ARREBATOS ALÍRICOS

Me fui sobreviviendo como pude

(José Luis Piquero)


viernes, 27 de mayo de 2016

domingo, 22 de mayo de 2016

Pido la paz y un par de cañas

Ahora que nos acercamos a una nueva convocatoria electoral, veo oportuno rescatar aquí mi poema "Pido la paz y un par de cañas", un homenaje a Blas de Otero y a José María Aznar (aunque por motivos diferentes) que fue publicado en el número 6 de la Revista Estación Poesía editada por el CICUS de la Universidad de Sevilla. Desde aquí, gracias a Antonio Rivero Taravillo por su labor. 


Pido la paz y un par de cañas

Mi hijo murió con tan solo dos años
atropellado por José María Aznar
bajo los efectos del alcohol.

O por uno de sus votantes,
no estoy seguro. O tal vez por cualquiera 
de los tarados que rieron la gracia 
cuando salió en la tele farfullando 
borracho “¿quién te ha dicho que yo quiero
que tú conduzcas por mí?”.

La verdad es que ya no me acuerdo
y tampoco importa. El caso es que a mi hijo 
lo mataron en Bagdad con las bombas
de una guerra inexplicable
o después de que le quitaran
la ayuda a la dependencia
que necesitaba como el aire.

Y ahora no os hagáis los escandalizados
ni me llaméis demagogo
porque sois vosotros los que matasteis
a mi pobre hijo antes de que naciera
con vuestro silencio cómplice
y vuestros votos cargados de odio.

Así que vais a permitirme que al menos
no os lo perdone nunca. Igual que entiendo
que vosotros también me guardéis 
rencor eterno por la parte que me toca:
somos rivales ideológicos, bastante
peor que ser enemigos políticos
o amigos interesados.

Ojalá algún día alguien se rinda,
saque al fin bandera blanca
y el otro no aproveche la victoria
para ver saciada su venganza.

Ojalá algún día acabe esta guerra
absurda que ya dura demasiado
y podamos vivir tranquilos
sin temer que todo lo tuiteado
pueda ser usado en nuestra contra
cuando lleguen la revolución o su opuesto.

Voy a cumplir con la parte que me toca: 
pido la paz y un par de cañas.

sábado, 21 de mayo de 2016

Encuentro (accidentado) con Braulio Ortiz Poole


Este año estuve firmando ejemplares de mis obras en la caseta de Ediciones de la Isla de Siltolá de la Feria del Libro de Sevilla. Por miedo a que se me hiciera muy largo el rato y para matar dos pájaros de un tiro, me permití escribir a Braulio Ortiz Poole, comentarle dónde iba a estar y decirle que iba a llevar un ejemplar de su libro Cuarentena, publicado por La Bella Varsovia (que se ha convertido en una lectura de cabecera desde que me lo recomendó Víctor Martín Iglesias), ya que me gustaría tenerlo firmado.

Y es que Braulio Ortiz nació, vive y trabaja en Sevilla, pero nunca habíamos coincidido ni interactuado más allá de los diferentes subrayados que yo realizaba en su libro. Obra que, con contención, humor e ironía retrata la elegante decadencia de la entrada en "Los cuarenta,/ una comarca ya más próxima a la muerte,/ prevención y liturgia (...) Una edad tan solemne/ que es siete años más vieja que un mesías:/ es la edad en que tu padre tenía ya seis hijos".

Pues bien, finalmente estuve firmando más libros de los esperados, entre ellos a un amable hombre de mediana edad que, después de comprar los dos ejemplares de mis libros se identificó con lo que me pareció un claro "Claudio"... y que no era otro que el bueno de Braulio, que había decidido pasarse, comprarlos y cambiarme su firma de clara caligrafía por un borrón con el que, una vez resuelto el malentendido, hubo de enmendar mi estupidez. Eso sí, creo que con ese breve encuentro se lleva una impresión bastante acertada de mí, que solo le queda completar con mis libros y, si sigue estando dispuesto, en futuros encuentros, a ser posible, sin bolis de por medio.

Esta anécdota no deja de ser una excusa para hacer algo que ya iba tocando: traer a este blog algún poema de Cuarentena. Más que la ocasión, un poco ridícula, el libro, muy bueno, lo merece:


HAS SOÑADO TANTAS VECES CON EL MUNDO

...Estuve
donde es difícil imaginar haber estado.
No se puede vivir sin emoción.
Justo Navarro.

No supiste volar, oficinista,
aunque crecieran dos alas en tu sueño
que eran flores amargas.

Querías cruzar el mundo con el hambre
de un amante que busca el infinito
en la piel de ese cuerpo que desea.
Pensabas: 
ahí aguarda la vida.

La fiebre y la emoción.
Y sin embargo
              el rumbo fue el opuesto:
nunca oíste las lluvias torrenciales,
no te diste a probar el fruto exótico,
por ti las cataratas 
                    no libraron su furia.

Te quedaste, enfermo de migraña a quien la luz golpe
en una habitación levantada en la sombra.

Pero un refugio a veces es una ortiga.

Antes de que te hiera la nostalgia 
de lo que no conoces
di que serás también de las antípodas.

Búscate tu propio firmamento.
Como un ciprés,
un hombre ha de aspirar a lo sublime.


