ARREBATOS ALÍRICOS

Me fui sobreviviendo como pude

(José Luis Piquero)


domingo, 5 de mayo de 2019

LO MEJOR DE "EL DIRECTOR": Secretos e intrigas de la prensa narrados por el exdirector de El Mundo (DAVID JIMÉNEZ)

Resultado de imagen de david jiménez el director

Posiblemente se habrán publicado libros mejores en distintos niveles pero creo que El director de David Jiménez es el libro más valiente, importante y necesario para el periodismo español en muchos años, probablemente demasiados.

David Jiménez (1971) fue periodista de El Mundo desde 1994 hasta 2014, la mayor parte del tiempo como corresponsal en Asia.
En abril de 2015 fue nombrado director de El Mundo tras el despido de Casimiro García-Abadillo (sustituto reciente, a su vez, de Pedro J.) y duró poco más de un año. 
En este libro, que él mismo califica como "inmolación profesional", relata de forma detallada, amena y osada el funcionamiento de un periódico, los debates y las presiones internas y externas y su relación con el poder.

Reconozco que, al principio, daba por hecho que Jiménez habría escrito con el freno de mano echado y cuidándose mucho de desvelar los hechos más importantes o, al menos, tomando la precaución de hacerlo de forma velada. Por eso tardé un poco en hacerme con un ejemplar y admito que lo abrí con cierto recelo. Pero me equivocaba. El Director no solo es una sincera crónica en primera persona y una interesante reflexión sobre la evolución de la prensa escrita, sino además una radiografía descarnada y precisa de las élites y cloacas de este país nuestro.
Como siempre, dejo a continuación unos párrafos representativos, pero con el ruego de que compren el libro con el que David Jiménez, a la manera de Prometeo, se la ha jugado para traernos algo de luz:
No tardé en descubrir que había escogido un trabajo que podía cambiarme y que, si me descuidaba, no podría elegir de qué forma. (...)
Y, sin embargo, en contra de lo que pensaba entonces, no sería en aldeas de Afganistán, revueltas en Birmania o entre las ruinas de Sumatra donde más a prueba se iba a poner mi idea de lo que debía ser un periodista, sino en ese despacho desde donde me disponía a disfrutar de inmejorables vistas al poder y lo que este hace a las personas. ¿Conspiraría y traicionaría como había visto hacer a otros por conservar mi pequeña parcela? ¿Confundiría mis intereses con el proyecto noble y necesario que era un periódico? ¿Me convertiría, también yo, en uno de ellos? (...)
La broma que circulaba por la redacción era que, en caso de apocalipsis nuclear, al día siguiente abriríamos con un titular a cinco columnas: «Sobrevivieron las cucarachas y El Cardenal» (...)
Me dijeron que yo era un hombre de la casa, pero que estaba al margen de las luchas de poder internas; que me había ganado la admiración de la redacción con mis coberturas por el mundo, por lo que tenía su respeto; y que reunía la formación internacional y digital que requerían los tiempos. Les conté cuáles serían mis planes para el diario, las dificultades que creía encontraríamos en el camino y mis dudas de que estuvieran dispuestos a apostar por un plan de transformación que llevaría al menos tres años, encontraría fuertes resistencias y supondría poner patas arriba la forma en la que se había trabajado durante décadas. El Cardenal miró a Silicon Valley: —¡Te dije que era nuestro hombre! —Tienes mi palabra de honor —dijo—. La empresa te dará el apoyo, los medios y el tiempo necesarios para sacar adelante tu proyecto. No iba a recibir ninguna de esas tres cosas, pero supongo que habría aceptado incluso si lo hubiera sabido, porque se trataba de dirigir el proyecto al que había dedicado mi carrera desde becario. Y porque uno no haría nada interesante en la vida si no creyera, de vez en cuando, en las falsas promesas de otros hombres. (...)
EVOLUCIÓN E INVOLUCIÓN DE EL MUNDO
Había sido fundado en 1989, cuando un grupo de periodistas siguieron a Pedro Jota Ramírez tras su despido de Diario 16. La nueva cabecera se forjó rápidamente una marca alrededor del periodismo de investigación y la denuncia de los abusos del poder, a menudo publicando lo que otros no querían o no se atrevían. Su desparpajo iba de la mano de un diseño moderno para su tiempo y un equipo joven donde era difícil encontrar reporteros que hubieran cumplido los 30. La emergente clase media urbana y una generación de lectores jóvenes nacidos en el boom de los 60 y 70 vieron en El Mundo un soplo de aire fresco. Publicaba a columnistas de izquierda y de derecha, no defendía a ningún partido —los problemas comenzarían cuando empezó a hacerlo—, buscaba ocupar el espacio del centro y defendía un liberalismo reformista que rompía con el periodismo ideológico que dominaba la prensa del país. Pero sobre todo era un diario personalista, identificado con un director que reunía similares dosis de ego, ambición y talento. Jota era por entonces más gurú que jefe: si en lugar de ejercer el periodismo hubiera decidido arrastrar a la redacción a un suicidio colectivo en la sierra de Guadarrama, no habría tenido problema en encontrar voluntarios. Ejercía su autoridad gracias a una mezcla de admiración reverencial y el terror que provocaban sus broncas legendarias. Sus aproximaciones a las secciones, anunciadas con repetidas toses secas, sumían a los periodistas más ruidosos en un silencio sepulcral y había redactores jefe que temblaban físicamente ante su presencia. Tenía una influencia sobre la política que habría sido impensable para cualquier otro director, sobre todo después de que las investigaciones del periódico fueran determinantes en la caída del Gobierno socialista de Felipe González y la llegada al poder del líder conservador José María Aznar en 1996. El nuevo presidente, agradecido, repetía en el parlamento frases textuales que el director le había sugerido la víspera por teléfono y sus ministros cortejaban El Despacho en busca de protección como peticionarios en la escena inicial de El Padrino. (...)
Imagen relacionada 
Los jefes decían que la falta de ruido se debía a la moqueta de San Luis, que lo absorbía. Pero había algo más: el espíritu de Pradillo se había desvanecido entre las ambiciones no satisfechas de unos y las enemistades sin resolver de otros; las decisiones empresariales absurdas y las promociones de quienes las habían tomado; los daños colaterales de las guerras de poder internas, con sus lealtades exigidas y deslealtades consumadas; la erosión de la ilusión, hasta transformarse en desencanto; y los efectos de una crisis que había hundido nuestra difusión, ingresos y moral. Las ambiciones habían dejado de estar gobernadas por los ascensos para hacerlo por la supervivencia en mitad de continuas olas de despidos. Cada vez que la cicatriz de un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) parecía estar a punto de cerrarse, la empresa anunciaba el siguiente. El compañerismo había sido puesto a prueba como nunca antes, porque el despido del colega que se sentaba a tu lado aumentaba las posibilidades de salvación propias y de seguir pagando la casa y el colegio de los niños. Porque los redactores, ahora, tenían hipotecas e hijos. La imagen de compañeros recogiendo sus cosas para marcharse se había hecho dolorosamente cotidiana, más aún por la forma en la que se producían las salidas. Los despidos se decidían a menudo sin tener en cuenta los méritos, en reuniones donde los jefes sentenciaban el destino de reporteros, maquetistas o fotógrafos en función de manías personales y amistades de conveniencia. Los sacrificados terminaban siendo buenos profesionales que no habían dedicado suficiente tiempo a labrarse una red de protección en los despachos. (...) 
COLUMNISTAS (Y TERTULIANOS) DESDE UMBRAL HASTA BUSTOS 
El columnismo español llevaba años viviendo por encima de sus posibilidades, aferrado a la época en la que los grandes maestros, con Francisco Umbral a la cabeza, escribían genialidades literarias que no decían mucho, pero arrastraban a los lectores al quiosco. El testigo había sido recogido por una generación de imitadores que seguían sin decir gran cosa, pero ya sin el talento de los clásicos o aportar un lector de más. Los Inspirados se iniciaban en la columna muy jóvenes, antes de haber viajado o vivido suficiente, se aplaudían las ocurrencias entre ellos y se paseaban por las facultades de periodismo esperando ser agasajados por groupies, que lo mismo caía un número de teléfono. Los mejor pagados ganaban por lo que Umbral llamaba «el puto folio» —400 palabras escritas en bata desde casa— más que un reportero freelance jugándosela durante un mes en el frente sirio. Su influencia en las redacciones era grande y contaban con la protección de los directivos de las empresas, que los mimaban a cambio de que entretuvieran sus cenas y pretendieran escuchar sus opiniones. Entre los pocos que se salvaban estaban David Gistau, que escribía valiente hasta contradecir a los directores de los diarios donde trabajaba, y Manuel Jabois, un gallego bohemio que manejaba con talento crónica o columna y resistía mejor que sus contemporáneos las vanidades que afligían a Los Inspirados. Los dos se habían consagrado en El Mundo antes de marcharse a ABC y El País, en una continuación de la sangría que veníamos arrastrando desde hacía años. El periódico había escogido como sustituto de Jabois a un columnista joven y conservador que gustaba mucho a El Cardenal y al presidente Mariano Rajoy. No estaba destinado a darnos días de gloria. La marcha de Gistau se había intentado suplir reforzando a Salvador Sostres, fichado por Jota en los baños del restaurante El Bulli dentro de su estrategia de derechizar nuestra línea editorial y tratar de quitarle lectores a ABC. Sostres era un buen analista de la política catalana, pero el resto de sus artículos habían manchado nuestra hemeroteca como nadie en la historia del diario. (...) Lo despedí durante mi primera semana.
 Resultado de imagen de columna salvador sostres
El Gobierno había liderado en los tres años anteriores el mayor ataque contra la prensa en democracia, en una campaña en la que el ministro había participado activamente y que estaba dirigida por cuatro mujeres: la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría; su jefa de gabinete, María González Pico; la secretaria de Estado de comunicación, Carmen Martínez Castro; y, haciendo la guerra por su lado, la secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal. La llegada al poder de los populares había comenzado como la de tantos otros gobiernos, de uno y otro bando, con una purga en los medios públicos. Al frente de RTVE se colocó a José Antonio Sánchez, un tipo que aparecería en Los Papeles de Bárcenas entre quienes supuestamente habían cobrado sobresueldos del partido gubernamental. El jefe de informativos de la cadena pública, Fran Llorente, fue laminado y los directores territoriales apartados y sustituidos por comisarios políticos. Los periodistas que se negaron a convertir TVE en el gabinete de prensa del Gobierno fueron cesados, mientras se creaba una redacción paralela dispuesta a hacer el trabajo sucio. Los medios privados, mientras, fueron sometidos con la estrategia del palo y la zanahoria. Moncloa forzaba el despido de periodistas incómodos, utilizaba la publicidad institucional para castigar a los desobedientes y controlaba las tertulias políticas en radios y televisión, que se habían convertido en el principal centro de debate del país y tenían grandes audiencias. Conocí cómo funcionaba el reparto cuando empecé a recibir ofertas para participar en programas de radio y TV. El Cardenal estaba empeñado en que escogiera para mis colaboraciones los medios del grupo Atresmedia, con el que decía que teníamos posibilidades de futuras alianzas. Me pareció una buena opción porque los programas donde se me proponía participar, Espejo Público en Antena 3 y Más de Uno en Onda Cero, eran conducidos por periodistas que respetaba. Fui informado de que mi asiento sería parte de la «cuota libre», es decir, los huecos que quedaban después de que el Gobierno y los caciques mediáticos de la casa colocaran a marionetas y esbirros. (...)
