ARREBATOS ALÍRICOS

Me fui sobreviviendo como pude

(José Luis Piquero)


sábado, 3 de diciembre de 2022

MORIRÁN DE FORMA INDIGNA: Alberto Reyero demuestra la eugenesia de Ayuso durante la pandemia.

 

El entonces consejero de Políticas Sociales asegura que la primera vez que se planteó dimitir fue al comprobar «la indiferencia dentro del Gobierno a la tragedia de Monte Hermoso», la primera residencia que se convirtió en noticia por el elevado número de muertes y contagios. El 25 de marzo, una semana después de que se empezara a hablar de Monte Hermoso y cuando ya casi mil personas habían fallecido en residencias, Reyero pidió ayuda en el Consejo de Gobierno telemático que se celebró aquel día. «Hice una petición concreta: cincuenta médicos y cincuenta enfermeros para reforzar la atención sanitaria en las residencias que requerían una actuación más urgente. Era una petición modesta, porque se necesitaban muchos más recursos, pero era una manera de poner en marcha aquello que habían prometido unos días antes. “La situación es límite”, les resumí. No voy a dar demasiados detalles del debate porque las deliberaciones del Consejo tienen carácter reservado. Pero no recibí más que evasivas (no iban a poner a mi disposición a ningún sanitario, eso me quedó claro) y solo sentí frialdad e indiferencia a mis peticiones», escribe Reyero. Y añade: «Durante aquel debate, un consejero de Ciudadanos me había escrito un mensaje de WhatsApp: “Les da igual”». ¿Frialdad e indiferencia ante la muerte de cientos de personas mayores, muchas de ellas dependientes, que se ahogaban en su propia tos, encerradas en sus habitaciones? ¿De qué calaña tienes que ser? El lector descubrirá a lo largo de esta obra abundantes ejemplos de semejante indolencia e insensibilidad. En un país normal, decente, el mismo día que se publicase este libro, la Fiscalía de Madrid abriría diligencias, citaría a declarar a algunos protagonistas mencionados por Reyero, pediría documentación al Gobierno autonómico e iniciaría una investigación seria y en profundidad. Claro que, en un país decente, los familiares de muchas víctimas no habrían tenido que soportar el escarnio de determinados autos judiciales y resoluciones fiscales de archivo, sin tomarse la molestia de realizar la más mínima investigación sobre los hechos descritos en las denuncias. Y todo ello ante la inaceptable y cómplice pasividad de la fiscal general del Estado hasta julio de 2022, Dolores Delgado. Este libro desnuda también el funcionamiento de un poder opaco y corrupto. Opaco a veces incluso para el propio Reyero, a quien la presidenta Isabel Díaz Ayuso ocultó una reunión al principio de la pandemia donde en teoría se diseñó un plan con 270 actuaciones. «¿Dónde se encuentra ese plan con 270 medidas de lucha contra la pandemia? Porque si ahí están contenidas las líneas de actuación para enfrentarse a la mayor urgencia sanitaria de los últimos tiempos, ¿no deberíamos haber tenido acceso a ellas? Pero la realidad es que no lo hemos visto nunca. Ni nosotros ni nadie», se lamenta. Un poder corrupto en la medida en que se apoya en un costoso aparato de propaganda para imponer un relato falso. (...)

«Quien es ciego ante los hechos y la realidad es un peligro mayor para la verdad que el mentiroso», sostiene con razón el filósofo Byung-Chul Han, para quien «decir la verdad es un acto genuinamente político». Hay mentiras tan burdas que no llegan ni a falacia, solo aptas para el consumo de tontos de remate, como la de que el responsable de las residencias era Pablo Iglesias. Pero hay otras falsedades más elaboradas: que fue un tsunami ante el que no se pudo hacer nada; que el único culpable fue el bicho (simpleza que también propagó con entusiasmo casi fanático el presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, José Augusto García Navarro); que en todas partes se actuó igual; que lo ejecutado con los residentes fue un triaje… Y la más inhumana de todas: que las personas fallecidas sin recibir atención médica en las residencias habrían muerto igual si las hubiesen trasladado a un hospital. Una verdadera estafa argumental que la propia Ayuso colocó en un programa nocturno de máxima audiencia, donde fue a hacer el saltimbanqui en vez de aprovechar para pedir perdón a los familiares de las víctimas. Frente a ello, Reyero explica cómo actuaron de forma diferente en otras comunidades autónomas, denuncia que el «hospital milagro» montado en Ifema «tenía truco», detalla el escándalo de la llamada «operación bicho» y disecciona el Protocolo de la Vergüenza, que establecía «que había vidas dignas de ser vividas y otras que no. Así de claro. La terminología médica escondía una discriminación inaceptable: si vives en una residencia no tienes derecho a ir al hospital. Tampoco si tienes una discapacidad. Hay otras vidas que merecen ser salvadas antes que la tuya». Decir la verdad es, desde luego, un acto genuinamente político. (...)

Los que por acción u omisión permitieron que 7291 mayores fallecieran en las residencias de Madrid sin recibir la atención sanitaria a la que tenían derecho son personas indignas. Y los que mintieron, ocultaron o manipularon los hechos, también. Y quienes se negaron a investigarlos, también. Aunque disimulen, aunque lo nieguen, todos ellos llevarán el resto de sus días ese peso de indignidad sobre sus conciencias. Y en el futuro, cuando se escriban los libros de historia, los miembros de su estirpe se avergonzarán de ellos al conocer lo que hicieron en aquella primavera negra de 2020. Manuel Rico Julio de 2022 (...).

Que las políticas sociales han importado muy poco en el PP, lo sabe cualquiera medianamente interesado en la materia. En el menos dañino de los casos lo han considerado como caridad, nunca como derecho. Sus distintos consejeros mostraron un desconocimiento generalizado de la materia, que tampoco es lo más grave, porque de todo uno acaba aprendiendo. Pero cuando no se tiene ningún interés, no hay nada que hacer. Por esa razón, la Comunidad de Madrid es en la actualidad la comunidad autónoma con las políticas sociales más obsoletas de España. La Ley de Servicios Sociales de 2003 o la de Infancia de 1995 son solo dos ejemplos que harían sonrojar a cualquier persona con un mínimo compromiso hacia los más vulnerables. Han gozado de mayorías absolutas durante muchas legislaturas para sacar adelante esas reformas. Y no han hecho nada. No han querido. No les ha importado. (...)

No hay rastro alguno de esa reunión en las agendas públicas de sus participantes. La única persona que incluyó alguna actividad ese día fue la presidenta, con un acto suficientemente conocido: la conmemoración del aniversario de los atentados terroristas del 11-M. Con posterioridad ha habido diversas peticiones de información acerca de las personas que pasaron por la Puerta del Sol durante esa semana. Por supuesto, no han facilitado ninguna información. No supimos nada de la existencia de esa reunión hasta que Antonio Burgueño, el único que no formaba parte del Gobierno, la mencionó en una entrevista publicada en junio de 2020 en El País36. En esa entrevista, explicaba que había recibido una llamada de la presidenta a las cinco de la tarde del 10 de marzo para pedirle su opinión sobre la pandemia. «Le dije que lo veía muy mal y le propuse hacer un plan. Mi idea es muy militar, muy del ejército y de empresa. Me dice: “Mañana nos lo cuentas en la Casa de Correos a [el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz] Escudero, [el consejero de Hacienda, Javier Fernández] Lasquetty y a mí”», afirmaba Burgueño. Y la entrevista continuaba: P. ¿Qué pasó al día siguiente? R. Les dije: «Tienen ustedes necesidad de un plan de guerra». No sé si usé esa expresión, pero uno de los presentes dijo: «Ya tenemos un general». Yo propuse que una persona tuviera el mando único, ajeno al mando político. Me fui y en cuestión de 24 horas, yo y el equipo de mi consultoría elaboramos un programa con 270 tareas que fue presentado el jueves 12 por el consejero Escudero. Desde que me enteré de aquella reunión, no han dejado de rondarme muchas preguntas. ¿Por qué la mantuvieron en secreto ante el vicepresidente del Gobierno y ante mí? ¿Por qué no contaron con la persona que tenía más información sobre las residencias —yo— para elaborar las medidas pertinentes? ¿Por qué, en cambio, sí estaba presente el consejero de Hacienda? ¿Hubo más reuniones similares? Y, sobre todo, ¿dónde se encuentra ese plan con 270 medidas de lucha contra la pandemia? Porque si ahí están contenidas las líneas de actuación para enfrentarse a la mayor urgencia sanitaria de los últimos tiempos, ¿no deberíamos haber tenido acceso a ellas? Pero la realidad es que no lo hemos visto nunca. Ni nosotros ni nadie. Ese plan también se ha solicitado por medio de transparencia. La respuesta ha sido la habitual en estos casos: negar su existencia (...).

Aunque el consejero de Sanidad había subrayado la importancia de que las residencias mantuvieran informada a su Consejería, lo cierto es que la residencia Monte Hermoso ya lo había hecho. Desde nueve días antes. La propia Consejería de Sanidad lo acabaría reconociendo. He contado este caso para que no perdamos de vista la gravedad de la epidemia, pero también por lo que ocurría con la medicalización de las residencias. En una entrevista que le hicieron ese mismo día 17 por la tarde en Informativos Telecinco, Isabel Díaz Ayuso siguió la estela argumental marcada por el consejero de Sanidad en la SER. Primero, afirmó que no sabía nada del estado de la residencia hasta que los medios de comunicación informaron de la muerte de diecisiete personas. Además, afirmó que todas las residencias ya estaban medicalizadas, ya fueran públicas, privadas o concertadas. Reproduzco lo que dijo en esa entrevista: «Nos ha llegado la información a lo largo de la tarde. Dentro de toda la red asistencial, en su práctica totalidad todas las residencias están todas medicalizadas. De esta no sabíamos que estaban en esta situación. […]. Yo lo que también quiero transmitir es que no es la tónica general en nuestras residencias». Y continuó diciendo lo siguiente: «En las que son públicas están medicalizadas. En las privadas concertadas como este caso lo que hemos hecho es trasladar equipos médicos a todas ellas y proteger a los mayores, la población más vulnerable»42. ¿Sabía de lo que estaba hablando? Hay que recordar que esto lo estaba diciendo el 17 de marzo por la tarde. Solo cinco días antes, uno de los puntos del Plan de lucha contra el coronavirus que acababan de anunciar afirmaba que «las residencias se van a medicalizar». De ser cierto lo que afirmaba la presidenta, estaríamos ante unos gestores con unas capacidades sobrehumanas. Solo habían necesitado cinco días para medicalizar unas 200 residencias. Huelga decir que lo que decía la presidenta no era verdad. Ni siquiera se le parecía. (...)

Necesitábamos una mayor involucración de la Consejería de Sanidad, responsable de llevar la atención sanitaria a las residencias. En otras comunidades autónomas ya se estaba haciendo así. De Andalucía tenía información directa. Rocío Ruiz, la consejera de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación de Andalucía y responsable de las residencias andaluzas, me había comentado por teléfono: «En cuanto se detecta un solo caso de covid en una residencia, la Consejería de Salud toma el mando. Esa es la operativa que tenemos». Días después pude ver el acuerdo en el que se sustentaba lo que me había dicho la consejera: se había tomado el 20 de marzo y salió publicado diez días más tarde en el BOJA, el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía44. Algo similar también ocurría en la Comunidad Valenciana, como habíamos podido ver en una noticia publicada el 18 de marzo en El Confidencial: «Las residencias de ancianos de la Comunitat con casos de virus tendrán control público»45. En el cuerpo de la noticia explicaban en qué consistía ese control: «Las residencias de ancianos públicas y privadas de la Comunitat Valenciana en las que se produzcan brotes de coronavirus pasan al control y protección de la Conselleria de Sanidad, que tendrá plena capacidad de inspección para evaluar la situación y tomar las medidas oportunas». En la Comunidad de Madrid, en cambio, seguían sin tomarse medidas semejantes. (...)



No voy a dar demasiados detalles del debate porque las deliberaciones del Consejo tienen carácter reservado47. Pero no recibí más que evasivas (no iban a poner a mi disposición a ningún sanitario, eso me quedó claro) y solo sentí frialdad e indiferencia a mis peticiones. Era la misma respuesta que estaba recibiendo mi equipo durante esos días y que me transmitían desconsolados. El único momento en el que hubo alguna reacción fue cuando me quejé amargamente de que no se nos tuviera en cuenta, de que no importábamos, de que se nos estaba dejando a nuestra suerte. El consejero de Sanidad se molestó por mis comentarios. Podría citar muchos ejemplos de nuestros gritos de auxilio a la Consejería de Sanidad durante esos días para que medicalizaran las residencias. Pero no quisieron escucharlos. Y no lo digo solamente yo. El 22 de junio de 2020, El País publicó una entrevista con Carlos Mur, que había sido director general de Coordinación Socio-Sanitaria, y, por tanto, una persona con mucha relevancia en la Consejería de Sanidad al comienzo de la pandemia. Este fue el titular: «El responsable de medicalizar residencias en Madrid admite que la atención fue insuficiente durante semanas»48. Por otro lado, en su posterior comparecencia ante la comisión de investigación sobre residencias de la Asamblea de Madrid, en febrero de 2021, Antonio Burgueño, el asesor del Gobierno madrileño durante esas fechas, reconoció que la medicalización de las residencias no llegó a ponerse en marcha. «Estamos hablando de que el enfermo no fue bien atendido», dijo ese día. También lo dijo en la entrevista gracias a la cual me enteré de la reunión clandestina en Sol: «La medicalización de las residencias no se llevó a cabo. En el ejército es todo muy fácil. Faltó jerarquía, rapidez y eficacia», reconocía Antonio Burgueño en El País49. Como no estuve presente en aquella reunión secreta del 11 de marzo, jamás sabré qué falló exactamente para que no se produjera la prometida medicalización. Solo me queda especular sobre el asunto. Que la comisión de investigación terminara abruptamente tampoco ayuda a conocer las respuestas a preguntas como: ¿es probable que en aquella reunión anunciaran la medicalización de las residencias porque era una medida amable, aunque sabían de antemano que no la llevarían a término? Y una pregunta que me cuesta escribirla, pero tengo que hacerla: ¿alguno de los asistentes consideró que si iba a haber muertos mejor que se produjeran en las residencias (lejos del foco mediático) y no en los hospitales? (...)

