Perdí mi virgnidad un 31 de diciembre a la madrugada.
Volví avergonzada en el colectivo
para festejar año nuevo
me preguntaba si mamá y mi abuela
se darían cuenta de que había ganado algo.
Me enamoraba del momento previo
como cuando mi mamá tardaba en abrir las bolsitas
en donde venía el papel glasé.
A veces solo me alejaba para poder volver.
Lo tuve claro desde chica.
Voy a escribir, voy a ser horrible.
Me aterra y me tranquiliza:
en la mentira es en el único lugar donde estoy completa.
La literatura es el último fortín
donde no tengo vergüenza.
No me voy a olvidar de vos
ni de esta noche
aunque no la escriba.
Ojalá estés en el mar
nadando a favor de las olas
jugando a las cartas y tomando
un trago frutal con hielo
que alguien te lea un pasaje de una novela
que alguien te pase protector en la espalda
alguien que quieras mucho
y que por error
pienses en perdonarme.
Ya no pienso que un poema pueda salvarme.
El poema es una cosa inútil
A mí siempre me obsesionan
las cosas que no sirven para nada.
LAS COSAS INÚTILES (Martina Cruz)
Ediciones Liliputienses, 2026.

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