ARREBATOS ALÍRICOS

Me fui sobreviviendo como pude

(José Luis Piquero)


miércoles, 13 de noviembre de 2019

"Hombre blanco hablar con lengua de serpiente..."

"Tú ganar gran elección,
ahora tú ser presidente.
Hoy decir que esa alianza
ser de toda confianza,
incluso muy conveniente..."

viernes, 1 de noviembre de 2019

PATRICIA GONZÁLEZ: algunos poemas de OTRO CASO DE INSEGURIDAD.


Patricia López es una escritora y gestora cultural argentina. Hasta el momento ha publicado Maldad, cantidad necesaria (2013, Milena Caserola & Llanto de mudo), Doliente (2016, Cospel ediciones)  y Otro caso de inseguridad (2018,Santos Locos).

Yo llegué casualmente a su poesía y, tras quedar deslumbrado, compartí una selección de algunos poemas de Doliente en esta entrada de mi blog (que desde entonces ha superado ampliamente las 1000 visitas, convirtiéndose en una de las 10 más vistas).

Ese libro llegó, junto con mi recomendación, a manos del infatigable Chema Cumbreño, quien no ha podido resistirse a incluirlo en el magnífico catálogo de Ediciones Liliputienses.
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A continuación comparto unos poemas de Otro caso de inseguridad, su último y probablemente mejor libro hasta la fecha, con la esperanza de que también acabe pronto cruzando el Atlántico.
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Relaciones forzadas
Me acuerdo del aliento
de mi maestra Cristina
cuando empecé a distinguir
lo bueno de lo malo.
Cuando sentí en mí
la combinación de labial
mate y madrugar en la boca
supe que había crecido.
Me acuerdo de mi maestra
Alicia y la seño de inglés
¿por qué llorás? ¿qué perdiste?
—una amiga
fueron las primeras adultas
que se me rieron en la cara
fue la primera vez
que escribí un poema
fue mi primera
relación forzada
cuando la obligaron
a compartir conmigo.
Me acuerdo del jardín
la primera vez que
me sentí distinta
un cumpleaños donde perdí
un juego
en el que no hinchaban por mí
y que si ganaba
tampoco iban a festejar.

Toda mujer que no sea yo
es una amenaza,
me incluyo.

Yo también
Cometí un crimen
te vi mirar
hice algo peor
lo señalé
te conté mi dolor
entregué el poder
reclamé que
no intentes
disimular
fui violenta,
te pedí el deseo.

Déjenme
ejercer
mi derecho
a elegir mal.
Déjenme estar triste,
es lo que mejor
me sale.

Salgo a refrescarme cuando
estoy a punto de crear algún tipo
de muerte doméstica.
Cuando supero la pereza y por fin
decido querer morirme
de a montones me abrazan
huelen mi pelo y sonrío
dicen mi nombre
destacan mi perfume
y asocian mi sonrisa con
la palabra siempre.
Por no traicionar su idea
paso el plan para después
la muerte aún no está madura
la muerte vive con su madre.

¿Por qué no debería doler lo que duele?
¿De dónde sacaron que
la desesperación se elige?
Qué hacemos con
las horas de charla
con toda la
literatura universal
las canciones
el cine
qué hacemos
con el sufrimiento
los egresados
de esa escuela
si sólo debemos
estar bien.

Otro caso de inseguridad
Pensaba en cosas peores
que me saquen de cosas feas,
pagarle a alguien
que pueda con mi muerte,
si hay que morir,
al menos, que coma una familia.
Los noticieros van a decir:
“Otro caso de inseguridad”
Joven asesinada;
linda, futuro por delante.
El encargado va a contar que era buena,
no molestaba a nadie,      que sonreía.
El resto va a decir que
el pibe que sí merece morir
—porque no estudió, porque por suerte no ama—
aún sigue prófugo.

Entre morir o viajar
elegí la opción
más cara.
Vi a Venus radiante
desde una ruta de San Pablo
y volví a sentir los músculos
de la sonrisa
escuché una voz que decía
mi nombre y que
me dejaba dormir
que parecía cansada
una voz que
me invitaba a una fiesta donde
comprobé que aún
conversaba con el ritmo
una voz que me invitaba a pasear
y me preparaba un sandwich
una voz que se dio cuenta
que no estaba comiendo
repetía mi nombre y me daba café
una voz que me enseñaba otro idioma
una voz que me felicitaba
por saber
una mano que me llevaba a pasear
y me señalaba
frutas que no conocía
—te ponés contenta tan sólo viendo las frutas
sentí jugos nuevos en la lengua
y mi sabor más crecido
escuché mi nombre muchas veces junto a
palabras sanas
después de mucho tiempo
tuve una mano con libros que me abrían los ojos
y cambiaron el humor de mis lágrimas
—Todavía seguís siendo esa chica 
que se emociona al leer un poema
tuve una mano que revolvió mi pelo
esta vez con una caricia
encontré un vuelo a mi ánimo
que pagué en cómodas cuotas

Menos mal
que no escribí
con tanta firmeza
que quería morirme
menos mal
que me bañé casi todos los días
menos mal
que comí de vez en cuando
menos mal que pedí ayuda
aunque nadie podía

Soy incoherente con la época
seguir deseando lo que tengo
es mi mejor desastre;
si no hay nada que romper
no encanta,
si la presa está cazada
no hay hombre
volver a penetrar la herida
es aburrido
nada que pueda resolver en este momento.

No existe aún
quien no me haya extrañado
al ocupar a otra por primera vez,
no existe quien haya recuperado
su sexualidad entera después de mí,
soy el fin de todas las cosas

El sometimiento es un molde de la muerte

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¿Cuántas veces
está permitido
llorar por lo mismo?

Pongamos los corpiños sobre la mesa
la compañía está sobrevaluada
iba a amar a alguien
pero me lo dejé para un poema.

Amar
eso que se dice amar,
una vez.
Al resto sólo los quise
para mí.

Nadie es profeta en su género

Otro caso de inseguridad 
Patricia González.
(Santos Locos, 2018)

viernes, 18 de octubre de 2019

Una mañana Manuel Vilas sacó todo el dinero del Planeta...


Una mañana Manuel Vilas sacó todo el dinero del Planeta.

Fue a las cajas de ahorro, fue a las compañías de seguros,
vendió su coche, anuló su plan de pensiones,
se lo llevó todo en efectivo, un buen fajo de billetes calientes.

Qué bien, dijo, qué fuerte, 
y todos los empleados y los directores querían disuadirle
pero Vilas tenía unas ganas infinitas de pasarlo bien.

Y luego se fue a ver enfermos,
a ver emigrantes, incluso se fue  a las cárceles.

Quería ser un santo espectacular, tenía esa marcha,
tenía esa gran ilusión.
Quería ser Cristo, Lenin, San Pablo,
quería ir más allá del orden, de la naturaleza y de la vida.



Recorrió la ciudad de Zaragoza repartiendo dinero.
En Conde de Aranda, dio mil euros a tres árabes,
que le besaron los pies, y las manos, y se arrodillaron.

En el barrio de Delicias, en la calle Barcelona, 
dio trescientos euros a una negra africana,
y ella quería comerle el sexo al buen Vilas,
pero Vilas dijo “no, nena, hoy soy un santo,
hoy soy San Vilas,
consérvate para tu marido, él te necesita,
y yo os bendigo; anda, nena, ve en paz”.