Y TODO HA DE INUNDARSE

Cuando apagues la vela
y empiecen los cuarenta
pídete este deseo:
vivir contra la noche
en la intemperie, 
donde acaba el jardín de la prudencia,
en estado de gracia, con coraje,
en litigio continuo
o en un amor perpetuo con las cosas.
Quemándote, sí, no te acobardes:
la mesura es un cerco
y tú has sido hasta ahora un hombre a medias,
un corazón vendado y constreñido
como un idioma apenas susurrado.

Así, ardiendo en plenitud, infiel y sin aliento,
igual que a un sublevado los demonios le hablan,
hazte tú con la piedra que derribe a los dóciles,
conviértete en relámpago o espada
que imprima luz y acero a esta edad nueva.

Para el futuro,
suelta el lastre de antiguas ataduras
y eleva la mirada al horizonte:
es la edad de los hombres sin temor a exhibirse,
el tiempo en que los diques consumen su paciencia
                         y todo ha de inundarse.


CARPE DIEM 

A menudo ha irrumpido en tu memoria
ese campo al que escapabais los domingos,
ese campo
con un altivo eucalipto como guarda,
un caserón que jugaba con el eco
y unos perros que siempre tenían hambre.

Allí tu padre os mostraba con orgullo
la última variedad de algun naranjo
que habían incorporado aquellas tierras.
Recuerdas con qué emoción pelaba aquella fruta
y os daba a probar su carne dulce,
recuerdas
que aunque pusierais cuidado en el empeño
el zumo os cubría la mandíbula.

A menudo te viene aquella imagen
y te preguntas
si tu padre, que no pudo jubilarse,
que renunció a sus sueños por vosotros,
sabía que esa naranja, esa simple naranja,
era en su pequeñez la plenitud,
era toda la verdad que escondía el mundo.

Quizá
esa sea la lección que te trae el viento:
que en vez de fantasear con el futuro
hay que tomar la carne dulce, el jugo,
               del momento en que vives.

Lectura con escolares


Ayer, durante la charla en el IES Carmen Laffón en compañía de Víctor Domínguez Calvo, no pude evitar acordarme de este poema en prosa de Pablo García Casado incluido en su, hasta el momento, último libro, García:

LECTURA CON ESCOLARES
Me he sentado en la silla del maestro. Escuchan las palabras de la profesora, mi biografía y un breve comentario personal. Cariñoso, educado, agradecido. Me pregunto para qué me han llamado, cuál es mi aportación a su itinerario educativo. En qué me diferencio de un museo o de una fábrica de gaseosas. ¿Soy también una actividad extraescolar?
Ahora es mi turno. Ahora debo leer un poema de Luis Rosales, este es el año Rosales, según mandato del Ministerio. Ya no es hora de pensar sino de vivir. Y luego van mis poemas, esa mezcla destilada de fracasos, obsesiones y verdades a medias. Ellos siguen ahí, quietos, como fieras dormidas. Las palmas sobre la mesa, pensando en el fútbol, en su móvil y en los tangas de colores. Y yo hablando del tiempo, de mis náuseas, de mis pequeños naufragios. Hablándoles de la muerte en todas sus manifestaciones.
Si tuviera su edad, si fuera ellos, debería saltar de la silla, derribar la puerta. Salir a buscar ese mundo que me espera efervescente. Pero no lo soy. Pero no lo fui. También como ellos sentí el miedo a lo desconocido. El miedo a no ser escuchado, a no ser amado. Ese miedo les mantiene atados al pupitre. El miedo y su hermana gemela: la obediencia.
Yo también tengo miedo. Por eso sigo leyendo, uno a uno, mis poemas.
García. 
Visor 

"Las banderas de mi casa son la ropa tendía"

viernes, 20 de mayo de 2016

Recitando en el IES Carmen Laffón con Víctor Domínguez Calvo


Hoy he tenido el privilegio de estar en los Encuentros Literarios del IES Carmen Laffón de San José de la Rinconada acompañado del gran Víctor Domínguez Calvo e invitado por los soberbios profesores Valle y Luis.

Hemos ido alternando poemas (él de Pronombres personales y El vértigo del águila, yo de La huida hacia delante y Diario de un puretas recién casado), parabienes y bromas... y, para finalizar, hemos respondido, lo mejor que hemos podido, las sagaces preguntas de un público atento, educado y gratificante.

Lo que viene siendo un día de puta madre, la verdad.