"Nada de lo que pasó en marzo y abril de 2020 es ajeno a las políticas aplicadas durante los últimos veinticinco años en la Comunidad de Madrid. No puede serlo. El sistema sanitario y los servicios sociales partían de una situación de precariedad. Si la situación ya era grave en todo el país51, aún lo era más en la región madrileña. Por ejemplo, el Índice de desarrollo de los servicios sociales 2020, publicado en mayo de 2021 por la Asociación Estatal de Directores y Gerentes en Servicios Sociales, otorgaba la peor calificación posible a la Comunidad de Madrid en prestación de servicios sociales o en presupuesto dedicado a ellos52. Algunos medios se hicieron eco de la presentación de este informe. ElDiario.es, por ejemplo, tituló la noticia de la siguiente manera: «Madrid y Murcia son las comunidades que afrontaron la crisis de la COVID con peores servicios sociales»53. Además, recordemos que en esa época aún seguían vigentes los presupuestos aprobados en diciembre de 2018 porque no se había intentado llegar a ningún acuerdo para sacar adelante unos nuevos, como sí había sucedido en otras comunidades autónomas con gobiernos de coalición. La razón real de que no se hubiesen aprobado unos presupuestos para 2020, a mi juicio, era que el Partido Popular no quería enfrentarse a Vox a sabiendas de que Ciudadanos se opondría a algunas de sus exigencias. (...)

En resumen, y explicado de manera sencilla: tuvimos que enfrentarnos a una crisis sanitaria con una financiación ya de por sí escasa y con un presupuesto inferior al del año anterior. (...)

¿La razón de lo que ocurrió en marzo y abril de 2020 en las residencias madrileñas es consecuencia de esas políticas (y las de los veinticinco años anteriores)? No solo, claro. En cualquier desastre, las causas son siempre múltiples, y algunas son muy difíciles de controlar. Pero ¿influyeron? Sin ninguna duda. ¿Si las residencias hubieran estado bien financiadas habríamos evitado la hecatombe? Rotundamente, no. Los tsunamis, cuando llegan, se lo llevan todo por delante. Pero también es verdad que las construcciones más sólidas y flexibles resisten mejor que las endebles: un mismo tsunami no causa los mismos estragos en las costas de Japón que en las de Filipinas. Y el sistema residencial madrileño mostraba señales de debilidad desde hacía demasiado tiempo. Y no solo hablo de inversiones insuficientes: las leyes sociales vigentes en Madrid eran las más antiguas de España. Teníamos una ley de infancia de 1995 —obsoleta después de dos reformas de calado en la legislación nacional—, una ley de servicios sociales de 2003 —previa a la ley de dependencia— y una normativa sobre residencias de los años ochenta y noventa del siglo pasado, por citar solo los ejemplos más sangrantes. La Comunidad de Madrid era la comunidad autónoma con la legislación social más obsoleta de toda España. (...)

«No ha logrado sacar adelante en ese año y siete meses de legislatura ningún presupuesto y que solo ha aprobado una ley, la del Suelo, recurrida ante el Tribunal Constitucional al haberse aprobado sin el quorum necesario», contaba una noticia de elDiario.es publicada el 14 de marzo de 2021, cuando Ayuso anunció la convocatoria de elecciones anticipadas57. Estas cosas revelan un problema que no es de ahora: en esta Comunidad se ha estado más preocupado por esconder la corrupción (Gürtel, Púnica, Lezo…) o por bajar impuestos a costa de los servicios públicos que de prepararse para gobernar en condiciones. (...)

El 21 de marzo volví a las oficinas de la Agencia Madrileña de Atención Social (AMAS). Era el tercer sábado consecutivo que lo hacía desde que conocimos el primer fallecimiento en una residencia madrileña porque esas visitas me permitían hablar con el equipo que estaba en primera línea, profundizar en la evolución de la crisis y transmitirles el apoyo del Gobierno en un momento tan difícil. Esa mañana, el gerente de la AMAS me informó, nada más llegar, de que acababan de recibir un protocolo de Sanidad que les tenía muy preocupados. Era la primera vez que me hablaban de la existencia de un protocolo que, de aplicarse, impediría que muchos de nuestros residentes fuesen atendidos en los hospitales. Le pedí que me lo enseñara. El documento les había llegado adjunto en un correo electrónico enviado por Carlos Mur, el director general de Coordinación Socio-Sanitaria, área dependiente de la Consejería de Sanidad, con el siguiente mensaje: Asunto: protocolo derivación hospitales a residencias (geriatra referente)- atención en residencias Att./ Directores Gerentes y Directores Médicos de los hospitales de la Comunidad de Madrid Buenos días a todos, Con el objeto de racionalizar el abordaje de uno de los principales focos de la emergencia que padecemos: Se adjunta protocolo actualizado para criterios de traslado de pacientes de residencias geriátricas (AMAS y gestión privada), protocolo técnico elaborado por los principales jefes de Geriatría de la Comunidad de Madrid, servicios de Geriatría con especialistas referente constituidos y teléfono de contacto. Además, protocolo de actuación y protección elaborado por el AMAS (Dr. Primitivo Ramos) y listado de recursos (residencias de mayores con sus hospitales de referencia) Dichas recomendaciones van siendo forzosamente actualizadas según la evolución de la pandemia y del material disponible. En espera de la dotación adecuada de profesionales y EPIS en residencias, debemos ayudarles en el suministro y en los traslados racionales desde los hospitales. El objetivo primordial en este momento es disminuir fallecimientos evitables en determinados centros. Ruego a los compañeros de la Consejería de Políticas Sociales la difusión del protocolo de actuación a todas las residencias de la red pública y privada. (...)


Estos protocolos expresaban que un residente que presentase síntomas de Covid-19 o sufriese cualquier otro problema de salud no sería trasladado a un hospital si cumplía alguno de los «criterios de exclusión». Estos criterios no se aplicaban para las personas que viviesen en sus domicilios y no en una residencia. Es decir, la condición sanitaria de los pacientes no era tan importante como el lugar en el que vivían. Tal cual. (...)

No hace falta que entre en detalles acerca de cómo morían las personas contagiadas de covid; imaginaos las que lo hacían sin un adecuado soporte sanitario. Porque todos los ciudadanos tenemos el mismo derecho a la sanidad y a no ser discriminados. Y no lo digo yo, lo dice nuestra Constitución en su artículo 14: «Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social»). ¿A cuántas de esas personas que, con el tratamiento adecuado, podrían haber superado la enfermedad en un hospital se les negó el acceso? No lo sabemos. Y no lo llegaremos a saber nunca. Pero intuimos que fueron muchas. (...)

La noticia mencionaba que la instrucción «había generado un profundo malestar en las asociaciones que representan a las personas con diversidad funcional» y que «esta indicación figuraba en el protocolo frente a la pandemia del Covid-19 que la Dirección General de Coordinación Socio-Sanitaria había enviado a las residencias de mayores de la región esta semana, tal y como avanzó El Español y confirmaron a este periódico en el Gobierno regional». La frase final es muy importante porque incluía la confirmación, por parte del Gobierno regional, de la existencia de esas instrucciones. ¿Por qué la considero importante? Porque dos meses después, el 28 de mayo, la presidenta lo negaría rotundamente en el pleno de la Asamblea. (...)

Unos minutos después del lanzamiento de la nota de prensa de la Comunidad de Madrid, a las 20:35, Okdiario publicaba una noticia con el siguiente titular: «Ayuso aparta a Cs de la gestión de las residencias de mayores e impone un mando único»97. El cuerpo de la noticia reproducía de manera bastante fiel la nota de prensa publicada solo unos minutos antes por Presidencia sobre el plan de choque (algunos párrafos son los mismos) en la que no se decía nada de apartar a nadie. Pero el titular era muy claro. Aclaraba cómo había que interpretar ese plan de choque: «Ayuso aparta a Cs». Eso era lo sustancial. Se insistía en lo mismo que ya había hecho ESdiario una semana antes. Había que dejar muy claro a quién se apartaba. En el titular. Para eso están los medios amigos. Ya habrá tiempo de recompensarles. Por otro lado, la información de Okdiario insistía en que la decisión de Ayuso implicaba «unificar la gestión del coronavirus dentro de su Gobierno» y «aparcar el mando de una de las carteras de Cs». E insistía: «Esto implica que los responsables hasta el momento, Cs, quedan al margen de la Consejería de Políticas Sociales por lo que respecta a las residencias y hasta que pase la situación de emergencia». Que eso no fuera lo que decía la nota de prensa publicada unos minutos antes por la Comunidad de Madrid les importaba poco. Hay que reconocer las prisas que se habían dado en Okdiario en hacer esa interpretación. Solo habían necesitado unos minutos. Eso sí, con el tiempo suficiente para que se replicara en los telediarios de la noche. Porque eso es lo que pasó. Algo que se ha hecho muy habitual en los últimos tiempos: se publica una información en un medio digital amigo y a continuación las televisiones se hacen eco, replicándola y amplificándola en sus informativos. En eso consiste su estrategia. La veremos repetida en centenares de ocasiones. Y eso fue lo que ocurrió. La interpretación de Okdiario, y no la nota de prensa, es la que saltó a los medios, especialmente a los telediarios de la noche. Y desde Sol, al mismo tiempo, empezaron a contar a los periodistas que se habían visto obligados a hacerlo por mi incompetencia, negligencia y el desastre de mi gestión. Es algo que en ese momento ya intuía que estaban haciendo, pero más tarde me lo confirmaron varios periodistas. El mensaje era diáfano: yo era el culpable. ¿De qué? De todo. (...)

Es curioso que tres meses después del anuncio del plan de choque, el 24 de junio, en una entrevista en el programa Espejo Público, de Antena 3, la presidenta Ayuso corrigiera a Okdiario —y los mensajes que su entorno estaba contando a los periodistas— afirmando que no me habían quitado las competencias durante la crisis del coronavirus «sino que la Comunidad de Madrid estableció un plan de choque entre tres consejerías (Políticas Sociales, Sanidad e Interior) para trabajar de manera conjunta en las residencias y frenar los contagios y fallecidos», según una noticia de Europa Press que recoge las declaraciones de la presidenta en esa entrevista100. A buenas horas llegaban esas aclaraciones. Había tenido tiempo de sobra para desmentir los mensajes de su propio equipo, pero entonces no le interesaba. La aclaración habría tenido algún valor la misma noche del 26 de marzo o en los días posteriores, pero tres meses después llegaba tarde. Es más, demostraba una vez más la tortuosa relación que tienen con la verdad. ¿Quién iba a prestar atención a la verdad dicha tres meses después? El mal estaba hecho. Y sabían perfectamente lo que se hacían. La misma noche del 26 de marzo me llegaron muchos mensajes de WhatsApp mostrándome apoyo, aliento y cariño. Y no solo de compañeros de partido. (...)