Y Vilas se echó a reír.

Fuego, qué fuego más grande,
y siguió repartiendo, a una vieja china
de un todo cien le dio seiscientos euros,
y la vieja le hizo una foto de diez millones de megapisels
y la amplió y la enmarco y la colgó
en mitad de su tienda con dos velas debajo.
A un vendedor de La Farola, ese  periódico
de los pobres, le dio ochocientos euros.
Y el vendedor se echó a llorar y ardía
como una vela en mitad de las catedrales antiguas.

Vilas quería ser un santo, tenía esa marcha.

Toda la mañana y toda la tarde estuvo quemando su dinero.

Miró la atmósfera y se estaban abriendo los palacios celestiales.

Estaba enamorado de sus semejantes.

Nunca vimos a nadie tan enamorado.

Amor. Poesía reunida. 1988-2010.
Manuel Vilas.
Visor, 2011.

jueves, 10 de octubre de 2019

"Cuando el niño era niño" (poema de Peter Handke)


Cuando el niño era niño,
andaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera un río,
que el río fuera un torrente,
y este charco el mar.

Cuando el niño era niño,
no sabía que era niño,
para él todo estaba animado,
y todas las almas eran una.

Cuando el niño era niño,
no tenía opinión sobre nada,
no tenía ningún hábito,
frecuentemente se sentaba en cuclillas,
y echaba a correr de pronto,
tenía un remolino en el pelo
y no ponía caras cuando lo fotografiaban.

Cuando el niño era niño
era el tiempo de preguntas como:
¿Por qué yo soy yo y no soy tú?
¿Por qué estoy aquí y por qué no allá?
¿Cuándo empezó el tiempo y dónde termina el espacio?
¿Acaso la vida bajo el sol es tan solo un sueño?

Lo que veo oigo y huelo,
¿no es sólo la apariencia de un mundo frente al mundo?
¿Existe de verdad el mal
y gente que en verdad es mala?
¿Cómo es posible que yo, el que yo soy,
no fuera antes de existir;
y que un día yo, el que yo soy,
ya no seré más éste que soy?

Cuando el niño era niño,
no podía tragar las espinacas, las judías,
el arroz con leche y la coliflor.
Ahora lo come todo y no por obligación.

Cuando el niño era niño,
despertó una vez en una cama extraña,
y ahora lo hace una y otra vez.
Muchas personas le parecían bellas,
y ahora, con suerte, solo en ocasiones.
Imaginaba claramente un paraíso
y ahora apenas puede intuirlo.

Nada podía pensar de la nada,
y ahora se estremece ante a ella.

Cuando el niño era niño,
jugaba abstraído,
y ahora se concentra en cosas como antes
sólo cuando esas cosas son su trabajo.

Cuando el niño era niño,
como alimento le bastaba una manzana y pan
y hoy sigue siendo así.

Cuando el niño era niño,
las moras le caían en la mano como sólo caen las moras
y aún sigue siendo así.
Las nueces frescas le eran ásperas en la lengua
y aún sigue siendo así.

En cada montaña ansiaba
la montaña más alta
y en cada ciudad ansiaba
una ciudad aún mayor
y aún sigue siendo así.

En la copa de un árbol cortaba las cerezas emocionado
como aún lo sigue estando,
Era tímido ante los extraños
y aún lo sigue siendo.
Esperaba la primera nieve
y aún la sigue esperando.

Cuando el niño era niño,
tiraba una vara como lanza contra un árbol,
y ésta aún sigue ahí, vibrando.

lunes, 7 de octubre de 2019

Despiece de LA LIRA DE LAS MASAS: Internet y la crisis de la ciudad letrada. Una aproximación a la poesía de los nativos digitales.

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Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros», la frase, atribuida a Cicerón, ha sido citada, irónicamente, en defensa de un hecho (la proliferación de un nuevo tipo de poesía, que logra vender miles de ejemplares) y un derecho (el de la expresión democrática, aunque esta se halle en la periferia de lo artístico)1. Defreds, el nombre literario de José Ángel Gómez, treintañero, es uno de aquellos poetas: autor de Casi sin querer, libro que, gracias al apoyo de internet y las redes sociales, ha vendido once ediciones y más de treinta mil ejemplares en un año. En una entrevista, en la que dice no estar seguro de considerarse poeta, resume esta situación así: «El mundo funciona de otra manera ahora, si hubiera llevado el manuscrito a una editorial me lo habrían quemado»2. Pero ¿a qué se refería Cicerón, y quién supo darle respuesta? El autor de las Catilinarias cuestionaba el auge de los llamados poetas neotéricos –un grupo de jóvenes despreocupados, entre los que se encontraban Catón, Cina, Licinio Calvo y Catulo–, que habían dejado de escribir centrados en la responsabilidad cívica y el estilo elevado, explorando, por vez primera, una voz urbana y personal: textos menores, nugae, bagatelas, en ese momento considerados un desafío a las buenas normas. (...)
Adaptando ciertos conceptos clave de Yuri Lotman4, sostenemos que en la semiosfera tradicional de la poesía española, hasta mediados de la primera década del siglo xxi, la frontera estaba representada por la institucionalización (los premios y la recepción en la prensa nacional) y su primer filtro era la publicación en papel (las editoriales de prestigio). (...)
la gramática de la poesía escrita y pensada para publicarse en papel, paulatinamente, fue perdiendo sentido desde que la autopromoción en la red supuso una visibilidad y una rentabilidad inéditas. A partir de dicho instante, en el campo literario español, se estableció un espacio de recodificación a través de un intercambio, de un diálogo –que ha sido muy favorable a los poetas emergentes, por cuestiones de representatividad social y rentabilidad económica– como constata la aceptación de esta producción en editoriales cada vez más grandes y en la prensa nacional. (...)