 LA PRENSA COMO INSTRUMENTO DEL PODER
El Príncipe no era de derechas ni de izquierdas. Era del poder. Había convencido al anterior Gobierno socialista de que quitara la publicidad a RTVE, que supuso una inyección millonaria al duopolio de Atresmedia y Mediaset, y ahora servía a los conservadores, ya fuera imponiendo líneas editoriales o haciendo de intermediario con el partido gobernante. Nadie tenía mejor información en el país, pero tampoco nadie iba a leerla en su diario, La Razón. (...)
El control del Gobierno había llegado a tal punto que sus dos principales facciones, lideradas por la vicepresidenta Santamaría y la secretaria del partido Cospedal, batallaban por colocar en las tertulias al mayor número de afines para atacarse mutuamente, prueba de que en política el fuego más letal es siempre amigo. Era una guerra donde se humillaba al tertuliano enviándole mensajes con las consignas a repetir, se exigían lealtades ciegas y se destruían o promocionaban carreras a capricho, incluidas las de algunos de los Los Inspirados, esa nueva generación de columnistas que se abría paso imitando a sus mayores. (...)
Hacía 18 años que no ejercía el periodismo en mi país, pero habían bastado unos días para entender que algo fundamental había cambiado en mi ausencia. El poder había dejado de temer a la prensa y ahora era la prensa la que temía al poder. (...)
     EL PAÍS
El Gobierno había logrado domesticar a tres de los cuatro grandes diarios de la prensa madrileña —«La Razón y ABC no nos preocupan»—, después de que Juan Luis Cebrián, el presidente de PRISA, sumara El País a la lista de vencidos. La muerte del fundador del grupo, Jesús de Polanco, había dejado la empresa en manos de Cebrián en 2007, en vísperas de la Gran Recesión. La cosa prometía porque el nuevo jefe era periodista, había sido el primer director del diario y lo había convertido en medio de referencia del mundo hispanohablante. Sin duda cuando se viera en la encrucijada de tener que escoger entre poder y verdad, dinero y periodismo, sus intereses o los del periódico, optaría por lo segundo. Eligió lo primero. Cebrián presidió durante la siguiente década un hundimiento sin precedentes de una gran empresa de comunicación europea. PRISA sufrió una caída del 99 % de su valor en bolsa y la generación de una deuda impagable le llevó a poner la empresa en manos de multinacionales como Telefónica, grandes bancos como Santander o HSBC y fondos de inversión extranjeros de Qatar y Estados Unidos. La operación para salvar la compañía fue apadrinada por la vicepresidenta Santamaría, hizo a Cebrián inmensamente rico —en un año con pérdidas de 450 millones de euros se embolsó 12 millones— e incluyó en su letra pequeña la increíble transformación del principal diario progresista del país en un medio afín a un Gobierno conservador, donde Santamaría pasó a ser La Intocable. Periodistas que no eran del agrado de la vicepresidenta fueron enviados al exilio de una corresponsalía o marginados; quienes pretendían hacer periodismo de investigación, relegados a ocupaciones menos molestas; y cronistas de prestigio, como Fernando Garea, forzados a marcharse «para poder seguir escribiendo de política». En Miguel Yuste se vivía con desolación el asalto y la renuncia de su director, Antonio Caño, a oponer resistencia. (...)
Moncloa ofrecía al diario empezar de cero y dejar atrás el enfrentamiento tras la publicación dos años antes de los mensajes privados del presidente Mariano Rajoy a Luis Bárcenas —«Luis. Lo entiendo. Sé fuerte»—, cuando se descubrió que el extesorero del partido ocultaba una fortuna en Suiza. Los mensajes apuntaban a la complicidad de Rajoy con la corrupción del partido y su disposición a encubrirla. Las informaciones sobre la trama, recogidas en Los Papeles de Bárcenas, habrían costado el puesto al presidente en cualquier otro lugar. En España habían acelerado la caída de los directores que las habían publicado: Javier Moreno en El País, en la que sería la última investigación importante que el periódico publicaría bajo el mando de Cebrián, y Pedro Jota en El Mundo. (...)
VILLAREJO Y LAS CLOACAS COMO FUENTE
Uno de los grandes filtradores dentro del hampa policial era el comisario José Manuel Villarejo. La primera vez que escuché su nombre fue al poco de llegar a la dirección. Dos de nuestros reporteros me contaron que había sido, desde hacía al menos dos décadas, una de las principales fuentes de El Mundo y facilitador de la mayor parte de nuestras exclusivas. (...)
Villarejo parecía sacado de una película policiaca de los años 80. Había comenzado su carrera en el cuerpo en la etapa final de la dictadura, ganándose a políticos, periodistas y empresarios con el tráfico de información. Operaba como un agente libre, sin responder más que a sí mismo y con la complicidad de los ministros del Interior, sin importar a qué partido pertenecieran. (...)
Había recibido una primera pincelada de cómo funcionaban Las Cloacas y la forma en la que habían contaminado el trabajo de la prensa en España. Sus filtraciones podían tener como origen investigaciones reales o ficticias, sus informes estar documentados o inventados y sus intenciones ser más o menos corruptas. La diferencia era que, mientras Woodward al menos trataba de distinguir unas de otras, toda una generación de supuestos periodistas de investigación había prosperado comprando un material que sabían averiado, en un juego de favores donde la verdad era un incordio prescindible. (...)
El comisario tenía a un buen puñado de informadores bajo su cuerda, había cimentado las carreras de algunos de ellos y, de la misma forma, tenía la información y los audios para hundirlas. Atrapados en su red, habían pasado a ser «sus chicos». (...)
Villarejo buscó una segunda reunión semanas después, pero no respondí a sus mensajes. La salida de Woodward nos daba la oportunidad de romper para siempre con la que quizá había sido la fuente más importante en la historia del periódico, pero también la más tóxica. Si el precio a pagar era que un puñado de exclusivas se fueran a la competencia, estaba dispuesto a pagarlo. (...) 
EL MUNDO Y LA TEORÍA DE LA CONSPIRACIÓN DEL 11-M
 Resultado de imagen de PORTADA EL MUNDO TEORÍA CONSPIRACION 11-M
La cultura periodística de El Mundo, con sus virtudes y defectos, era herencia de los 25 años de dirección de Pedro Jota. Había inculcado la valentía de publicar aquello que otros no se atrevían y la búsqueda obsesiva de la exclusiva. La idea de que el poder debía temer a la prensa y no al revés. Pero Jota también había creado un ambiente donde todo valía en la búsqueda del scoop, se eludía cualquier debate moral sobre los métodos y existía una gran tolerancia a las trampas, ya consistieran en situar a un enviado especial en la noticia cuando todavía estaba en su casa, publicar informaciones antes de que hubieran sido suficientemente contrastadas o birlar las primicias de la competencia sin citarla. Habíamos aceptado con naturalidad la doble personalidad de un director que mezclaba el coraje de Ben Bradley en su empeño de seguir con el Watergate hasta el final y la flaqueza ética de Walter Burns, el director de Primera Plana dispuesto a todo por la noticia. (...)
Cuando años después el terrorismo islámico provocó una masacre en Madrid, el 11 de marzo de 2004, el equilibrio de nuestras virtudes y defectos se decantó del lado de los segundos y nos llevó a cometer el error que marcaría a El Mundo para siempre. El Gobierno del Partido Popular, al que nos habíamos acercado en exceso —eran los días en que Jota jugaba al pádel con el presidente y acudía de invitado a la boda de su hija—, intentó culpar del atentado a la banda terrorista ETA. La decisión de participar en la guerra de Irak unos meses antes había sido muy impopular y Aznar temió que una autoría islámica les haría perder las elecciones, que se celebraban tres días después. Jota creyó la versión del Gobierno y, cuando la realidad nos mostró que no era así, en lugar de rectificar nos embarcamos en una huida hacia delante que nos llevó a publicar durante años supuestas investigaciones para reafirmar nuestra teoría de una gran conspiración. Era difícil encontrar a alguien en la redacción que pensara que lo que estábamos haciendo tenía algún sentido, pero más difícil era encontrar a alguien que tuviera las agallas de decírselo al director. Todos, unos desde las cercanía de El Despacho y otros, como yo, desde la comodidad de una corresponsalía, callamos mientras el diario convertía coincidencias en evidencias, se alimentaba de informaciones poco fiables de la facción policial que degeneraría en Las Cloacas, exageraba cualquier elemento que ayudara a defender su versión —y ocultaba datos que pudieran contradecirla—, se camelaba a testigos para que defendieran nuestras informaciones y buscaba la destrucción de la reputación de cualquiera, juez, policía o periodista, que no siguiera nuestra estela. Quienes disintieron, como Sindo Lafuente y Borja Echevarría, negándose a trasladar aquellas informaciones a la web del diario que dirigían, fueron purgados. Los que se sumaron con más entusiasmo a las fantasías del director fueron promocionados.(...)
Coleccionar cabezas de periodistas era un hobby con larga tradición entre nuestros políticos desde los tiempos de la dictadura, cuando en una ocasión le entregaron al director de Pueblo, Emilio Romero, una lista con los nombres de los informadores que debía cesar. Dijo que faltaba uno: el suyo. Si se seguía haciendo era porque siempre había directores dispuestos a obedecer las órdenes.
Los directivos que le cesaron acudieron a su funeral, hicieron grandilocuentes declaraciones sobre su pérdida y promovieron una fundación en su nombre, alabando su insobornable independencia con la hipocresía de quienes, sin haber pisado jamás el frente o haber escuchado el silbido de una bala, ni siquiera tuvieron el valor de defenderle desde la confortable seguridad de sus despachos. (...)
LAS CLOACAS DEL ESTADO CONTRA  NACIONALISTAS Y PODEMOS
 