Gracias, desde aquí, a Víctor, a Luis y Valle y a sus alumnos.

miércoles, 18 de mayo de 2016

De Jorge Posada a Patricia González López pasando por Facebook

Hoy, como tantas veces, he amortizado parte del mucho tiempo que pierdo en Facebook gracias a Jorge Posada, uno de los responsables de Transtierros y gran poeta que está de enhorabuena y comparte la portada de su nueva criatura "liliputiense". La portada del nuevo libro de Jorge es esta


Además, gracias a él he conocido a Patricia González López, autora del poemazo que pego a continuación (aunque pueden leer más en este enlace)

Ni muy trillado

No me enseñaron a quererme
me enseñaron lo que hay que hacer   para ser querida
me enseñaron a ser objeto de placer   de lo contrario una inútil
me enseñaron a ser deseada
a querer ser partida
me enseñaron a mostrar las piernas
me enseñaron que soy lo que disponga un grito en la calle
me enseñaron que la bondad es decir que sí
que es un juego de minita decir que no
que soy la responsable de la voluntad del psicópata
me enseñaron a asumirme culpable de mi primera violación,
que mi trauma es la absolución de la segunda
el hostigamiento no es tanto si el niño es sufrido
el violador es menos violador si el niño ultrajado
que quizás un poco me guste el manoseo de tren
si la violación es colectiva es porque quiero fiesta

soy culpable del estado analfabeto
de la comicidad de algún funcionario virgen que no entiende
del vaciamiento corporal
culpable de la soledad estructural de mi alma
culpable de haber aprehendido la sumisión como respeto
culpable de la vergüenza
de pedir ayuda
quizás deseo sufrir
quizás me merezco el bife
algo habré hecho
la culpable soy yo   la culpable soy    yo la culpable soy yo
por creer que no va a pasar
nunca        más        que se va a disculpar
soy habitante de la falocracia
me enseñaron venderme al mejor postor
que por lo menos me pague el café
que me de un techo      que invite la cena
que me coja
que me traslade
que me quiera seguir cogiendo
que me quiera solo para él
que me cele, que me grite, que me parta, que me encierre,
             me prohíba      me sacuda me mate
siempre por pasión.

domingo, 15 de mayo de 2016

Adaptación al miedo (un poema de "La huida hacia delante")

Víctor Peña Dacosta

Acostumbrarse a las molestias diarias,
a que se mueran los abuelos.

Hacerse a la idea de que envejecen
los padres y maduran los amigos.

Andar un rato por las tardes.

Verse de pronto envuelto en un debate
sobre hasta cuándo es mejor dar el pecho.
Tener una teoría al respecto.

Apuntarse a cursos de idiomas
o al gimnasio y actualizar los blogs
al menos una vez a la semana.

Hacer la cama siempre al levantarse
y fregar antes de que se acumule:
hacerse fuerte en la rutina.

Ser un hombre a la hora de hacer colas:
no dejar que se cuelen las marujas
ni nos venza el desaliento.

Medir la vida en estados de Facebook
y la aceptación social en “me gustas”.

Abrir un plazo fijo a un interés
razonable y defender que conviene
una reforma fiscal moderada.

Seguir los partidos sin pegar voces.

Hacerse chequeos de vez en cuando,
que total no cuesta nada. Enterarse
de cuáles son los mejores productos
para mantener limpia la piscina.

Irse de vacaciones con los suegros,

Atender cuando oyes “señor”
por la calle. Aprender a hacerse el nudo
de la corbata y a arreglar los enchufes.

Entender por qué sube la hipoteca.

Asumir que es cada vez más difícil
cumplir el sueño de hacer un trío.

Gastar mucho menos dinero en libros,
reducir el tiempo de siesta.

Hablar en las reuniones de vecinos.

Aprovechar los descuentos del súper,
preferir los conciertos en teatros,
elegir cortinas de seda blancas
que combinen con la mesa camilla,
buscar porno duro gratis, cervezas
negras y ginebras de marca, vinos
con un ligero regusto a manzana
de nombre extranjero. Decir que es suave
pero con mucho cuerpo. Fijarse
en cómo va resbalando la lágrima.

Usar reloj.

Adaptarse, como todos, al miedo.
Amortiguarlo con pastillas.

Apagar el despertador antes de que suene.

Ponerse camisa para ir a trabajar.

(La huida hacia delante,
Ediciones de la Isla de Siltolá, diciembre de 2014)


El 5 de enero de 2016, supongo que marcado por mi libro, El Roto publicó esta viñeta en El País (es broma, por supuesto)



El poema también puede encontrarse en Nacer en otro tiempo, la antología de poesía joven editado por Renacimiento y coordinada por Miguel Floriano y Antonio Rivero Machina:



sábado, 14 de mayo de 2016

"El arte de la indignación": 5 años del 15-M


Se cumplen 5 años del 15-M y quizá es demasiado pronto para extraer conclusiones definitivas, aunque algunos libros han intentado analizar qué supuso la toma simbólica de las plazas. Sin embargo, el mejor que yo he encontrado al respecto es de septiembre de 2012, se llama El arte de la indignación, está coordinado por Ernesto y Fernando Castro y contiene un total de siete ensayos de diferentes autores todavía esclarecedores, necesarios, incluso novedosos.
El primero de ellos está firmado por el propio Ernesto Castro Córdoba, se llama Como una tormenta de verano: alegato contra el privatismo civil y merece, sin duda, ser fusilado aquí:
En este contexto de anomia social, recesión económica y pusilanimidad política, marcado por la reducción permanente de los ingresos de las clases populares, la trituración del tejido asociativo de los trabajadores y la restricción obscena de la participación ciudadana en la toma de decisiones políticas, el antagonismo social hace aparición en Occidente bajo un espectro moralizante: durante el último año la indignación se ha convertido en la tonalidad afectiva insurgente por excelencia.
Con todo, la expresión utilizada (...) no es inocente (...), es, ante todo, el sinónimo de una campaña de marketing auspiciada por los editores del Grupo Planeta.
(...)
Ahora bien, ¿de qué hablamos cuando hablamos de indignación? Aristóteles entiende por justa indignación (en griego: némesis) el término medio entre la envidia que atormenta con los bienes ajenos y el morbo que regocija con los males ajenos, esto es, aquel sufrimiento ponderado que suscita en un hombre razonable la contemplación de una fortuna ajena no merecida. Spinoza recoge la indignación (...) caracterizándola como "el odio hacia alguien que ha hecho mal a otro". Nietzsche matiza que la indignación brota como respuesta emocional ante el carácter absurdo de un sufrimiento que, en tanto constituye una realidad última inexplicable, carece de todo sentido, en última instancia, es un epifenómeno de la moral del resentido que cuestiona el derecho a la felicidad de los espíritus libres.
En nuestros términos, la indignación consiste en la identificación afectiva con un ser sufriente que es reconocido en igualdad de condiciones desde la perspectiva de un espectador que está dispuesto a intervenir en una situación injusta una vez ha canalizado su hostilidad intuitiva hasta el agente moral que constituye la fuente primigenia del sufrimiento.
(...) La indignación es, por tanto, el correlato afectivo de un sentimiento de injustica que brota de la combinación de tres factores, según Jon Elster:
Primero, la situación es percibidad como moralmente equivocada; segundo, ha sido producida intencionalmente y no como el subproducto de una casualidad natural o de la mano invisible de la causalidad social; tercero, puede ser rectificada por la intervención social. Así el sentimiento de injusticia se basa en la combinación de "Debiera ser de otra manera", "Es culpa de alguien que no sea de otra manera" y "Puede lograrse que sea de otra manera". Cuando falta una de las condiciones puede surgir en cambio la envidia o el resentimiento".
(...)
La desobediencia civil se ha convertido, por tanto, en el último bastión de una mayoría social que, a pesar de sentirse disconforme con las medidas del gobierno, no encuentra -ni quiere encontrar- representación parlamentaria. John Rawls, uno de los padres del liberalismo políticio contemporáneo, contempla la desobediencia civil como "una forma de acción política dentro de los límites de la fidelidad al imperio de la ley". (...) Al transgredir la legalidad vigente conforme lo estipulado por las normas de transparencia y visibilidad propias de la publicidad burguesa, los manifestantes que ejercen la desobediencia civil exhiben ante todo una conformidad de base con ciertos principios del Estado de derecho. Por muy agresivas que puedan ser sus intervenciones en el espacio público, estas acciones desesperadas son la manifestación política de un antagonismo latente y de una violencia estructural que subyace bajo la alfombra de la integración social. Según la tesis de Ronald Dworkin, los ciudadanos no están obligados a suscribir una obediencia acrítica de las decisiones tomadas por los gobiernos electos en las urnas, sino que la disidencia es una premisa implícita de la titularidad como ciudadano de un Estado de derecho: "desobedecer la norma que vulnera nuestro derecho es hacer patente que somos sus titulares".
(...)
Mediante el ejercicio de una desobediencia civil que no cuestiona el monopolio estatal de la violencia legítima, una minoría social asume una posición respecto del Estado similar a la que asume el mártir respecto de la herejía: en primer lugar, usurpa el lugar de la totalidad ética al declararse portador de una concepción más elevada de la justicia y, en segundo lugar, escarmienta en sus carnes la concreción de la legislación vigente.
Frente a la reducción del proceso de conformación de la voluntad colectiva a una disyuntiva que da a elegir entre dos opciones mutuamente excluyentes -como viene siendo habitual en los sistemas parlamentarios en boga, cuyo sistema de representación ha quedado reducido al turnismo entre dos partidos mayoritarios-, el pensamiento indignado amplía el campo de batalla, postula la posibilidad de otros cursos de acción, sostiene que hay un mundo por descubrir -o mejor dicho, por recuperar- más allá de las instituciones; afirma contra toda expectativa raciona que hay otra alternativa. La forma lógica de su razonamiento no puede ser sino dialéctica. Ante una disyunción del tipo o Rajoy o Rubalcaba, que restringe el margen de lo que puede ser sometido a decisión a dos opciones mutuamente excluyentes, el razonamiento indignado niego la disyuntiva y cuestiona la propia oposición entre dos polos. Se resiste a participar en la farsa de la oligarquía bipartidista enmascarada bajo el rótulo de la democracia. (...) Dinamita, en resumidas cuentas, el cerco que la Realpolitik y el pensamiento pragmático imponen sobre la acción racional de acuerdo a fines. (...) Una senda que algunos pueden considerar poco realistas o utópica, pero que en realidad está ligada a contextos de intervención en la sociedad muy precisos. 

El segundo ensayo, firmado por un tal Anónimo y llamado Intelectuales: cuerpo y (des)aparición en el 15-M es un artículo necesario que casi parece el anexo perfecto a El cura y los mandarines de Gregorio Morán, que no tardaremos mucho en traer a este blog.