se puede afirmar que en la poesía española actual conviven, por lo menos, dos semioesferas que, necesariamente, proponen distintas dinámicas de sentido e, inevitablemente, de esa interacción, de ese conflicto, se establecerán nuevas fronteras. Por lo tanto, sostenemos que, como conclusión a un proceso con múltiples factores, se ha perdido la autonomía de lo poético (asociada convencionalmente al texto impreso), pero no por una propuesta artística, sino por una modificación radical de los modos de producción (y los efectos que estos cambios establecen en la sensibilidad y los intereses de autores y lectores). Y, quizá como el rasgo decisivo, el vivir externamente, de cara a lo público, que es lo que han normalizado internet y las redes sociales supone, para el siglo xxi, nada más y nada menos, que el equivalente y el reverso de lo que significó el descubrimiento del inconsciente a finales del XIX. (...)
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es necesario recalcar la importancia de los poetas nativos digitales en una perspectiva diacrónica: su generación ha coincidido con las innovaciones tecnológicas más importantes para la difusión del pensamiento desde la imprenta de Gutenberg. Por consiguiente, es imprescindible aceptar que la crisis la tienen otros para interpretarlos, pero no ellos para producir. Debe tenerse en cuenta que siendo la cultura digital producto de la globalización, los poetas prosumidores guardan rasgos en común con sus pares en distintos continentes, estando, en ciertas ocasiones, en estrecho contacto con ellos. Y, como analizaremos luego, el punto compartido consiste en que los poetas nativos digitales, fuera de su ubicación e idioma, son los autores primitivos de una lírica transmedial (tan extrema como la de aquellos a los que Cicerón despectivamente llamara «Recitadores de Euforión»). (...)
en España, históricamente, por constricciones institucionales de orden religioso, la subjetividad individual ha estado condicionada por distintos poderes, al punto de que en sus letras no existió una voz fundacional, un poeta que –sea en la afirmación de Whitman o en la negación de Baudelaire– suponga la expresión de un individuo concreto, un trasunto de la ciudadanía (quizá esto no se dé hasta el surgimiento de Jaime Gil de Biedma, sin olvidar a Luis Cernuda como un sufriente precedente). (...)
De este modo, el conflicto y el reto que implica la irrupción de los poetas nativos digitales gira en torno al libro impreso y su centralidad en la ciudad letrada. La pugna abierta entre distintos grupos de poetas nativos digitales, que ha sido viva en las redes sociales, supone un enfrentamiento entre propuestas enfocadas al desarrollo de una poesía escrita para el libro y otra escrita para la lectura o representación pública (sea en vivo o en vídeo). Es decir, la confrontación entre una práctica tradicional de lectura (solitaria y silenciosa) y otra con primacía de lo social (con interacciones virtuales y masivas). Es decir, una manifestación del antagonismo entre la cultura de la escribalidad y la de la electronalidad (oralidad electrónica). (...)
la poesía española, en su conjunto como comunidad (distintas generaciones de inmigrantes y nativos digitales), viene aceptando una situación similar a la expresada en la célebre alegoría del cuento «Casa tomada» de Julio Cortázar: una atmósfera enrarecida e insostenible, en la que no queda ya lugar donde escapar. (...)
Fuera de nombres propios, todo este fenómeno, como no podría ser de otra manera, está lleno de paradojas. Mas estas múltiples contradicciones son también indicios de un periodo transicional. Así, entre los poetas nativos digitales, a la predominancia de la imagen virtual se opone el persistente anhelo de la publicación en papel; a la superficialidad y el apresuramiento, la ambición por consolidarse institucionalmente; a la precocidad y su elogio, la producción prolífica, efímera y desechable; a la autonomía de proyectos y la diversidad, el establecimiento de jerarquías mediáticas; al liderazgo femenino, la discriminación positiva y la instrumentalización patriarcal del cuerpo como objeto de deseo. Y, finalmente, en los rasgos que probablemente definan mejor cierto clima generacional común a estos autores, el ensimismamiento emocional, la frivolidad y la grandilocuencia contrastan con vivencias extendidas como la precariedad económica, el exilio y la angustia existencial. Sostenemos que el contundente éxito de los poetas nativos digitales en España se debe, fundamentalmente, a cierto desfase que no ha permitido establecer criterios óptimos y claros de renovación dentro del circuito cultural. (...)
El siglo xx finalizó con una institucionalidad literaria sin criterios definidos, deficientemente modernizada (centrada en la cultura como espectáculo, como en las efemérides y las celebraciones regionales, sin mayor renovación de discursos ni protagonistas). Por lo tanto, el inicio de la brecha entre la cultura letrada y la cultura digital estuvo en las deficiencias del propio sistema literario. En consecuencia, con respecto a la concepción tradicional de la cultura, el surgimiento de internet y las nuevas tecnologías supone, en efecto, simultáneamente un impase y una posibilidad. (...)
la irrupción de los poetas nativos digitales recuerda que, en algunos momentos, en determinados contextos, las condiciones del contrato entre el poeta y sus interlocutores fue renovado con éxito. En efecto, postulando actualizaciones del romanticismo, como en los casos del surrealismo y la poesía beatnik, las aproximaciones que alcanzaron mayor repercusión buscaron consolidar nuevas comunidades lectoras a través de la reivindicación de un habla diferenciada, propia y compartida, radicalmente opuesta a la de los sectores hegemónicos (...).
una audiencia capaz de reconocer e incorporar tales propuestas brindándoles un sentido histórico. Es decir, los poetas, sus intermediarios y su público se comprometieron como cómplices o compañeros de viaje. Mas este no fue el caso de la poesía en lengua española: dificultando la consolidación de una comunidad internacional de lectores, con la breve excepción del Modernismo, a lo largo del siglo xx, la poesía hispánica en su conjunto manifestó una inquietante falta de cohesión atribuible a una precariedad de condiciones editoriales y críticas (no solo por cuestiones comerciales: sus sociedades se encontraban, asimismo, a la zaga en cuanto a la investigación estética o científica). En consecuencia, sea por su pobreza, por su excesiva dependencia de instancias políticas o mercantiles, o por la búsqueda de una constante homologación a través de discursos internacionales, dicha situación impidió un diálogo adecuado entre los lectores a uno y otro lado del océano (lo que habría supuesto un incremento del mercado editorial del idioma), reafirmando sus diferencias históricas, pues las distintas tradiciones nacionales, tanto la española como las hispanoamericanas, se hallaban aisladas, ignoradas o sensiblemente reducidas en su complejidad y riqueza. (...)
Estas difíciles circunstancias configuran el entorno en el que surgen los poetas prosumidores, cuya aproximación a lo literario no pudo darse como resultado de un contacto con una cultura viva, por la lejanía o el rechazo que percibían en lo institucional. Por lo tanto, sus prácticas y sus obras intentan suplir esas carencias, esa falta de representatividad y diálogo, y lo hacen reconociendo que su imaginario también ha sido conformado por los medios de comunicación masiva (predominantemente anglosajones), con su agenda global, neorromántica y de entretenimiento. (...)
desde los años sesenta del pasado siglo, el medio editorial más grande e importante del idioma se desarrolló sin resolver serias deficiencias, implementadas en los tiempos de la dictadura. La principal de ellas fue, sin duda, la falta de apertura y renovación del mundo literario, siempre condicionado por prácticas antidemocráticas –ya disuasorias, manipulativas o demagógicas–, como el paternalismo, el clientelismo y la carencia de respeto hacia los sectores ciudadanos emergentes o sin vinculación política. Es decir, como gremio, las letras españolas fueron altamente permeables a la demagogia, el populismo mediático y la cultura del entretenimiento. (...)