Aunque habíamos cortado la relación con Villarejo, el comisario en jefe de las filtraciones de Las Cloacas, el ministro seguía siendo un suministrador importante de información en temas clave como Cataluña o el terrorismo islámico. Interior habría utilizado, según la instrucción del «caso Kitchen», fondos públicos para pagar a policías e intermediarios para que hicieran «trabajos» para el partido, incluido el robo a Bárcenas de supuestas pruebas sobre la financiación ilegal y los sobresueldos. Desde las oficinas del ministro en el Paseo de la Castellana, adornadas con vírgenes y fotografías del Papa, emanaba un hedor insoportable que hacía que cada vez fuera más difícil distinguir las informaciones reales de las contaminadas. (...)
Una vez vino a verme indignada porque desde la policía política del ministro Fernández se estaba ofreciendo a los medios un informe policial fabricado a la carta sobre la supuesta financiación de Podemos en el extranjero.
—¿Pero existe ese informe? —había preguntado La Hormiga.
—Existirá —le dijeron, dando a entender que lo improvisarían si había interés por nuestra parte. Los papeles resultantes eran parte de una supuesta investigación sin supervisión judicial ni pretensiones de veracidad, carecían de membrete oficial de la policía o firma autorizada por algún funcionario, y consistían en una mezcla de informaciones sabidas, rumores de la prensa sensacionalista y conclusiones sin pruebas. Intentaron colármelos dos veces y, ante mi negativa a publicarlos sin llevar a cabo nuestra propia investigación, terminaron siendo difundidos como «grandes exclusivas» por dos medios de la competencia. El problema era que esos atajos éticos salían rentables: los medios que los tomaban prosperaban y sus reporteros se convertían en estrellas que publicitaban sus primicias en televisiones y radios, mientras el rigor de La Hormiga y otros como ella no recibía ninguna atención o era ridiculizado dentro de la profesión. ¿Era a cambio de ese periodismo de filtración y tertulia por lo que habíamos ido a ver al ministro? Si nos hubiera dado la información prometida, ¿la habríamos publicado sin dedicar un día a investigarla? Sentía que, al intentar ayudar a Asuntos Internos a recuperar sus fuentes, había comprometido la integridad del periódico. Y que, además, lo había hecho a cambio de nada. El ministro pensó que con su jugada estábamos empatados —nos había devuelto el golpe: nadie jode las va-ca-cio-nes a Jorge Fernández— y que nuestra relación podía empezar desde cero. Cuando me llamó, unos días después, no me puse al teléfono. Decliné su siguiente invitación para vernos en el ministerio. No volví a hablar con él. (...)
LA VERACIDAD PERIODÍSTICA
Esperaba que la próxima reorganización, y un mayor foco en la calidad, diera una oportunidad a nuestra generación de reporteros digitales, antes de que las ataduras del escritorio se llevaran el entusiasmo que les quedaba. Eran rápidos: los más rápidos. Pero les pedí que levantaran el pie del acelerador. No ganábamos nada si éramos los primeros en contar algo que después tuviéramos que desmentir. No nos haríamos eco de rumores o informaciones no verificadas propagadas por las redes y solo actualizaríamos la cifra de víctimas cuando estuviera confirmada por fuentes oficiales. Algunos eran demasiado jóvenes para recordarlo, pero yo tenía grabada nuestra portada tras los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, en 2001. «El mayor ataque terrorista de la Historia derriba los símbolos del poder de EEUU y causa más de 10.000 muertos y heridos», decía nuestro titular a cinco columnas. Nunca se llegó a esa cifra. (...)
¿Cuándo había empezado a joderse el periodismo? Seguramente el día que los gestores empezaron a hacer de periodistas y los periodistas de gestores. (...)
 Resultado de imagen de PORTADA EL MUNDO 11-S
LA POSICIÓN DEL PP EN CATALUÑA Y SU PRESIÓN A LOS MEDIOS 
No tenía nada en contra de que uno quisiera emanciparse de lo que fuera, padres, jefes o incluso Estados, pero no podía comprender que los líderes nacionalistas catalanes pretendieran hacerlo en contra de la voluntad de al menos la mitad de sus ciudadanos, ignorando una Constitución que, con sus defectos, había dado al país un periodo de estabilidad sin precedentes. Los desafíos de la Generalitat eran cada vez más osados, espoleados por medios locales que hacían de cheerleaders tras haber sido bañados en subvenciones públicas. Pero ni siquiera cuando el parlamento catalán proclamó el inicio «del proceso de creación del Estado catalán independiente en forma de república» el presidente Rajoy pareció tomarse en serio lo que estaba pasando. Nuestro registrador de la propiedad tenía aversión a las decisiones difíciles y afrontaba los problemas con la confianza ciega de que se esfumarían si tan solo permanecía inmóvil el tiempo suficiente, hasta desesperar o aburrir a sus adversarios. No estaba funcionando en Cataluña y nuestros editoriales criticaban su falta de liderazgo.
Uno de los días de mayor tensión informativa en Cataluña iba en el coche cuando recibí una llamada de un número desconocido. Era el presidente. Mis hijos se peleaban en el asiento de atrás, así que tuve que apañármelas para hablar con Rajoy, concentrarme en la carretera y lanzar miradas de asesino en serie a los niños en un intento de mantenerlos callados. Ni siquiera podía recurrir a las amenazas, una forma de intimidación parental que los psicólogos modernos —sin hijos— decían que perjudicaba su estabilidad emocional y que habría utilizado sin dudarlo si el presidente no hubiera estado escuchando a través del manos libres. Imposté el tono de voz de director sentado en su despacho y con los pies sobre la mesa mientras conducía sin rumbo —¿tenía que llevar a los niños al colegio o al médico?—, y el líder popular me contaba lo enérgicamente que iba a seguir haciendo nada. (...)
El número de catalanes favorables a la independencia se había triplicado bajo el Gobierno de Rajoy y el conflicto prometía enquistarse durante décadas. Estaba convencido de que los líderes nacionalistas, más allá de los errores cometidos por Madrid, estaban engañando a los ciudadanos sobre las consecuencias reales de romper con España y abandonar la Unión Europea. (...)
Me escribían para decirme que el diario había perdido la objetividad y me preguntaban dónde estaba la mesura que había prometido imponer en el diario. El periódico les gustaba cuando ejercía su función de contrapoder con el Partido Popular o el Gobierno de Madrid, pero no con políticos catalanes que habían encontrado en el sentimentalismo patriótico una forma de ocultar años de mala gestión y corrupción endémica. La verdad tiene muchos amigos, pero muy pocos sinceros. (...)