Sobre las 9:00 recibí una llamada telefónica de la presidenta comunicándome la decisión de poner en marcha un plan de choque en las residencias. A las 13:00 mantuvimos una reunión telemática en la que la presidenta especificó algunos detalles adicionales de ese plan y en la que también estaba el alcalde de Madrid, el vicepresidente y los consejeros de Sanidad y de Justicia. A las 16:40, El Mundo recogió la noticia de que «Sanidad de Madrid rectifica la instrucción de no llevar al hospital a ancianos con discapacidad y síntomas de coronavirus». Sobre las 19:00, la Consejería de Políticas Sociales publicó una nota de prensa que informaba por primera vez acerca del número de fallecidos en residencias. Alrededor de las 20:00, Presidencia publicó una nota de prensa anunciando la puesta en marcha del plan de choque. Y finalmente, a las 20:35, Okdiario publicó cómo había que interpretar ese plan de choque: «Ayuso aparta a Cs de la gestión de las residencias de mayores e impone un mando único», que sirvió como trampolín para que la noticia saltara a los medios nacionales. Este titular de Okdiario (y sus réplicas mediáticas) tapó informaciones muy relevantes, como las verdaderas características del plan de choque, el número de fallecidos en las residencias o el reconocimiento que hacía el Gobierno regional de que existía un protocolo que impedía el traslado de personas con dependencia y discapacidad a los hospitales. Todas estas cuestiones quedaron fuera del foco público (...)

como la incorporación de MAR y la llegada de la pandemia casi coincidieron en el tiempo, es difícil saber si la estrategia de Ayuso cambió por su llegada, por el covid, o, lo más probable, por las dos. ¿Se aprovechó la pandemia para poner en marcha una nueva estrategia? No deja de ser una opinión, pero no tengo ninguna duda de que así fue. A partir de ese momento, convertir a la presidenta en un «personaje» con alcance nacional pasó a ser una verdadera obsesión para Sol. Se trataba por un lado de completar lo que había quedado inacabado (Miguel Ángel Rodríguez había sido su asesor durante la campaña para las elecciones de mayo de 2019) y, por otro, de repetir la jugada que tan bien había salido en los años ochenta con Aznar desde la presidencia de Castilla y León. Esto ya ha sido muy comentado por decenas de analistas políticos, pero a efectos prácticos la nueva estrategia consistió en intensificar la agresividad del discurso de Ayuso, buscando en muchos casos la vulgaridad y los mensajes faltones, siempre dirigidos al presidente Sánchez. Para ello se aprovechó el peculiar estilo de la presidenta, que ya conocía bien porque había compartido escaño con ella varios años en la Asamblea. Barbaridades dichas como si tal cosa, sin inmutarse, con cierta chulería, pero sin decir una palabra más alta que otra. Además, se apostó por perseguir los titulares a toda costa o las fotografías (aunque fueran ridículas) con tal de salir en los medios. Este estilo tampoco era ninguna novedad en la Comunidad de Madrid. Desde un primer momento pretendieron volver a los años de Esperanza Aguirre. Entonces, este tipo de comportamientos les sirvieron para enfrentarse a los casos de corrupción que casi les hicieron descarrilar. En esta ocasión solo les faltaba la mayoría absoluta para hacer lo que les diera la gana, pero el resto era igual: desde el desparpajo en el discurso, el control férreo de los medios de comunicación o el desprecio a rendir cuentas en la Asamblea. Pero, sobre todo, la repetición machacona de ese agravio institucional, esta vez sustituyendo a Zapatero por Sánchez. Cualquier cosa que saliera mal, entonces y ahora, era responsabilidad del Gobierno central; y lo que salía bien se debía a la magnífica gestión de la presidenta. Hasta encontraron un nombre para lo que representaba Sánchez: «Madrileñofobia». Esa estrategia llegó a límites tan grotescos que, durante la campaña electoral de 2021, cuando la gestión de la vacunación presentaba unos resultados muy malos en la Comunidad de Madrid en comparación con el resto de comunidades autónomas, la presidenta hizo afirmaciones tan estrafalarias como esta: «Si no hubiera sido por el Gobierno, yo ya tendría Madrid vacunada al 100 %». Sin tener en cuenta que el problema de disponibilidad de vacunas era europeo y que Madrid siempre puntuó mal en el porcentaje de vacunas dispensadas respecto a las disponibles. Pero qué más da, también los defensores del Brexit aseguraban que financiarían el sistema sanitario británico con los 350 millones de libras semanales que dejarían de enviar a la Unión Europea. Es una estrategia claramente populista pero que da muy buenos resultados. (...)

La receta de confrontación y consignas simplonas se convirtió en el pan nuestro de cada día. La política como espectáculo y no como gestión. Aunque se hable continuamente de gestión, esta no importa tanto como las consignas resultonas del tipo «socialismo o libertad». (...)

En la parte que nos toca, el nombramiento de MAR supuso que todo quedara al servicio del relato y que lo importante fueran los fines. Daba igual que lo que se transmitiera fuera verdad o mentira, aunque hay que decir que muchas veces era pura ficción. Los medios no importaban, como tampoco importaban los escrúpulos. Si había que echar la responsabilidad sobre las espaldas del consejero de Políticas Sociales, se hacía, apoyándose además en periodistas y medios subvencionados. (...)

Y para que nadie vea inquina hacia ningún medio concreto, se trata de dos noticias de ABC publicadas unas semanas después. La única diferencia era el redactor que las firmaba. En las dos es muy fácil identificar un mismo mensaje original, pero contado de manera muy diferente. La primera es del 31 de mayo e incluía la siguiente afirmación: La situación de Alberto Reyero en el Gobierno regional es delicada. Entre las filas populares le culpan de «la desastrosa gestión de las residencias de mayores» durante las primeras semanas de la pandemia del coronavirus. Tanto es así, que Ayuso impuso un mando único en la figura del responsable de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero; algo que se leyó como una desautorización total a cómo Alberto Reyero estaba haciendo las cosas103. La segunda noticia se publicó solo unos días más tarde, el 5 de junio, una vez que se habían conocido los emails que había enviado al consejero de Sanidad. La traigo aquí por el siguiente párrafo: De ruido de fondo está la pelea soterrada que ha mantenido Reyero desde el inicio de la pandemia: fue el primero en denunciar que las residencias no podían atender la situación y pidió la ayuda del Ejército, que la presidenta Ayuso desestimó en un primer momento, pero luego aceptó. Días después, ella creaba un mando único que colocaba las residencias, desde el punto de vista sanitario, bajo las órdenes de Sanidad. Reyero lo agradeció y afirmó que era su petición: medicalizar las residencias. Pero desde el equipo de la presidenta se vendió como una desautorización al consejero de Políticas Sociales104. Con una diferencia de cinco días, las dos informaciones aludían a la puesta en marcha del plan de choque, aunque con una diferencia radical: mientras que la primera noticia nos decía que se había leído como una desautorización total, la segunda aclaraba que era el mensaje que estaba vendiendo el equipo de la presidenta. El redactor de la primera noticia había dado por bueno lo que le contaban desde Sol y ni siquiera mencionaba las fuentes que estaban detrás. Era casi un hecho probado. No había que dar más explicaciones. En la segunda noticia, por el contrario, la periodista era muy consciente de que ese mensaje se lo estaban vendiendo desde el equipo de la presidenta y marcaba espacio propio. (...)

También agradecí mucho los ánimos de quienes me conocían y de quienes sabían de qué iba la cosa. Pongo como ejemplo un tuit del 19 de abril de 2020 escrito por Raúl Camargo, diputado de Podemos durante la legislatura anterior a la pandemia, muy activo en materia de residencias: Esto es inaudito: Ayuso quiere cargarle el marrón de las Residencias a Reyero, que lleva ahí solo unos meses y al que encima le quitó las competencias hace un mes… el PP lleva 25 años destruyendo los centros residenciales. Que nadie olvide eso…110 Durante la anterior legislatura habíamos estado en desacuerdo en muchas cosas, pero hay que reconocer que teníamos un concepto parecido de la honestidad. Por esa razón, no puedo más que agradecerle que escribiera ese tuit. Una persona muy allegada también me explicó la situación de una manera muy gráfica en un mensaje privado: «Alberto, esto es como si te acabaran de nombrar director de un camping que lleva 25 años abierto, que se construyó en el cauce de un río y en el que no se ha tomado ninguna medida de protección durante todo ese tiempo. Llega un día, a los seis meses de hacerte con la dirección del camping, en el que se desata la gota fría y su consiguiente riada, y se lo lleva todo; una auténtica catástrofe. Y resulta que el responsable del desastre eres tú. No cuela». Todos estos comentarios me ayudaron a no rendirme. (...)

Quien quiera leerla, se encontrará con que en esa orden conjunta no se habla de ninguna retirada de competencias a la Consejería de Políticas Sociales. Porque para que estas cosas se lleven a término no basta con que Okdiario publique una noticia, pese a que en el Madrid trumpista parezca que sí. No me extenderé mucho sobre ello porque es algo farragoso. Pero, más allá de la ausencia de algún documento que permita su evaluación, la plasmación jurídica de la orden conjunta fue bastante chapucera. De haberse hecho bien, la orden conjunta sería el desarrollo normativo del decreto autonómico que puso en marcha el plan de choque. Pero como eso no se hizo, hubo que buscar la necesaria percha jurídica en otro sitio. Y se tuvo que recurrir a la Orden Ministerial SND/275/2020, de 23 de marzo, tal y como yo mismo había solicitado días antes en un Consejo de Gobierno. A efectos jurídicos, el famoso plan de choque era inexistente. En términos prácticos, la Orden 1/2020 delimitaba claramente las competencias de cada una de las dos consejerías en relación con las residencias. Simplificando, dejaba claro que a la de Sanidad le correspondía ocuparse de todo lo que tuviera que ver con altas, bajas y traslados de residentes, así como la medicalización de los centros. A la de Políticas Sociales nos permitió realizar algunas intervenciones en residencias, como el diseño de procesos para apoyar a los centros en una situación más crítica. Para llevar a cabo esta última tarea, seleccionamos una serie de «empleados designados» entre los directores de centros de día y de mayores de la AMAS, ya que tenían mucha experiencia y disponibilidad por el cierre de sus centros. Su misión consistiría en trabajar estrechamente con los responsables de cada residencia para estabilizar la situación asistencial, que no sanitaria, de los centros intervenidos. Entre sus tareas concretas se encontraban velar por el bienestar de los residentes, garantizar una comunicación fluida y constante con sus familiares, reorganizar y reforzar la plantilla a través de bolsas de candidatos facilitadas por la Consejería y vigilar estrechamente el cumplimiento de las instrucciones de Sanidad. El 31 de marzo tomamos la decisión de intervenir las ocho primeras residencias, aunque unos días más tarde decidimos ampliar la intervención a otras cinco. En un primer momento, los trece empleados designados se reunieron con las direcciones de los centros para explicarles el proceso que habíamos iniciado y recopilar los detalles necesarios para elaborar un informe de situación. Estos primeros encuentros no fueron muy bien recibidos por algunas residencias —había quien consideraba que su situación ya estaba estabilizada y que este proceso perjudicaba su imagen comercial— y por algunas plataformas —la consideraban una intervención testimonial y poco efectiva. (...)

Ifema fue un plató para la puesta en escena del guion propagandístico diseñado desde Sol: Una presidenta en acción. Les fue tan bien el story de Ifema que más adelante buscaron su réplica con el hospital Zendal, aunque eso quedará fuera del alcance de este texto. Las pruebas de la vocación publicitaria de este hospital son numerosas. Por ejemplo, solo estuvo abierto cuarenta y un días —los primeros pacientes ingresaron el 22 de marzo y se cerró el 1 de mayo— pero la presidenta lo visitó al menos en cinco ocasiones. También lo visitaron el rey Felipe VI y el entonces presidente del PP, Pablo Casado. ¿Qué pintaba en Ifema el presidente del PP? Ya lo digo yo: nada. Salvo subirse al carro del guion propagandístico diseñado en Sol. (...) Pero, pese a las 5500 camas anunciadas, el número total de pacientes que pasaron por el hospital durante sus cinco semanas fue de 3811, según datos de la Consejería de Sanidad. Y su pico máximo de ocupación fue de 1500 pacientes, un 25 % de lo anunciado. Así lo acabaría por reconocer la misma cuenta de la Comunidad de Madrid, pero dos años después, cuando ya no le interesaba a nadie (...).

La misma fuente que me había transmitido la existencia de esas instrucciones verbales de no recoger a personas de las residencias, me confirmaría que, en los días inmediatamente posteriores a la puesta en marcha del plan de choque, es decir, a partir del 27 de marzo, la misma persona que había dado instrucciones de no recoger a personas de las residencias para llevarlas a los hospitales trasladó a la plantilla del SUMMA 112 que a partir de entonces podían hacerlo. También eso coincide con otros testimonios, como ocurre con las declaraciones del director de la residencia pública Reina Sofía de Las Rozas recogidas en una noticia publicada por elDiario.es el 1 de abril: «No hemos podido derivar ningún residente desde el 10 de marzo hasta el lunes [entiendo que se refiere al lunes anterior a la publicación de la noticia, por tanto, el 30 de marzo]»149. Nunca sabremos si este cambio de criterio en el SUMMA 112 se produjo porque entonces la responsabilidad de las residencias ya había pasado a la Consejería de Sanidad, porque la situación hospitalaria apuntaba signos de mejoría o porque las residencias ya se habían resignado a su suerte y eran muy pocas las que solicitaban traslados a hospitales. Desgraciadamente, ningún responsable político relacionado con las derivaciones hospitalarias se someterá en sede parlamentaria a las preguntas que confirmen alguno de estos extremos. Uno de los convocados a la comisión de investigación era el gerente del SUMMA, al que habría que preguntarle si eran ciertas esas instrucciones, pero no llegó a comparecer por el bloqueo del PP y Vox después de las elecciones de mayo de 2021. (...)

Ignacio Fernández-Cid siguió siendo igual de claro acerca de los problemas en las derivaciones hospitalarias. Esto es lo que dijo en su entrevista del 9 de mayo en El Español, que ya hemos mencionado151: P: ¿Qué sucedía al llamar al hospital? R: No nos dejaban derivarlos allí. Si llamas diciendo que tu padre está en la residencia directamente ni te atienden. Eso es una angustia tremenda. Hay muchas familias que se han enfadado porque no les hemos derivado a su padre o a su madre al hospital. Oiga, pero es que no nos han dejado. Y nos dicen: «¿Cómo va a ser posible?». Se lo prometo, no nos han dejado. Pero si una persona mayor desde su casa necesita ir al hospital, ese procedimiento no ha cambiado. Si tienes una urgencia, lo llevas a urgencias y ya está. El problema ha sido las personas que estaban en los centros. Por eso las familias no lo entendían. Y esa orden las han dado las autoridades sanitarias de las comunidades autónomas. El 14 de junio, El País publicó una noticia titulada: «La rebelión contra el hospital de una directora de residencia: “Esto es sentenciar de muerte a la gente y no lo pienso permitir”»152. El texto contaba que Lidia Sánchez había enviado el 9 de abril un escrito de desobediencia al Hospital de Alcorcón «por obligación ética» después de haber visto durante semanas morir a mayores sin atención médica. La noticia reproducía ese correo electrónico, que refleja muy bien lo angustioso de la situación para las residencias (...).

