ARREBATOS ALÍRICOS

Me fui sobreviviendo como pude

(José Luis Piquero)


jueves, 18 de octubre de 2012

Enric González y yo


Enric González y yo no tenemos nada en común. Él anda por los cincuenta y yo, gracias al cielo, todavía no he alcanzado la treintena. Él es hijo de un conocido escritor  y yo no. González ha sido corresponsal en Londres, Roma, Nueva York y Jerusalén y yo tan solo he trabajado como profesor en diversos centros públicos de sitios tan poco glamurosos como Marruecos o Extremadura. De hecho, ni siquiera soy periodista, mientras que Enric, por el contrario, me parece desde hace casi diez años el mejor articulista de este país (ahora que se prodiga menos, igual se ha sumado a la puja Manuel Jabois). Yo, en cambio, bueno, ya lo están leyendo.
Sin embargo, en este mismo momento, mientras voy claudicando a la idea de mandar mi currículum a centros concertados, Enric González está estudiando una oferta con muchos ceros de El Mundo. Por supuesto que la analogía está cogida por los pelos (económica, mediática y socialmente hablando) pero a mí me ha sorprendido pensar que, tanto en la más alta esfera de prestigio y calidad del Periodismo como en el estante más bajo del mercado laboral relacionado con la enseñanza, todos tenemos un precio y todo es relativo. Es cierto que, tanto Enric como yo, supongo, tenemos valores que nos alejan de El Mundo y de los concertados, respectivamente.  Por ejemplo, ¿es más vergonzoso trabajar en un centro concertado que vivir de tus padres? ¿Hay realmente diferencia entre El Mundo y El País? ¿Es mejor vivir del paro que trabajar en un concertado? ¿Es mejor hacer bien tu trabajo, aunque sea en un periódico como El Mundo que perseguir tu vieja vocación de vivir del aire en Londres (tirando, tal vez, por la borda un matrimonio quizá feliz? Yo, al menos, prefiero seguir leyendo a Enric González. Incluso ahí. Como, supongo, los que me quieren bien, desean que encuentre un trabajo y deje de dar el coñazo.
Realmente es un debate absurdo: lo que importa, supongo, qué remedio, es hacer bien tu trabajo, sea donde sea y aunque no comulgues con la línea editorial de la casa para la que trabajas. Pero esto (no mi situación particular, sino la de miles de interinos; y tampoco la de Enric en concreto, sino la de los trabajadores y lectores afectados  por el ERE de la mitad de plantilla de El País) no deja de simbolizar el fin de dos sueños que casi habíamos llegado a creernos: el de una Educación Pública de calidad  y el de una prensa socialdemócrata de nivel en España. Pero bueno, no es para tanto: a fin de cuentas, Enric seguirá siendo un periodista fabuloso y yo un profesor normalucho; nosotros, los interinos si encontramos trabajo, seguiremos viviendo de ustedes aunque nos contraten terceros. Y Enric, pese a su indudable ojo crítico, no creo que sea capaz de encontrar una sola diferencia importante entre Pedro J y Cebrián.

2 comentarios:

  1. VENGA VA! En serio, ¿se va a El Mundo???

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  2. Estimado interino,

    Siempre he pensado que los conversos son (somos) los peores, y que no hay mejor escenario para un profesor rojillo que un colegio concertado (bueno sí, uno del opus). Al fin y al cabo, el efecto del mensaje no solo depende del mensaje mismo, sino del medio en que este se produce. Sobre todo del medio. Que un profe de la pública me hable de las maldades de la derecha me trae sin cuidado, que lo haga un tipo con sotana y la cosa cambia.
    Supongo que la cuestión reside en tener bien claritos, desde el comiezo, los límites de la propia conciencia, y ser fieles a ellos.

    Pero yo les animo a usted y a Enric a dejarse abrazar por el enemigo, quién sabe si así acabarán descubriendo facetas de ustedes que desconocían. un abrazo. Carolina

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