LA CRISIS DE LA PRENSA
(...) largos debates sobre los motivos de la caída del papel en las que todos los participantes se alineaban con El Cardenal y su teoría de que el problema era que nuestras informaciones no masajeaban lo suficiente las ideas de «los nuestros».
—Nos falta punch —dijo en una de las reuniones, mientras el resto asentía—. Historias como las del 11M traían lectores.
—Pero muchas resultaron ser falsas.
—Eso no lo sabemos. Además, los lectores se las creían.
(...)
 Resultado de imagen de PORTADA EL MUNDO TEORÍA CONSPIRACION 11-M
La separación radical de la opinión y la información era un concepto que chirriaba en la prensa nacional, que las mezclaba sin rubor. Podías coger los cuatro principales periódicos del país y leer versiones opuestas de los mismos hechos, adaptados a la línea editorial o interés de cada diario. Luego, en reuniones y debates, los grandes editores se preguntaban el porqué de la pérdida de credibilidad de la prensa. (...)
Los estudios de mercado eran deprimentes, porque demostraban que a muchos lectores de prensa no les importaba la calidad de la información o su rigor, sino que el diario reforzara sus creencias y posiciones. (...)
Pensaba que si uno estaba de acuerdo con todo lo que leía en su periódico era porque no era un periódico, sino un panfleto. Pero muchos de aquellos lectores creían justamente lo contrario. Los más religiosos no querían historias sobre los abusos en la Iglesia católica, aunque existieran. Los seguidores del Real Madrid buscaban críticas a los árbitros que no pitaban penaltis a favor de su equipo, aunque no lo fueran. Los taurinos no querían reportajes sobre derechos animales ni los conservadores sobre el matrimonio gay. Un lector me reprochó que hubiéramos entrevistado a Manuela Carmena, la alcaldesa de Madrid, porque era de izquierdas. (...)
 Me leyó el titular: «La cúpula del IBEX cobra un 10 % más y los salarios caen un 5 %». Era una información sin ningún tipo de valoración, que se limitaba a reflejar con datos cómo durante los años de crisis los salarios de los altos directivos habían subido, mientras bajaban los de la mayoría de los trabajadores. El Cardenal creía que era una información injusta y que daba munición a Podemos, el partido de izquierdas de Pablo Iglesias que empezaba a ser visto con pánico por la elite. El Cardenal tenía razones para sentirse en deuda con sus amigos del IBEX. Los Acuerdos, como se conocían los pactos negociados con las grandes empresas al margen de las cifras de audiencia o el impacto publicitario, habían salvado a la prensa durante la Gran Recesión. Era un sistema de favores por el que, a cambio de recibir más dinero del que les correspondía, los diarios ofrecían coberturas amables, lavados de imagen de presidentes de grandes empresas y olvidos a la hora de recoger noticias negativas. (...) El intercambio de favores entre prensa y empresas estaba tan enraizado, desde hacía tanto tiempo, que no hacía falta descolgar el teléfono para que los directivos se cobraran su parte: en las redacciones se había interiorizado que empresas como Telefónica, el Banco Santander o el Corte Inglés eran intocables. (...) Era un pulso constante que los periodistas habían perdido en la mayoría de las redacciones: la crisis se había convertido en la coartada perfecta para romper algunas de las reglas sagradas del oficio. (...)
Paolo Vasile, el consejero delegado de Mediaset, que incluía los canales de televisión Telecinco y Cuatro, había dado instrucciones de que en los informativos no aparecieran noticias positivas de empresas que no pusieran publicidad, según me contaron varios de sus periodistas. Vasile, que tenía buen ojo para atraer audiencias, no estaba interesado en la información porque le daba muchos quebraderos de cabeza y poco dinero en comparación con los realities y los programas del corazón. Tenía la ventaja de que tampoco fingía lo contrario: no le tembló el pulso al cargarse CNN+ tras comprársela a PRISA y sustituir la programación por 24 horas diarias de Gran Hermano. (...)
La derrota que el periodismo estaba viviendo frente al poder solo era posible con la connivencia y en ocasiones la participación directa de importantes aliados dentro de los medios. Los tres grandes grupos de prensa del país, PRISA, Unidad Editorial y Vocento, se encontraban en serios apuros económicos y habían pasado a depender, más que nunca, de la publicidad institucional que el Gobierno distribuía a capricho, la concesión de licencias de radio y televisión digital, cuya última partida iba a entregarse en vísperas de las elecciones, y los pactos con las grandes empresas del país. El establishment se sentía más vulnerable de lo que había estado en décadas y había encontrado en los ejecutivos de los medios a los aliados necesarios para sumarse a la causa de su protección. ¿Qué importaban los resultados económicos, el periodismo independiente o el daño a las marcas periodísticas para alguien como El Cardenal? Su posición dependía de una red de influencia que había acudido a su rescate cada vez que se veía amenazado y que tenía en César Alierta a su general, el hombre que daba empleo a los exministros en paro, podía salvar las cuentas de diarios en apuros o eliminar a directores incómodos. De repente caí en la fragilidad de mi posición. El Cardenal no podría tolerar nunca a un director que no acatara sus instrucciones porque aquella resistencia le condenaba a una posición de irrelevancia, disminuía su valor a los ojos del poder y comprometía su propia supervivencia. (...)
sutil mercadeo de información y favores al que la prensa estaba enganchada como un yonqui a su droga. El sistema llevaba demasiado tiempo en funcionamiento, tras haber sido instalado por una mezcla de empresarios y directores de medios salidos de la Transición. Sus principales representantes en la prensa eran los Tres Tenores: Juan Luis Cebrián (El País), Pedro Jota Ramírez (Diario 16 y El Mundo) y Luis María Anson (ABC y La Razón), todos ellos buenos periodistas que terminarían malográndose en los pasillos del poder. Mantenían una cercanía incestuosa con el establishment, en parte por su deseo de pertenecer a él, y mezclaban con naturalidad periodismo e intriga política. No se dedicaban solo a contar noticias, sino a generarlas; ni a criticar a ministros, sino a nombrarlos y cesarlos; y tampoco se conformaban con editar periódicos, sino que los utilizaban como armas en batallas de poder donde ejercían de fiscales, jueces y, en ocasiones, verdugos. Eran, cada uno a su manera, ministroperiodistas, chófer y reservado en el restaurante de moda incluidos. Jota era el más periodista e imprudente de los tres, Cebrián el más calculador e interesado y Anson el más tendencioso y aristócrata. (...)
Durante décadas ofrecimos a la monarquía inmunidad informativa y adulación, enviando a sus miembros de moral más endeble la señal de que nunca serían censurados. Vivimos en connivencia con bancos y tiburones inmobiliarios, sin denunciar sus excesos porque su publicidad engordaba nuestras cuentas de resultados. Nos sometimos a Los Acuerdos, sin oponer ninguna resistencia o promocionándolos. Y alineamos nuestros intereses con los de los partidos políticos y gobiernos, a cambio de dinero institucional, licencias de televisión o favores. (...)
Ni siquiera podíamos acogernos a la excusa de la necesidad, porque todo había empezado en los buenos tiempos, cuando la prensa vivía en la abundancia y los regalos de empresa colapsaban cada Navidad los servicios de mensajería de las redacciones. Jamones, cajas de vino, puros Montecristo, tarjetas regalo de El Corte Inglés y cestas con caviar incluido se acumulaban junto a las mesas de los redactores jefe y en los despachos del staff. (...)
Un exconsejero del Banco Popular me contó que la política de la empresa era «tener contentos a los periodistas de Economía» con hipotecas por debajo del mercado, para asegurarse una cobertura amable. El banco terminó yéndose a pique tras haber mantenido durante décadas la imagen de ser el mejor gestionado del país. Era un sistema en el que los jefes se llevaban la mejor parte del botín, pero donde siempre había algo para la infantería. (...)
EL DIRECTOR: 
Secretos e intrigas de la prensa
 narrados por el exdirector de El Mundo 
David Jiménez.
Libros del K.O. 2019 

domingo, 28 de abril de 2019

NO SUPO VICTOR FRANKENSTEIN SER MADRE (Paco Najarro)

Resultado de imagen de francisco najarro no supo victor frankenstein

Mis padres no tuvieron ningún hijo,
ningún niño rechoncho de ojos negros.
A mí me construyeron como casa
para vivir en ella una vez muertos.
(...)
Imagina un ejército de niños
gordos, el roce fuerte de entrepiernas;
un himno cuya letra solo puede pensarse,
una bandera de colores grises.
Un niño gordo lame el torso verde
del militar de plástico, el deseo.
(...)
Quieren que hable de mi país, y digo:
El país que dejé no ha perdido su forma,
encuentro manchas que se le parecen
y señalo ciudades.
El país del que soy, por el contrario,
achicó sus fronteras y sus fuerzas,
y canta mucho menos.
El país donde vivo tiembla a veces,
me recuerda al derrame cerebral
que desplomó a mi abuela.
Al país del que soy quiero volver,
peinarle el pelo mientras le murmuro
mamá, es cierto que vine.
El peine era de color azul, 
el tono importa porque se trata de un recuerdo. (...)
Ciertas palabras dejan en la piel
un olor asqueroso al escribirlas,
como las tripas del pescado azul
cuyo olor se rompe con el corte. 
(...)
Como cambia la víbora su piel
mi lengua se recubre de palabras.
Son nuevas y calientes: la traición.
Donde dije soñar me desperezo,
donde dije luchemos digo lucha.
(...)

No supo Victor Frankenstein ser madre.
Francisco José Najarro Lanchazo.
RIL Editores, 019

sábado, 27 de abril de 2019

DESPIECE DE FACTBOOK: EL LIBRO DE LOS HECHOS

Resultado de imagen de facebook diego sanchez aguilar

Factbook: el libro de los hechos es, sin duda, una de las mejores y más interesantes novelas publicadas en castellano en los últimos tiempos. De ello dan fe varias reseñas elogiosas como las que ofrezco a continuación:

En mi caso, en este vuestro blog prefiero compartir, junto con mi encarecida recomendación, un "despiece" de los párrafos más potentes intentando, eso sí, como siempre, no reventar la trama:
Resultado de imagen de reseña factbook quimera
La música del telediario crea en el silencio del salón una sensación de invasión controlada, de apocalipsis cotidiano y consentido. Ya está aquí el mundo, con las estruendosas trompetas que anuncian su venida. El pacto con lo real, pidiendo con histeria que miremos, que saquemos las cabezas de nuestras cuevas. Mi madre me despertaba con el mismo apremio, la misma urgencia ante el acontecimiento de la llegada de un día nuevo, de un autobús que siempre va a escaparse.
El presentador del telediario empieza a hablar con la música todavía acompañando sus palabras, como si estas necesitaran de ese impulso melódico para poder entrar en las habitaciones, en la intimidad múltiple y única de todos los edificios y sus ventanas. Tiene que elevar la voz, mantener un tono fuerte y urgente, subir sus palabras a la cresta de las ondas sonoras de la alarmante cabecera: “El cuerpo ahorcado del presidente de la CEOE. No se descarta la hipótesis terrorista”.
Las imágenes muestran el toro de Osborne desde abajo. Una estructura de hierros, una realidad oculta y magnífica, como una dimensión desconocida recién descubierta. Barras de hierro en diagonal, barras paralelas verticales cruzándose con otras horizontales, de una escala no humana. (...)
Los trabajos corregidos encima de la mesa, como objetos extraños que no me pertenecen de ninguna manera. Mi letra en tinta roja, pequeña y nerviosa, sobre el cuerpo redondo y perezoso de la caligrafía adolescente. Esas correcciones como cicatrices sobre unos cuerpos sin alma, con un alma tan lejana como la mía. La lucha inútil de esas dos caligrafías; la lucha en silencio que mantienen ahí, sobre el papel, mientras se funden en la penumbra.
Envuelto en sombras, como un vagabundo en una manta gris, llega el tiempo del ocio y del descanso, el cambio de turno, sin alegría ni satisfacción, otro paso hacia nada.
Martes, ocho de la tarde, eso es ahora. Tiempo de ocio, territorio del presente. THC 3 miligramos. El sonido del blíster, como descorchar las horas que quedan de este día en una fiesta aburrida y silenciosa.
“Ya casi es miércoles”. A veces hablo sola. Casi nunca en voz alta; eso es una barrera, una línea roja que todavía me reservo. Esa reserva revela que aún creo en el futuro; que hay, en alguna parte de mí, una idea del futuro. Y hablar sola en voz alta está allí, de una forma abstracta pero inevitable, como la imagen de la meta para el corredor de maratón mientras avanza concentrado solamente en respirar, tomar aire y expulsarlo.
La luz que entra por la ventana viene cargada de tiempo, deposita toneladas de presente en las paredes, con esa tonalidad sin nombre que tiene el aire concentrado del anochecer: es el reverso o la negación del color que ha tenido durante el resto del día. (...)
Resultado de imagen de españa manuel vilas
España es un relato, una serie con demasiadas temporadas, un culebrón interminable al que estuve enganchadísima, y del que cada vez me aparto más. (...)
Imagino un país sin televisión. Un país en el que toda información y entretenimiento se eligiera personalmente en la Red. Mi consumo de televisor se ha ido reduciendo al telediario. El resto del tiempo es la tablet encendida eternamente, los “amigos” elegidos en Facebook, las películas elegidas por mí entre toda la Historia del cine, los libros elegidos por mí entre toda la Historia de la literatura. Elecciones personales, islas dentro islas, una nación solipsista y fragmentaria.El franquismo fue el tiempo de una sola cadena de televisión. La transición, el bipartidismo, fueron el régimen político de una nación unida por la fingida diversidad de las nuevas cadenas privadas. Las tetas y la cultura, la movida, las comedias españolas liberales, los decorados de los programas musicales, tan modernos, todo tan copiado y tan triste: Telecinco y Antena 3, La 1 y la La2, PSOE y PP. La aparente fragmentación del parlamento actual, la política de pactos y rupturas y minorías es la política de las islas, de los grupos de Facebook y de WhatsApp. Todos parecemos diferentes, irreconciliables. Todos somos iguales. (...)
Esa promesa del apocalipsis con que el telediario nos hace levantar la cabeza para mirar las señales, dónde ha caído esta vez el meteorito, cuándo empieza el mecanismo que hará descarrilar por fin al mundo. Acudo siempre, con esa esperanza adormecida, continuamente excitada por esa música estridente que lo promete todo y al final no entrega nada.
El hierro, el óxido, el viento. La vida en silencio y sin banda sonora que sucede detrás de la imagen, de la figura recia y omnipotente del toro, de esa lámina bidimensional que nos mira pasar en la autovía. Pienso en la soledad de todo ese metal en la madrugada de las autovías. Pienso en la estructura que lo sostiene, en el viento tropezando contra la silueta del toro y en la fuerza que empuja las vigas hacia dentro de la tierra. (...)
Resultado de imagen de toro osborne
Mi abuela hablaba sola, moviendo la cabeza, con una tela entre las manos, sentada en una mecedora, bajo la ventana. Ya entonces no veía la tele. Vivía en el mundo sin telediarios: vasto y silencioso, desierto e incomprensible.
Solo cosía. De vez en cuando se asomaba por la ventana. Mi abuela hablando sola, en voz muy baja y concentrada. No podía escuchar lo que decía. Movía la cabeza y los labios y no apartaba casi nunca la vista de la tela, como si le hablara. En esa  tela estaba su vida, su pasado, todos los fantasmas que la habían dejado sola y que ella cosía, puntada a puntada, para contarles todo lo que habían hecho mal. (...)
No sé si a esto se le puede llamar recuerdo. Es más bien un impulso eléctrico. No lo pienso, no lo recuerdo. Es una imagen, un automatismo somático, un pestañeo. (...)
Muchas veces a lo largo de mi vida he jugado con esa sensación, como juega un niño con una película de terror, manteniendo la vista justo hasta donde sabe que puede aguantar, anticipando desde el principio el sabor del terror que va a experimentar. Alguna vez, estando muy drogado, he ido más allá de los límites en ese juego. Y he visto cosas que olvidaba al día siguiente, aplastadas por la resaca, y que quedaban allí, olvidadas al otro lado, haciéndolo más denso. (...)
Resultado de imagen de diego sanchez aguilar
La voz del presentador está cuidada y diseñada para hablarnos a nosotros, a los que todavía tenemos un trabajo y vivimos en casas que pagamos con nuestro salario. Es nuestra voz y nuestro lenguaje; todo lo que está sobreentendido en ella somos nosotros, es nuestra vida y nuestro mundo.El silencio entre las palabras del presentador está compuesto por todas las leyes tácitas de la civilización occidental, por el dinero, el intercambio y la justicia de la deuda. La clase media, los votantes, los consumidores. (...)Hay una satisfacción inevitable en ser juzgada. La confirmación de una existencia, la limosna que cae sobre una mano extendida casi sin querer. (...)
Resultado de imagen de viñeta ciudad
Siempre hay más vecinos que fuman en las ventanas a esta hora, dando la espalda a sus familias, encerrados en la insignificancia del cielo nocturno de las grandes ciudades, sin nada concreto que mirar. Están pensando en la reacción de Los Mercados, en la posible venganza; están rezando para que no caiga sobre su sueldo, sobre su empleo o su hipoteca. Pueden pasar demasiadas cosas y todas malas: la prima de riesgo, subida del Euribor, reducciones de plantilla, deslocalizaciones. Están pensando en divorcios y en coches nuevos. (...)
Hay un millón de artículos por leer, hay una imagen de mí leyendo esos artículos y siendo una intelectual, terminando la tesis, dando charlas, siendo respetada y admirada.
Hay una imagen de mí como esas personas que parecen seguras de lo que hacen y lo que piensan y del lugar que ocupan en el mundo, que están en el centro del mundo. Hay una imagen de mí que quita la película y se pone seriamente a trabajar en su tesis. Hay otra imagen de mí que sale a la calle y se pone a celebrar el asesinato, que llama a todos los amigos con los que no hablo desde hace años; que escribe todo lo que piensa en Facebook, invitando a la gente a que salga a las calles a celebrar, a quemarlo todo, a bailar sobre la tumba de todos nuestros enemigos. (...)
Y, si esto es una clínica de desintoxicación, lo tóxico, esa sustancia de la que no podemos desprendernos nosotros solos, sin ayuda, esa sustancia que se ha metido tan dentro de nosotros que tenemos que aniquilarnos y renacer como otra persona ya ajena a eso que era parte inseparable de nosotros, qué es, qué va a ser: nosotros, nuestra identidad, nuestro yo. Somos adictos a nosotros mismos. (...)
Resultado de imagen de niños movil museo
Lo que las drogas han hecho conmigo, o lo que yo he buscado en las drogas ha sido siempre algo parecido a lo que estoy buscando ahora aquí: un descanso de mí mismo.
El alcohol, por ejemplo, mi primera droga; lo usaba para ser menos yo y más como los demás. (...) Nos sentíamos mirados por el horizonte. Fingíamos estar borrachos, hasta que lo estábamos de verdad.Y éramos una estampa costumbrista, éramos una novela de Delibes, éramos la pura esencia de la España alcohólica de nuestros padres también bebedores desde bien jóvenes, casi niños todavía. (...)Y ya no he dejado de beber casi ni un solo día de mi vida, y no sé si eso me convierte en alcohólico y ya no importa nada. Pero, siempre que he estado con gente, he estado con una copa en la mano, y hasido el talismán con el que he podido parecerme a ellos, y hablar de cosas que me importaban una mierda, y reírme mucho de lo que los demás decían; y también he estado borracho, es decir, he sido un poco menos yo y un poco más lo que se supone que debe ser un ser social y divertido, cuando he ligado, cuando he tenido que demostrar a las mujeres que yo merecía la pena ser comprado, y creo que sin el alcohol no hubiera salido nunca de mi casa y jamás habría hablado con toda esa gente que ya se queda atrás para siempre, con sus copas en la mano, con sus cervezas en la terraza del bar, con sus gintonics en la madrugada de la música. Cerveza, vino blanco, vino tinto, ronlimón, roncola, güisquicola, vodkaconaranja, chupitodetequila, escocésconhielo, maltasinhielo, gintonic…“Te queremos, Gustavo”. Es como una despedida, toda mi biografía está en esos vasos de alcohol, todas mis edades, todos mis amigos, todas las mujeres. Veo a todos despedirse de mí desde los bares en los que tantas horas he pasado, “te queremos, Gustavo”; beben y se despiden de mí sin conocerme, y siguen charlando animados por el alcohol, porque el alcohol es un alma de cinco grados, de doce grados, de cuarenta grados, un alma de felicidad que nos ha unido. Y por eso las llaman bebidas espirituosas, porque no había alma en ninguno de nosotros sino el alma del alcohol. Yo era feliz siendo otro, con ese pedacito de alma prestada, siendo un bebedor simpático y parlanchín. Yo era un genio, no sé si lo he dicho. Todos lo decían. Un genio. Adicto a mí mismo, y toda la vida intentando dejar de hablarme, dejar de escuchar esta voz. (...)
Porque esa sensación de poseer todo que aparece cuando no tienes que intentar hacer nada, esa pureza en la que, sin crear nada, alcanzabas las inefables cimas de creación increada, eran una droga también y, aunque nunca rechazaba una fiesta ni una reunión social, en las que podía tomar otro tipo de sustancias, en realidad yo estaba siempre deseando llegar a mi casa y encerrarme en ese silencio musical donde flotaban las imágenes que yo pensaba que eran mi arte y que no eran más que un refugio donde me regodeaba en mi talento, donde disfrutaba de esos éxtasis artísticos inanes, estériles, que solían desembocar al final, cuando desaparecía el efecto de la marihuana, en una sensación de vacío inmensa. Y el vacío no era porque hubiera desaparecido el efecto de la droga, ni porque la música de repente empezara a sonar vulgar, plana; era un vacío porque era yo el que había vuelto, porque era mi mundo real, sin talento, sin arte alguno, el que había vuelto. (...)
Resultado de imagen de quino lo nuestro distinto
Jugábamos a no considerarnos una pareja, a parodiar la vida de pareja. Había algo triste en ese juego que Gustavo prolongaba demasiado, siempre un poco más de lo que admitía la broma, como cuando se explica un chiste varias veces y mantienes la sonrisa por compromiso, para no estropear la risa de los demás.
Zapatero estaba entonces siempre en la televisión. Recuerdo todavía la sonrisa boba de Zapatero, su forma de no creerse que era el Presidente. Sigo asociando esa desagradable sonrisa de Zapatero con mi propia sonrisa ante aquellos juegos estériles con Gustavo, el gesto congelado, la consciencia de los músculos de las comisuras de los labios, tensos. Yo llegaba de trabajar y comíamos juntos, frente al televisor. La Bolsa de Wall Street había caído veinte puntos.
Lehman Brothers estaba en quiebra. Las hipotecas subprime se habían extendido como un virus por todos los bancos del mundo. Pérdidas millonarias. Cifras que no tenían significado, que pertenecían a otro idioma, a otro mundo, que superaban el concepto de “dinero”.
Comíamos y cenábamos viendo la tele. En las seis horas entre el telediario de las tres y el de las nueve podían haber pasado muchas cosas. Caía la Bolsa de Londres, la de París, la de Madrid. Veíamos imágenes de ejecutivos y pantallas con números. Se llenaba el telediario de cifras, de índices, de porcentajes. (...)
Resultado de imagen de zapatero joker
Era la época en que siempre estaba en la tele Zapatero, y Zapatero decía que los bancos españoles eran fuertes y que todo era sólido, y que España iba bien, y que podíamos estar tranquilos.
Zapatero tenía una sonrisa de niño idiota, la sonrisa del empollón chivato y cobarde. Zapatero tenía la sonrisa nerviosa del niño bueno que no sabe que sus padres se están muriendo; que sabe que se están muriendo pero mantiene una sonrisa congelada porque no sabe cómo ser el hijo de unos padres que realmente se están muriendo, porque él solo sabe ser el niño que llega a casa con buenas notas y espera que le pasen la mano por el pelo. La buena gente gritaba, salía de las cafeterías y miraba al cielo donde el meteorito se hacía enorme; y corrían por una calle que se llenaba de fuego y de coches que saltaban por los aires convertidos en proyectiles. Nos reíamos viendo las explosiones. Queríamos que cayeran en nuestra calle. Queríamos asomarnos a la ventana y ver cómo caían bolas de fuego sobre las Torres recién construidas.
Veo pequeños resplandores que parecen extenderse por los vidrios de las Torres. El telediario ya está hablando de fútbol, pero yo sigo en la ventana hasta que veo desaparecer el reflejo del último rayo de sol y la ilusión del incendio se desvanece. Miro las Torres con la intensidad de la infancia, con la fuerza con que los niños miran las cosas esperando que pase lo que ellos desean. Me concentro en la imagen de las Torres ardiendo, hundiéndose, estallando. Las veo convertirse en barro, en cieno.
“La aurora de Nueva York tiene / cuatro columnas de cieno / y un huracán de negras palomas / que chapotean las aguas podridas”. Les leo ese poema a mis alumnos, cuando explico el crack del 29. Les hablo de los versos de Lorca, escucho mi voz hablándoles de la dureza del capitalismo, de la inhumanidad vertical de los rascacielos y de Wall Street, que impresionaron al poeta. “A veces las monedas en enjambres furiosos / taladran y devoran abandonados niños”. Desde mi ventana, miro esas cuatro columnas con su disfraz de vidrio. Nos reflejan a nosotros: el cielo, estos apartamentos, nuestras miradas; todo está ahí, recogido, reproducido, invertido. (...)
Y, en realidad, lo que quería era estar aquí, pero colocado, es decir, anulando esa distancia desde la que todo el tiempo me veo y me juzgo como un personaje lamentable y predecible, resultado de un montón de ficciones fílmicas o literarias. Lo que estaba viendo desde arriba, desde mi balcón, eran las posibilidades de grandeza, de mística, de falsa trascendencia con que la marihuana, gracias a Dios, suele recubrir mis neuronas en momentos como este, en espacios como este. Quiero decir, que necesitaba estar dos veces. Una vez físicamente, con los pies en esta orilla. Y otra vez fumado, para estar realmente aquí, y no viéndome estar aquí. (...)
nadie nunca acababa una frase, porque siempre se decía un nombre que lo resumía todo, y uno decía Devo, y asentíamos, y otro decía Genet, y asentíamos, y nos hacíamos un porro o nos metíamos una raya para celebrar nuestros futuros proyectos que, como las frases, tampoco era necesario terminar, porque bastaba con pensarlos y con hablar de ellos en frases también inacabadas, y había muchos genios en esas fiestas que tenían lugar en un país que era y no era España, que era España por encima de nuestras cabezas drogadas e inconscientes, que era España como una maqueta dentro de la que vivíamos sin saberlo. Y ya no era yo el único genio en esas fiestas porque todos éramos genios, y todavía no existía Internet, o no existía de verdad, quiero decir, que no existían todavía las redes sociales, es decir, que no existía Facebook, pero era como si todos habitáramos ya ese país sin territorio de Facebook, porque nuestras conversaciones eran como megustas, nuestras conversaciones no eran sino compartir cosas que habíamos visto, leído, escuchado, y nada existía de verdad, tampoco nosotros existíamos, o no existía yo, que al final siempre acababa encerrado en mi habitación para mi ritual del porro solitario y mis recortes y mis miniaturas en las que iba creando un mundo que tampoco existía pero que, al menos, me dejaba los dedos secos y cristalinos de pegamento, como si ese residuo sobre mi piel intentara decirme algo sobre la vida que llevaba, sobre lo que es real y lo que no, ese pegamento que nunca se veía en los vídeos que luego ponía a mis amigos, que los celebraban con su gangosa voz de fumados; aquellos vídeos hipnóticos de imágenes de las maquetas, de lentos y absurdos movimientos de stop motion que retrataban nada, es decir, que contaban mi historia de entonces, es decir, que eran un perfecto retrato de ese país que habitábamos, que yo habitaba, y que no era desde luego España, porque no tendría ningún sentido vivir en España, solo podía estar viviendo en un lugar internacional, vacío, y creo que por eso tuvo que nacer Internet y por eso tuvo que nacer Facebook, porque había demasiada gente como yo, que ya no vivía en ningún sitio, y Facebook fue nuestra tierra prometida, el lugar que todos estábamos esperando sin saberlo. 
FACTBOOK: EL LIBRO DE LOS HECHOS
Diego Sánchez Aguilar.
Candaya, 2018