Los poetas nativos digitales son aquellos jóvenes autores nacidos a partir de 1980, usuarios desde la infancia de las nuevas tecnologías (como videojuegos, teléfonos móviles y ordenadores) que, a pesar de ser prácticamente inéditos o tener circulación minoritaria en papel, publican habitualmente en formato electrónico, sea en blogs, en redes sociales como Facebook y Twitter o dentro de comunidades virtuales de su propia creación. (...)
A diferencia de otros momentos, en los que el poeta era ante todo un escritor, los poetas nativos digitales son prosumidores: productores y consumidores de textos (e imágenes) que mezclan, sin ningún tipo de prejuicios, afanes publicitarios y artísticos, el discurso público y lo íntimo, la actualidad política y lo lúdico, la individualidad y la máscara. Por lo tanto, resulta imprescindible tener en cuenta que la producción simbólica en la red, de la que la poesía es apenas un indicio, no está concebida para la contemplación o la reflexión, sino como algo para experimentar y compartir. (...)
A diferencia de otros momentos, en los que el poeta era ante todo un escritor, los poetas nativos digitales son prosumidores: productores y consumidores de textos (e imágenes) que mezclan, sin ningún tipo de prejuicios, afanes publicitarios y artísticos, el discurso público y lo íntimo, la actualidad política y lo lúdico, la individualidad y la máscara. Por lo tanto, resulta imprescindible tener en cuenta que la producción simbólica en la red, de la que la poesía es apenas un indicio, no está concebida para la contemplación o la reflexión, sino como algo para experimentar y compartir. (...)
Una generación nacida bajo el signo del cambio:
infoesfera y electronalidad Pero debe evitarse interpretar estos importantes cambios como una pérdida: gracias a la interactividad de internet, la pasividad asociada al consumidor es transformada en una actividad no solo lúdica, sino también creativa. La red es, por lo tanto, el espacio que mejor acoge la producción simbólica de aquellos individuos que, fruto de la transición demográfica, de otro modo no alcanzarían a manifestarse: la masificación mundial de la lectoescritura es un hecho irrefutable (como se comprueba actualmente con los cincuenta millones de teléfonos móviles que circulan solo en España). Esta inédita experiencia, vital y estética, de emisión y consumo simultáneos, es la que otorga a los nativos digitales, internacionalmente, un profundo sentido de pertenencia a un colectivo12. En consecuencia, las obras de los poetas nativos digitales suponen mucho más que un relevo generacional o una variación de estilo. Constituyen un indicio irrefutable del paso de la sociedad industrial a la sociedad de la información y, por lo tanto, implican cambios de infraestructura, del marco hermenéutico-epistemológico y de sensibilidad que, necesariamente, traen consigo una alteración del gusto literario. Esto es producto de un escenario inédito como el que plantea el mundo digital, contrapuesto a los entornos que generaron la civilización y la cultura como tradicionalmente las concebimos. (...)
Otra perspectiva para comprender este decisivo fenómeno estaría en el diagnóstico de Alvin Toffler en La Tercera Ola (1980), con respecto a la estrecha dependencia de las sociedades en relación a las innovaciones tecnológicas. Para Toffler, una ola agrupa las consecuencias biológicas, psicológicas, sociales y económicas que se desprenden de cada civilización. Estas olas son definidas a partir de las tecnologías de productividad usadas. Así, una tecnología de producción dominante modifica la organización social, creando canales de comunicación propios, lo que a su vez genera un nuevo sistema de valores. Por lo tanto, la importancia de la actual infoesfera (internet) es crucial, pues esta es la que entrelaza a la tecnoesfera (la tecnología digital) y la socioesfera (la sociedad virtual y el mundo real). (...)
nuevas formas de socialización han marcado, tanto formal como discursivamente, las características de la producción de los discursos literarios contemporáneos, sea en su vertiente impresa o electrónica. Algo que, hacia el año 2007, se puede constatar con la migración de la escritura desde los blogs (donde primaba lo textual y discursivo) hacia las páginas de Facebook (en las que predomina, como hemos señalado, la imagen, lo efímero y la creación de redes y comunidades). Una de las mutaciones más decisivas en este proceso, que marca el paso de la retórica literaria a la retórica de la identidad digital, sería aquella por la cual se fomenta y normaliza el proyectarse a sí mismo como producto: la primacía de la autorrepresentación13. Al igual que en el caso de otros prosumidores, la medida de aceptación de los escritores en internet (incitados a emitir, simultáneamente, no solo textos e imágenes, sino incluso un personaje) se define por el número de visitas a sus bitácoras o perfiles: los «Me gusta» de Facebook (que significan desde cortesía o agradecimiento hasta cierto compromiso), los comentarios a sus publicaciones virtuales y el poder de convocatoria de los eventos que autogestionan (los autores suelen estar muy relacionados con el circuito poético de bares y librerías). Entre la gratificación psicológica y la objetualización de la subjetividad, otro tipo de socialización resulta inevitable (desde la consagración de lo superficial y lo externo hasta la aceptación de lo efímero). (...)
Internet y la mutación del gusto literario Así, los poetas nativos digitales no siguen estricta o mayoritariamente los retos formales de la modernidad (y su pretensión de originalidad y ruptura), sino más bien tácticas asociativas y de promoción de índole publicitaria (buscando un posicionamiento mercantil, sin descartar el escándalo). La simplificación y la banalidad, en ciertos casos, de las propuestas se deben, recordémoslo, a que están hechas para una sociedad definida por esas mismas características. En consecuencia, la brecha que la irrupción de los nativos digitales crea con respecto a la cultura tradicional supone una ruptura sin confrontación, una disrupción tecnológica, favorable al asedio viral y el pragmatismo de la ética hacker. Como se aprecia, los poetas nativos digitales dominan y son la vanguardia en la interacción con las nuevas tecnologías, que será imprescindible para la producción simbólica en la era posindustrial (al punto de ser pioneros y fundadores de una transtextualidad digital). La brecha con las promociones previas ha surgido, no solo por voluntad de quiebre (la estrategia es claramente otra), sino fundamentalmente por ser formados por una educación y una socialización distintas, simultáneas a la asimilación cotidiana del mundo virtual desde su infancia. (...)
De este modo su producción simbólica, sus obras (que, como veremos, no son pocas ni insignificantes), construyen una transtextualidad que une la cultura digital con lo literario15. Entonces, quizá el primer paso para comprender el sentido de esta producción juvenil, esa infinita serie de personajes y eventos, sea aceptar que los autores en la red escriben desde una perspectiva nueva, en la que el valor de lo literario (lo sublime y lo formal) es residual o hasta resulta secundario: el núcleo del nuevo paradigma estaría en la interactividad misma. Ante todo, el prosumidor responde a una angustia posindustrial por destacarse, por vencer la pasividad y ser algo más que un consumidor. Es decir, lo decisivo sería la expresión espontánea y constante, la inmediatez y la repercusión obtenidas en una comunidad concreta, creada en tiempo real. (...)
Lo efímero y, en algunos casos, lo intrascendente (la superación definitiva del afán de eternidad como temporalidad impuesta por el cristianismo) son una mera consecuencia del cambio en las condiciones de producción. (...)
también resulta imprescindible reconocer el predominio en las redes de un tipo de lectura adolescente y/o sectaria, realizada no para interpretar asunto alguno sino para la identificación con el yo (emisor o sujeto lírico) y el entretenimiento (el espectáculo). Es decir, la apropiación de textos e imágenes con el propósito de reafirmar tanto identidades como discursos preconcebidos, diseñados y avalados por los medios masivos (como en los casos de una identidad juvenil o ciertas militancias). (...)