El 19 de marzo, Salvador Illa y Pablo Iglesias celebraron una rueda de prensa conjunta en la que explicaron las medidas aprobadas ese mismo día en un decreto y en una orden. Ninguna de esas normas afirmaba que el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, dirigido por Iglesias, asumiera las competencias sobre las residencias; tampoco establecía un «mando único» para las residencias. Lo que dijo el ministro de Sanidad, Salvador Illa, es que habían elevado un protocolo «acordado con las comunidades autónomas» a carácter de orden ministerial con el fin de «garantizar la restricción de visitas», de «garantizar una atención médica mínima» y de «cerrar aquellos centros de mayores que no tuvieran las mínimas condiciones». En lo que se refiere a Pablo Iglesias, es cierto que aprovechó su intervención para enfundarse el traje de salvapatrias que tanto le gusta. Parece mentira que a estas alturas no conozcamos al personaje. Esa rueda de prensa me recordó a otra mucho más famosa celebrada en enero de 2016, donde sin encomendarse a Dios ni al diablo, se autoproclamó vicepresidente, responsable del CNI y no sé cuántas cosas más, después de reunirse con el Rey, sin que Pedro Sánchez, que supuestamente le nombraría, supiera nada. Pero lo que en realidad afirmó Pablo Iglesias durante la rueda de prensa del 19 de marzo de 2020 fue lo siguiente: Para el Gobierno es una prioridad absoluta responder a la situación que se está originando en los centros de mayores y este fondo de 300 millones de euros va a emplearse para este fin. Es urgente medicalizar estos centros reforzando las plantillas con personal y elementos sanitarios, con más recursos y muy importante, insisto, con equipos de protección individual para los profesionales de estos centros que van a adquirirse con este fondo. Ya estamos trabajando con el Ministerio de Sanidad para que los equipos lleguen cuanto antes (...)

Supongo que Iglesias, celoso de que el ministro de Sanidad hubiera sido nombrado autoridad única en el decreto del estado de alarma, soñaba con que se le reconociera un estatus similar. Y por eso cayó en la sobreactuación durante esa rueda de prensa. Pero de ahí a sacar la conclusión de que era el máximo responsable de las residencias es ir demasiado lejos. Las competencias sobre las residencias no pasaron a manos del Gobierno central, sino que siguieron, como hasta entonces, en manos de las comunidades autónomas. No hay BOE que sustente lo contrario. De hecho, lo que afirma el decreto del estado de alarma no admite interpretación: Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19 Artículo 6. Gestión ordinaria de los servicios. Cada Administración conservará las competencias que le otorga la legislación vigente en la gestión ordinaria de sus servicios para adoptar las medidas que estime necesarias en el marco de las órdenes directas de la autoridad competente a los efectos del estado de alarma y sin perjuicio de lo establecido en los artículos 4 y 5. La gestión de estos centros, igual que el resto de los recursos que están bajo el paraguas de la «asistencia social» que menciona el artículo 148.20 de la Constitución Española, siguieron siendo competencia de las comunidades autónomas. El mando único lo asumió en materia sanitaria a nivel nacional el Ministerio de Sanidad en el decreto del estado de alarma. Lo demás, son cuentos y ganas de enredar. (...)

Pero esta historia está repleta de mentirosos que, en un momento insospechado, acaban enredándose en sus propias mentiras. Es lo que le ocurrió a la presidenta Ayuso el 18 de junio de 2020 en una entrevista con Sonsoles Ónega en el programa Ya es mediodía de Telecinco266. La presentadora le hizo una pregunta sin doble intención y que ni siquiera mencionaba el asunto de las competencias: «¿Por qué en el Ayuntamiento de Madrid sí ha sido posible el acuerdo y en la comunidad no?». Esta fue la respuesta de la presidenta: «Es cierto que las competencias municipales no son las mismas que las autonómicas, yo he tenido que gestionar la sanidad, hemos tenido que gestionar las residencias, tenemos que gestionar los impuestos de la comunidad entera y tenemos la relación directa con el Gobierno de España, entonces es cierto que son distintas competencias». La contrapregunta de Sonsoles Ónega no se hizo esperar: «¿Nos está diciendo que gestionó las residencias, luego no fueron competencia del mando único?». Reproduzco la respuesta de la presidenta: No, a ver, ya empezamos, la gestión de los servicios sociales… a ver el ayuntamiento tiene unas plazas, la Comunidad de Madrid otras, pero la gestión de los servicios sociales de las propias, de los hospitales que las competencias autonómicas y municipales no son iguales, pero durante el mando único de esta gestión es cierto que había unas directrices concretas políticas tanto en la sanidad como en las residencias. No os esforcéis por buscar un sentido a la respuesta, porque no lo tiene. Las competencias sobre las residencias las tenía la Comunidad de Madrid. Es mucho más sencillo. 

Pero la verdad no solo se le escapó a la presidenta, sino también al portavoz del PP en la Asamblea de Madrid, Alfonso Serrano. Fue durante el debate del Estado de la Región del 15 de septiembre de 2020: Dice usted: «Tráigame aquí un boletín oficial que diga que Pablo Iglesias asume el mando»; vale, bueno, a ver, no es el boletín oficial, es una noticia de La Sexta, que para usted puede ser más o menos algo así como creíble (Risas.): «Pablo Iglesias se pone al mando de los servicios sociales de toda España: vamos a construir un escudo social». Oiga, ¿está mintiendo La Sexta? ¿Lo está diciendo usted? ¡A ver si se están equivocando! (Aplausos.) ¿Esto qué es? ¿La caverna mediática? ¡Es La Sexta! «¡El ministro Illa ha puesto al mando de los servicios sociales de toda España al vicepresidente Pablo Iglesias!». ¡Oiga, eso lo dice La Sexta!, que ya sé que no es el BOE, pero usted le dará un poquito de credibilidad, pero bueno (...)

¿Qué es lo que pasaba con esta historia? Pues que se trataba de otro bulo. Y de un bulo muy inteligente, todo hay que decirlo. La frase que encasquetaba las competencias de las residencias a Pablo Iglesias la entiende cualquiera. No funcionaría igual si dijera, por ejemplo: «Las competencias son del Gobierno central». Demasiado técnico. Incluir a Pablo Iglesias en la historia (el «malo» de la película, a ojos de mucha gente), le añadía ese componente emocional necesario para que un bulo prospere. Sobre todo, entre los convencidos. En eso consiste el populismo. Desmentir un bulo exige explicaciones detalladas, complejas y, por qué no decirlo, aburridas. Ya lo hemos visto, hay que tirar de normativa. Un rollo. Es mucho más entretenida la primera frase. Así funciona esto. Por tanto, «las competencias de las residencias son de Pablo Iglesias». Punto final. Podríamos criticar la gestión de Pablo Iglesias en relación con las residencias por muchas cosas, pero en este caso es por la razón equivocada. No les importaba lo que hubiera hecho o no. Nunca les ha importado. (...)

Y a eso se le sumaba otro objetivo: confundir a la opinión pública, que no sabrá muy bien con qué carta quedarse y que llegará a la conclusión de que, como hay dos versiones de peso parecido, ninguna de las partes tiene razón. Lo cual se convierte de manera inmediata en el triunfo innegable de la mentira. Porque no hay dos versiones. Hay una que es falsa y otra que es verdadera. Lo demás es caer en sus trampas. (...)

Pero hay una explicación aún más sencilla para entender que todo no era más que un bulo. ¿Os imagináis por un casual que, si Pablo Iglesias hubiera sido el responsable de las residencias, PP y Vox se habrían apresurado tanto en dar carpetazo a una investigación parlamentaria en la Asamblea de Madrid sobre su gestión? No, ¿verdad? Ahí lo tenéis. ¿Por qué? Porque era mentira.  (...)

En lo que se refiere a mi labor como consejero, siempre me quedará la espina clavada de si pude hacer más o de si pude haberlo hecho de otra manera. Otros no hicieron nada, salvo aprobar protocolos vergonzosos para luego negar su existencia o que llegaran a aplicarse. En cuanto pudieron, bloquearon la comisión de investigación sobre la gestión en las residencias para no tener que dar explicaciones. Lo único que hicieron fue esperar a que escampara e intentar que la gente se olvidara. Pero ahí están las cifras, desmintiendo el relato que nos han querido contar acerca de la excelente gestión de la pandemia en la Comunidad de Madrid. El Barómetro anual del Comité Europeo de las Regiones de la Unión Europea, publicado el 12 de octubre de 2021 y elaborado con información de la Oficina Europea de Estadística, señaló a la Comunidad de Madrid como la región de la Unión Europea con un mayor exceso porcentual de mortalidad en 2020 en comparación con la media de defunciones de los cuatro años anteriores, con un 44 %.(...)

la Comunidad de Madrid fue la región europea en la que más disminuyó la esperanza de vida con respecto a 2019, con una caída de 3.5 años. El segundo puesto lo comparten la región italiana de Lombardía y Castilla-La Mancha, donde el descenso fue de 2.8 años. ¿El exceso de mortalidad en la Comunidad de Madrid o el descenso tan elevado en su esperanza de vida pueden achacarse a los protocolos o a la no medicalización de las residencias? Es imposible establecer una relación causal irrefutable, pero lo más probable es que influyeran en gran medida. En la primera ola aproximadamente la mitad de los fallecidos provenían de una residencia, independientemente de que su muerte se produjera en ellas (la mayoría) o en un hospital. (...)

Ya lo he dicho varias veces en este texto: que los demás no hicieran nada no es suficiente consuelo. De lo que sí estoy orgulloso es de que, a pesar de la irresponsable campaña en mi contra que pusieron en marcha, no me dejé vencer. A uno siempre le quedan dudas acerca de cómo se comportaría en situaciones verdaderamente difíciles. Leyendo sobre momentos terribles de nuestra historia, muchas veces me he preguntado: «¿Qué habría hecho yo?». En este caso no tengo nada de qué avergonzarme. Les hice frente sin importarme las consecuencias. Ahora sé que de no haberlo hecho y de haberme dejado doblegar por sus mentiras, hoy sería el único culpable de lo que pasó, por encima de protocolos infames, de que no medicalizaran las residencias o de la puesta en marcha de inaceptables chapuzas como la «operación bicho». Lo que me salvó fue contar la verdad, no callármela. (...)

Animaría a quienes han hecho todo lo posible por no comparecer a que dejen de negarlo todo, a que respondan por sus decisiones, a que den la cara, a que no oculten información, a que no digan mentiras y a que cuenten su verdad. Las víctimas del covid en las residencias tienen derecho a saber lo que pasó. Por favor, comparezcan y dejen de lanzar mensajes de que les importa el sufrimiento de las víctimas. Los familiares no necesitan que nadie se autoproclame su defensor. Necesitan la verdad. Solo eso. Es demoledor que un gobierno se niegue a rendir cuentas. Eso no hace más que incrementar la inmensa deuda que teníamos pendiente con los que ya no están. Mientras no hagamos eso, es imposible que cierren sus heridas. Personalmente, solo estoy reclamando responsabilidades políticas. La obligación de rendir cuentas es de primero de democracia. En cuanto a las responsabilidades penales, no me corresponde a mí su búsqueda. Por eso dije lo que dije en la comisión en relación con los protocolos: «No son éticos y posiblemente no sean legales». Tenía claro que había un problema ético porque contradecía principios tan básicos como la igualdad o la dignidad, con independencia de la edad o de la discapacidad. Me han echado en cara que no acudiera entonces o más tarde a los juzgados a denunciar los protocolos. Puede que esté equivocado, pero siempre he considerado que la valoración de la legalidad de esos protocolos no me correspondía a mí, sino a los jueces y fiscales, quienes no lo han considerado necesario hasta ahora. También tengo que confesar que me cuesta trabajo entender que, en los procedimientos abiertos, aún no hayan llamado a declarar a ningún responsable de la existencia de esos protocolos para explicar qué es lo que pretendían con su puesta en marcha. O que Fiscalía no haya mostrado más interés en investigarlos. (...)

Cuando abandoné la Consejería en octubre de ese año horrible, lo peor en las residencias madrileñas ya había pasado. La inmunidad actuaba de barrera a la enfermedad en la mayoría de ellas. Luego llegarían las vacunas y el final de la pesadilla. Por eso a algunos les extrañó que me fuera cuando las cosas ya estaban mejorando. «Si lo peor ha pasado, ¿por qué te vas?», me decían. Pero, aunque lo hicieran de buena fe, se equivocaban. Precisamente que las cosas fueran a mejor no me empujaba a quedarme sino a todo lo contrario. Aguanté mientras creí que debía hacerlo, pero me fui entonces porque me resultaba imposible compartir nada con quienes habían querido borrarme del mapa. Con ellos no podía ir ya ni a la vuelta de la esquina. Eso en lo que se refiere a la parte emocional, que me dejó agotado y vacío. Pero también había argumentos racionales en mi decisión. Continuar como consejero no conducía a nada. No esperaba nada bueno de nuestra asociación y no quería compartir proyecto con quienes no se inmutaban por excluir a las personas más vulnerables de la atención sanitaria. Nunca más. (...)