domingo, 7 de abril de 2019

DESPIECE DE "FACHA: cómo funciona el fascismo y cómo ha entrado en tu vida"




INTRODUCCIÓN
Mis padres tuvieron que huir de Europa como refugiados, y yo crecí con las historias de una heroica nación que contribuyó a la derrota de los ejércitos de Hitler y a la llegada de una época de democracia liberal jamás vista en Occidente. (...) Pero aunque mi familia celebrara y honrara aquel legado americano, mis padres también sabían que el heroísmo y la idea de libertad no siempre han significado lo mismo en Estados Unidos.
Antes de la Segunda Guerra Mundial, el aviador Charles Lindbergh representaba a la perfección el heroísmo americano por su intrepidez (...). Aprovechó su fama y condición de héroe para conseguir un papel destacado en el movimiento America First, opuesto a la participación de Estados Unidos en la guerra contra la Alemania nazi. (...)
En 2016, Donald Trump resucitó aquel "America First" como eslogan y, ya desde su primera semana en el cargo, su Gobierno hizo todo lo posible para prohibir la entrada en el país de inmigrantes (incluso de refugiados), en espacial de los países árabes. (...) Pero ¿a qué momento pasado se refiere exactamente la campaña de Trump? ¿Al siglo XIX, cuando en Estados Unidos se esclavizaba a la población de raza negra? (...) Una entrevista a Steve Bannon (...) nos da una pista. En ella, (...) comenta que "esta nueva época será tan emocionante como los años treinta". En pocas palabras: quiere volver a la época en que Estados Unidos simpatizaba más con el fascismo. (...)
Resultado de imagen de make america great again original

Lo que me interea analizar en este libro es la política fascista. Concretamente, las tácticas fascistas como mecanismo para obtener el poder. (...)
El fascismo en política utiliza muchas estrategias: el pasado mítico, la propaganda, el antiintelecutalismo, la irrealidad, la jerarquía, el victimismo, el orden público, la ansiedad sexual, el llamamiento al espíritu de la nación, el desmantelamiento del estado de bienestar y la unidad. (...)

Los peligros del fascismo en política radican en la manera especial que tiene de deshumanizar a ciertos segmentos de la población. (...)
La política fascista es capaz de deshumanizar a las minorías incluso aunque el Estado no sea abiertamente fascista. (...)
El síntoma más revelador de la política fascista es la división. Lo que busca es separar a la población en "nosotros" y "ellos". (...)

Resultado de imagen de segregacion nazi

Los políticos fascistas justifican sus ideas creando la ilusión de tener una historia común con forma de pasado mítico que reafirma su visión del presente. Alteran la percepcion común de la realidad que tiene la gente tergiversando los ideales con grandes dosis de propaganda y antiintelectualismo, y atacando a las universidades y a los sistemas educativos que cuestionan sus ideas. Con el tiempo y el uso de estas técnicas, el fascismo crea un estado de irrealidad en el que las teorías conspiratorias y las noticias falsas acaban reemplazando al debate bien argumentado. (...)
Resultado de imagen de marhuenda inda

Primero, la ideología fascista intenta que las diferencias entre grupos se perciban como algo natural para que (...) parezca que la existencia de una jerarquía de valor humano tiene un respaldo científico, natural. (...)  Y cuando una minoría progresa en algún sentido, se despierta un sentimiento de victimismo en la población dominante. (...)


1-EL PASADO MÍTICO
Resultado de imagen de aznar cid
(...) El fascismo evoca un pasado mítico y puro trágicamente destruido. (...)
La estructura específica del pasado mítico fascista refuerza su ideología autoritaria y jerárquica. Que las antiguas sociedades casi nunca fueran tan patriarcales -ni tan esplendorosas- como las retrata la ideología fascista es irrelevante. (...)
Benito Mussolini declaró:
Hemos creado un mito. Y ese mito es una fe, una pasión. No hace falta que sea una realidad. (...)
Resultado de imagen de mussolini roma
Andrew Auernheimer, conocido como Weev, es un destacado neonazi (...). En mayo de 2017 publicó un artículo en el que afirmaba (...):
Si en Europa existe la idea absurda de que la mujer es un ente independiente es por culpa de los agentes subersivos organizados del judaísmo.(...)
La política fascista idealiza el pasado, pero el pasado que se idealiza jamás es el real. (...) Al borrar el autentico pasado, se legitima la idea de que existio una nación anterior étnicamente pura y virtuosa. (....)
Los historiadores que promueven un relato falso para el provecho político aludiendo a los preciados ideales de la verdad y de la objetividad, según Du Bois, son culpables de convertir la Historia en propaganda. (...)
Resultado de imagen de libro polemico pio moa Resultado de imagen de libro pucherazo frente popular 36

2-LA PROPAGANDA
Es difícil que prospere un programa político que diga abiertamente que perjudicará a un amplio grupo de personas. El papel de la propaganda política es ocultar aquellos objetivos claramente conflictivos de los políticos o de los movimientos políticos haciéndolos pasar por unos ideales que tienen gran aceptación. (...)