los poetas nativos digitales superaron ampliamente a sus mayores en cuanto a sus fines asociativos, pues estos, pese a sus propuestas, innovadoras y maduras, no construyeron una comunidad de lectores22. Una insuficiencia propiciada en gran medida por un afán de competitividad individual, aguardando un reconocimiento unánime por parte de las instituciones y el mercado. No sucedió así, pues carecieron de apoyo sustancial en las editoriales o en los medios (salvo el caso de aquellos autores que se trasladaron con éxito a la novela, optando por un medio mucho más popular que la poesía)23. Una situación que queda resumida en el emblemático caso DVD Ediciones y su cierre, después del inicio de la crisis económica. Estos poetas inmigrantes digitales, cuyas proyectos se asociaron a la diversidad y complejidad del discurso posmoderno, no resultaron suficientemente claros y atractivos como producto, y fueron rápidamente sustituidos en el interés de los medios corporativos, en su necesidad de promover propuestas noveles. (...)
los poetas nativos digitales superaron ampliamente a sus mayores en cuanto a sus fines asociativos, pues estos, pese a sus propuestas, innovadoras y maduras, no construyeron una comunidad de lectores22. Una insuficiencia propiciada en gran medida por un afán de competitividad individual, aguardando un reconocimiento unánime por parte de las instituciones y el mercado. No sucedió así, pues carecieron de apoyo sustancial en las editoriales o en los medios (salvo el caso de aquellos autores que se trasladaron con éxito a la novela, optando por un medio mucho más popular que la poesía)23. Una situación que queda resumida en el emblemático caso DVD Ediciones y su cierre, después del inicio de la crisis económica. Estos poetas inmigrantes digitales, cuyas proyectos se asociaron a la diversidad y complejidad del discurso posmoderno, no resultaron suficientemente claros y atractivos como producto, y fueron rápidamente sustituidos en el interés de los medios corporativos, en su necesidad de promover propuestas noveles. (...)
el éxito mercantil de los poetas milénials también puede explicarse a partir de la confluencia entre la sectorización de un consumo generacional y la necesidad de la simplificación de productos para acceder al mainstream. Es decir, el fenómeno de la infantilización de la cultura y la consagración corporativa de la estética adolescente. En la actualidad, cada vez quedan menos límites entre la niñez y la adultez, a lo cual responde la omnipresencia de las nuevas tecnologías como parte de la hegemonía comercial de lo audiovisual frente a lo escrito (tal como sostiene el ensayista Neil Postman). Un factor que resulta crucial para definir la identidad no por discursos (como el de las clases sociales), sino por sectores de consumo (como ejemplifica la mercantilización de la factoría Disney, cuya hegemonía coincide con el surgimiento de esta generación). De este modo, los valores de los nativos digitales, como milénials, en su inmensa mayoría y notablemente entre los que tienen más repercusión pública, son afines a la agenda de consumo neoliberal, pues nacieron y han sido formados en el consenso ideológico surgido después del 89, en el contexto de la globalización. (...)
los jóvenes poetas prosumidores, con el crucial apoyo de internet y las nuevas tecnologías, han sabido aprovechar, activa y conscientemente, la efebolatría que caracteriza a las sociedades posindustriales. Así, en contraste con la producción de sus inmediatos antecesores, en su discurso apreciamos una gran urgencia por posicionarse o ser reconocidos socialmente, expresada no solo en el mundo virtual, sino también en su relación con la institucionalidad cultural, la industria editorial y los medios masivos. Un afán que, con el fin de ampliar su poder de convocatoria, les exige simplificarse, atenuarse o enmascararse frente a sus interlocutores virtuales apostando, ante todo, por la carta de la empatía generacional. (...)
Por lo tanto, sus textos, imágenes y eventos proponen, fundamentalmente, una aproximación vivencial, vitalista, volátil e inconclusa, que deja atrás tanto la seriedad de lo intelectual como el rigor de la objetividad científica, trasgrediendo sin complejos los límites entre alta y baja cultura, entre lo artístico y el entretenimiento, entre lo privado y lo público. (...)
debe tenerse en cuenta que internet es fundamentalmente un espejo: sus páginas más visitadas reproducen los valores y el tono que caracterizan a una determinada sociedad. En España esto supone, en cuanto a lo literario y lo artístico, una producción dentro del sistema económico capitalista y cuya impronta cultural es profundamente conservadora, estando ligada al sistema de premios, lo institucional, las subvenciones, el espectáculo y lo mediático corporativo. (...)
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Sin embargo, desde una perspectiva epistemológica, el elemento decisivo que enfrenta el lector en la red quizá sea la sobreabundancia de información; un alud de datos imposible de procesar y que, pese al abotagamiento, crea una expectación permanente. Este aumento exponencial de información y estímulos46 afecta a la memoria, sea definida como facultad receptiva o noción cultural. Un cambio de sensibilidad que ya se reconoce en los jóvenes, tanto en su infinita curiosidad e impaciencia como en su reticencia ante la aparente redundancia de comprar un libro físico, si el texto está disponible gratis en formato digital. (...) La producción de los poetas nativos digitales se caracteriza, como se ha visto, por una necesidad de expandir los límites del lenguaje literario, desde la temática hasta el estilo, tras la crisis epistemológica y social generalizada del fin de siglo y el influjo de las nuevas tecnologías. Este afán de renovación formal –que puede ser tanto una ampliación iconográfica como una simplificación textual– responde a su vez a la influencia de una diversidad de tradiciones y modelos de escritura, en concordancia con una pluralidad posnacional: se puede señalar, en el caso español, el particular abandono de la escritura isosilábica, por el auge del verso libre y el versículo (relacionado, en gran medida, con una escritura directamente realizada para soportes electrónicos). Dichos textos expresan, por consiguiente, una búsqueda de nuevos recursos expresivos y formatos, a la que la magnitud de cambios que supone la revolución tecnológica confiere antecedentes, paralelos y justificaciones históricas. (...)
 El narcisismo, el distanciamiento emocional o cierta indignación, siendo experiencias generacionales decisivas, se manifiestan con contundencia como temáticas predominantes. Así, muchos de los textos de los poetas jóvenes que circulan en la red se caracterizan por ser de tono menor, aparentemente ligeros e insustanciales, centrados en la recreación narcisista de un conflicto individual o en la narración de situaciones decadentes (un expresionismo adolescente). Por lo tanto, proliferan escenarios y personajes propios de la alienación y el desvanecimiento afectivo de la sociedad posindustrial (soledad, incomunicación, aburrimiento, fragilidad anímica, etcétera)48. Experiencias y emociones que se viven y exponen pública y procazmente, como un desafío, en un devenir constante de textos breves e imágenes (...).
Y es que, de forma insospechada, el influjo de las redes sociales y la hegemonía de la actualidad nos hace regresar a un modelo de comunicación secular, en el que prima la oralidad y en el que no existe diferencia entre el emisor y el receptor, cobrando relevancia el «nosotros» de la identidad comunal. Es decir, la interactividad y la inmediatez de internet impiden el establecimiento de un yo y un tú jerárquicos, que fueron los que articularon la transmisión del logos occidental, esencial para la innovación técnica y científica (...).
Significativamente, ese en apariencia inusitado afán de espiritualidad está emparentado también con aquel estado nuevo de conciencia que impone la constante navegación por internet: la desorientación, el flow, el abotagamiento. Y resulta pertinente que el medio preferido para estas manifestaciones extáticas (o seudo epifanías) sea Facebook, pues dicha red social es, ante todo, una infatigable máquina creadora de analogías (ritmos y símbolos en infinita sucesión). (...)
La lira de las masas: 
Internet y la crisis de la ciudad letrada. 
Una aproximación a la poesía de los nativos digitales 
Martín Rodríguez-Gaona
(Voces / Ensayo nº 276)