Por su parte, en Un relato épico, Miguel Espigado centra su análisis en la configuración de un mensaje épico que permita la construcción de un héroe colectivo:
A diferencia de la tradicional, que exigía distanciamiento temporal, un aura de idealización, fuentes múltiples y no verificables, etc, la "épica rápida" consiste en adoptar el tono épico para dar consistencia histórica al relato de lo recién ocurrido. (...) El 15-M crea su propio tiempo suspendido, inaugurando un periodo de excepción que interrumpe el flujo de la normalidad dentro de sus dominios, mientras fuera de ellos todo transcurre como siempre. Un activista puede participar en la plaza en un evento embebido de esa aura de actualidad histórica, para luego sentarse en una mesa a comer con sus semejantes (compañeros de piso, padres, esposo), que ignoran por completo al movimiento y continúan aislados en la más pura rutina.
(...) El campo de la batalla real del 15M no serán las plazas, ni las calles, sino la conciencia colectiva, donde las distintas versiones de la realidad se validan, se censuran y lidian entre ellas. (...) se trata de un héroe colectivo, en consonancia con la tendencia del siglo XX: la estatua ecuestre desaparece para dejar paso a los monumentos funerarios con las listas de los caídos. El héroe no es tanto ya quien triunfó y prevaleció, sino quien se sacrificó por el colectivo. (...) La razón de ser de la lucha del héroe siempre será su pueblo, su nación o comunidad.
(...) El 15M empieza a verse empequeñecido por la vorágine del drama español. Algunos piensan que se ha convertido en una vía de escape para canalizar de forma inofensiva el descontento. Para otros, la indignación, simplemente, se ha tornado en depresión.
Con todo, no hay que confundir la derrota simbólica dle 15M, lógica e inevitable dentro de su narrativa, con una falta de logros materiales. Se han procurado una experiencia de politización a generaciones de jóvenes españoles que nunca antes habían participado en la vida pública, y sobre todo, se ha contribuido de forma determinante a que el pueblo interiorice el nuevo estado de las cosas, en su eterna lucha contra las clases dominantes. El 15M ha combatido hasta la extenuación, y su épica es la de los perdedores, aquellos que sí escriben la Historia.
Cierra el volumen Mieux vaut un desastre qu´un désêtre: 25 notas críticas en torno al arte y la política de la insubordinación, de Fernando Castro Flórez, un autor cada vez más lúcido (háganse, si les es posible, con sus últimos ensayos). Vamos a destacar algunas de estas notas:
1. "La sociedad existente no es sino una conspiración de los ricos para conseguir sus propios intereses so pretexto de organizar la sociedad. (...) Así, una minoría sin escrúpulos se rige por la insaciable codicia de monopolizar lo que habría sido suficiente para suplir las necesidades de toda la población". Aunque pudiera parecer una descripción del estado (contemporáneo) de las cosas, en realidad, es una cita de Utopía de Tomás Moro.
2. Con la precariedad convertida en «estado de naturaleza» asistimos a un demencial culto al «emprendedor», esto es, a la retorización apologética del individuo concebido como empresario de sí que no podemos entender de otro modo que como la culminación del capital como máquina de subjetivación. La inseguridad no es sólo una consecuencia no deseada de los altibajos de los mercados sino que, como apuntara Richard Sennett en La cultura del nuevo capitalismo, forma parte del programa del nuevo modelo institucional. Esto quiere decir que en esta burocracia de nuevo cuño la inseguridad no es un acontecimiento sobrevenido, antes al contrario, es algo cuya existencia ha sido buscada.
3. Vivimos una histerización mediática de los mercados y no podemos dar ni un bocado a mediodía sin conocer, al límite del infarto, la subida de la prima de riesgo. Nos hemos vuelto, valga el chiste malo, unos primos idiotizados que no han reparado, como impuso aquella interpelación teatral de Bill Clinton, de que la Cosa (traumática y esquiva) es la Economía.
No hay ninguna razón para poner la esperanza en algo tan delirante o surrealista como «la recuperación de la confianza de los mercados» cuando hemos asistido al despliegue de estrategias absolutamente injustificables como la intervención del Estado para «salvar» precisamente a los bancos que fueron los principales causantes de la fétida burbuja financiera. Y lo más lamentable es que todavía algunos pretendan imponer la mentira brutal de que los mercados son neutrales.
4. Supongo que nadie concederá ya el mínimo crédito a los que negaron la crisis como tampoco a «teóricos» como Guy Sorman, que revelan su impostura cuando afirman lapidariamente que «las cosas serán duras pero la crisis será breve, simplemente es parte del ciclo normal de destrucción creativa a través de la que progresa el capitalismo». Acaso lo que suceda sea únicamente el crudo proceso de desmantelamiento de lo poco que quedaba del llamado Estado del Bienestar pero, de paso, ejecutando una serie de maniobras distractivas que permitan a los culpables de la crisis salir impunes pero con una acrobacia final que posibilita que su escaqueo les devuelva a la sala de máquinas para continuar manejando el timón del barco, todo hay que decirlo, estructuralmente a la deriva. (...)