Resultado de imagen de impuesto sucesiones andalucia
La instrumentalización del concepto de "libertad" para defender en realidad la práctica de la esclavitud durante la época de la Confederación, la llamada a la defensa de los "derechos de los estados" que se hacían desde el sur y la presentación que Hitler hacía del mandato dictatorial como "democracia" son ejemplos de cómo el fascismo utiliza el lenguaje de los grandes ideales para destruirlos. (...)
Resultado de imagen de viñeta libertad educacion
En el libro VIII de La República de Platón, Sócrates dice que las personas no sienten una inclinación natural por el autogobierno, sino que buscan a un dirigente fuerte al que seguir. Y que, como la democracia permite la libertad de expresión, también da pie a que un demagogo se aproveche de esta necesidad de contar con un líder potente. El demagogo, valiéndose de esa libertad, se alimentará de los miedos y resentimiento de la gente. Y cuando este dirigente fuerte llegue al poder, pondrá fin a la democracia y la reemplazará por la tiranía. En pocas palabras, el libro VIII de La República argumenta que la democracia es un sistema que se boicotea a sí mismo porque los ideales que defiende lo llevan a su propia destrucción.
Los fascistas conocen bien esta estrategia que consigue que las libertades de la democracia se vuelvan en su contra. Joseph Goebbels, ministro de Propaganda nazi, afirmó en una ocasión: "Una de las mayores bromas de la democracia siempre será que les dio a sus acérrimos enemigos los medios necesarios para destruirla". Y lo que pasa hoy no es distinto de lo que pasaba ayer. (...)

3-EL ANTIINTELECTUALISMO

La política fascista quiere debilitar el debate público atacando y desvirtuando la educación, los conocimientos especializados y el lenguaje. (...) Por este motivo, la educación puede suponer una grave amenaza para el fascismo o bien convertirse en uno de los pilares en que se apoye esa nación mítica. Así pues, no debe extrañarnos que las protestas y los choques culturales que tienen lugar en las facultades sean un verdadero campo de batalla político (...).

La política fascista quiere dañar la credibilidad de las instituciones que dan cobijo a voces discordantes hasta que pueda reemplazarlas por medios de comunicación o universidades afines. Una de las estrategias más comunes es acusarlas de hipocresía. (...)
Resultado de imagen de casado profesores adoctrinar

El fascismo quiere deteriorar y corromper el lenguaje político y, de este modo, enmascarar la realidad.
El libro de Victor Klemperer LTI: La lengua del Tercer Reich habla de los mecanismos de la lengua nacionalsocialista (...): "La LTI es pobre de solemnidad". (...)
Resultado de imagen de pancartas abascal

En una entrevita de febrero de 2018, Steve Bannon dijo "nos eligieron por nuestra campaña de ataque a la corrupción, por querer encerrar a Hillary Clinton, construir el muro... Por pura rabia. La rabia y el miedo hacen que la gente salga a votar".(...)
Resultado de imagen de viñeta necesitamos cambio meteorito

4-LA IRREALIDAD
(...) El fascismo reemplaza el debate razonado por el miedo y la rabia. (...) La política fascista reemplaza la realidad por las declaraciones de un individuo concreto o, quiza, de un partido político. (...) Una persona reemplaza al mundo y, así, la política fascista impide que podamos valorar los razonamientos siguiendo un patrón común. (...)
Resultado de imagen de viñeta ignorancia odio miedo

Las teorías conspirativas son un mecanismo básico para desprestigiar a los principales medios de comunicación, a quienes los fascistas acusan de tendenciosos porque se niegan a hablar de las falsas conspiraciones. (....)
Imagen relacionada
La campaña estadounidense de 2016 quedó empañada por una serie de teorías conspiratorias entre cuyos objetivos estaban Hillary Clinton, (...) así como los musulmanes y los refugiados. Seguramente la teoría más extraña de todas sea el "Pizzagate". Sus defensores dicen que los correos electrónicos de John Podesta, (...) entonces jefe de campaña (...), escondían mensajes en clave sobre una red de pedofilia que (...) operaba desde una pizzeria de la ciudad de Washington. (...) Edgar Maddison Welch, ciudadano de Carolina del Norte, se presentó en la pizzeria pistola en mano para enfrentarse a sus dueños y liberar a las supuestas víctimas (...).
El filósofo Michael Lynch, de la Universidad de Conneticut, ha utilizado el "Pizzagate" como ejemplo para respaldar la tesis de que las teorías conspiratorias no tiene como objetivo causar el mismo efecto que la información estándar. Lynch afirma que si no cree de verdad que hay una pizzeria (...) controlada por una trama de pedófilos (...) entonces es totalmente lógico reaccionar como Edgar Maddison Welch. Y, aun así, los responsables de que circulara la conspiración del "Pizzagate" condenaron rotundamente las acciones de Welch. (...)
Lo que pretenden las teorías conspiratorias es cuestionar y calumniar a las personas que tienen en su punto de mira, aunque no necesariamente convenciendo a su público de que sean ciertas. El objetivo de la teoría conspiratoria del "Pizzagate", por ejemplo, era moverse en la órbita de la insinuación y la difamación. 
Resultado de imagen de viñeta teoria conspiracion
Donald Trump recibió la atención de los medios generalistas por sus ataques a la prensa, a la que acusaba de censurar la teoría conspiratoria del birtherism, que defiende que el presidente Obama nació en realidad en Kenia y, por tanto, no podía ser presidente de Estados Unidos. (...)

Las teorías conspiratorias juegan con los elementos que más despiertan la paranoia en la sociedad; en el caso de Estados Unidos, el miedo a lo extranjero y al islam (...) y en el de Hungría y Polonia, el antisemitismo y el comunismo. (...)
Resultado de imagen de viñeta miedo votante

FACHA: Cómo funciona el fascismo y cómo ha entrado en tu vida.
Jason Stanley.
(Traudcido por Laura Ibáñez).
Blackie Books, 2019.

sábado, 6 de abril de 2019

DESPIECE DE "CAMBIAR DE IDEA" (AIXA DE LA CRUZ)

Resultado de imagen de cambiar de idea aixa de la cruz

Me ha encantado esta crónica de la zozobra millennial desde un enfoque feminista autocrítico que es Cambiar de idea de Aixa de la Cruz. Está escrito con inteligencia, rabia y cinismo y solo tiene el pequeño defecto de dejarte con ganas de más. A continuación, como siempre, dejo algunos de los párrafos que me han parecido más potentes  y menos decisivos en la trama, si es que la hay:
June dice que estas historias contienen el sustrato de un buen cuento. June grita que solo escriben autoficción los señores aburridos y solemnes, y las señoras judías. Que Vivian Gornick no tiene ni idea de lo que es una madre difícil. Que visto el fracaso cosechado, quizás vaya siendo hora de subastar nuestras vísceras. En pleno apogeo etílico, todo el mundo habla de lo mucho que quiere escribir, pero nadie escribe. Surgen otros planes. Me ofrecen cocaína, por ejemplo, y mi atención se dispersa. Monologo ante un cargo de Podemos. Le reprocho que su formación no esté capitalizando los resultados que obtuvieron en Euskadi. Me siento una autoridad en la materia hasta que confieso que yo jamás los he votado, y me da la risa. Hay una chica que está de MDMA por primera vez y le encanta el tejido de mi camiseta. Le encantan los letreros luminosos que se ven por la ventana, las cosquillas de un reguero de sudor que le atraviesa la nuca, las imágenes ralentizadas como si el cinematógrafo se hubiera atascado. Me da envidia y quiero estar en su cuerpo, así que engullo una piedrita de cristal a pesar de que las drogas ya no son lo que eran antes. Me arrepiento ahora de la resaca de mañana. (...)
Hace casi un año que no veo a casi nadie. La redacción de mi tesis me tuvo recluida de enero a junio, diez horas al día en mi burbuja frente a la playa en invierno, con el teléfono apagado, el pelo sucio y una alimentación paupérrima a base de latas de atún que ha transformado mis pechos en dos legajos de piel con pezones; seis meses de exención de cuidados hacia fuera y hacia dentro. Soñaba con la fecha en la que depositaría mi tesis, con las vacaciones, con retomar el contacto con mis seres humanos afines, pero no he sabido volver. Sigo desnutrida, indiferente, sin ninguna obligación y siempre demasiado ocupada para quedar con mi madre o responder a un maldito mensaje de WhatsApp. (...)
La autocompasión me pega mucho más fuerte que las imágenes sensacionalistas, peor que la sangre y la carrocería deshecha, y llegan las reacciones somáticas que buscaba. (...)
Declamo entre hipidos: ¿qué pensará de mí? ¿Qué se piensa de alguien que tarda diez días en contestar al anuncio de que casi mueres? Porque tiene desactivado el doble check, o sea que no podía saber si había abierto el mensaje o no, si estaba siendo una hija de puta o una grandísima hija de puta. Iván y June me observan atónitos desde el sofá. La sorpresa les borra los signos de resaca. Dejan de ser cadáveres hermosos, con las líneas de expresión difuminadas por la sobrecarga de serotonina, y hacen muecas, activan sus músculos faciales y sus arrugas de cuasi-cuarentones para procesar mis mañas de cuasi-treintañera. (...)
Soy hija de los miedos de mi madre, quien afirma que ser madre es descubrir el miedo. Su lema antes del parto era «Lo que tenga que pasar, pasará». Su vida después del parto fue la de un guardaespaldas. (...)
 Resultado de imagen de cambiar de idea aixa de la cruz