lunes, 16 de septiembre de 2019

ALBERTO TESÁN (I: EL MISMO HOMBRE).

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Roberto Bolaño fue posiblemente el último genio de la novela hispanoamericana. 
Sin embargo, su papel como ensayista o crítico es evidentemente menor, prácticamente limitado a alimentar el papel caricautesco de outsider en continuia necesidad de epatar. Por ejemplo, en un artículo, como mínimo, bastante simplista, aseguraba que, en caso de tener que formar una banda para atracar bancos, formaría un grupo compuesto exclusivamente por poetas; en su opinión, los más dispuestos a jugarse la vida y, por tanto, los más eficientes cómplices para tal empresa.

Poniendo por delante que se trata sólo de una forma de elegía carente de todo realismo (Bolaño dejó de pegar tiros en el 73 y hasta entonces fue tan pardillo como para hacerlo por una romántica causa política perdida y no para enriquecerse) podemos alegrarnos de que se quedara en eso, en un marco hipotético creado para elaborar un piropo hiperbólico. Porque,  pese a que seguramente a Bolaño no le faltaban arrestos y, desde luego, no carecía de sangre fría, rodeado de poetas no hubiera podido evitar morir, aún antes de lo que murió, en un asalto frustrado, con lo que nos hubiéramos perdido un buen número de obras en absoluto simplistas. Porque, desde luego, y en esto estarán de acuerdo conmigo, no hay que ser muy inteligente para saber que la gran mayoría de los poetas no sólo no parecen ser especialmente sanguinarios, sino que ni siquiera tienen ni media hostia.
Obviamente, no hablo del apartado exclusivamente físico (aunque no está de más destacar que, efectivamente, y partiendo de ahí, los poetas, en general, son unos alfeñiques indolentes, cuando no ya directamente empollones amariconados con gafas de pasta y negados para el más mínimo esfuerzo físico) sino que ni siquiera parecen tener esa valentía especial, exclusiva de los desarraigados y a la que seguramente se refiera Bolaño, del que no tiene nada que perder y por tanto puede apostarlo todo. ¿Creen que los poetas, por norma general, están dispuestos a jugarse la vida?

En una postura similar, Gabriel y Galán, dividió a los literatos en dos categorías: “aquellos que se juegan la vida en la escritura y aquellos que no se la juegan” y apuntaló así su tesis: “La literatura importante siempre ha comportado peligro de muerte, riesgo absoluto. Escribir al dictado de la moda o de las exigencias editoriales es un ejercicio estimable de artesanía, sin más. Pero en la obra de arte uno sabe que se juega el pellejo.”
¿Cuántos poetas conocen que apuesten el pellejo? ¿Van encajando muchos nombres de poetas conocidos? Si es así háganmelo saber, se lo ruego.
Pero, dirán ustedes, a pesar de eso “son grandes escritores”, “escriben maravillosamente” o (si son ustedes gilipollas) “poseen un verso espléndido”.
Pues de nuevo en palabras de Bolaño, para ser un buen escritor (y supongo que esto se puede extender por sinécdoque a para ser un buen poeta) no basta con escribir bien, ni siquiera con escribir excepcionalmente bien, sino que es necesario “ser capaz de sumergir la cabeza en pozos profundos”.
¿Uno de esos gafapastas amariconados sería capaz de meter la cabeza en algo que no sea un bar recomendado por la Guía CAMPSA?
Iré más lejos: la mayoría de los poetas ni siquiera suelen escribir excepcionalmente bien mientras que hay un buen número, especialmente aquellos que no sólo no tienen ni media hostia sino que además la están pidiendo a gritos, que ni siquiera escriben bien sino que han aprendido un par de sencillos, obscenos y tramposos trucos para simularlo.
Me atrevería a sostener que no es el caso, sino bien al contrario, de Víctor Martín, de Pablo García Casado o de Alberto Tesán, pero he de admitir, no sin rubor que no tengo ni puta idea de poesía (muchos ya lo habrán notado), que apenas he leído algún libro de esos en que las palabras no llegan hasta el final de la hoja y que apenas puedo considerarme más o menos versado en José María Fonollosa, los citados anteriormente y en el desgraciado Mágico González. Así que me veo obligado a callarme que Víctor Martín, Pablo García Casado o Alberto Tesán son poetas de verdad que escriben maravillosamente. Sólo me atrevo a afirmar que en el momento de repartir de hostias tienen pinta de repartir al menos casi tantas como encajen. Así que tómenles en serio.

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LOS JARDINES INSTANTÁNEOS
Qué más puedo decir: la juventud
perdida entre tus ingles y mis ganas.

IV
(…)
Tan grande la derrota que el deseo
nos inflige, que urdir una frontera
para los sueños incumplidos siempre
motiva más que despertar unidos
por la monotonía de sabernos
víctimas del mismo final feliz.

VI
(…)
Antes de despedirnos una noche
más castos que al principio, derrotados;
cobardes que no exploran sus dominios.
VIII
(…)
Sabemos que esas copas son testigos
de algo más que un infierno entre las manos.

IX
(…)
Siempre para acabar
hablando de lo triste que es la vida
o de lo mucho que hemos dejado ir
Sin querer entender que en la renuncia
La vida es mutilada
Y que el tedio que empaña los domingos
No es más que el resultado de un amor
Corriente entre comidas familiares
Y partidos de fútbol.

EN LAS HORAS OSCURAS
(…)
Queda el desencanto de una vida vulgar
Que nunca pretendimos y una felicidad
Pulcra y domesticada.
El mundo nos revela sus límites precisos;
Las paredes sombrías de esta casa, los labios
Manchados de ceniza son vestigios del tiempo,
El rastro cotidiano que esparce la costumbre.
Nos sabemos extraños y el engaño nos duele,
Como duelen las noches pasadas en silencio
Mirando de soslayo el contorno de un cuerpo
Que no reconocemos y que un día fue nuestro.
Nos hemos traicionado
Y pagamos el precio de nuestra cobardía
Con la sangre cansada que nos mantiene muertos.


NOMBRES PROPIOS

III
Con el paso cansado de quien todo ha perdido.

LAMENTO DEL ANIMAL EN CELO
No hay nada tan hermoso como un cuerpo
Adolescente. Contemplarlo te hace
Sentir más vulnerable, presa fácil
De un destino carente de sorpresas.
(…)
Es la señal de un reino al que ya no
Perteneces, el símbolo caduco
De una vida que acecha en las cenizas
De lo que pudo ser y fue miseria.

NADIE DICE NADA
La noche es ese territorio
Que te empeñas en descifrar,
Ese desván de los horrores
Donde dar sepultura al tiempo,
Lleno de símbolos caducos
Y de tristísimos rituales
En los que enmascararte te hace
Ser más real que de costumbre.

DICIEMBRE
Como todo lo que amas y no te pertenece
Diciembre te ha besado con sus labios de niebla
Y juega con los versos que no osaste escribir
Por rabia o por temor a ser otro, uno más.
Diciembre es para ti un cuerpo conocido
Que no duerme a tu lado; historias de chiquillos,
Amantes inexpertos que palpaban la sombra
De un deseo que aún te conmueve como antes.
Con las primeras lluvias -¿recuerdas?- os dijisteis
Hasta siempre y los meses pasaron cadenciosos,
Y con ellos la vida. Después de tanto frío,
Después de tanta espera, el recuerdo te quema
Por dentro como un cáncer que ardiera en tus entrañas.
Ha llegado diciembre para toserte al oído
Que lo mejor hubiese sido escribir los versos
Que no escribiste nunca, o no haberla dejado.
Escapar, o volarte la tapa de los sesos.