8. El Estado movilizador tiene que evitar, a toda costa, que se produzca una masiva deflación de las emociones, la campaña no debe cesar, sin por ello dar espacio al asamblearismo «indignado». (...) Lo real ha sido excluido en el imperio del simulacro pero, a pesar de las implosiones retoricadas por Baudrillard, la Guerra del Golfo sí tuvo lugar, el cadáver del terrorista más buscado no fue fotografiado y la (improbable) revolución del sujeto ideal del reino totalitario no será televisada.
10. El principal producto de la industria capitalista moderna y posmoderna son, precisamente, los residuos. «Somos –apunta Jacques-Alain Miller– seres posmodernos porque nos damos cuenta de que todos nuestros artefactos de consumo, estéticamente atractivos, acabarán convertidos en deshechos, hasta el punto de que transformarán el planeta en una enorme tierra baldía. Perdemos el sentido de la tragedia, concebimos el progreso como irrisorio». Hemos soportado, durante demasiado tiempo, la presión política para que no pase nada y la labor (policíaca) de hacernos circular (por favor o sin tantas consideraciones) porque «no hay nada que ver», hizo que nos instaláramos en una calma chicha lamentable. En cierta medida estaba interiorizada la consigna proto-punk de que no hay futuro. Cuando la esfera de la representación política se cierra queda claro que el presente no tiene salida. Y, más acá de toda la lógica de las bienaventuranzas y sus «derivados» (anticipatorios de la economía burbujeante y estructuralmente estafadora), lo que conviene es tener en cuenta que el tono apocalíptico puede ser sometido a una transvaloración: si los majaderos intentan ofrecer soluciones que son desmentidas en el acto, los nihilistas cabales al menos recuerdan, como apunta el Comité Invisible en La insurrección que viene, que «el futuro ya no tiene porvenir». El resto (sea esto lo que sobra o lo que falta) hizo acto de presencia en la insubordinación que comenzó en la primavera del 2011 para extenderse desde la plaza Tharir a la Puerta del Sol. Algunos, apresuradamente o de forma desnortada, calificaron a los indignados como «antisistemas residuales», jovenzuelos situados en las antípodas de la rebeldía setanyochista, agitados por un deseo casi perverso: querrían conservar y entrar en el Estado del Bienestar, amaban la jaula de hierro burocrática, anhelan un trabajo estable y un futuro en el que la incertidumbre quede disipada. Solo el periodismo genéticamente majadero o el ensayismo de vocación tertuliana puede tergiversar una dinámica de antagonismos que tiene claro que la promesa funcionarial ha desaparecido y que la situación es, lisa y llanamente, de completa precariedad. Nadie esperaba nada y, sin embargo, ocurrió algo decisivo. La spanish revolution no es, ni mucho menos, un invento mediático, ni una mera smart mob; la indignación y la protesta global ha llegado a ser el «person of the year» para la revista Time pero eso no quita ni un ápice de radicalidad al acontecimiento indignado que surge, entre otras cosas, de la certeza de que la democracia ha terminado por adoptar la forma de una sustracción de una huida, de un éxodo lejos de la soberanía. Negri y Hardt han meditado sobre la condición planetaria de la crisis de la representación y la corrupción de formas democráticas y han insistido en la necesidad de que la multitud, en tanto que libre expresión de singularidades, sea el poder constituyente. 
El PDF completo de la obra se puede descargar desde este enlace, aunque recomiendo que adquieran la exquisita edición de Delirio, accesible desde aquí.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Aforismos y antiaforismos

Creo que nadie se escandalizará si repito aquí la obviedad de que La Isla de Siltolá se ha convertido en una de las editoriales de poesía más sólidas del momento. 
Sin embargo, lejos de conformarse con eso, parecen empeñados en crecer, lanzando colecciones de novela, relatos o aforismos.


En esta última colección han salido recientemente libros tan interesantes como Hielo seco de Isabel Bono, Hablando solo por la calle, de Javier Salvago, El silencio escribe con tijeras de Luis Arturo Guichard o Ley de conservación del momento de Ana Pérez Cañamares, que no para. De esta última autora voy a destacar algunos "pecios", que diría Sánchez Ferlosio, especialmente agudos y sin haber tenido que sacrificar su magnífica capacidad de crítica social (recordemos que Economía de guerra puede ser uno de los mejores (y más necesarios) libros de poesía de los últimos años):

En casi todas las reglas, interesa ser la excepción.
La niebla convierte el paisaje en japonés.

Detrás de un provocador siempre hay un niño que quiere llamar la atención.
Sin expulsión mediante, no hay quien abandone un paraíso.
El reloj interno que te despierta a las siete del sábado es el capitalismo hecho entraña.

 Por otra parte, un libro que llama especialmente la atención de esta colección es Antiaforismos (aforismos de mierda) de Jaime Sánchez Martín. En él, podemos leer reflexiones como estas:

La literatura no es universal, es artificial.
El lector medio no es lector.
En la playa de la literatura, el aforismo es la papelera.
En la geografía de la literatura el aforismo es el golfo.
En el carnaval de la literatura el aforismo es el Kichi.
En el mito del aforismo no hay ninguna caverna.
La Constitución Española es un aforismo mal escrito.
Hay que leer un haiku dos o tres veces para no entenderlo.