Lo que no aprendí de aquel accidente lo he aprendido autolesionándome. Nunca me he hecho cortes en los brazos, no fui una adolescente lánguida que se infecta los muslos con las cuchillas de afeitar de su padre, pero me arranco pedazos de mucosa labial, abro surcos de varios milímetros en la cara interior de mis labios, me arranco las costras de las picaduras de insecto, pido que me marquen con la fusta, sin tonterías, llagas rojas y en relieve, y he entrenado hasta hacerme daño, o para hacerme daño. (...)
Más tranquila que antes, comprendo que esta frialdad con la que escudriño el sufrimiento ajeno es un músculo que llevo tiempo entrenando, el que me ha permitido mantener la cordura en un escritorio en el que se mezclaban los post-it de colores con los abusos a prisioneros de Abu Ghraib y en el que el reproductor rebobinaba sin descanso escenas de tortura, de ficción y de no ficción, interrogatorios de Homeland y decapitaciones del ISIS, la ejecución sumaria con la que abre la quinta temporada de The Walking Dead y las amenazas en 8mm del cartel de los Zetas. Me he acostumbrado a diseccionar la violencia, a tomar notas sobre encuadres y planos, porque era mi obligación, porque elegí que mi tesis versara sobre representaciones culturales del terrorismo y no sobre la evolución del soneto petrarquista. Asume las consecuencias. (...)
Resultado de imagen de cambiar de idea aixa de la cruz 
Decirle que este relato sobre cómo la traen y la llevan, la abren y suturan y vuelven a abrir con el consentimiento de terceros porque ella está inconsciente me ha hecho entender mejor a Foucault es tan inapropiado como relatarle mi fin de semana. Es lunes de Semana Grande y anoche me acosté por primera vez en cuarenta y ocho horas. Blue monday. Me he tomado los restos de speed que sobraron para hacer frente a esta visita y apenas puedo mantener la atención. Aunque los químicos tiren hacia arriba, mi cuerpo tira hacia abajo con más fuerza. (...)
nunca tenemos estómago para lo que el poder hace en nuestro nombre, pero hay que seguir leyendo: que el olor y el estado de Abu Zubdayah, el primer detenido en relación con el 11-S, hacía vomitar a los analistas que entraban a verle, que los soldados intercambiaban fotografías de guerra por suscripciones a portales de hardcore porn, que muchos hombres estadounidenses se querían masturbar con la imagen de una chica iraquí que acababa de perder una pierna y, con ella, sus bragas. Aún parece imposible, pero acabaré dándole la razón a Sontag y encontrando paralelismos entre las celdas de Guantánamo y nuestros dormitorios heterosexuales; cambiaré de bando crítico, regaré mis bonsáis con la sangre de mi endometrio, me volveré una antena que capta y depura las historias de terror que la rodean, me haré radical y adulta (...).
Bloqueo el teléfono y lo arrojo al bolso con una cólera explosiva que me asusta y que debería someter a análisis, pero entonces pasa una veinteañera frente a la cafetería en la que estoy desayunando y se me olvida el berrinche. Tiene las piernas finas y compactas, la piel brillante, gotas de sudor entre las tetas. La miro con tanta violencia que la diseco. Ella no lo sabe, pero está cubierta de alfileres como una mariposa en su vitrina, clavada para que la admire. Aprieto unas mandíbulas que son cepos de caza. No es particularmente linda, pero es muy joven y las chicas jóvenes son como el placer de pisotear castillos de arena. Hasta hace muy poco yo también era así, un cuerpo que despiezar, y recuerdo que la noche en que nos conocimos Muriel me miró del mismo modo en que ahora miro a esta y a otras chicas, con la intensidad de un esclavista en el mercado. Hizo que me golpearan los nervios que te duerme una inyección epidural. Así que un parto es lo contrario al sexo, y descubro que no me asusta mi propio parto como me asusta el de Muriel, porque mi coño es un órgano con funciones muy distintas, con menstruaciones y residuos de papel higiénico y sesiones de depilación y visitas al ginecólogo. (...)
Qué frivolidad, pero aún hoy es lo único que cambiaría de mi biografía. Cambiaría mi adolescencia de competir con las chicas guapas por una adolescencia de chicas guapas con las que poder tocarme. Quiero volver atrás y follarme a todas y cada una de las compañeras de clase que me putearon en el instituto. Y no estoy hablando de sexo de venganza, estoy hablando de enmendar la historia. Comencé la secundaria en el año 2000 y en Euskadi no existían ni el lesbianismo ni el bullying. Existían las camioneras y los matones. Las camioneras eran «mujeres con cuerpo de hombre», u «hombres con pechos»... No recuerdo la definición exacta que en algún momento me ofreció mi padre. Los matones le rompían las gafas al chico miope de primera fila, vendían hachís en el patio y era mejor no mirarles directamente a los ojos porque, a la mínima, te esperaban a la salida con su séquito de bestias fieles. Si eras hombre, te pateaban hasta que vomitaras el almuerzo y, si eras mujer, te humillaban en función de tu físico: si fea, con insultos; si guapa, manoseándote como a un paso de la Semana Santa de Sevilla. Utilizando las mismas estrategias que años después me permitirían salir indemne de los peores afters de la ciudad, con sigilo y tacto, me libré del acoso masculino, que era un acoso tipo slasher. El que sufrí a manos de la comunidad estudiantil femenina, en cambio, era más de terror psicológico. (...)
Crecí rodeada de hombres porque las mujeres me daban miedo y no les perdí el miedo hasta que empecé a follármelas. Durante años intenté enmendar la historia así, seduciendo a las que me escaneaban de arriba abajo como si midieran al enemigo, porque el sexo permite que el poder cambie de bando y porque se me daba muy bien. Después de todo, había aprendido a mirarlas desde lejos, desde el lado contrario, como esperaban que las mirara un hombre. Solía llevar la cuenta del número de chicas heterosexuales a las que convertía, como si mi proyecto fuera un proyecto de evangelización. (...)
Al igual que hay falsos suicidas, de esos que dejan la puerta del baño abierta para que alguien los rescate a tiempo, hay falsos fugitivos, escapistas que desaparecen para que los busquen. (...)
Tuve que lidiar con muchos dilemas morales, pero el machismo que lo impregnaba todo jamás me molestó como me molestaba la lentitud burocrática o las chabolas que no tenían aislante en las paredes y sí antenas de televisión satélite. Por aquel entonces no me consideraba feminista. Ni siquiera me gustaba ser «mujer». «Mujer» era un partido que no representaba mis valores. (...) llego a casa odiando a México porque es una fábrica de asesinos, un país donde cualquier hombre es culpable por el simple hecho de serlo y donde el patriarcado es tan brutal y hegemónico que muchas mujeres ni lo intuyen. Ya no me quedan patrias. He renegado de todas, incluso de las que elegí. Eso me digo mientras enciendo el ordenador y las pestañas abiertas se van cargando, una a una, con fotos postapocalípticas. El terremoto fue hace quince minutos pero yo tiemblo ahora. Comienza la rutina que nos han inculcado los ataques yihadistas: mensajes en redes y en WhatsApp buscando la confirmación de que a ti no te ha tocado el boleto. ¿Estáis todos bien? Es obvio que no están todos bien porque hay balance inicial de muertos, pero se sobreentiende que uno pregunta por su agenda de contactos, por su banda. (...) 
Desde que me fui de casa de mis padres, he vivido en siete ciudades distintas y en ninguna de ellas más de nueve meses. Los mejores, o los que más idealizo, son los que pasé en Granada mientras estudiaba el máster. Tenía veinticuatro años y una asignación de seiscientos euros al mes que se estiraba milagrosamente gracias a un alquiler simbólico, a las tapas generosas y a las compañeras rusas y alemanas que venían de la cultura del frío y tenían la costumbre de celebrar fiestas en sus apartamentos con galletas que horneaban ellas mismas. No dependía de nadie y no quería demostrar nada. Había escrito dos novelas y ninguna había funcionado. Tras el enésimo rechazo editorial elegí rendirme, opté por la carrera académica, donde sobresalía sin ningún esfuerzo, y descubrí la paz, un egoísmo risueño con el que la vida era solo un ratito, pero qué ratito. (...) 
Descubrir de golpe, a los veintitrés años, que la gente te desea es como intoxicarse de una droga que tu organismo no depura, que permanece en sangre y modifica estructuras cognitivas, tu forma de hablar y de moverte, y te imbuye de un poder terrible y sin propósito, como si tuvieras un millón de billetes de una divisa que solo sirve para comprar chucherías, y te atracaras. Todo lo anterior, lo que se consideraba extraordinario para alguien tan joven, como haber viajado y recibido premios y publicado libros, me parecía una pérdida de tiempo. Acababa de salir de la cárcel. (...) Tenía habitación y cama propias. Por las mañanas asistía a clases de materialismo cultural y teoría feminista y de género y adquiría el marco teórico que aportaba trascendencia a cuanto hacía por las noches. (...)  Disfrazarse de objeto era lo mismo que ser un objeto pero con distancia irónica. Las colas para entrar en locales de moda se acortaban, los camareros te servían al instante y con una sonrisa de anuncio, e incluso los trámites administrativos eran más rápidos. No había de qué avergonzarse porque me había acostumbrado tanto a la atención masculina que la desdeñaba. Confundí mi afición por los retos difíciles con lesbianismo. Aunque no, nunca utilicé esa etiqueta. La orientación sexual era un continuo y me estaba acercando al polo opuesto del que partí. El polo de partida nunca fue real. (...)
 
No hay manera de enfrentarse a lo nuevo sin compararlo con lo conocido. Ya me pasó en México. Me costó entender que el paisaje existiera por sí mismo y no como una antítesis de Europa, que hubiera estado antes y no después, y aunque aprendí a observarlo desde dentro, la semana pasada visité Lima y todo lo que encontré en Lima fue el DF. Mi experiencia de Perú fue la experiencia de no estar en México, y algo similar me ocurre aquí, en Sevilla, que no es ni Córdoba ni Granada. La cerveza te la sirven sin seseo ni aperitivo y yo también soy otra. Ya no tengo veinte años ni se me dilatan las pupilas con cada detalle. Estoy de paso y cansada. (...) Está mi fobia al ruido, los colapsos tras esa fiesta en la que había demasiada gente y la necesidad de vivir aislada para purgarme, veinticuatro horas de silencio tras una reunión familiar, cuarenta y ocho tras un vuelo con turbulencias. Siempre que aterrizo pienso que voy a morir y descubro que no me importa demasiado. De hecho, me embarga una paz hipnótica, de benzodiacepinas o de domingo a la mañana cuando la casa está tan sucia que no importa arrojar una colilla más al piso. Pero después, durante días, recuerdo el episodio y me tengo miedo.
Cambiar de idea.
Aixa de la Cruz.
Caballo de Troya, 2019.