DESPUÉS DE LA TERCERA COPA
Buscas, porque hace tiempo que lo intuyes,
Un final sin reproches, algo digno
Y contundente que concluya en sangre.

AMANTES MEDIEVALES REMOVIENDO LAS CENIZAS
No entiendo tu actitud, ni tus posturas
Ni el beso que me das siempre a deshora.
(…)
Pues sé que nuestro amor ya no es el de antes
Y no ha de perdurar la entrega mutua
Ni el roce de los pies bajo la mesa,
Ardamos en el lecho familiar
Pensando que nada hay eterno en la vida
Y que otro amor espera al que naufraga.

MAR ADENTRO:
Tras la persiana que nos niega
(…)
Son los detalles de una historia
Húmeda y con final incierto
Que aún está por escribir:
La de dos náufragos
Que no divisan otra costa
Que la trazada por su labios.

Alberto Tesán.
El mismo hombre.
Pre-textos, 1996.

sábado, 14 de septiembre de 2019

DESPIECE DE "LA VIDA EN LAS VENTANAS" (Andrés Neuman)

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La primera parte de Obsolescencia programada (RIL Editores, 2019) se llama "La vida en las ventanas" porque pretende reflejar cómo la vida moderna es eso que pasa mientras esperamos actulizaciones. También se trata de un homenaje a la novela del mismo título publicada en 2002 por el argentino afincado en Granada Andrés Neuman
La obra está escrita en forma epistolar posmoderna, es decir, reúne los supuestos correos electrónicos que un tal Net manda a la pobre de su exnovia contándole todo lo que pasa por su cabeza mientras ella le ignora.
Recientemente, por fin, esta gran obra ha sido reeditada, lo que supone una ocasión inmejorable para compartir, como ya es costumbre en este blogs, algunos de sus fragmentos más potentes, líricos o agudos intentando también, como siempre, desvelar lo mínimo posible de su trama (si es que la tiene).
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Ayer resucité. No estuvo mal. No hay grandes cosas que hacer, los domingos. Afuera han empezado a limpiar la piscina. Los vecinos se asoman de vez en cuando a las ventanas, como para presionar al jardinero. Por mí puede tomarse todo el tiempo que quiera. Verlo trabajar me tranquiliza. Arrincona las hojas que han caído en la superficie, cuela el agua con una paciencia adormecedora, pasa un aspirador por el fondo y vuelta a empezar. Cuando se marcha, el agua va aquietándose. Avanzada la tarde, toma un brillo de pantalla. Nadar en la piscina se parece bastante a navegar por la Red. Es silencioso. Es fresco. Es fácil sumergirse. Y muy fácil ahogarse. Mi madre acaba de llegar y ni siquiera me ha mirado. Vete a saber qué ha hecho con su antiguo entusiasmo. Admito que yo tampoco me he levantado a saludarla. Llamémoslo empate. (...)
Cuando estoy en el aula suelo acordarme de uno de mis autores predilectos. Lo cual confirma, por cierto, la utilidad de asistir a clase. Gombrowicz afirmaba que un joven sabe que todavía es tonto. Y que, si no lo sabe, es incluso más tonto. Gombrowicz fue un joven asmático que estudiaba Derecho para seguir recibiendo el dinero de su padre. La juventud, escribió más tarde, es inferior a la edad madura. Es más crédula, más débil, más indolente, y sólo es superior en una cosa: en la juventud. ¡Elemental, Witold! Quizá por eso él, maduro hombre inmaduro, se follaba a tantos jovencitos. ¿Te imaginas si Gombrowicz nos viese ahora, en pleno año 2000? Él, que se burlaba de los cachorros del 68. Nuestro nuevo milenio no le daría risa, sino un ataque de asma. No logo. Este lema, amigos, lo ha financiado X. Los héroes del mañana: ¿y mientras tanto? Se es joven, pero paciencia. (...)
En los últimos tiempos, prefiero las fotos de Internet a las chicas que me presentan en el bar de Xavi. Lo peor es que se nota que ellas piensan lo mismo de uno: que seducimos por costumbre, besamos por hastío, tocamos por desánimo. Hoy en la cama gobiernan ellas. Eso a mí me parece una conquista política. Era lo último que nos faltaba a los hombres para alcanzar la intrascendencia. Quizá deberíamos repartir vibradores entre nuestras amigas y retirarnos con el debido sigilo. Me dirás que también están los sentimientos, y que en eso mujeres y hombres somos insustituibles. ¡El amor, claro! Al respecto, sólo comentaré que ya he llenado el disco duro con las fotos que me bajo de Internet. (...)
Se me ocurrió buscarnos, y tecleé nuestros nombres uno a continuación del otro, unidos por un signo +, luego por and, luego por &, luego por un guion, luego en orden inverso, separados por una barra, una coma, incluso un punto. Y no apareció nada, Marina. Ni una palabra. No existíamos. (...)
Las noches en mi habitación se componen de insomnio, mensajes y masturbaciones. Bah, y también de lectura. Televisor no tengo. Lo tiré: me encantaba. ¿Has leído al mártir de Ducasse? Xavi me prestó un par de libros suyos. Yo prefiero a Rimbaud. Cuando se lo dije, Xavi me contestó muy serio: Mira que eres mainstream. (...)
Para serte franco, no me molestaría en absoluto doctorarme en onanismo. Xavi dice que pronto las enfermedades venéreas van a poder contraerse por Internet. Quizá sea cierto que las rutinas del onanista y del internauta son la misma, la del que busca solo. Te ordeno que contestes. En otras palabras, te lo suplico. (...)
"Con dos dedos torpísimos, tecleaba por ejemplo los nombres de las chicas que me gustaban: en tinta negra si no me hacían ningún caso, que era la gran mayoría, y en tinta roja si creía que la atracción era mutua. Inventaba una sinopsis de cómo sería nuestro primer encuentro, el momento de la seducción y la conquista final. Cuando me sentía lo suficientemente estimulado por esa vida paralela, tiraba de un extremo del folio, lo doblaba y lo escondía. Entonces corría al baño, para vengarme de todas las chicas en tinta negra. Diez o doce años después, te escribo a ti sin tinta en un PC color amianto, y me masturbo menos. También hay menos chicas en la lista. De hecho, hay sólo un nombre, que yo sepa. Ya no pliego las páginas, sino que las archivo en un segundo. Igual que sé que están ahí todas juntas, comprimidas, disponibles, sé también que algún día podrían desaparecer en un imperceptible desplazamiento de energía. Nuestra memoria, en apariencia tan amplia, puede borrarse por azar sin que nos demos cuenta. (...)
Cuando te escribo a ti es distinto. Algo me impide mentir demasiado. Mejor dicho —porque no existe la sinceridad desinteresada—, imagino que no creerías mis mentiras, que conoces mis palabras mejor que yo. Quizá por eso te escribo: para hacerme con mis palabras, para que me las devuelvas. (...)
 