Poema nupcial (un poema de Carmen Hernández Zurbano)




POEMA NUPCIAL
para Montaña
me gustaría escribir algo tan hermoso como una diadema
un mentón un rizo que se escapa
para este día
un ramo de flores un encaje manchado
después de bajar al pueblo a recoger el correo


la temperatura de las manos el cielo
tan cerca
tan grande
el mundo debajo de las mesas las rodillas
seis
que hacen una familia y jurarse amor
con la parte derecha del cerebro
flores y diademas y encajes y manos y mentones
y rizos como lanzar arroz
sobre vuestras cabezas sobre la cabeza
de vuestra hija


me gustaría escribir algo muy bonito
y que no me diese vergüenza leerlo
sobre estar radiante
de alegría

lunes, 9 de mayo de 2016

A pelo (breves apuntes sobre "Anestesia" de Inaxio Goldaracena)


Uno, por deformación profesional (o por gilipollez congénita o adquirida, vayan ustedes a saber) hacía tiempo que no leía un libro de poesía como hice con Anestesia, de Inaxio Goldaracena: es decir, sin ideas previas, sin subrayar pasajes ni apuntando ideas más o menos estúpidas al respecto. Lo hice en una noche de insomnio y de un tirón (aunque no de golpe: tuve que volver o decidí releer varios varios poemas bastantes veces). Me acosté con la sensación de haber leído un libro sólido, sin fisuras, que funcionaba a la perfección y sobre el que tendría que volver con menos sueño y más calma.

Lo he hecho después, varias veces, sin que cambie mi opinión general al respecto, aunque, ahora sí, variando mi comportamiento particular: es decir, subrayando muchos versos, arrugando alguna página, apuntando varias cosas. Entre ellas, algunas de las que leerán a continuación.

Sin embargo, poco podría (o, más bien, debería) añadir yo sobre un libro del que ya han escrito Isabel Bono (en su magnífico prólogo) o Álvaro Valverde y Carlos Alcorta (en sus siempre atinadas reseñas). Por lo que será más justo, útil y fácil citarles. Así, la primera nos desvela alguna de las posibles referencias del libro:
Me acuerdo de Trakl y de su Sumisión a la noche, de su Canción de las horas. Inaxio Goldaracena también canta temores nocturnos aunque sobre la mesa haya frutas amarillas.(...) Me acuerdo de Maléfica, ofreciendo anestesia en forma de deliciosa fruta. Me acuerdo de Thoreau buscando arbustos, convencido de que hay manzanas que saben mejor fuera de casa.
Por su parte, Carlos Alcorta en su reseña se centra en la importancia del insomnio como marco, tema y motor de un libro que, sin duda, pasa el corte de su siempre exigente blog:
El insomnio crea un mundo paralelo, parecido al del sonámbulo, un mundo al que ni los somníferos pueden ponerle coto, acaso un mundo que guarde alguna similitud con la amnesia, porque, como escribe en el poema que lleva por título esa misma palabras, «Amnesia»: «El silencio/ oculta un dolor más profundo./ El vacío sujeta las piernas». La noche se convierte así en un lugar propicio para la introspección y el autoanálisis, aunque ese estado al que aludíamos acaso no sea el más adecuado para realizar un examen de conciencia. El poema que da titulo al libro, «Anestesia», lo deja suficientemente explícito: «…en la habitación,/ rodeado de nadie,/ esperando el comienzo/ de cualquier programa/ para pulsar off/ en el botón de pensar». El fraseo elíptico, la realidad construida a base de fragmentos, la identidad a punto de disolverse en un vaco sin forma, el periscopio del tiempo saliendo a la superficie para observar como la realidad se descompone 
Álvaro Valverde destaca que, pese a tratar temas manidos (la noche, el insomnio, etc) logre sonarle fresco incluso a un autor (y lector) diurno como él. Además, coloca una etiqueta a Inaxio que nos deja una excusa (innecesaria) para releerle o estar atentos a sus próximos libros.
Habla Trapiello en Seré duda de ciertas tipologías de poetas que de natural son de una manera y lo que escriben se empeña en demostrar todo lo contrario. Así, "meláncolicos alegres","melancólicos que no pueden vencer su contumaz tristeza", "alegres tristes" y "alegres irreductibles". Pues bien, a uno, que no conoce de nada a Goldaracena, le da que es de los que pertenecen al segundo grupo. O como mucho al tercero. Al menos eso se deduce de la serena tristeza que destilan sus versos, lo que en nada desmerece, al contrario, su salida a escena. 
En lo que respecta a mí, que no tengo, por el momento, tanta alergia por la nocturnidad (y ni siquiera por la alevosía) no hube de vencer esas reticencias para entregarme a un libro y a unos poemas que merecen el desvelo. Pueden comprobarlo (si es que no lo han leído que, por cierto, deberían) en alguno de los que añado a continuación:

TRANSPARENCIAS

Tus vecinos ya no te saludan.
Eres, para ellos, invisible.

Evitan tropezar sus cuerpos,
custodiar tus llaves,
desearte los buenos días.

Incluso las facturas
han dejado de escribirte.

Todos profanan tu radiografía,
todos ocupan
el vano que tu ser arrastra,

que tira de tus huesos
hasta el desagüe.

CARRETERA

Eres
de los que observan ambos lados
al cruzar un paso de cebra:
mitad cautela, mitad paranoia.
De los que conducen tranquilo
y encienden los intermitentes.
De los que esperan
a que el semáforo madure
para manejar su destino.

