ARREBATOS ALÍRICOS

Me fui sobreviviendo como pude

(José Luis Piquero)


viernes, 8 de marzo de 2019

DESPIECE DE "TEORÍA KING KONG" (Virginie Despentes)

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El feminismo es una revolución, no una redisposición de las consignas marquetineras, no una vaga promoción de la felación o de los swingers, no sólo se trata de mejorar los sueldos complementarios. El feminismo es una aventura colectiva, para las mujeres, para los hombres, y para los demás. Una revolución, ya en marcha. Una visión del mundo, una elección. No se trata de oponer las pequeñas ventajas de las mujeres a las pequeñas conquistas de los hombres, sino de mandar todo bien a la mierda. (...)
¿Querer ser un hombre? Soy mejor que eso. Me importa tres carajos el pene. Me importan tres carajos la barba y la testosterona, tengo todo lo que necesito de agresividad y de coraje. Pero por supuesto que quiero todo, como un hombre, en un mundo de hombres, quiero desafiar la ley. De frente. No dando vueltas, no pidiendo disculpas. Quiero obtener más de lo que me era prometido al principio. No quiero que me callen. No quiero que me expliquen lo que puedo hacer. No quiero que me abran la carne para hacerme agrandar los pechos. No quiero tener un cuerpo de chiquita estilizada cuando me acerco a los cuarenta años. No quiero huir el conflicto para no revelar mi fuerza y tomar el riesgo de perder mi feminidad (...).
El síndrome del rehén que se identifica con su carcelero, ya lo conocemos. Así terminamos vigilándonos las unas a las otras, juzgándonos a través de los ojos de quienes nos encierran con tres vueltas de llave (...)
Para mí, la violación, antes que nada, tiene una particularidad: es obsesiva. Ahí vuelvo, todo el tiempo. Desde hace veinte años, siempre que creo haber terminado con eso, ahí vuelvo. Para decir cosas diferentes, contradictorias. Novelas, cuentos cortos, canciones, películas. Siempre imagino poder, algún día, terminar con eso. Liquidar lo que pasó, vaciarlo, agotarlo. (...)
Porque hay que estar traumada por una violación, hay una serie de marcas visibles que hay que respetar: miedo a los hombres, a la noche, a la autonomía, asco al sexo y otras jocosidades. Te lo repiten de mil y una maneras: es grave, es un crimen, los hombres que te quieren, si lo llegan a saber, se van a volver locos de dolor y de rabia (la violación también es un diálogo privado en el que un hombre les declara a los demás: cojo a sus mujeres a las apuradas). Pero el consejo más razonable, por un montón de razones, sigue siendo: «no se lo digas a nadie». Ahogate, entonces, entre las dos exhortaciones. Muérete, perra, como suelen decir. (...)
La condición femenina, su alfabeto. Siempre culpables por lo que nos hacen. Criaturas consideradas como responsables del deseo que suscitan. (...)
…cuerpos de hombres en un lugar cerrado en el que estamos encerradas, con ellos, pero no iguales a ellos. Nunca iguales, con nuestros cuerpos de mujeres. Nunca a salvo, nunca las mismas que ellos. Somos del sexo del miedo, de la humillación, el sexo extranjero. (...)
Si no avanzamos hacia esta incógnita que es la revolución de los géneros, sabemos exactamente hacia qué retrocedemos. Un Estado todopoderoso que nos infantiliza, interviene en todas nuestras decisiones, por nuestro propio bien, que -con el pretexto de protegernos mejor- nos mantiene en la infancia, la ignorancia, el miedo a la sanción, a la exclusión...(...)
a las mujeres les convendría pensar mejor las ventajas del acceso de los hombres a una paternidad activa, antes que aprovecharse del poder que se les otorga políticamente, vía la exaltación del instinto maternal. La mirada del padre sobre el hijo constituye una revolución en potencia. Entre otras cosas, les pueden transmitir a las hijas que tienen una existencia propia, más allá del mercado de la seducción, que son capaces de fuerza física, de espíritu de empresa y de independencia, y valorarlas por esta fuerza, sin temor a un castigo inherente. Les pueden señalar a los hijos que la tradición machista es una trampa, una severa restricción de las emociones, al servicio del ejército y del Estado. Porque la virilidad tradicional es una empresa tan mutiladora como la asignación de la feminidad (...).
Hoy en día se escuchan hombres lamentarse de que la emancipación feminista los desviriliza. Extrañan un estadio anterior, cuando su fuerza se arraigaba en la opresión femenina. (...)
«Tengan hijos, es fantástico, se sentirán más mujer y más cumplidas que nunca», pero ténganlos en una sociedad en hundimiento, donde el trabajo asalariado es una condición de supervivencia social, pero no está garantizado para nadie, y menos para las mujeres. Den a luz en ciudades donde el alojamiento es precario, donde la escuela desiste, donde los niños son sometidos a las agresiones mentales más viciosas, vía la publicidad, la tele, Internet, los vendedores de gaseosas y demás. Sin hijo, no hay felicidad femenina, pero criar nenes en condiciones decentes será casi imposible. (...)
Para algunos nos hacemos demasiado las víctimas, para otros no cogemos como deberíamos, o somos demasiado perras o demasiado enamoradas y tiernas, pase lo que pase no entendimos nada, demasiado porno o no bastante sensuales…Hagamos lo que hagamos, siempre hay alguien para molestarse en decir que es una mierda.
Teoría King Kong.
Virgine Despentes.
Literatura Random House. 

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