De alguna manera se cierra un ciclo que comenzó hace años cuando me enfrenté a la dependencia en casa y comencé a escribir un blog de clarividente título a la luz de lo ocurrido después: «No es Madrid para viejos». A pesar del tiempo transcurrido, cuando releo hoy las entradas de ese blog, me reconozco. Sigo siendo el mismo. Me revuelven las tripas las mismas cosas. Las mismas injusticias. La misma desfachatez de los de siempre. Mi paso por la política no me ha cambiado. Habría querido cambiar más cosas, es verdad. Pero me marché con la sensación de que las inercias de la administración o las redes clientelares dificultan mucho los cambios, por pequeños que sean. Y también me faltó tiempo, claro. Durante toda la crisis me rondó la convicción de que un Gobierno autonómico no está para hacer oposición al Gobierno central. En Madrid, la queja y el victimismo se han convertido en una estrategia de confrontación con el Gobierno central. Con indudables réditos electorales y de popularidad, es verdad. Lo que no le quita ni un ápice de irresponsabilidad. No puede ser que los gobiernos independentistas de Cataluña acaben siendo el referente. Algo funciona mal en nuestro sistema autonómico cuando no hay suficiente cooperación y lealtad entre las instituciones. Todos somos Estado y a veces se nos olvida. La oposición al Gobierno central se hace en el Congreso de los diputados, aunque eso no sirva para lanzar al estrellato a ningún dirigente autonómico. Siempre tuve claro que un consejero (o un presidente) gobierna para todos los ciudadanos, los que les han votado y los que no. Esto, que parece obvio, se ha incumplido de forma reiterada e irresponsable en la Comunidad de Madrid. (...)

Existe un deseo comprensible y compartido por todos de pasar página. Pero es necesario que saquemos conclusiones acerca de lo que pasó en las residencias durante la primera ola de la epidemia. En las olas siguientes ya tuvimos en cuenta algunas cosas que, aunque parezca increíble, habían sido desatendidas. Me refiero a cuestiones tan básicas como las siguientes: que todos los ciudadanos tengan derecho a una atención sanitaria pública; que la atención primaria también debe ocuparse de los usuarios de las residencias, no solo para tramitar recetas; que la derivación a los hospitales debe ser fluida y en función de las necesidades individuales de cada enfermo; que no puede haber instrucciones políticas que decidan sobre su destino; que las residencias están para cuidar, no para curar; que lo social no está en un nivel inferior a lo sanitario; que algunos recortes matan. Pero sigue siendo necesario que reflexionemos de verdad y sin filtros partidistas sobre lo ocurrido para que en el futuro hagamos las cosas mejor. No podemos permitir que pase un solo día sin que nuestras preguntas sobre lo ocurrido encuentren respuestas. También deberíamos ser capaces de revisar cómo hemos permitido que la polarización lo invada todo. Tomar una posición clara sobre cualquier tema implica ataques crueles desde la otra mitad de la sociedad. O eres facha o eres comunista. En cuanto levanté la voz sobre lo que consideraba injusto e indecente concité los odios de una parte de la derecha. ¿Por qué? Porque ponía en dificultades a los que habían sido capaces de poner en marcha esa barbaridad. Sin entender que me daba igual que esa medida la hubiera puesto una presidenta de izquierdas o de derechas, lo grave era el hecho en sí; la indecencia no conoce de colores políticos. Otro aspecto muy relacionado con la polarización es la mentira, que desgraciadamente se ha instalado con firmeza en nuestra sociedad. Que te pillen mintiendo no te pasa ninguna factura. Por eso hay políticos sin escrúpulos que mienten sin rubor. Hoy dicen lo contrario de lo que decían ayer y no pasa nada. Niegan lo que está escrito y da igual, pese a que eso genere ciudadanos descreídos. Lo importante es controlar el relato. La verdad ya no cotiza. Da igual que la Comunidad de Madrid fuera la región con mayor exceso de mortalidad de toda la Unión Europea durante la primera ola, mientras haya organizaciones —subvencionadas o de ningún peso institucional— que nos entreguen premios por nuestra buena gestión. Y si alguien lo critica es porque es comunista (...).

En este relato también ha quedado de manifiesto la responsabilidad de la prensa, que debería reflexionar seriamente sobre su papel y sobre su futuro. En lugar de airear bulos o intoxicaciones, deberían denunciarlos. Y no me refiero solo a los medios que se dedican descaradamente al activismo o que solo se alimentan de subvenciones, sino también a los que compran relatos que les llegan empaquetados y que no los someten a ninguna crítica. ¿En qué cabeza cabe que un protocolo firmado por un alto cargo de Sanidad se convirtiera en algún momento en un borrador? En un país normal cualquiera que utilizara un argumento como ese debería irse a su casa inmediatamente, ya fuera político o periodista. Parece que los hechos han perdido terreno con respecto a las opiniones. Quizá sea un antiguo, pero sigo pensando que el papel de la prensa todavía es muy importante en una sociedad democrática. Y si muchos medios siguen por este camino acabarán sumidos en la irrelevancia. Por suerte todavía hay medios y profesionales que resisten. (...)

"En lo que a mí respecta, y ya que no tendré la oportunidad de compartir mi versión ni mis conclusiones en la Asamblea, como habría deseado, he escrito este texto donde todas las personas interesadas podrán encontrar lo que sé. Espero haber respondido de alguna manera a esa pregunta que me planteaba Baltasar Garzón en el artículo que mencionaba en la Introducción: «Si así piensa y no estaba de acuerdo, entonces, ¿por qué consintió en tales medidas cuando era consejero?». No sé si lo habré conseguido. Que las preguntas sean más o menos sencillas no significa que las respuestas también lo sean; la realidad es siempre mucho más complicada. Por eso he intentado reflexionar y poner por escrito mi versión sobre lo ocurrido. Al menos me ha ayudado a cicatrizar una parte del inmenso dolor que todavía siento. 

Madrid, septiembre de 2022


MORIRÁN DE FORMA INDIGNA.
Alberto Reyero.
Libros del K.O., 2022

miércoles, 19 de octubre de 2022

"Mis amigos poetas" (Alberto Tesán)


MIS AMIGOS POETAS 

Mis amigos poetas ya no son mis amigos.
Se pierden dentro del espejo
y se olvidaron de escribir.
Saben juntar palabras, ganan premios mediocres
y conocen la fórmula para gustarse entre ellos.
Mis amigos poetas 
publican libros que no entiendo,
leen suplementos literarios,
se mantienen en forma, se acuestan muy temprano.
Se han vendido a facebook mis amigos poetas,
y presumen de coche,
de dinero,
de mujer.
Son aburridos, predecibles
y mediocres.
Unos parásitos
difíciles de eliminar.
Mis amigos poetas se arrastran por las aulas,
escupiendo basura y frustración.
Qué lamentables
mis amigos poetas,
miseria colectiva de mi generación.
Están en todas las antologías,
en todas las revistas, en todos los saraos.
Hablan de la Contemplación
mis amigos poetas,
y nos hablan de la Rosa 
y hablan de la Luz.
Con sus versos de paja cansan a las palomas,
y cansan a sus editores,
y puestos a cansar, hasta a sus madres cansan.
Mis amigos poetas ya no engañana a nadie.
Ahogados en su decadencia, 
se han quedado solos encima de su altar.
Se han quedado solos mirándose el ombligo,
hablando con su sombra,
tocándose la polla,
quejándose de vicio.

ALBERTO TESÁN en su esperadísimo último libro, el flamante y espectacular GENTE QUE BEBE (Editorial Milenio, 2022)


Inevitablemente, este enorme poema de Alberto Tesán no puede remitir más que a otro poema del mismo autor que, probablemente, sea el único comparable:
MIS AMIGOS
Mis amigos se casan, tienen hijos.
Conservan tradición, abandonan sus vidas 
por los valores rancios del hogar.
Mis amigos no salen por las noches,
sus mujeres los atan a la calma grasienta
de un mundo previsible. Mis amigos
habitan bloques altos de infelicidad
con un salario triste de proyectos,
con el orgullo roto, con los brazos caídos.

Mis amigos conocen todo lo que han perdido,
pero insisten en perpetuar la especie
y repetir los errores que otros ya cometieron.

Mis amigos se mueren lentamente
en el sopor castrante del amor.
Mis amigos se mueren.
Y yo les sigo.

Piedras en el agua.
Alberto Tesán
(Pre-Textos, 2003)

jueves, 13 de octubre de 2022

ORACIÓN POR MARILYN BLONDE


ORACIÓN POR MARILYN MONROE

Señor
recibe a esta muchacha conocida en toda la Tierra con el nombre de Marilyn Monroe,
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.

Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia (según cuenta el Times)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también algo más que eso...

Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz).
Pero el templo no son los estudios de la 20th Century-Fox.

El templo —de mármol y oro— es el templo de su cuerpo
en el que está el hijo de Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.

Señor
en este mundo contaminado de pecados y de radiactividad,
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda
que como toda empleadita de tienda soñó con ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).

Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos,
el de nuestras propias vidas, y era un script absurdo.
Perdónala, Señor, y perdónanos a nosotros
por nuestra 20th Century
por esa Colosal Super-Producción en la que todos hemos trabajado.

Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes.
Para la tristeza de no ser santos
se le recomendó el Psicoanálisis.

Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje insistiendo en maquillarse en cada escena
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad a los estudios.

Como toda empleadita de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.
Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
¡y se apagan los reflectores!

Y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el Director se aleja con su libreta
porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.

La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue
como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan solo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER

O como alguien que herido por los gangsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.
Señor:
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de los Ángeles)
¡contesta Tú al teléfono!
ERNESTO CARDENAL

viernes, 9 de septiembre de 2022

UNA FILOSOFÍA DEL MIEDO (Bernat Castany)

 

Este libro es el fruto de una maldición. De la terrible maldición que Kierkegaard le lanzó a Hegel cuando le deseó que un día, al finalizar alguna de sus clases (quizá tan abstractas y especulativas como sus escritos), un joven se le acercase para pedirle consejo. Aquella tarde de mayo acababa de hablarles a mis alumnos de la vergüenza que Borges dice sentir por no haber sido más valiente. Una vergüenza que, aunque bebe de fuentes literarias, como el tópico de las armas y las letras, la tensión romántica entre civilización y barbarie o el vitalismo nietzscheano, está demasiado presente en toda su obra como para que no le demos cierto crédito. Según Borges, ese miedo fue el que le llevó a cometer «el peor de los pecados que un hombre puede cometer», esto es «no ser feliz»; ese miedo fue el que le llevó a verse como un Alonso Quijano que, «en víspera perpetua», vuelve las hojas de los libros, sin atreverse a salir de la biblioteca de tomos ingleses de su padre para buscar las aventuras más reales que le ofrecía el barrio de Palermo. (...)

Acabamos la clase evocando las Saturnales de Macrobio, donde se refiere una vieja creencia egipcia según la cual el nacimiento de toda persona se halla presidido por cuatro divinidades a las que debemos rendir tributo con la propia vida, sin tratar de evitarlas ni engañarlas. La manera en que cada uno se haya relacionado, a lo largo de su vida, con cada una de estas cuatro fuerzas (que son el Eros o el amor, la Ananké o la necesidad, la Tyché o la fortuna y el Daimon o la identidad), definiría su carácter o destino. Era tentador imaginarse a Borges, en su lecho de muerte, alegando frente a todas sus timideces, indecisiones o traiciones, las acciones absolutorias de su temeridad filosófica y su generosidad con sus personajes. Pero ya pasaban cinco minutos del final de la clase. (...)

Pero el miedo no es tanto una cuestión de batallas y cuchillos (tal y como lo entendía, de una forma un tanto romántica, Borges) como un cúmulo de minúsculas evitaciones, excusas, silencios o postergaciones que acaban llenándolo todo, como el vapor. Más aún, ese enjambre de pequeños miedos no es solo una cuestión individual, resultante de nuestros genes, carácter, educación o responsabilidades, sino también el resultado de diversos modos de dominación colectiva. (...)

Lo primero que me sorprendió fue la paradoja de que, aun perteneciendo a una de las sociedades más seguras de toda la historia de la humanidad, y a una clase social y una historia familiar más bien tranquilas, mi vida estuviese tan impregnada por el miedo. Los griegos creían en la Némesis, una divinidad que se encargaba de infligirle alguna desgracia a aquellos seres que eran demasiado felices con el objetivo de equilibrar todos los destinos. Entonces pensé que el miedo era nuestra Némesis; la espada de Damocles que no nos deja disfrutar del reino de este mundo, pues altera nuestro conocimiento, nos aparta del mundo, reduce el placer, nos hace crueles, nos impide ser lo que hemos decidido ser y erosiona el tejido social. ¿Cómo se lucha contra una espada colgada? No tenía ni idea, y por eso (y por librarme de la maldición de Kierkegaard) decidí escribir este libro. Sin saber adónde iba ni de dónde venía. Sin pensar mucho ni esperar nada. In media res, ahí, en medio de la cosa. Pues, como decía Pascal, lo último que se sabe es por dónde se debía empezar. (...)

Como en casi todo, me guío por los filósofos y los escritores clásicos (e incluyo en ese grupo a humanistas, libertinos e ilustrados). Siguiendo sus pasos, me detendré en cuatro islas. Primero exploraré las escarpadas costas del peñón de la cognoscitiva (que los antiguos llamaban «canónica»), para ver de qué modo el miedo altera con sus tinieblas nuestro conocimiento de la realidad. Después me detendré en la isla volcánica de la ontología (la «física» de los antiguos), donde estudiaré cómo el temor nos aparta del mundo, impidiéndonos acceder a las fuentes de la vida: el alimento, la reproducción, la amistad. En la isla de la ética, donde los manglares se adentran en el mar, veré cómo el temor nos impide alcanzar una buena-vida-buena, esto es, una vida feliz (ética) y benévola (moral). Para ello, tendré que enfrentarme a los caníbales de la moral religiosa, de la «happycracia» neoliberal y de la literatura de autoayuda (que no es literatura, ni jamás ayudó a nadie). Y acabaré en la más movida de las islas, la isla flotante de la política, la última Thule del pensamiento, en la que los mercaderes del miedo se han hecho fuertes, y tienen esclavizada a toda la población. Como suele decirse, un archipiélago es un conjunto de islas unidas por aquello que las separa. Lo que separará a esas islas es mi ignorancia oceánica de la exacta topografía de estas islas; lo que las unirá, mi vocación homérica de naufragar con curiosidad y coraje, y también con el deseo de trabar nuevas amistades, en todas ellas. (...)