No tienes prisa.
El futuro llegará
tarde o temprano;
hasta entonces
circulas por fuera
en las rotondas,
tomas siempre autopistas
además de dejarte adelantar
cuando coagula en ti
                                la niebla.


AMNESIA

9 de noviembre de 1938

Doce y cuarto de la noche.

En el cielo un tapiz de tristeza.
Bajo el manto de nubes
la ciudad recorre sus calles.
Camina sin rumbo
arrastrando el paso.

Desconoce las heridas
que su propia armadura
va marcando en cada cruce.

El silencio
oculta un dolor más profundo.
El vacío sujeta las piernas.

Sobre una alcantarilla
dos basureros
se fuman un canuto;
cuando concluyen
vuelven al trabajo.

Toman el cepillo
y lustran la Historia.
Salvan, como reliquia,
una hilera de cristales rotos

para que nadie resbale mañana.

ALTA FIDELIDAD

Toda la noche escuchando la radio,
dejando que otros hablen por ti.

Toda la noche en alerta,
permitiendo que trivialicen
sobre las neurosis enraizadas
en la estructura de las urbes.
Horas y horas modulando el dolor,
aumentando la frecuencia
en la ingesta de pastillas.

Toda la noche
dejando que sean otros
quienes digan lo que piensan,

sin hallar sintonía,

escuchando la emisora
de tu propia noche.



Nacidos en otro tiempo (en la Feria del Libro de Sevilla)

Chelsea Hotel NO.3 (un poema de Hugo Izarra)




domingo, 8 de mayo de 2016

Humberto Fabbro: un nuevo nombre a tener en cuenta.


El penúltimo (hasta el momento) y más que recomendable (como siempre o, en su caso, as usual) libro de Antonio Rivero Taravillo, Lo que importa (Renacimiento, 2015) está formado por tres apartados. Además de "Milagros del atardecer" (el primero) y "Sala de espera" (el último), contine un epígrafe completo destinado a recopilar poemas de un tal Humberto Fabbro y llamado "El mejor Fabbro".

Por supuesto, ya se han oído voces diciendo que, igual que Fonollosa quizás no fuera más que un alter ego de Gimferrer, parece altamente probable que el tal H.F. sea una simple máscara de A.R.T. En todo caso, esta es la versión del autor:


No es mi intención entrar en esas elucubraciones y simplemente me limito a traer aquí unos cuantos poemas del tal Humberto Fabbro que, sea quien sea, creo que merece ser leído:

ACUMULACIONES
Hace un día hermoso. Podría
caminar por esas calles solitarias
y mantener una agradable charla con los abejorros.
Hoy el cementario estará muy bonito.
Pero no iré.

Nunca voy a visitar la tumba de mis padres.
Sobre su mármol se acumula la sociedad
como sobre mi conciencia el remordimiento.


TÁLAMO
Aunque sea estrecha,
cómo se acomoda a mi recuerdo,
como un zapato a su horma,
tu cama de soltera.
Para medir el metro, le faltaban los centímetros
justamente de mi verga empalmada
como una vela encendida
ante tu altar.
Un rollo de papel higiénico
se descorría 
como la cinta de mi semen
y echaba sobre ti el llovido arroz
de unas nupcias secretas.


NO ESTÁS
No estás. Te fuiste.
Las plantas hoy se ven despeinadas,
desastrosas,
como mi mentón no afeitado,
mi alborotado pelo.

En esa selva, las macetas,
sobrevive el recuerdo
de tus dedos sobre mi mejilla lisa;
tu mano sobre mi nunca, rastrillando
escalofríos.

THE SHOW MUST GO ON
Igual que tantas veces, he acudido
hoy a ese boliche que frecuento.

Había una camarera distinta y, cuando me vi agobiado,
como el niño que regresa al colegio otro septiembre
y no encuentra ya a su señorita,
brinqué al oír su voz detrás de una mampara
y dije un profuso hola aliviado y jovial.
Pero tampoco era ella la que vino
con una gran sonrisa derramada
al patio de recreo de los alcohólicos.
Pedí una cerveza como siempre,
que llegó sin embargo como nunca
y me supo peor,
jarabe que no cura la extrañeza.
En el espejo tras la barra, se entristaba
mi rostro reflejado entre botellas
que ya no limpirán más sus manos.
Como en un velatorio, bebí con él
sacando brillo a viejas anécdotas.
Juntos brindamos por la despedida.
No sé si existe la reencarnación,
y mi karma está sucio como los vasos
de tipos como yo, y pese a todo,
¿volveremos a encontrarnos un día en otro garito,
ella, su culo ante ginebras y whiskies?

Pero la vida sigue aquí: profesionales,
sin caer en falacias patéticas,
erre que erre las etiquetas
continuán diciendo lo mismo
con su letra ilegible.
Mientras, espejo sin azogue que también me copia,
el vaso se vacía lentamente.

martes, 3 de mayo de 2016

Presentación en Sevilla de "Nacer en otro tiempo"


El sábado 7 de mayo algunos de los autores incluidos en Nacer en otro tiempo estaremos firmando libros, leyendo y presentando esta antología.

¡Si nos queréis, venirse!