empezado, solo publico lo que verdaderamente deseo publicar.
Fragmentos de exilio era, en poemas muy breves, (alguno prescindible) una travesía alucinada como escrita desde un proceso anterior, incluso a la escritura, así fue también Borrando márgenes, donde juego con el mito de mi propio nombre: Ifigenia, y donde confluye la memoria unida a la tradición a través de los clásicos, de los ojos ciegos de Homero que tanto supieron ver, puesto que la épica y la lírica de los presocráticos también estaban en la mirada de mi padre y en la de los hombres y mujeres de mi tierra que observaban y vivían la naturaleza, y también la naturaleza humana, que soportaron una guerra cruenta y dolorosa y miles de heridas sin cicatrizar. Los demás libros siguen ahondando mediante el pensamiento y la emoción. Siempre como extranjera. Siempre como extraña aunque absolutamente pegada a la realidad, sin demasiadas concesiones a lo inefable o a la fantasía. Exilios, bifurcaciones, dolor y gozo, la vida y más allá de ella. Todos mis poemas tratan de la extrañeza de una manera u otra, todos mis libros forman parte de esa especie de exilio interior que me caracteriza.
-Como lector, ¿qué influencia ha ejercido en tu obra la poética de autores exiliados? ¿Qué autores, obras o versos consideras referenciales en este aspecto?
Como dije antes, desde tiempo inmemorial se ha tratado este tema. No tengo referentes específicos al respecto, puedo leer a Camus, a Baudeleire, a Cernuda, a Jabes, a Borges, a Rilke, a muchos, pero intento desaprender una vez los he leído. Te puede gustar muchísimo Cervantes o Hölderlin, pero no quisieras parecerte a ellos. Deseo ser simplemente Efi Cubero, de lo contrario sería mimetismo. Si mi propia voz se abre paso no deseo nada más. No me gusta que me influencien en nada. Soy muy libre de interior y deseo seguir sintiendo y pensando por mí misma. Otra cosa es la admiración incondicional que siento hacia todo lo que vale la pena, lo que percibo con autenticidad y altura, ya sea de ahora mismo o del pasado. En Literatura y Arte y también en la vida, por supuesto.
¿Teniendo en cuenta o no lo anterior te consideras un autor exiliado? ¿Por qué? ¿Por qué no?
Como dije antes, más que exiliado me considero un extraño. El poeta suele ser el desterrado, un viajero de interiores que sabe muy bien lo ambiguo del futuro, lo abstracto del pasado y la propia irrealidad de un presente que ahora mismo mientras escribo ya hemos dejado atrás. Y, en tal proceso, imagen y reflexión tienden a priorizar la complejidad del devenir de lo real en la irreductible huella que viene a ser el poema. O el texto que dejamos mientras caminamos sin saber bien adónde. Si es bajo esa premisa sí que me consideraría un exiliado. Exiliada en este caso, claro.
-¿Qué poetas jóvenes extremeños consideras que deberían estar en esta antología sobre poetas extremeños (1975-1995) ¿Hay algo que te gustaría decirles, preguntarles, o comentarles?
Pienso ahora mismo  -no sé si están en la antología- en dos o tres poetas, que están o estuvieron tras terrados, Antonio Mª Flórez, Álex Chico, José Manuel Díez. Con todo merecimiento, sin duda alguna, como supongo que Ada Salas, María José Flores, y algunos más estarán aquí también… En cuanto a preguntas o comentarios ya está este estupendo cuestionario para que ellos contesten, a todos os leo con gratificante placer y a través de vuestras obras ya me habláis. Es la mejor manera de entablar un diálogo en profundidad. No acostumbro a hacer preguntas porque contestarme a mí misma ya me resulta complicado.

-Resume brevemente tu poética. Recuerda mencionar los objetivos que te marcaste con tu obra publicada hasta el momento y hacia qué coordenadas crees que se dirige.