El miedo es una especie de eclipse cognoscitivo que cubre nuestros sentidos con una niebla amenazadora, que solo cuando se retira nos deja volver a ver con cierta claridad. (...)

En términos griegos: «deimos», para referirnos a un miedo proporcionado y racional, que permitiría una acción adecuada, y «phobos», para designar un miedo desproporcionado e irracional, que supondría un desarreglo de nuestras capacidades de acción. Dicha distinción será una constante en todo el pensamiento occidental, desde la teoría aristotélica del justo medio, que defenderá el valor ajustado frente a la cobardía y la temeridad, hasta la psicología contemporánea, que distingue entre miedo normal y miedo patológico. Intentaré pensar los dos, pues, como dice Fitzgerald, la inteligencia es la capacidad de mantener dos ideas contrarias en la cabeza sin que esta estalle.

El miedo es una de las sensaciones más desagradables que el ser humano puede llegar a experimentar. Por eso, cuando lo sentimos, nuestro primer impulso es desear (y solo a veces intentar) que desaparezca. Probamos, entonces, a huir de la persona que nos lo inflige, y a veces incluso de la persona que lo siente, esto es, de nosotros mismos. No nos importa que la huida pase por renunciar a nuestra libertad (cuando nos sometemos), a nuestra identidad (cuando nos autocensuramos) o incluso a nuestra propia vida (cuando adoptamos comportamientos autodestructivos o nos suicidamos). El miedo es una redundancia, pues quien teme morir ya está muerto de miedo. Más. El miedo es una sensación tan desagradable, que no solo deseamos dejar de sentirlo «por esta vez», sino «de una vez por todas». Es el viejo deseo de no volver a sentir miedo nunca más. (...)

aunque la filosofía estoica y la teología cristiana conciban al sabio como un ser permanentemente sereno o feliz, el improbable cumplimiento de sus deseos daría lugar a una especie de lepra espiritual. ¿Por qué? Porque sin la tristeza no sabríamos ubicar nuestras heridas espirituales (la inautenticidad, la maldad, la impotencia, el abandono), ni podríamos, por lo tanto, ponerles remedio no ya con antibióticos, sino cambiando de algún modo nuestra vida, o nuestra sociedad, pues buena parte de nuestras tristezas tienen un origen político (...).

Afortunadamente, no solo las sensaciones dolorosas o aversivas nos informan y motivan, sino también las placenteras. En La energía espiritual Henri Bergson dijo, con felicidad, que la alegría es «un signo preciso» con el que la naturaleza nos avisa «de que hemos alcanzado nuestro destino». Ecce signum! ¡Ese es el signo! También el placer o la serenidad o el orgullo, entre muchas otras sensaciones deseables (algunas de las cuales ni siquiera tienen nombre), nos informan de que estamos en el camino adecuado, y nos exhortan a permanecer o a persistir en él. Por eso para Montaigne el hedonismo no consiste tanto en buscar directamente los placeres como en disponer la propia existencia de tal modo que estos la sigan, igual que la vegetación sigue en la superficie el curso de los ríos subterráneos (...).

Son muchas las ocasiones en las que la tristeza se vuelve tan intensa que no nos permite actuar para ponerle remedio. Caemos, entonces, en la depresión o en la melancolía, que Victor Hugo definió como la alegría de estar triste, y Freud como la incapacidad de hacer el duelo. También el miedo se desboca, impidiéndonos evaluar correctamente la situación en la que nos hallamos y tomar las decisiones adecuadas; o se resiste a transformarse en acción, una vez que ha cumplido su función informativa, llenándonos de ansiedad, frustración o vergüenza. (...)

Pero ¿cuál es el mensaje que el miedo nos entrega? Es importante detenerse a pensarlo. ¿Cuáles son los derrumbes, los ataques o los incendios de los que nos habla? Antes de nada, debemos tener en cuenta que este no solo nos avisa de los peligros físicos, sino también de las amenazas existenciales. Le tenemos tanto miedo a no ser amados o a no culminar nuestros proyectos como a enfermar o a morir. Podemos llegar, incluso, a suicidarnos cuando lo primero sucede. Este miedo existencial funciona, pues, como un aviso de que nuestra vida ha adoptado una dirección equivocada que deberíamos abandonar. Más directo que el «eterno retorno», de Nietzsche, el miedo nos indica que no solo no queremos repetir una y otra vez aquello que estamos viviendo, sino que deseamos dejar de vivirlo inmediatamente. (...)

El miedo también puede informarnos sobre la calidad humana de las personas que nos rodean. Si sentimos miedo de ser rechazados o burlados, quizá es que no estamos rodeados de la gente adecuada. A lo mejor son invasivos y dominantes, o a lo mejor es un rebaño que magnifica con sus temblores nuestros temores. En cambio, cuando tememos por la vida de otra persona (un padre enfermo, un hijo perdido o un desconocido desesperado), ese miedo altruista nos los descubre bajo una luz especial. Puede que nos recuerde nuestro amor, quizá olvidado o aturdido por las prisas. O puede revelarnos la maravilla metafísica de que alguien sea, simple y obstinadamente, frente a las resistencias infinitas del tiempo y el espacio que lo cercan. (...) Empezar a actuar es lo único que puede hacer que el mensajero del miedo haga la venia y se retire, porque este no ha venido solo a entregarnos un mensaje, sino también a exhortarnos a emprender una acción. No basta con escucharlo, hay que reaccionar. Mientras no lo hagamos, él seguirá ahí, de pie, junto a la puerta, instándonos silenciosamente a que nos pongamos manos a la obra. Solo entonces se marchará. (...)

Algunos han descrito el miedo como una alarma. El miedo normal sería una alarma bien calibrada, que se dispara solo en el momento adecuado y de forma proporcional al peligro, y se desactiva rápida y fácilmente cuando este ha pasado. El miedo patológico, en cambio, sería una alarma desajustada, que se activa con demasiada frecuencia y en umbrales de peligrosidad muy bajos, y no se detiene cuando se lo indicamos, sino que sigue sonando y sonando, hasta hacernos enloquecer. Las películas de terror distorsionan o limitan nuestra percepción con claroscuros, contrapicados o ángulos ciegos; reducen nuestro acceso a la información utilizando narradores en primera persona, cuya neurosis o locura contagia de ambigüedad la veracidad de lo que narran; y embotan nuestras capacidades críticas con ritmos frenéticos y músicas inquietantes. Aun así, no existe una sola película de terror que se iguale a las creaciones de nuestros propios miedos. Seguramente porque nadie conoce mejor nuestras propias pesadillas. (...)

Una filosofía del miedo
Bernat Castany Prado.
Anagrama, 2022,

martes, 16 de agosto de 2022

LO QUE DEBERÍA HABER DICHO A MIS EX (Y NUNCA LES DIJE)

 


LO QUE DEBERÍA HABER DICHO A MIS EX (Y NUNCA LES DIJE) es una antología gamberra donde diversos autores de la talla de Rosa Berbel, Carmen Camacho, Itziar Mínguez-Arnáiz, Alicia Louzao, Judith Rico o Ballerina Vargas Tinajero ponen lirismo confesional a las diferentes etapas de una ruptura. 
Agradezco a José María Cumbreño, el Liliputiense Mayor, además de antológico antólogo (y antologado), haberme permitido participar con el poema que les brindo a continuación.


Por cierto, tras agotarse los ejempalres de la primera, ya está en marcha la Segunda Edición con nueva portada:


sábado, 7 de mayo de 2022

VERDADES A LA CARA (PABLO IGLESIAS)

PRÓLOGO: Estas no son las memorias del fundador de Podemos ni las del exvicepresidente del Gobierno, aunque contiene elementos de ambas. Esa nunca fue la intención. Este libro es un testimonio: el de alguien plenamente convencido de haber sobrevivido, por poco, a un intento inédito de destrucción personal cuyos ejecutores no han ahorrado en recursos: desde el uso de medios de comunicación a la compra de voluntades o a la activación de células judiciales durmientes. Contra ellos se ha empleado uno de los recursos que suelen reservarse para las ocasiones importantes: las estructuras parapoliciales de las cloacas del Estado. «Lo que define a uno no son sus amigos, sino sus enemigos», resume, sin esconder su orgullo, el fundador de Podemos. (...) Si nos hacían lo que nos hacían era porque estábamos siendo capaces de llegar más lejos que nadie». La frase de Pablo Iglesias explica cómo logró afrontar el que ha sido, sin duda, el episodio más duro que ha vivido desde que lanzara Podemos en enero de 2014: el acoso sufrido durante meses en su propia casa, donde vive con su pareja y actual ministra de Iguadad, Irene Montero, y con los tres hijos de ambos. Los hechos son claros: día tras día, un grupo de ultras más o menos numeroso se apostó en la puerta de la residencia del entonces vicepresidente del Gobierno para insultarle a él, a su familia y a cualquiera que los visitara, prácticamente sin consecuencias. Solo las hubo cuando se traspasó la línea del atentado contra la autoridad o la toma de imágenes del interior de la vivienda. «Hubo impunidad durante mucho tiempo y no hubo ninguna solidaridad», sentencia. (...)

 «El acoso al que nos sometieron tenía un objetivo político muy claro, un mensaje mafioso: no te merece la pena a nivel personal. No te metas. No luches, no pelees. No defiendas lo que crees». Las decisiones en política nunca suelen responder a un único condicionante, pero no es descabellado pensar que otras circunstancias personales hubieran supuesto un escenario diferente. Es imposible disociar el desarrollo del primer Gobierno de coalición de España en ocho décadas de los sucesos de Galapagar porque tampoco fueron hechos aislados, sino la consecuencia de un proceso que arrancó mucho antes, inmediatamente después de que Podemos rozara los 1,3 millones de votos en las elecciones europeas de 2014. Pablo Iglesias se convirtió en el enemigo a batir para una parte del Estado que considera ilegítimas, no tanto las aspiraciones del espacio político armado alrededor del partido —que no son novedosas y, de hecho, muchas de ellas ya se han puesto en práctica en España—, como su vocación de acceder a los resortes de poder a los que les daba derecho el nada desdeñable apoyo popular logrado. 

El acoso que sufrimos en casa Irene y yo empezó el 6 de marzo de 2020, apenas dos meses después de haber prometido nuestros cargos en el primer Gobierno de coalición que se formaba en España en décadas. Aquel día se concentraron frente a nuestra casa unos policías nacionales de Jusapol con una excusa impresentable: la equiparación salarial. Decían que, como allí vivía la ministra de Igualdad y ellos reclaman la igualdad con la Ertzaintza y los Mossos d’Esquadra, tenían derecho a concentrarse en nuestra puerta a apenas cuarenta y ocho horas del Día de la Mujer. Una excusa totalmente absurda que dejaba bien claro el sesgo ultraderechista de Jusapol. Además, como recordaron algunos medios, desde octubre de 2018 hasta noviembre de 2020, el Gobierno —primero con el PSOE en solitario y, después, con nosotros— aprobó tres tramos de incremento salarial que supusieron una subida media del 20% en sus nóminas. (...)

En un primer momento, no pensamos que nada de aquello se fuera a repetir, ni mucho menos a alargar. De hecho, lo que nos ocurrió a nosotros no se hubiera consentido nunca con ningún miembro de ningún Gobierno antes. Si hubiera habido concentraciones frente a la vivienda de cualquier ministro, habrían terminado en cuestión de minutos, eso lo sabemos todos. Y, por supuesto, jamás se habría permitido que se produjeran manifestaciones constantes durante meses frente a la vivienda de un miembro del Gobierno. Nunca, hasta que llegó Podemos. (...) Muchas veces me sacan el ejemplo de Soraya Sáenz de Santamaría, cuando la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) convocó un escrache frente a la casa de la entonces vicepresidenta primera del Gobierno en abril de 2013. Pero hay que recordar y recalcar que aquello duró solamente unas horas. La concentración se disolvió en minutos con una intervención policial contundente y, por supuesto, se abrió un procedimiento contra algunos de los manifestantes. Aquel proceso judicial finalmente se archivó después de casi un año. Pero la impunidad es facilitadora del acoso y, unas semanas después de la protesta de Jusapol, comenzó a concentrarse ante nuestra casa la ultraderecha civil. (...)

La consecuencia inmediata fue un cambio total en nuestro día a día en el ámbito personal: tuvimos que dejar de salir a pasear con los niños, no podíamos sacar a los perros ni ir al supermercado. Teníamos que pedir favores para hacer estas tareas sencillas, habituales, a las que casi no das importancia porque asumes que, en una democracia, nadie te va a impedir llevar una vida familiar normal. Prácticamente no podíamos hacer vida en el pueblo en el que vivimos, lo que volvió la situación cada vez más desagradable. Pero quienes más lo sufrieron, como es lógico, fueron los niños, que eran muy pequeños. El acoso llegó a un punto en el que había días en los que era difícil dormirlos por los gritos de fuera. Cuando entrábamos y salíamos, siempre había mucha gente, mucho alboroto. Una situación nada sana para unos niños que, lógicamente, percibían la alteración de sus padres. (...)