De cualquier forma, para mi padre los asuntos internos son siempre provisionales. Lo que de verdad le quita el sueño son los conflictos de la empresa. Mi padre no descansa del trabajo en casa: huye de su casa hacia el trabajo. Así que quien padece estas cuestiones suele ser mi madre. Sé que, si ella hubiera tenido una profesión a la que dedicarse, todo habría sido más equilibrado en nuestra familia. Pero, qué quieres que te diga, como madre tampoco está siendo demasiado profesional. Ya estoy oyéndote: ¿Y qué clase de hijo has sido tú? No se admiten golpes bajos. A veces pienso en pasar por tu casa y ver si estás. No lo hago porque supongo que te incomodaría. Siempre fuiste tan clara conmigo, Marina, que resultas casi indescifrable. Yo soy incapaz de sentenciar las cosas de ese modo. Suelo dar las suficientes vueltas alrededor de ellas como para saber que es perfectamente posible regresar al punto de partida. Confieso que, en realidad, he pasado unas cuantas veces por tu casa. Pero no tuve la valentía de quedarme esperando en la puerta. O tuve la prudencia de dar media vuelta antes de que fuese demasiado tarde. Lo que más me intimida es la certeza de que no reaccionarías como en el cine o la tele. Jamás te rendirías ante un ramo repentino o una fragancia afrancesada. Quizá necesitemos concebir en las pantallas la perfección narrativa de la que nuestras vidas carecen. Por eso, en vez de pretender que en las películas suceda lo mismo que nos sucede a nosotros, corremos a ver historias donde todo encaja. Aunque a ti, que yo sepa, las comedias románticas te dan náuseas. Más que reconfortarte, te hacen pensar en lo difícil que es tu vida. (...)
Hay soledades que se revelan de improviso, como un golpe en la nuca. Piensas: estoy solo. No ahora. Siempre. Solo. Esa palabra afónica, redonda. Están también las soledades lentas, las que se forman con el tiempo. Hay otras que estaban ahí desde el principio, que son las soledades de las que estamos hechos. Suelen permanecer larvadas bajo alguna memoria difícil. De vez en cuando esas soledades despiertan, se enderezan y te hablan al oído. Entonces uno escucha algunos secretos acerca de sí mismo. (...)
También existe, ¿sabes?, la soledad que de tanto conocerla y tratarla a todas horas, acabas necesitando como a una leal, discreta compañía. Una soledad casi querida que, al marcharse, nos deja de verdad a solas. No sé si alguna vez has sentido deseos de estar sola también en tu cabeza, dejar de escuchar voces que se contradicen. Y entonces has gritado hacia dentro, esperando que todos esos personajes desalojaran tu mente. Cuantas más voces emergen, más parecen quedar dentro: las que sabías que vivían emboscadas ahí, algunas que sospechabas que existían, también otras que ni siquiera reconoces (...).
Porque la soledad es generosa, Marina. O por lo menos sé que existen soledades propias, que no son pérdidas sino conquistas. Yo quisiera tener una de esas, disfrutarla despacio, comprenderla sin miedo. Pero cada vez que estoy a punto de sentirla, se me esfuma y me veo solo. Y quedo cara a cara con un extraño, intentando averiguar qué ha sucedido. (...)
Como estamos en época de rebajas (el capitalismo es una interminable rebaja), había un gentío alrededor de los expositores. Parecía una reunión de canguros: todos daban saltos con una bolsa a cuestas. (...)
Dicen que soy noctámbulo, pero lo único que busco es una porción de silencio. Si para eso hay que esperar hasta la madrugada, espero. Uno no ama la noche, sino sus atributos. (...)
Supongo que ella pensaba que el salto de las caricias al sexo era como pasar del agua tibia a la caliente. Aún le faltaba descubrir que a veces, en mitad de la compañía, te cae el hielo encima y el otro desaparece. (...)
Por la calle tengo la sensación de cruzarme con menos desconocidos que enemigos. La gente parece pasarlo tan bien que me da asco, es decir, una envidia incrédula: tiene que haber grandes razones para deprimirse, ¿no? Razones que los demás todavía no han descubierto. (...)
El único refugio, entonces, es el bar de Xavi. Ahí suelo terminar. Me figuro que, en el fondo, todos los que vamos ahí vamos a terminar algo. ¿No es eso el bar de siempre? No el lugar al que se va de fiesta, a bailar o a conquistar el mundo. Sino ese lugar inevitable al que acudes porque no hay adónde ir, porque es el último que no aborreces. Al menos que yo sepa, existen tres maneras universales de beber: por timidez, por euforia, por olvido. Pero en el bar de siempre se descubre otra manera: beber por solidaridad. Cuando voy donde Xavi acabo emborrachándome por solidaridad con quienes, como yo, han acabado ahí porque no había otro remedio. ¡Cráneos previlegiados! Tengo tanto sueño que me quitaría la cabeza. (...)
Mi padre hacía bien en obligarme a leer, pero yo hacía bien en resistirme, no sé si me explico. La lectura necesita tener algo furtivo: se lee mejor a escondidas, en contra de algo o de alguien. (...)
Había quedado en encontrarme con unos compañeros de clase (debería decir: con unos compañeros que tampoco van a clase) y aún faltaba un rato para la hora. Me acomodé en uno de los bancos y me dediqué a ver circular, calle arriba, calle abajo, a la juventud alcohólica local. Todos hacían muecas. Se habían disfrazado de no haberse disfrazado. Sentí una moderada confianza en mis posibilidades: un payaso consciente nunca ha sido ridículo. (...)
Te sorprendería ver cuánto ha cambiado mi hermana. Hasta hace un par de años, me hacía caso en todo y quería parecerse a mí. Ahora no sólo ha comprendido que sus héroes deben ser otros, sino que además ha empezado a ser quien da las órdenes en casa. Teniendo en cuenta el estado de nuestra familia, no me parece mala idea. El rol de primogénito me produce espanto. Aunque no hablemos mucho (llegados a cierta edad, los hermanos parecen alcanzar un acuerdo tácito mediante el cual el amor se presupone pero rara vez se demuestra), la considero una chica inteligente. También es caprichosa y un tanto melodramática, como toda la gente de su edad. Tiende a golpear las puertas y adora a cualquier músico que se vista de negro y le cante a la destrucción. Cada vez que hace falta, sin embargo, Paula se pone seria y trae algo de sensatez a esta casa. ¿Y yo? Intento no molestar demasiado. Soy, digamos, un huésped permanente. (...)
En el chat todos tienen un nombre distinto al suyo y unos deseos diferentes de los que declararían en su propio nombre. (...)  Pero a veces las mentiras nos salvan. A mí me gusta, por ejemplo, mentirme diciendo que soy buena persona. La gente, en un principio, está dispuesta a creerme. No por ingenuidad, sino por comodidad. Desconfiar de todo el mundo resulta agotador. Así que yo me miento: Soy un buen tipo, soy un buen tipo. Y, al cabo de algún tiempo, no me queda más remedio que serlo para no defraudar a nadie. El único peligro de mentirse consiste en elegir la mentira equivocada. Una que sea indigna del fingimiento al que obliga o del propio fingidor. (...)
La vida en las ventanas.
Andrés Neuman.
Finalista Premio Primavera de Novela 2002.
Espasa 2002/ Alfaguara 2019.