Dijo una vez Rilke “Era un poeta y odiaba lo impreciso”.
Y también tengo muy presente estas palabras de Karl Kraus:
"¡Odio esa falsa décadence mentida, que coquetea eternamente consigo misma: la combato y combatiré siempre: la poesía en pose, enfermiza, masturbada!".
Pienso que mi poesía, esta luz inestable, es un extraño puente tendido sobre el tiempo que atraviesa fronteras de una manera libre, acaso porque jamás las tuvo. Mis poemas son como balizas, señales de orientación frente a la oscuridad que se vislumbra en las líneas de sombra de la vida. La extrañeza latente en esta disidencia que acciona ciertos guiños por donde poder comprender o transitar mejor entre los páramos ciertos que una atraviesa en en este deambular llamado vida.
La tensión vertebra siempre mi poesía. Tensión que se articula en los versos, que son preguntas, desenmascarando a veces el orden establecido. Mi poesía se desdobla y adentra en la complejidad de múltiples facetas. Y, aunque la naturaleza se halle también presente, apunta más al centro de cada ser humano. Parte de una conciencia de irreductible soledad. Silencio, hay silencio entre líneas, un abisal silencio. Me gana este silencio metafórico tan arraigado en la Naturaleza y en la naturaleza de las cosas, y sobre todo en el propio ser humano inmerso en esa apuesta personal donde encuentra sus límites, salta sus propios muros y es a un tiempo materia y espíritu, caos y orden, verdad e impostura.
Me hallo permanentemente en estado de sitio  porque sé que decir la verdad tiene su precio.
A veces es un soliloquio, una conversación conmigo misma y a la vez un diálogo con un receptor desconocido, porque hay que bracear en el dolor y en la clara potenciación expresiva, descubrir en el barro del fondo las distintas verdades de una sed de absoluto. En poesía existe el punto de fuga que libera, aunque sabemos que esa supuesta consistencia ontológica no deja de ser también algo ilusorio. A veces hiere desde su confinamiento buscado. Procuro despojarla de artificios y de anécdotas, acaso como contestación a la moneda de cambio de cierto tipo de lenguaje, muy empleado en los últimos tiempos, ya que existen poquísimas cosas que se salven frente a los intereses de nuestra supuesta civilización.
Procuro que desbroce espacios, dejarla pensar y sentir, meditar de forma tan intensa como perturbadora.
A menudo descreo, con ella, de las eternas verdades propagadas, porque sé o intuyo, que la libertad al fin y al cabo es un concepto que ha de vivirse desde el interior. A veces se halla atravesada por el dolor pero sin ser en absoluto compasiva porque no seduce con imágenes coloristas ni tampoco intenta consolar, es una herida abierta que se defiende por sí misma sin necesitar de puntos de sutura. Es la extrañeza. Es mi condición del extraño*.
*En homenaje al libro de Efi Condición del extraño (Siltolá, 2013) he tomado este título para uno de los epígrafes del prólogo. 

lunes, 16 de diciembre de 2019

"Tengo el país que me merezco" en UN POEMA CADA SEMANA

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El blog UN POEMA CADA SEMANA, ya una referencia para docentes, selecciona versos y prepara actividades a partir de ellos. 


COMENTARIO: El humor como herramienta para descubrir una realidad compleja, parece un buen recurso para acercarse a la lectura de poemas. No creo que sea casual que Víctor Peña Dacosta siga ejerciendo de profesor y que su poesía sencilla, desprejuiciada y libre, pueda servirnos para hacer atractivo el mundo de los versos al alumnado. En cualquier caso, el poeta juega al desconcierto y hablando de situaciones tan peregrinas o alejadas de los temas típicos de la poesía como el fútbol, nos sumerge en una historia mucho más cruel y despiadada. Un repaso a vuelapluma por aspectos poco agradables de nuestra historia.
Si algún lector encuentra en este poema posiciones poco fundamentadas, cuando no sesgadas, puede tener razón. Pero parte del acierto del poema se halla precisamente, bajo nuestro punto de vista, en su contemporaneidad, en su modo de presentar lo que quiere decir. Parece que reproduce una parte de una conversación cualquiera en las redes sociales o en cualquier debate televisivo: tótum revolútum. Mucha víscera, mucha gratuidad también, mucho sarcasmo y, sin embargo, verdades como puños que dejan al lector besando la lona después de su lectura. Porque el retrato que hace de la España más reciente es demoledor, escalofriante. Pone en primer lugar de prioridades al fútbol y sus derivas sin sentido, pero lo hace para luego llegar a su visión de lo que es España bajo su punto de vista. Y ahí su posición no se esconde en vana palabrería. Más bien muestra una posición dura y sin contemplaciones, radical. Radical, en el sentido de esclarecer las raíces del lenguaje para posicionarse vital o existencialmente ante los acontecimientos pasados o presentes.
Ese compromiso con el mundo que nos rodea resulta necesario hoy más que nunca. Aunque seas poeta, aunque seas profesor. Necesitamos llamar a las cosas por su nombre, sin cortapisas, sin miedo, sin medias tintas. Y denunciar la falta de escrúpulos por intereses espurios o egoístas, como en el caso de Dalí frente a la muerte de Lorca; o para recordar la historia universal de la infamia que recorre la historia de nuestro país, como en el caso de Galdós; o para reivindicar otra manera menos grosera de eliminar a los que verdaderamente aportan algo a nuestra cultura (Cernuda, Gil de Biedma y muchos otros frente al insulto fácil y chabacano de los mediocres). Sospecho que con un profesor así sus alumnos, y los que lo conozcan en persona -o en las redes-, se lo pasarán en grande. Y eso, en los tiempos grises que corren es de agradecer. Nosotros desde aquí lo agradecemos infinito y soñamos con ser, alguna vez, alumno de Víctor Peña Dacosta.

Gracias al gran Antonio Martín Flores por tan generosa y didáctica lectura y ánimo a los alumnos que tengan que abordar los ejercicios sobre versos tan poco espirituales.