El acoso al que nos sometieron tenía un objetivo político muy claro, un mensaje casi mafioso: «No te merece la pena a nivel personal. No te metas. No luches, no pelees. No defiendas aquello en lo que crees». Me lo pregunté no pocas veces en esos meses: ¿Si hubiera sabido que me iban a hacer esto habría asumido las responsabilidades que asumí? La respuesta la tengo clara: no. Porque esto no le compensa ni le merece la pena a nadie. Es algo que te supera que escapa de tu control y que tensa muchísimo a tu familia. A mi padre, que arrastra enfermedades muy graves, lo persiguió Cake Minuesa por las calles de su ciudad llamándole terrorista; mi madre, cuando venía a estar con sus nietos, tenía que ver a esta gentuza en la puerta de casa actuando con total impunidad. Es algo que produce un estrés enorme y que tiene un efecto político muy eficaz: «No te metas en política; vamos a ir a por ti y no nos va a pasar nada». (...)

No solo es duro para los niños y para la familia: ver que tu pareja sufre es insoportable. Aunque estas situaciones unen, es tremendo ver a tu compañera sufrir y que ella te vea sufrir a ti, día tras día. No se lo deseo a nadie. Por suerte, el hecho de que los dos seamos militantes con muchos años de experiencia política nos ayudó a no perder la capacidad de razonar políticamente lo que estaba ocurriendo, comprender sus objetivos y evitar concederles esa victoria. (...)

Ser militantes nos ayudó a afrontarlo, tanto en lo personal como en lo político. Pero lo que estábamos viviendo, y que se prolongó durante meses, no tenía precedentes. Es cierto que los dos venimos de unas experiencias muy determinadas. En mi caso las aprendí también por vía familiar, por todo el compromiso que aprendí en casa. Pero hasta entonces en España se podía separar el ámbito familiar de la actividad política. Teníamos mucha experiencia militante, como digo, pero nunca habíamos vivido una situación que afectara tanto a un ámbito tan privado. Eso hay que vivirlo para saber lo que es. Uno puede afrontar experiencias políticas enormemente duras y, después, irse a descansar tranquilamente a su casa, pero lo que nos ocurrió a nosotros fue un antes y un después que se asentó en aspectos muy novedosos, como el papel de los medios de comunicación, gracias a los cuales cualquiera sabe dónde vivimos y dónde estamos en cada momento. Y esa es la clave: las televisiones contaron a toda España dónde estaba nuestra casa y mostraron con esmero todos los detalles de la vivienda durante días y días. (...)


También ha sido constante la deshumanización a la que nos han sometido los ultras. No utilizan insultos políticos para referirse a nosotros. A mí me llaman «chepudo» y «rata». Hay que tomárselo a risa, pero me duele que mis hijos tengan que vivir sabiendo que hay gente que, públicamente, llama a su padre «rata» y a su madre «puta». Es un clásico de la ultraderecha y de los medios de comunicación conservadores que son, como digo, la clave de lo que está ocurriendo. No hay que olvidar, insisto, que los primeros promotores de las concentraciones frente a nuestra vivienda eran periodistas. En concreto, fue la estrella de la Cope, Carlos Herrera, quien convocó una «romería» frente a mi casa pocos días después de que la compráramos, en 2018. Al final él no acudió, pero otros sí. Me pregunto cómo se sentiría Herrera si hubiera regularmente gente de izquierdas rodeando su casa para pedirle explicaciones. (...)

La diferencia fundamental es que el que iba a hacer un escrache a la casa de Soraya Sáenz de Santamaría o el que le decía algo a Cristina Cifuentes sabía que no le iban a permitir hacerlo. Era absoluta la conciencia de que el que lo hacía se la estaba jugando, de que le detendrían, le darían un palo y le caería un marrón considerable, porque ni la policía ni los jueces iban a permitir que eso se prolongara más allá de unos segundos. Con nosotros, por contra, hubo impunidad durante mucho tiempo y no hubo ninguna solidaridad, ni por parte de otros representantes políticos ni por parte de una prensa que, en buena medida, dijo que nos lo merecíamos. (...) "Siempre insisto en esto, pero es la clave de todo: el papel de los medios de comunicación de derechas es determinante en todo lo que tiene que ver con nuestro acoso porque es lo que leen, ven y escuchan muchos jueces, muchos policías y, en definitiva, mucha gente. Y el mensaje que han lanzado de forma sistemática sobre la ilegitimidad de que nosotros formáramos parte del Gobierno fue fundamental en el desarrollo de los acontecimientos. (...)

 

FERRERAS

Se lo he dicho a Antonio García Ferreras muchas veces: si los de Okdiario le hicieran lo mismo a tus hijos, tu amigo Inda y su gente no estarían en tu televisión. Y, cuando algunos compañeros de Unidas Podemos o de otros partidos me dicen que quizá no sea inteligente por mi parte criticar a alguien tan poderoso como Ferreras, no puedo dejar de responderles que si el protegido de Ferreras y Florentino Pérez hubiera hecho a sus hijos lo que le ha hecho a los míos, quizá no serían capaces de mantener el buen rollo que mantienen con el jefe de La Sexta. Uno de los éxitos de cierto tipo de periodismo ha sido usar su enorme poder para evitar una estrategia común de todos los referentes de la izquierda. El éxito de Ferreras, que es muy listo y además es un trabajador metódico, tiene que ver con su capacidad para tener amigos en todas partes y ser capaz de recompensarles. «Aléjate de Iglesias y La Sexta te tratará bien» ha sido un mensaje explícito de Ferreras a mucha gente de izquierdas. Creo que para cualquier observador un poco atento a las escaletas de sus programas lo que digo le resultará evidente. Y en lo que respecta a los tertulianos, ¿alguien piensa que cualquiera de los tertulianos de Ferreras, por rojo que sea, se puede permitir criticarlo? Para muchos, estar en una tertulia en La Sexta representa un complemento salarial imprescindible, además de prestigio e influencia. Así es el juego. (...) La Sexta es una televisión muy inteligente, porque es un canal para una audiencia de izquierdas con propietarios de derechas. Y juegan bien sus cartas: bas ver su papel durante las primarias del PSOE cuando enfrentaron a Susana Díaz y a Pedro Sánchez o, por ejemplo, en las elecciones de Madrid de mayo de 2021. La estructura de poder mediático está muy bien armada para los intereses conservadores. Ferreras, que es el más listo de todos, ha sido capaz de moverse allí como pez en el agua. Es amigo del expresidente Zapatero y, a la vez, uno de los hombres de Florentino Pérez. Ha logrado que su programa sea una referencia política ineludible, tejiendo alianzas que le han permitido eliminar a sus competidores. Que se lo pregunten a Jesús Cintora. (...) Pero nadie podrá esconder su pecado conocido más impresentable: ser amigo, colaborador y protector de Eduardo Inda. Luego puede decir que es socialdemócrata, sentirse como Bob Woodward desvelando el caso Watergate, pero en realidad es el chófer del narco que describía el periodista de ficción Will McAvoy en The Newsroom: «Si dejas a alguien mentir en tu programa, quizás no seas el traficante que vende droga, pero eres el conductor que le lleva en su coche». (...)

cualquiera de los bulos que se publican sobre mí fueran ciertos, aunque fuera mínimamente, habría alguna prueba. Alguna foto, algún vídeo. Algo. Pero en el fondo da un poco igual porque ese «algo habrá» que se genera es muy peligroso. Es enormemente sencillo construir un rumor sobre alguien. (...) 


Hace unos meses hablaba con Fernando Berlín y me decía que cómo espero que me trate bien Ferreras con las cosas que le he dicho en directo. Y tenía razón, ya lo sé. Pero no hay que regalar la legitimidad a quien no la merece. De Ferreras yo solo digo la verdad incluso cuando digo que en lo personal me cae muy bien. Pero después de nuestra experiencia de acoso, especialmente a los niños, hay que decirle que es amigo de Inda y que le protege. Decirle: «por muy amigo que digas que eres de Zapatero, por mucho que digas que eres socialdemócrata y no sé cuántas cosas más, la realidad es que eres una pieza más en el engranaje de las fake news y del periodismo basura. Dar la voz a Inda es ser su cómplice».

EL "NO ES NO" DE SÁNCHEZ

Sánchez hizo un movimiento inteligente cuando no aceptó esa gran coalición. Salvó a su partido y se salvó a sí mismo. Y es por lo que pasará a la historia. Lo curioso es que él no tomó esta decisión por razones ideológicas. Sánchez nunca ha representado la izquierda del PSOE ni ha sido un perfil que haya destacado por tener un proyecto político muy definido. No era el Oskar Lafontaine español. Había otros perfiles que habrían podido jugar ese papel, pero no era el caso de Sánchez. Incluso Edu Madina, que era la derecha del PSOE respecto a Sánchez, podría haber jugado a eso: creo que su personalidad se lo hubiera permitido. «Si Sánchez rechazó la alianza con el PP, lo hizo guiado por un agudo instinto de supervivencia política. No es que Pedro estuviera ideológicamente en contra de lo que planteaba la vieja guardia del partido; es decir, salvar al régimen aliándose con el PP. Simplemente era consciente de que eso era incompatible con ser una fuerza política que tuviese los resultados que pudieron mantener finalmente. Una vez quedó claro que no habría gran coalición, nuestras opciones de ser fuerza de Gobierno crecieron, aunque fuera en una posición subalterna respecto al PSOE. Eso acrecentó la cacería sin precedentes contra nosotros. (...)

Un observador extranjero podría pensar que las cloacas del Estado se pusieron a operar para encontrar pruebas reales de una eventual financiación ilegal de Podemos o algo similar. Pero la clave es que, desde el principio, desde que se ponen a investigar, se dan cuenta de que no hay nada. Absolutamente nada. Y, entonces, concluyen —y esto es lo interesante— que, en realidad, lo importante no son las pruebas: lo importante era el relato. El Informe PISA es una chapuza de principio a fin1. Si alguien tuviera que acreditar algún mérito como huelebraguetas o como policía de la cloaca, ese pastiche no serviría para nada. Es una basura. Pero es un artefacto que sirve para generar escándalo mediático continuo. A partir de ahí se construye un modus operandi contra nosotros que consiste en generar escándalos y ruido, y eso permite que se relacionen ciertos policías de la cloaca, ciertos jueces y periodistas claves. La idea es sencilla: ustedes no se preocupen porque no se les condenará por nada. No hace falta que esto tenga ninguna verosimilitud o que llegue a ningún lugar a nivel procesal. Simplemente, manténganlo abierto policial y judicialmente la mayor cantidad de tiempo posible y denme de comer, que lo importante es alimentar tertulias, alimentar telediarios, alimentar titulares. (...)

La prueba de que todo eran patrañas es que, siete años después, las únicas condenas de las que ha podido ser objeto Podemos son por su activismo social y por la habilidad que tenemos a la hora de practicar artes marciales con policías antidisturbios. Cualquier día condenan a Echenique por lanzar cócteles molotov. Pero jamás han podido armar nada que tenga que ver con dinero ni con financiación. Lo de Isa Serra es un montaje policial contra una activista que acude a intentar parar un desahucio. Se fundamenta en declaraciones policiales falsas, en las que dicen que Isa les insultó y les empujó. No solo no hay ni un solo vídeo de tales agresiones o insultos, sino que en las imágenes aportadas como prueba no se ve a Isa cerca de los policías en ningún momento. Es evidente para cualquiera que es mentira, pero tenían que ir a por nosotros. Y con Alberto Rodríguez ocurre tres cuartos de lo mismo: puro activismo político. Dicen que le dio una patada a un policía, pero es inverosímil. Nuevamente no hay pruebas y, las que hay, apuntan en sentido contrario a la condena que el Supremo finalmente le impuso contra dos votos particulares. A mí ni siquiera han logrado imputarme. Por nada. Que tampoco significa mucho que te imputen, pero ni siquiera han logrado eso. ¿Qué es lo más duro que podían tener contra mí? Cosas que decía en La Tuerka cuando presentaba el programa. O construir una trama de película sobre vínculos con Venezuela, Irán o lo que fuera. Saben que eso no va a ninguna parte, pero les permite generar un relato. Y, entonces: repetir, repetir, repetir y repetir en bucle los marcos y los mensajes. (...)


Nosotros somos los bárbaros de Constatino Cavafis. Somos los herederos de una tradición que en ochenta años no había formado parte del Estado y que, de repente, llama a la puerta de la Moncloa. Y con mucha fuerza. Pedro J., que todo lo que tiene de personaje abyecto no le quita un gramo de inteligencia, entendió perfectamente que procedíamos de una corriente democrática de fondo que existe en España desde el siglo xix. Él pensaba que esa corriente estaba muerta y enterrada, o muerta y cooptada. Pero con nosotros el viejo fantasma democrático volvió a atormentar los sueños de los que casi siempre ganan. (...)

Cuando aparecimos nosotros, los bárbaros, se asustaron porque pensaron que les podíamos quitar el cortijo. Su cortijo. Entonces Felipe González ya les parece estupendo, tanto a la gente de derechas como a El Mundo. Y casi que viceversa. Hasta los viejos barones del PSOE, que eran aguerridos enemigos del PP, empiezan a decir que es mejor pactar con el PP que con Podemos. (...)

En la guerra sucia contra Podemos han confluido tres ramas del Estado Profundo: la judicial, la policial y la mediática. De dónde vienen y cómo se interrelacionan está más o menos claro: los colegios en los que estudian, los matrimonios, los restaurantes de Madrid donde cierran sus negocios. Hay en todos ellos una serie de características culturales y geográficas que los uniformiza. Por una parte, Madrid. Madrid es un lugar en el que se da cita gente que ha podido nacer en otras provincias, pero que son altos funcionarios del Estado. En Madrid es donde se juntan las altas magistraturas, donde están los altos cuadros de la Administración. Es donde se radican la mayoría de las sedes de las grandes empresas. Y donde vive —o, al menos, tiene vivienda— buena parte de la gente con más dinero del país. A partir de ahí se producen una serie de relaciones con los medios de comunicación que funcionan muy bien en la medida en que los medios de comunicación tienen dueño. Yo he visto personalmente al jefe de un banco llamar por teléfono al director de un periódico y al dueño de un medio de comunicación, y decirles delante de mí: «Estoy con Iglesias, me parece un tipo interesante, quiero que comáis con él». Y verme cenando con ellos esa misma noche. (...)

Es bastante evidente de dónde venimos. Todos tenemos apellidos y no nos lo perdonan. Eso explica lo que le han hecho a mi padre, que le ganó los juicios a Hermann Tertsch cuando le acusó de terrorista por haber militado en las JCE(m-l) y haber estado en la cárcel por repartir octavillas. O lo que han intentado hacer con la memoria de mi abuelo. El mismo Tertsch escribió en Abc de él que fue un «miliciano criminal» y también perdió cuando mi padre presentó acciones legales. Parece que algo han aprendido porque Cayetana Álvarez de Toledo se atrincheró tras la inmunidad parlamentaria para llamar a mi padre «terrorista». Después, en la presentación de sus memorias, fuera del Congreso, no se atrevió a repetirlo3. Es un clásico de la derecha española; jamás han sido valientes si no ven asegurada su impunidad. (...)

Su reivindicación simbólica de la virilidad, exacerbada con la llegada de Vox, lo que en realidad expresa es el síntoma de una carencia y una frustración. Se quedan en poca cosa si pierden el poder, por eso lo defienden como hienas. La obsesión de Aznar por los abdominales o la barba de Abascal para disimular la ausencia de mentón, harían las delicias de cualquier aficionado a Lacan, consciente de que ni los batidos de proteínas ni las tablas de gimnasia pueden cambiar lo que uno es. (...) 


TEORÍA Y PRÁCTICA REVOLUCIONARIA

Lo que se ha revelado desde la irrupción de Podemos, y desde la constatación de que no veníamos a ser una fuerza testimonial de la izquierda, es la conciencia que tienen de que «sus abuelos no ganaron la Guerra Civil para que ahora llegaran los perroflautas de Podemos». Y eso también explica la agresividad y la reivindicación de la docilidad de cierta izquierda frente a nosotros. Es cierto que cada vez hay menos capital patrio y que esos nombres tan ilustres son cada vez más gestores de fondos extranjeros. Los círculos de poder de hoy ni de lejos tienen el poder de clase que pudieron haber tenido en el pasado, básicamente porque han vendido todas sus industrias. Les puede ir de maravilla en lo personal, pero es verdad que cada vez van quedando menos apellidos que estén en la estructura de propiedad, que sean los dueños. Pero eso no altera una estructura de poder que tiene diferentes niveles y donde el Estado es crucial. Porque —y esto es clave— el Estado no desaparece. Al contrario: crece. Siempre va a haber jueces, magistrados, militares de alta graduación, mandos de la Policía y la Guardia Civil y altos funcionarios que a su vez se puedan relacionar con grandes empresarios, con los dueños de los medios de comunicación y de algunas empresas españolas que siguen teniendo mucha importancia. Pero el poder actual es un poder cada vez más dependiente del exterior, lo que precisamente ha acrecentado el miedo con respecto a nosotros porque, en realidad, un Gobierno nuestro habría sido perfectamente viable desde el momento en que nos hubiéramos puesto de acuerdo con los que mandan fuera de España —y eso no era tan difícil como lograr el consentimiento del viejo poder español—. Y, desde ese poder exterior, nunca llegaron presiones. No les generamos preocupación política. Una vez se llega al Gobierno, si se intenta hacer algo que está fuera de las reglas globales, evidentemente sí pueden destruir y hacer desaparecer a cualquiera. Pero nosotros éramos —somos— perfectamente conscientes de las reglas de funcionamiento de la economía global. Como ha explicado muchas veces Enric Juliana, hace cien años la izquierda quería hacer la revolución socialista. Ahora, la izquierda quiere acabar con la ley mordaza, subir el salario mínimo, defender los derechos de las mujeres, asegurar el ingreso mínimo vital, que predominen los convenios de sector para mejorar la capacidad negociadora de los sindicatos, proteger a las minorías y legislar derechos sociales para gays, lesbianas y transexuales. ¿Ese programa de la izquierda va en contra de los intereses del gran capital? Pues menos de lo que nos gustaría. (...)

Si me leen esto saltarán los anticapitalistas a criticarme y a decirme que ellos tenían razón, que somos unos vendidos y que no queremos cambiar las cosas. Si puedes, cámbialo tú con la revolución armada que tiene aterrorizado al gran capital. Pero si tu revolución da menos miedo a los empresarios que subir el SMI, a lo mejor el problema no está en ser reformista o revolucionario, sino en el poder que tenemos para cambiar las cosas. La política no va de las ideas que tenemos, sino del poder que podemos acumular para llevarlas a cabo. Las ideas revolucionarias sin poder revolucionario, no sirven para gran cosa y, si se llegan a convertir en una de las miles de religiones postmodernas, pueden incluso resultar funcionales al poder. El poder quiere a los revolucionarios lejos del Estado, lejos de los medios y en general lejos del poder. Precisamente porque, si están lejos dejan de ser a revolucionarios. (...)

Eso es el poder de verdad, las dinámicas geopolíticas. Pero nuestro programa no hubiera tenido nunca grandes resistencias a nivel internacional. El nuestro era un modesto programa socialdemócrata. La reacción llegó por los de aquí. En realidad esto siempre ha sido así. El marxismo decía, con razón, que la revolución solamente podía tener éxito a nivel mundial, porque el poder se organiza a nivel mundial y el capital funciona a nivel mundial y, por lo tanto, la revolución en un solo país no contaría con los instrumentos de fuerza suficiente para cambiar las cosas. Esa es la teoría, claro. Luego, en la práctica, los únicos instrumentos administrativos disponibles para cualquiera que quiera hacer algo o cambiar alguna cosa eran, y son, los Estados nacionales. Y cuando uno llega, se encuentra con un Estado que puede tener décadas o siglos de existencia, que tiene sus dinámicas, sus estructuras, sus vicios, sus defectos o sus oportunidades.

Podemos teorizar que lo único que tendría sentido para superar el capitalismo como sistema de organización económica es una revolución mundial y apostar por el decrecimiento. Teoricamente, es cierto. Pero claro, si eso se traduce en una concentración de un puñado de personas con muy buenas intenciones y no en un desafío militar global que nadie desea, todos sabemos que políticamente no llegará muy lejos. Esta es, básicamente, la premisa del pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad. (...) Esa distancia entre la teoría y la práctica siempre es abismal. Uno puede tener previsto cruzarse con un grupo de neonazis y que le den una paliza. Pero la cara que se le queda después de que le hayan dado la paliza de verdad, no hay libro de historia que prepare a uno para asumirlo. A nosotros nos ocurrió lo mismo. En términos teóricos sabíamos que la ofensiva iba a ser brutal. Incluso que podría haber sido peor. Que nos mataran, que nos eliminaran. Es algo que ha ocurrido muchas veces en la historia. Y ahora que hemos visto que Villarejo va presumiendo por ahí de que había comandos destinados a hacer desaparecer a algunas personas, y que eso coincide con la desaparición física de un montón de gente del PP de la Gürtel, pues a lo mejor tenemos que dar gracias de que no nos hayan pegado un tiro y lo hayan presentado después a los medios de comunicación como un ajuste de cuentas entre clanes mafiosos o una vendetta de iraníes o venezolanos. Porque, insisto, una cosa es teorizarlo, e incluso escribir una novela sobre ello, y otra muy diferente vivirlo en carne propia. Es muy diferente. La reacción contra Podemos no nos sorprendió, pero sí nos obligó a manejarlo y a vivir con ello. No fue nada sencillo. Uno puede teorizar sobre lo que significa que le partan la cara, pero no hay universidad que le prepare para ello. Eso lo da solo la experiencia de recibir el puñetazo. (...)

EL ERREJONAZO

Recuerdo una reunión en el Círculo de Bellas Artes poco antes de la Marcha del Cambio, en enero de 2015, en la que estábamos Juan Carlos Monedero, Carolina Bescansa, Luis Alegre, Íñigo Errejón y yo. Y entonces Carolina nos contó que el mensaje que le habían dado los compañeros de Venezuela era: «no os peleéis, no os peleéis, porque si os peleáis, es el fin de todo». Y allí nos conjuramos bajo una premisa simple: mejor equivocarnos juntos que acertar por separado. En términos teóricos, lo teníamos claro. Sin embargo, la naturaleza humana está por encima de eso. Es como en la famosa fábula del escorpión. Y el escorpión, finalmente, no pudo evitarlo. (...) No hace falta que dé mi versión. Además, todos somos nuestro mejor abogado defensor. Creo que es mejor que la gente juzgue los hechos; como siempre, a cada personaje le definen sus enemigos y sus alianzas. Puede que haya quien intente justificar sus alianzas mediáticas y editoriales poco edificantes como habilidad táctica o como capacidad de seducción, pero, a estas alturas, no sé si muchos comprarán ese argumento. Si Ferreras y Planeta te han terminado cuidando y publicando creo que es difícil vender ciertos relatos.

EL GOBIERNO DE COALICIÓN

El acuerdo que ofrecía Sánchez consistía en elevar tres secretarías generales a la categoría de ministerios, pero manteniendo la estructura previa. Eso sí, con una guinda que podía resultar muy suculenta: una Vicepresidencia de Asuntos Sociales e Igualdad. Y no conozco muchas personas que pudiendo tomar la decisión de ser vicepresidenta del Gobierno de España digan, «no, porque más allá de que yo sea vicepresidenta, lo que nos están ofreciendo es un insulto». Esa es Irene Montero. Pudo ser vicepresidenta de España y líder de UP con 31 años y renunció para defender el interés colectivo a pesar de que yo le sugerí que aceptara. Nadie es lo que dice de sí mismo. Somos hechos y somos nuestros enemigos. Comprueben los hechos y vean quien ataca a Irene. Pocos como ella podrían sentir tanto orgullo. (...)

Sabía que si me desinteresaba por la moción de Sánchez y simplemente anunciábamos el voto a favor, no iba a salir. Sabía, también, que teníamos otra vez al alcance de la mano el sorpaso y consolidarnos como principal oposición al PP. Pero, para entonces, ya tenía claro que si hacíamos eso, no gobernaríamos jamás. La única posibilidad de que tocáramos poder y empezáramos a cambiar cosas era hacerlo con el PSOE, asumiendo que ellos tenían que llevar el liderazgo. Era una apuesta muy poco cómoda en la medida en que nos iban a tratar peor. Todo iba a ser mucho más difícil; sobre todo, convencer o imponerse al PSOE —que es lo que finalmente ocurrió— y, si al final gobernábamos, entendernos con ellos. Pero eso era lo que realmente podía cambiar la historia de España. Porque, paradójicamente, si se producía el sorpaso, nosotros podíamos gozar de una comodidad parlamentaria que durase muchos años, pero sin alcanzar el poder. Y, sin poder, no íbamos a acceder a los resortes para cambiar nada. (...)

 

EL CASO DILMA

el robo fue un encargo cuyo objetivo era comprobar si en ese teléfono móvil había algo con lo que pudieran acusarme de algún delito. De eso no había nada, pero sí había unas fotos íntimas con las cuales pensaron que se podía construir un escándalo sexual, pero no pertenecían a una pareja mía. ¿Qué les quedaba? Un vídeo de Echenique en el que canta en una jota «chúpame la minga, Dominga» y un comentario machista mío sobre una presentadora de televisión. Esto es, básicamente, el Watergate de Podemos: «chúpame la minga, Dominga» y los azotes a Mariló Montero. Desde luego, nuestro nivel humorístico quedó a la altura de Arévalo y Bertín Osborne, eso es indudable, pero aquello era poca cosa tanto para la policía patriótica como para nuestros enemigos. (...)

Esta es una constante desde 2014: todos los procesos judiciales contra nosotros acaban en nada. Pero, tal y como ha ocurrido con este, sirven para generar escándalos mediáticos. Son alpiste para un cierto tipo de prensa y nos han desgastado mucho porque, luego, cuando se cierran, el archivo casi no merece ningún tipo de atención en los telediarios y las tertulias. Las pocas condenas contra dirigentes de Podemos que existen son el resultado de dudosos procedimientos que, además, nada tienen que ver con la corrupción, como las inverosímiles agresiones de Alberto Rodríguez y de Isa Serra contra policías. Estos casos serán materia de estudio para historiadores. Toda la documentación está pertinentemente archivada para el que quiera conocerla. En el caso de Alberto están, además, los votos particulares y, tanto en uno como en otro, están disponibles las filmaciones de las declaraciones en los juicios, para que cualquiera pueda comprobar la calidad del procedimiento. Con todo, eso es lo único que han conseguido armar contra nosotros: condenarnos como activistas que se enfrentan a los antidisturbios en una protesta, nunca como corruptos (...).

Leyendo la descripción que hacía Eduardo Galeano de la burguesía y la derecha de Caracas, yo no reconocía a la nuestra en los tiempos de Aznar o Zapatero. Pero ahora sí la reconozco. En España se utiliza el lawfare de forma cada vez más evidente. Los medios de comunicación se van latinoamericanizando también. Ya no hay deontología: escándalos sexuales, fake news y mentiras que se expanden desde ese Little Caracas madrileño.


Verdades a la cara: recuerdos de los años salvajes.

Pablo Iglesias (Navona, 2022)